Se buscan valientes

Ha partido de Mediaset una brillante campaña contra el acoso escolar llamada “Doce Meses”. Resulta curioso que lo haga Mediaset cuando muchos de sus programas no sólo poco edificantes sino que escupen mala educación y agresividad verbal a raudales. Pero es justo reconocer que la campaña merece la pena. Además, El Langui ha compuesto un tema para la ocasión “Se Buscan Valientes”. Aunque el rap es un género donde la rivalidad entre artistas suele desembocar en peleas públicas (verbales o físicas), también es cierto que hay muchas formas de entender el rap. Por ejemplo, “A Tribe Called Quest” o “Missy Elliot” tienen rimas donde el mundo no es siempre un enemigo y el último disco del aragonés Kase. O es una oda al amor. La canción de El Langui está hecha con un grandes dotes de síntesis, buenas rimas y fácil de comprender para los escolares. Lo que sí me llama la atención es que no hayamos hecho una campaña similar con una buena canción mucho antes. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos músicos -especialmente norteamericanos- han sufrido acoso escolar o, al menos, no encajaban en la tribu lo que siempre te convierte en una especie de sospechoso. Recuerdo haber leído entrevistas con Trent Reznor de N.I.N., Kurt Kobain de Nirvaba o Billy Corgan de Smashing Pumpkins sobre ese asunto.

Además, ahora el acoso es peor que antes de la era de las redes sociales. Hace años, si a uno le acosaban en la escuela, cuando llegaba a su casa, podía escapar de ese infierno. Pero ahora te persiguen hasta la mesita de noche, no hay escapatoria. Yo, que siempre he tenido la facultad de estar en dos bandos (no al mismo tiempo, claro), sé lo que es sentirte parte de la manada atacando. Es el poder. Es la seguridad total. Y también he tenido la desgracia de recibir bastante. Y el miedo que uno pasa es aterrador. Es puro pánico. Muchas veces, el único refugio que te quedaba era llegar a casa y escuchar a los Beatles que, de pronto, se convertían en tus amigos más cercanos. El rock era un medicamento. Pero lo bueno de esta campaña es que quiere detener el acoso antes de que sea una enfermedad incurable. Y la canción tiene un destinatario claro que no es ni la víctima ni el acosador sino toda la red de espectadores pasivos y silenciosos, pero imprescindibles para mantener el terror. Viva El Langui.

Igor Paskual en las V Jornadas Musicales 2017

Igor Paskual estará en las V Jornadas del CMU Chaminade (Paseo Juan XIII, 9 – Madrid) participando en la charla-coloquio “The Year The Music Died: El Pop Después De Los Grandes Mitos” el próximo Jueves, 23 de Marzo a las 20.00h en el Colegio Mayor Universitario Chaminade (entrada libre hasta completar aforo).

El evento contará con la participación de Esteban Hernández (El Confidencial) y Fernando Navarro (M-80).

Olavarría

Dos muertos en el concierto del Indio Solari en Olavarría, a 350 kilómetros de Buenos Aires. ¿Por qué aún hay muertos en un recital? Esto es difícil de entender desde España, que acude a sus viejos ritos del rock emocionalmente anestesiada. Argentina vive a flor de piel sus manifestaciones colectivas. No hay nada en otro lugar del mundo que se pueda comparar al frenesí que despiertan ciertas bandas. Por ejemplo, el Indio Solari (ex vocalista de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota) ha creado en torno a su figura un culto masivo y sus conciertos se conocían -y conocen- como “misas ricoteras”. Además, hay dos factores que aumentan su enigma: sus letras crípticas y que apenas concede entrevistas. Y, hace un año, anunció que padecía el mal de Parkinson y que sólo ofrecería un concierto anual. Pese a que su enfermedad ha sido puesto en duda por Skay Beilinson, co-líder en Los Redonditos, sus seguidores sienten que cada concierto puede ser el último. A todo esto esto hay que añadir que existe un componente megalómano desmesurado en el rock y el deporte argentino. Es, por ejemplo, la obsesión del Indio Solari de hacer el “pogo más grande del mundo”. Y es que Argentina vive al límite del entusiasmo y todo tiene que ser “el gol del siglo”. Nada puede ser gris. ¿Y quién hace que un concierto sea irrepetible? Los fans.

