El riesgo

El Riesgo (19.8.16 - 364)

¿Qué es el riesgo? Como todo, su definición depende del contexto; por ejemplo, vivir es un riesgo, pero hay países en los que vivir es más arriesgado que en otros. En este caso me refiero  a un curioso concepto llamado “riesgo artístico”. ¿En qué consiste grabar un disco arriesgado o tener una propuesta artística poco usual? ¿Existe el riesgo musical en la actualidad? La verdad es que no. Es una etiqueta más que no significa absolutamente nada y que sirve a un nicho de mercado en el que, sin necesidad de vender muchos discos, uno puede manejarse con comodidad. Eso no quiere decir que a lo largo de la historia no haya habido artistas con carreras poco usuales, gente que vendía muchos discos o que estaba empezando a hacerse un nombre y que dio un giro de timón a su estilo jugándose los ingresos y, por tanto, el sustento. Hoy en día, sin embargo, los “discos arriesgados” son una categoría de la industria musical con unos mecanismos promocionales muy completos y existe un grupo de profesionales que se ocupa con generosidad de lo “arriesgado”: locutores, promotores, críticos, periodistas especializados…

 

Así que, cuando escucho frases hechas como “retar al oyente” o “poner a prueba al lector”, siento que estoy frente a un gran engaño. Las audiencias se han fragmentado tanto y el gusto se ha ligado de tal forma a un sentimiento de pertenencia que la frontera entre “popular/minoritario” es muy difusa. Ahora mismo se venden tan pocos discos que el único patrimonio que le queda a una banda es su prestigio, así que estamos en un momento en el que es más arriesgado montar un grupo como La Oreja de Van Gogh que uno de rock industrial. Lo demás son etiquetas para un tipo de consumidor muy influenciable, pero que se cree más listo que los demás. La historia del rock nos ha enseñado que los más “punk” eran los Sex Pistols, pero estos no corrieron ni la mitad de peligro que sus colegas latinoamericanos bajo sus dictaduras o cualquier banda en Irán. El mayor riesgo de quienes nos dedicamos a la música está en salir a actuar. En Argentina, en los últimos doce meses, cuatro músicos han perdido la vida por descargas eléctricas sobre un escenario. Y en España el mayor riesgo está en la carretera, donde tantos compañeros se juegan la vida. Muchos ánimos a los batiscafos de Baeza.

El misterio de Elche

El Misterio de Elche (12.8.16 - 363)

Desde hace más de quinientos años, en Elche se celebra la coronación y Asunción de la Virgen María con una obra sacro-teatral. Se realiza en la basílica de Santa María durante los días 14 y 15 de agosto y lo ponen en marcha un buen número de intérpretes que no son profesionales y entre los que también hay niños. La celebración se divide en dos días. En el primero (La vespra) se trata de cómo la Virgen se va a enfrentar a su muerte. Al día siguiente (La festa) se representa la coronación y ascensión de la Virgen así como los lamentos de los Apóstoles y hasta una conversión en masa de judíos al cristianismo. No resulta fácil saber hasta cuándo se remonta su origen, pero los expertos apuntan a que ya se representaba en la segunda mitad del XV. Puede que resulte chocante que se haga una obra teatral en el interior de un recinto sagrado, pero ésto sólo se prohibió a partir del Concilio de Trento por lo que Elche tuvo que recibir un permiso especial del papa en para continuar con esta tradición que es orgullo superlativo de los ilicitanos.

