El Sporting cayó en su propia trampa

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 1 -Valladolid 1 (El Molinón, Gijón – 13.11.17)

Salió el Valladolid como un potro desbocado El Molinón. Una locura de velocidad, control y equilibrio cabalgado por ese jinete valiente y temerario que es Luis César Sampedro. A su paso, no crecía la hierba y fue por el sendero de sus pisadas por donde se consiguió colar el Sporting, una serpiente. Un ofidio rojiblanco que sesteaba, pasaba de todo, dormía agazapada en sí misma, pero en cada mordisco inoculaba veneno mortal. Así, al final de la primera parte, el Valladolid que realmente había desplegado un juego muy atractivo, lleno de combinaciones y acercamientos al área, iba perdiendo. Sin embargo, el Sporting, que jugó los primeros cuarenta y cinco minutos lleno de imprecisiones y con una incapacidad manifiesta para tener el balón, no iba ganando por cuatro goles a cero de milagro. La naturaleza es cruel. La justicia es un invento del ser humano para corregir los errores de las personas. Y el fútbol es el deporte más animal de todos porque no se rige por las leyes de la justicia. Ni gana el más fuerte, ni el más sabio, ni el más listo. Gana quien gana, como en la naturaleza. Una mordedura de una serpiente puede terminar con la vida de un gran elefante, de la misma forma que un trastornado pudo terminar con la vida de John Lennon. En el descanso, el Sporting iba ganando gracias al afilado colmillo de Scepovic que marcó tras una gran combinación y un excelente pase de Calavera. Conviene apreciar cómo Scepovic se frena un poco en carrera para esperar el balón. Detalle de orfebre. También es cierto que el Sporting había perdido en el calentamiento a su guía, Sergio. Sergio, en medio de la jungla del fútbol, es el único que, sin tener la brújula, por lo menos sabe por dónde no hay que ir. Sin él, el partido se convirtió en una lucha para ver si ganaba el potro alegre y juvenil o la serpiente perezosa, pero letal.

La segunda parte fue aún más desquiciante. La serpiente rojiblanca, agazapada en su esquina, mordió varias veces, pero sus colmillos ya no eran letales. Así que mudó de camisa y se transformó en una explorador perdido, resistiendo con el cuchillo entre los dientes, con el agua al cuello sorteando cocodrilos y sobreviviendo a los mosquitos y las enfermedades. También tuvo que sobrevivir a Paco Herrera que como un cazador furtivo disparaba contra su propio equipo. Un planteamiento cojo y unos cambios, como mínimo, lentos y fuera de tiempo. Pasó un quinario el Sporting frente al Valladolid. Se salvó de milagro gracias al hechicero Mariño que invocó su danza de la portería convocando a todas las paradas magistrales de la historia. Tres paradas, tres, hizo Mariño similares a la de Gordon Banks frente a Pelé en el Mundial de 1970 o la de Buffon frente a Zidane en la final del Mundial del 2002. No veía el Sporting el momento de llegar a su campamento base y librarse del acoso al que también sometido. Hasta el orbayu parecía el diluvio universal. Un ejemplo del desorden fue la poderosa carrera de Barba para llevar el balón al área rival y sin encontrar una sóla opción fiable de pase. Y es que una serpiente puede salvarse de sus depredadores gracias a su veneno con muy poco esfuerzo. Pero nunca se convertirá en el Rey de la Selva si no sale de su madriguera y no es capaz de mantener un poco el balón o de llegar a la portería si no es al contraataque. Al final, el Sporting salió vivo de una emboscada que se tendió a sí mismo.

Igor Paskual en el nuevo vídeo-clip de Arma X

Igor Paskual colabora en el nuevo single y vídeo-clip del grupo de rap Arma X, “Mentira Con Mentira”, extraído del que será el tercer disco de estudio del conjunto asturiano, “Primera Sangre”.

Igor ya ha colaborado anteriormente con Arma X en el tema “Santa Bárbara Bendita” del primer trabajo de Arma X, “25 Otoños” (2009).