En Argentina, el público está cautivado por su propio poder colectivo, y su falta de protagonismo en la vida civil es recuperado en las gradas y en el rock. Por ejemplo, cuando los Rolling Stones tocan en Argentina, es Mick Jagger quien tiene el privilegio de actuar frente al “mejor público del mundo” y no al revés. Así que, en Olavarría, se esperaban 150.000 personas y accedieron entre 300.000 y 400.000. Mucha gente sin entrada viaja igual, porque saben que tarde o temprano terminarán pasando al recinto. Ahí es donde entra el componente más peligroso de todos: la ausencia del estado y el fracaso absoluto de las instituciones. Aunque yo he tocado en condiciones inmejorables, no hay una voluntad decidida de hacer cumplir las normas ni, por supuesto, de cumplirlas, situación que afecta, sobre todo, a la política o la justicia. Por poner un ejemplo futbolero, nos llamaría la atención si comparásemos el tiempo que se tarda en desalojar un estadio en Argentina u otro aquí de capacidad similar. Argentina es el país más apasionado del mundo, está lleno de vida y devora arte, pero se abraza desesperado a su propia desesperación. Ante la falta de un futuro mejor, espera que sus ídolos (Mascherano, Maradona, Charly García…) soporten sobre sus hombros el destino del país. Es la “cultura del aguante”, la que prioriza la capacidad de resistencia frente a cualquier otra cosa. Así, gran parte de la narrativa popular se traduce en un constante: “¡Aguante, Boca! ¡Aguante, River! ¡Aguante, Indio!”. Siento muy cerca a Argentina, y es que jamás hay que olvidar que, en España, todos pudimos haber nacido argentinos.

Rodrigo y Pelayo

Pasó el huracán Rodrigo Cuevas por la Laboral, cantó, no se desnudó y venció. No hay palabras para describirlo. Es tan apabullante y divertido que cuesta asimilar de una sentada todo lo que sucede en uno de sus espectáculos. La tarea que se trae Rodrigo Cuevas entre manos tiene una dimensión mucho más grande de lo que en principio parece. Rodrigo es el autor postmoderno del momento. Es pura frontera, es juego, y se mueve entre varios polos sin negar ninguno. Partiendo de la tradición del folk asturiano, la retuerce y le añade más lecturas. La bastardea con mucho respeto, pero, sobre todo, con gran conocimiento de causa. No está tan alejado de lo que hacía Picasso con el románico. Es capaz de combinar un tema tradicional asturiano con una cadencia frigia (andalusí), un ritmo tecno, una letra pop o polirritmias de resonancias africanas. Y lo consigue sin que nadie se sienta ofendido. En parte, es gracias a su dominio magistral de las tablas, al humor y a su carisma.

Ha hecho lo mismo que los trovadores o los cantantes de blues de los años veinte: conseguir que las reinterpretaciones de las canciones parezcan creaciones nuevas. Y hace que su heterogéneo público se sienta partícipe de algo. Tiene toda la lógica, ya que lo que está haciendo Rodrigo es revitalizar un patrimonio común, devolver a la gente lo que es suyo. Juega además la baza de la ambigüedad con acierto, y es en esos momentos cuando haciendo caso a los deseos de El Presi, Rodrigo saca su lado más de revista. Pero sus dos grandes armas musicales son el teclado y su voz. El teclado sería el futuro, un instrumento que está mucho menos transitado que la guitarra y aún tiene muchos caminos abiertos. De hecho, ha sido herramienta principal de quienes han querido huir de la pesada losa de la tradición rock. El pasado sería su imagen: liguero, madreñes, falda, el bigote, el mantón de Manila, los claveles… Aunque la manera de combinarlos es novedosa, los elementos en sí son antiguos. Y el presente sería su maravillosa, templada y bien colocada voz. La modula bien, es sensual en lo erótico y pícaro del cuplé, suave al hablar, fuerte y potente en la tonada y convincente en su discurso. Es el elemento unificador de todo lo que hace y la que convierte en realidad todo su potencial. Por supuesto, aún quedan cosas por pulir, como el ritmo del concierto o esa arriesgadísima versión de Tino Casal que aún necesita cuajar. Pero alguien que en un concierto usa la palabra “heteronormativo” sin que la gente se espante, merece una estatua al lado de la de Pelayo.

Igor Paskual en las IX Jornadas del Pop 2017

Igor Paskual estará en las IX Jornadas del Pop de Aranda de Duero (Burgos) participando en la charla-coloquio “Fútbol & Rock” el próximo Viernes, 17 de Marzo a las 19.00h en La Casa de Cultura (entrada libre hasta completar aforo).

El evento contará con la participación de Santiago Segurola (Diario AS), Fernando Navarro (M-80, El País) , Gaizka Mendieta (ex-futbolista y DJ) y Ángel Carmona (Radio 3).