No en vano, esta obra está considerada por la UNESCO Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Así, el misteri es uno de nuestros vínculos más estrechos con nuestro propio pasado y nos deja entrever una forma remota de vivir la religión en comunidad que, sin duda era más participativa y más estética que en la actualidad. En ningún momento la obra se hace pesada a ojos del espectador actual. Eso se debe a su gran ingenio representativo que cuenta con trucos y efectos llamativos como la bajada del ángel cantando desde la cúpula (que simula el cielo) mediante un sistema de poleas, pero sobre todo, su atractivo principal reside en por evocadora música. Hay fragmentos musicales (y líricos) del siglo XVI, incluso del XIX, pero se mantienen elementos medievales de corte gregoriano y trovadores o que, aunque suenan misteriosos, al mismo tiempo son cercanos ya que han estado vivos en las voces de quienes las han seguido cantando y escuchando cada año desde antes de que se Cristóbal Colón se embarcara hacia las Indias. El misteri era un hecho excepcional en las épocas previas a los medios de comunicación de masas, pero es ahora, en medio de la sobreinformación mundial, cuando su brillo reluce con más fuerza, iluminado por el respeto de los siglos.

Diario de gira (2)

Diario de Gira 2 - (5.8.16 - 362)

13.30 Seguimos en la furgoneta y comienza el debate político, el de fútbol y el de música. Está el que siempre cuenta la misma anécdota, pero es tan graciosa que te vuelves a reír. 14.00 Nos morimos de hambre. El buen conductor sabe cuándo parar y en dónde. Al músico no se le puede dejar elegir jamás, y mucho menos someterlo a votación. La democracia es un sistema que permite la convivencia de un país, un mal menor, pero en el rock no funciona. Los músicos están genéticamente incapacitados para admitir que la opción del otro puede ser la correcta. Para evitar situaciones tensas y que el grupo se pelee antes de llegar al escenario, se ha creado una figura que está a caballo entre el domador de circo y un padre de familia numerosa: es el tour Manager. Conduce, resuelve situaciones en carretera y dos millones de cosas más que no se pagan con todo el oro del mundo. 14.15. Nos sentamos en el restaurante. Regla 1: nadie puede ir al baño o llamar por el móvil hasta que haya pedido su menú. Está el celiaco, el vegetariano, el que no come queso, el que apenas come y mi caso, el que se come lo suyo y lo de los demás. Regla 2. Conviene solicitar la cuenta al mismo tiempo que se piden los postres. En general, en España tardan más en cobrarte que en servirte la comida y con esa sencilla operación se gana un tiempo vital. Y no hay tiempo que perder. Que no llegamos, coño.

15.00 Ya estamos saliendo. 15.01 La pesadilla del conductor: siesta general. Sólo se alegran de que me duerma yo porque así sus cerebros descansan. 15.05 El conductor intenta poner la radio, pero estamos en medio de ninguna parte y no hay Dios que sintonice nada bien. 15.10 Pone un disco. Suele ser de alguna banda en la que él mismo tocó, música instrumental negra o un grupo de Bosnia que no conoce nadie, pero con los que giró hace unos años (“unos tíos de puta madre” ). 16.00 Nos despertamos todos. “¿Qué cojones estás poniendo? ¡Quita eso ya!”. 16.05 El que tenía resaca, ya está bien. El que tenía sueño ya durmió. El que quería leer ya leyó. Todo el mundo está de buen humor. 16.30 Todo el mundo está hasta las pelotas, hartos de la furgoneta y de que no lleguemos nunca.

Diario de gira (1)

Diario de Gira 1 (29.7.16 - 361)

8 a.m. Todos arriba. Hace poco o nada que nos hemos acostado y ya estamos en pie. El concierto de ayer terminó sobre las 3 de la mañana. Estuvimos recibiendo gente media hora, quizá más, después de tocar dos horas. Yo me fui en cuanto pude al hotel, pero no me sirvió de nada. Con toda la adrenalina no me podía dormir. Uno me escribe un Whatsapp y me pregunta si tengo orfidales. No. Otros, más sabios, se van de copas; si no pueden dormir, seguro que encuentran a alguien que les ayude a acostarse. En determinados sitios, si tocas en una banda eres un héroe. En otros lugares eres, no sólo un bufón, sino también una amenaza. 8.30 a.m. Desayuno en el hotel. No hay nadie a esas horas, los técnicos se fueron hace rato y me encuentro con Laurent solo tomando croissants. No le gusta que le hablen por las mañanas y a mí tampoco, así que me siento en otra mesa con la prensa. Alfonso baja recién duchado. Le gusta hablar por las mañanas. Se sienta conmigo, pero sabe que a esas horas no puede decirme nada: tendrá siete u ocho horas de viaje para hacerlo. 9 a.m. Todos en recepción para salir al próximo destino. Pagamos los extras de mini bar. Dos vienen con cara de no haber dormido, pero tienen la suerte de que se quedarán fritos casi todo el viaje. Las maletas no entran en el maletero.

Por fin, nos vamos. Podríamos salir más tarde, pero eso significaría no hacer prueba de sonido y para nosotros es imprescindible, y es preferible conocer el escenario. Además, como el Loco no viene a probar, hay que dejar su voz perfecta. 10 a.m. Hemos parado ya en dos gasolineras y en ninguna tienen prensa. Sube el aire acondicionado. Baja el aire acondicionado. Uno que destila alcohol por los poros (cada día le toca a uno distinto porque, después de una fiesta, el que ha salido tarda unas noches en repetir excesos). 10.30 a.m. “¡Hey, escuchad esto!”,”Cooooño, ahora que me estaba durmiendo”. 12.00 p.m. Parada técnica. Avituallamiento con agua o cerveza. Aquí tampoco hay prensa. Los más jóvenes de la banda leen las noticias por internet. 12.35 p.m. Las batallas de la noche anterior. Los que salieron se arrepienten de haber salido, los que no salieron, de no haberlo hecho.

Habitaciones

Habitaciones (22.7.16 - 360)

En plena gira las habitaciones de los hoteles son tu casa. Aunque hay gente alérgica a la soledad y termina enganchada a las cafeterías de los hoteles, en plena gira, tu habitación es tu refugio. Y es que en plena catarata de conciertos, tienes muy pocos momentos para la soledad porque estás constantemente rodeado de gente, en la furgoneta, en los camerinos, las comidas, incluso si sales por ahí, sueles hacerlo acompañado con parte del equipo de gira. Por eso, tu habitación es tu lugar sagrado, tu cabaña, un cascarón perfecto donde depositas crisis y entusiasmos. Hace años, las habitaciones solían ser un lugar de fiestas, botellas vacías y camas revueltas, pero con los años, uno procura separar el espacio del ocio y del descanso. Es un lugar para la soledad, y compañía, por supuesto, pero a cierta edad, uno se piensa mucho a quién invita a un lugar tan íntimo. Más íntimo casi que tu propio hogar, ya que una casa suele tener ciertas zonas preparadas para recibir a gente. Las habitaciones son como úteros maternos donde uno se siente muy protegido y cuidado; todo en ellas es fascinante, su olores, los sonidos, el tacto de los muebles, los interminable e inútiles canales de la televisión, la ducha, la luz, las ventanas…

Cuando paso varios días seguidos en alguna habitación, siento que es ya mi casa y no suelo dejar que entren a limpiar, costumbre que comparto con Laurent Castagnet (batería de Loquillo). No es por desconfianza sino para evitar que se rompa el “aura” de un lugar. Siempre he creído que uno de los trabajos peor pagados es el de limpiadora de hotel. Tampoco debe de resultar fácil estar en la recepción solucionando problemas dispares a huéspedes variopintos. Pero son quienes marcan el tono de un hotel, si sientes que te van a cuidar o vas a estar desprotegido ante cualquier incidente. Aún hay hoteles con botones que te ayudan a subir las maletas y a los que nunca sabes cuánta propina dar. Pero lo que me resulta muy curioso es el efecto “hogar” que consiguen las cadenas de hoteles. Mucha gente dice las cadenas de hoteles son muy impersonales porque sus muebles, distribución, moquetas, cafeterías, suelen ser iguales en cada ciudad. Pero es precisamente esa impresión de espacio conocido lo que los convierte en un sitio familiar, como si tuvieses tu propia casa repartida por todo el país. Lejos de casa, como en casa.