Me parte el corazón

Sporting de Gijón – Deportivo de La Coruña (El Molinón, Gijón – 5.3.17)

Me metí en el mundo del rock porque me encantaba la música. Empecé a escribir de fútbol porque adoraba el fútbol. Perder la cabeza por un equipo de fútbol o una banda no tiene ninguna lógica y parece una estupidez, pero junto con la salud, es lo más importante del mundo. Ahora bien, ser seguidor del Sporting de Gijón debería ser recompensado monetariamente porque es una fuente constante de disgustos. Esta ciudad no se merece esto, por Dios. La verdad es que esto se parece a un timo y me siento atrapado en un juego de trileros donde Nico Álvarez hace de maestro de ceremonias con el consentimiento de los dueños mayores. ¿Qué broma es esta? ¿De qué maldita pesadilla estamos hablando? ¿Hemos visto un partido de fútbol o una ceremonia del ridículo? El Sporting es una ONG para millonarios y ha acogido y pagado de forma generosa a Nico Álvarez, el mismo que salió tarifando de Las Palmas, para demostar de nuevo que es un perfecto inoperante. A la calle ya. Mañana mismo. En las altas esferas están los responsables de este drama que en terminología militar se conocería como alta traición. Al aficionado no se le puede pedir más porque está macerado con el aceite del desencanto y bastante hizo al cantar antes del partido el himno interpretado a capella de forma conmovedora. Los jugadores o no lo oyeron o no lo sintieron. De nada sirvió tampocó el paradón de penalti de Cuéllar para encender la caldera de El Molinón que, por unos minutos pareció que la gente volvía a conectar. Pero con lo que sucedía en el campo, no se hubiera encendido ni “La 12” de Boca Juniors.

¿Y qué vimos en el campo? Un delantero, Traoré, que hace casi todo bien menos aquello para lo que se le contrató: meter goles. Es decir, molesta al rival, tiene a los defensas pendientes de él, colabora, es solidario, pero su falta de técnica es tan alarmante que da la impresión de que hasta sus compañeros llegan a desconfiar de pasarle el balón. Gana enteros cuando juega con otro delantero que capitalice todo el trabajo sucio que hace, pero eso supondría quitar a alguien del medio del campo. Y ayer, dado que el medio campo no existía se pudo haber hecho sin problema casi desde el principio. Rubi plantea bien los partidos de inicio, pero según avanzan, tarda en leerlos y hace cambios extraños. Por ejemplo, añadió un segundo delantero (Castro), pero retiró a Douglas, un buen servidor de pases. El asunto es que Amorebieta terminó siendo el jugador más creativo y el que llevaba el balón hasta zonas de peligro. El Sporting estuvo mal ubicado, sin intensidad ni rabia, tenso, algo atrasado y muy pendiente de que el rapidísimo Andone no atacase. Tampoco ayudó el arbitraje que, sin ser pésimo, escamoteó un penalti y dejó en a los gallegos cortar el juego en demasía sin ofrecerles merecidas tarjetas. Fue un partido desesperante con la guinda culminante de un recital de córners y faltas muy mal sacadas. Pero aún y así, el Sporting tuvo unas cuantas ocasiones muy claras, que es en lo que se ha mejorado con respecto a la época de Abelardo. Pero claro, Rubi tiene a Vesga, un portento que ve el fútbol de manera clarividente y es hoy por hoy, junto con Burgui, el único faro fiable. Qué forma más terrible de perder un partido. Pero como la vida es larga, aún veremos a equipos caer para que este Sporting siga en Primera. Adoro el fútbol, pero esto me parte el corazón. Dispararse al pie es de imbéciles.

Pobre imagen en el Camp Nou

FC Barcelona – Sporting de Gijón
(Camp Nou, Barcelona – 1.3.17)

Hay duelos en la vida que son irrenunciables, pero que uno rechazaría gustoso. ¿Quién quiere enfrentarse a un caballero armado hasta los dientes gracias a la mejor delantera del mundo? ¿A qué poeta aficionado le apetece recitar versos de adolescente frente a un auditorio acostumbrado a escuchar a Shakespeare cada semana? Lejos quedaron los tiempos donde un joven aspirante, aún podía meterse en la cama del rico y rozar el cielo con su dedos, o demostrar a base de talento que merecía estar en la cumbre. El fútbol es reflejo de la sociedad y las desigualdades se han hecho tan grandes que, ni siquiera el más ingenuo, tiene esperanza de que esa diferencia sea salvable. La desconfianza llega hasta la justicia arbitral, siempre sospechosa, que sabe que semana tras semana inclinará la balanza hacia la parte más abundante del jardín. Tenemos reales pruebas de ello cada semana. Todo es miseria en la casa del pobre, pero a la desgracia del Sporting se le añade que una dimensión de tragedia ya que la cornucopia rojiblanca se vació desde su propia casa. Se lleva robando y traicionando a sí mismo, más de veinte años. Veinte años sin ambición ni búsqueda de grandeza. Dos décadas únicamente salvadas por una afición cansada, que sólo llegó a entusiasmarse tras las ilusiones generadas por un Preciado o un Abelardo, únicos en su especie. En medio de este largo y profundo precipicio, daba la impresión de que el Nou Camp era una montaña demasiado elevada para un equipo que aún tiene las alforjas escasas de fútbol y cuyo capitán está recomponiendo los pedazos de un mapa roto.