Repensar el “Pet Sounds”

Repensar El Pet Sounds (15.7.16 - 359)

Este año ha sido el 50 aniversario del “Pet Sounds” de los Beach Boys y se ha abierto la veda de los adjetivos habituales: obra magna, disco monumental, canciones eternas. Su compositor principal, Brian Wilson, ha vuelto a recibir el calificativo de “genio” y no es que no lo merezca, pero no por su disco “Pet Sounds”, sino por sus primeros LPs y EPs. Por desgracia, esa obra inicial no goza del mismo prestigio que “Pet Sounds” y es considerada “menor”, “juvenil”, “adolescente” o “de surf” con cierto menosprecio. Con el corazón en la mano, “Pet Sounds” no me parece el mejor álbum de los Beach Boys. Creo que es superior el “Sunflower” que editaron tres años después, en 1969, o el single “Good vibrations”. No estoy diciendo que “Pet Sounds” sea un mal disco, ni mucho menos. Pero ¿por qué este disco recibe alabanzas y exagerados ditirambos? Pues porque se le juzga con parámetros propios de la música clásica del Romanticismo. Estos juicios valoran la música que está al margen de una función comercial, que tiene cierta dificultad formal y que pretende ocupar una esfera moralmente superior o que refleje una idea filosófica.

“Pet Sounds” no es un disco con canciones para bailar, sino para escuchar con atención, y sabemos que la crítica considera más importante a la música enfocada al cerebro que a la que se dirige al cuerpo. Y como los arreglos de este álbum son enrevesados y tienen elementos propios de la música “seria”, parece que Brian Wilson “asciende” de nivel. Además, “Pet Sounds” tuvo una tortuosa creación, algo que le dio mucha publicidad y un halo romántico. Se sabe que Wilson se quedó en el estudio grabando el disco mientras que el resto de la banda, que estaba de gira, no grabó sus voces hasta su regreso. Ese componente de “obra individual y visión personal” añade aún más prestigio crítico. También se cree, erróneamente, que fue un fracaso comercial, pero el caso es que llegó al número 16 en listas; no fue un exitazo, pero tampoco cayó en saco roto. Todos estos elementos extramusicales han ayudado mucho a que “Pet Sounds” tenga una consideración de “obra de arte”. Es un disco brillante, sin duda, pero no creo que ninguna de sus canciones, incluida “God only knows”, sea más interesante que “Don’t worry baby”, “In my room” o “California girls”.

Scotty Moore

Scotty Moore (1.7.16 - 357)

Pues sí. Ha muerto Scotty Moore, el guitarrista de Elvis Presley que contribuyó decisivamente a crear el rock and roll. Tras estar en la Marina cuatro años, trabajó con Elvis desde 1954 hasta 1964, aunque participó en el Comeback Special de 1968. Después, grabó discos a su nombre y acompañó a gente como Ernest Tubb o Charlie Rich. Y llegó a tocar con Ron Wood, de los Rolling Stones, y Lee Rocker, de Stray Cats. Scotty y Elvis se conocieron a través del jefe de Sun Records, Sam Phillips. Éste intuía (con razón) que en Elvis tenía un diamante en bruto, pero aún debía encontrar la fórmula que se adaptara a su versátil talento. Así que llamó al contrabajista Bill Black y a Moore que, entonces, tocaban con el sexteto hillbilly de Doug Pointdexter, los Starlight Wrangles. Al cabo de algunas sesiones, encontraron el Santo Grial: una poderosa mezcla de estilos rurales blancos y negros que pronto se haría mundialmente famosa.

Con el sello Sun editaron cinco singles, es decir, diez canciones que cambiaron la historia de la música. Fueron grabadas por sólo tres personas (Presley, Moore y Black), sin batería. En ese mínimo contexto, Scotty Moore se vio obligado a emplear a fondo su talento para cubrir todo el espacio sonoro. En las partes rítmicas usó el fingerpickin (tocar con varios dedos de la mano derecha) del country de Chet Atkins y, para las frases y solos, tomó elementos del blues. Admiraba a Atkins y a Les Paul, pero también a guitarristas de jazz como George Barnes, por eso en esas grabaciones suenan acordes sorprendentes. Su estilo percusivo, con una púa en el pulgar de la mano derecha, ayudaba a compensar la falta de batería. Manejaba numerosos recursos con los que afrontó la diversidad musical de Elvis: desde su percusión para un standard como “Blue moon”, el sexual “Baby, I wanna play house with you” o el country swing de “Just because”. Ya con RCA, tenemos ese acorde de novena en “Heartbreak Hotel” que crea la tensión perfecta para el drama o el solo de “Too much”, donde parece que se pierde y resuelve con maestría. Pero su cima está en “Mistery train”, no sólo por la técnica, sino por el sonido envolvente, fruto de un error. Como Scotty Moore grababa con el eco del estudio de la Sun, cuando tocaba en directo necesitaba replicar ese mismo sonido. Se compró el mismo amplificador que usaba Chet Atkins, que incluía un eco (Echo Sonic Amp) pero, como no lo dominaba bien, al volver al estudio se pasó al ajustar la cantidad de eco y de ahí surgió ese ambiente misterioso e irrepetible. Es el rock and roll, tan estudiado y espontáneo, como Scotty Moore.

Pedro y el lobo

Pedro y El Lobo (24.6.16 - 356)

Hace 80 años, es decir, en 1936, se estrenaba en Moscú esta narración sinfónica compuesta por Sergei Prokofiev. Había sido un encargo del Teatro musical infantil de la capital soviética para aficionar a los niños a la música. O, al menos, para que tomasen contacto con ella. Dado el gran número y la calidad de instrumentistas y compositores que han surgido de Rusia, está claro que lo consiguieron. Las cosas han cambiado mucho y lejos quedan los tiempos en los que, durante el cerco de Leningrado, una de las primeras medidas que tomó el gobierno soviético fue salvar a todos los intelectuales, Shostakovich entre ellos. Ahora producen hooligans de primer nivel. Mucho más al oeste de los Urales, el acoso en la enseñanza a las asignaturas de música, filósofía, lenguas clásicas e historia es terrible. Recordemos que en Madrid, hace cuatro años, se retiraron los presupuestos de sus trece Escuelas Municipales de Música y Danza. Para Ana Botella no eran servicios esenciales, tenía otros proyectos en mente con unos fondos buitre. Así, que poco a poco, la música se ha ido apartando de nuestra vida social y cultural. Y esa afición (y goce mayúsculo) comienza desde la adolescencia o, incluso, desde la infancia. Por eso “Pedro y el lobo” es una pieza tan importante.

Lo es porque, de una forma didáctica, atrapa al oyente. Está hecha para niños, pero sin bajar el nivel, porque los niños no son tontos, sólo son niños. Y necesitan obras realizadas con un lenguaje digno, pero adecuadas a su edad. “Pedro y el Lobo” cuenta una historia en la que cada personaje tiene asignado un motivo musical y un instrumento. Eso, al repetirse a lo largo de la sinfonía, hace que los jóvenes aprendan a distinguir los distintos timbres de la orquesta. En la historia aparecen un niño (Pedro), su abuelo, un lobo, unos cazadores, un pájaro y también una pata. Y el narrador cuenta toda la trama intercalándose con la música, así que no es difícil mantener la atención. Como está dirigido a los más pequeños, se ha tratado de buscar una lección moral al cuento. Si la tiene, no es a la que estamos acostumbrados, ya que Pedro no hace caso a su abuelo y, gracias a eso, atrapan al lobo.