Lo peor del partido contra el Barcelona no fueton los tres puntos o el punto perdidos sino la imagen ofrecida. Sí, fue la confirmación de una ausencia, de un Sporting que es un Sporting sólo en lo nominal, pero que ya no significa equipo noble, con garra y buen juego que desafía al resto desde la periferia. Ese lugar, lo han vuelto a ocupar la Real Sociedad, Las Palmas o Español con las nuevas incorporaciones del Villarreal o el propio Eibar. Pero la preocupación actual del Sporting no es qué imagen ofrece ni filosofar sobre qué modelo de gestión prefiere sino simplemente en sobrevivir. Quiere comer para no morir de nuevo en el Hades de la segunda división, entre patatales, goles de falta y esperanzas frustradas. El 6-1 no es ni doloroso. Es que directamente, no es. Como si fuera un partido inexistente, algo que no fuera real, y es que la realidad paralela del Sporting está muy alejada del boato y la pompa del templo blaugrana. Y como siempre, el Sporting ejerciendo de ONG del fútbol y convirtiendo a jugadores desesperados en futbolistas con esperanza, a equipos vulgares en equipos buenos, y a partidos de Liga en fiestas-trámite para el anfitrión. Entre tantas ruinas, al menos, aún surge un poco luz, como Burgui que está dispuesto a ser figura de una vez por todas, ahora que ya sabe cómo se juega al fútbol y no sólo al balón. Y merece atención la calma -real o fingida- de Rubi, necesaria en un momento de histeria y nervios.

Poco más que añadir, tras una jornada aciaga, en la que el Granada venció de extraña manera al Alavés y Luis Enrique, agotado tras el desgaste sufrido en el manejo de directivos, periodistas y millonarios consentidos, dirá adiós al equipo para el que jugó y ganó, entre otras muchas cosas, una Copa de Europa. Como Cruyff y Rijkaard. El Sporting, antes de la poesía, deberá volver a aprender a escribir el próximo domingo.

Último concierto

¿Qué se esconde detrás de las relaciones de una banda de rock? ¿Qué es lo que mantiene unido a un grupo de música? En la película “El último concierto” (“The last quartet” en inglés, 2012), del director Yaron Zilberman, se muestran las intimidades de un cuarteto de cuerda en el que uno de sus miembros siente la amenaza del Parkinson. A partir de ese momento iremos descubriendo que el engranaje que sostiene al cuarteto se basa en un delicado equilibrio del que no siempre han sido conscientes. Bastará con que una mínima partícula se mueva para que cambie todo el ecosistema de esas cuatro personas. Sus perfiles son diferentes y casi antagónicos, pero, cuando surge la posibilidad de que el violonchelista, que funciona como clave de bóveda, pueda abandonar el grupo debido a su enfermedad, no salen a colación las frustraciones o ambiciones íntimas. Resulta conmovedor el momento en el que el segundo violín expresa sus deseos de tener más momentos de protagonismo junto con el primer violín…hasta que se da cuenta de que ser el mejor segundo violín es una tarea dificilísima y que, gracias a él, todo el conjunto brilla.

También está el asunto de la paternidad (y, sobre todo, la maternidad), ya que la hija del matrimonio del cuarteto (la viola y el segundo violín) le reprocha a su madre que se pasen de gira siete meses al año. Es más, le cuesta entender que las mayores preocupaciones de sus padres circulen en torno a un golpe de arco o un vibrato y no en torno a ella. Todo se va desarrollando con el Opus 131 de Beethoven de fondo. Esa obra, en lugar de tener cuatro movimientos, consta de siete, dura unos cuarenta minutos y, además, el compositor indicó que debía interpretarse toda seguida, sin pausas. Si se hace de esa manera, no hay posibilidad de parar a afinar y hay que ir ajustado la presión y posición de los dedos y el arco para compensar el progresivo desafinado del instrumento. Por tanto, no sólo hay que estar pendiente de cómo desafina uno mismo, sino también del resto del grupo. Una metáfora perfecta de la vida, pero, sobre todo, de cómo funcionan los grupos, los equipos, y de cómo quien sepa mantener el equilibrio tendrá mayores posibilidades de alcanzar altas cotas de belleza y de permanecer a lo largo del tiempo. Lo hermoso de la película también reside en la gran cantidad de referencias artísticas, como el uso de los poemas de T.S.Eliot, la canción “Marietta’s Song” de Korngold, la anécdota real de Pablo Casals que es una lección de vida o la visita al Rembrandt de la colección Frick. Último concierto que es el primero.