El gran déficit es un organizador

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 2-Almería 0 (El Molinón, Gijón – 27.10.17)

El pase de Carmona en el primer gol es para enmarcar. Para admirar muchas veces con deleite, como cuando se va a ver los cuadros de Sorolla del Museo de Bellas Artes de Asturias. Un pase que contiene la mágica belleza de lo que es plástico y, a la vez, útil. Dio un pase de balón que era como una flecha teledirigida en medio de un bosque de piernas. Usó la precisión de un cirujano y la intención de un arquero inglés del siglo XV. Ante ese pase, la defensa rival sólo puede -y debe- quitarse el sombrero y aplaudir. Y esa magia ocasional de varios jugadores es lo que está dando puntos al Sporting. La otra parte de la ecuación se resume en Sergio, -con Bergantiños-, que son la defensa antes de la defensa. Ayer estuvo imperial, mucho mejor de lo pudiera parecer a primera vista. Sergio es como la escultura de Jorge Oteiza, calibrada, con un conocimiento del espacio determinante y siempre en su sitio. Claro, cuando somos pequeños, nos impresiona más la obra de Chillida, tan elocuente, con esa presencia de la materia que apabulla. Pero Oteiza y Sergio son el espacio que es lo más difícil de entender, igual que sucede con el silencio en la música. Y como -esto ya lo sabemos- el gran déficit del Sporting es ese organizador que controle los partidos, Sergio también asume tareas de aguador y enfermero, es decir, la de sacar el balón del pozo y servir de soporte para sus compañeros que cuando necesitan dar un pase y descargar, ahí está el para ofrecerse, siempre bien ubicado. Por lo demás, vemos varios jugadores en crecimiento; Calavera aunque es el defensa que más huecos deja, a cambio, aporta mucho en ataque y tiene un pase de oro. Con la mano en el corazón, me gusta mucho más que Douglas: Calavera tiene más sentido del equipo. Isma López viene en ascenso creciente, todos sabemos de su compromiso y honestidad. Aunque, en ocasiones le falló el juego, nunca le faltaron las ganas. Isma López un ejemplo típico de la factoría de Lezama: buenos compañeros, trabajadores y poco dados a hacer el tonto. Y ese otro problema, bendito, pero problema para Paco Herrera que tiene que escoger entre Isma y a Canella; es decir, tiene dos laterales izquierdos que pasan por un momento dulce y se creen el equipo como nadie, pero no tiene un organizador nado ni extremos clásicos. Viguera no es que brillase, pero tampoco fue un desastre. En la delantera tiene Paco Herrera varios asuntos pendiente por solventar. No sólo la ubicación de Michael Santos, eterno luchador y chistera de mago, sino el estado anímico de este gran talento que es Scepovic, que reconozco como una de mis debilidades personales y que estoy seguro que lleva un gran jugador dentro. Ahora también deberá demostrar que lo lleva por fuera. Y, desconozco la situación, pero aún es posible que haya jugadores que puedan sumar como Pablo Pérez o quizá que la balanza justiciera del fútbol decida ya si Rachid vale o no. Hay algo que el Sporting de Gijón esta temporada está haciendo algo muy bien: ganar a los equipos que tiene que ganar. Si ante el Osasuna o el Numancia, el Sporting pareció poquita cosa, frente a estos conjuntos más tiernos o con menos presupuesto, el Sporting tiene veteranía suficiente para vencerlos son brillo. ¿Cómo consigue eso? Con una columna vertebral sólida y los chispazos de genialidad de algunos jugadores. Y ayer, con algo que es importante: presión e intensidad. Ante la falta de cerebro, al menos, puños.

Buscando su sitio

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Rayo Vallecano 1 – Sporting 1 (Estadio de Vallecas, Madrid –  22.10.17)

El Sporting sigue viviendo en su noria particular, en un eterno retorno constante, una repetición casi calcada de partidos anteriores: una brillante primera parte, una segunda más floja con cambios poco atinados y un portero salvador. Y, claro, la afición, que nunca falla. No nos olvidemos del rival, que también juega. Y el Rayo empujó. El guión parece escrito por unas manos traviesas que juegan con el Sporting y les hacen creer, primero, que pueden ganar, pero después, una voz paralizante les explica que también pueden perder. Así, vemos que se empieza con ganas, con intensidad y presión. Hay calidad y se demuestra. Pero en las segundas partes el Sporting se vuelve más timorato. ¿Es sólo una cuestión de mentalidad? La forma expresa el fondo, pero el fondo también condiciona la forma. Dependiendo de qué forma se escoja, el espíritu rojiblanco es uno u otro. Así que, mientras Michael Santos tuvo energía suficiente, el rival se vio amenazado por el charrúa. Este estilete único se fajaba, remataba y volvía loca a la defensa del Rayo. Santos tiene algo muy especial y, pese a que el Sporting no estaba creando mucho juego, al menos, sí defendía bien, presionaba y estaba ordenado. Pero cuando a Santos se le acabó la energía y dio síntomas de agotamiento, poco a poco el Rayo se veía menos amenazado y fue creciendo. La idea de Herrera fue anular la acumulación de hombres del Rayo por el medio con más jugadores. Cinco defensas. No todos defendían con la misma solvencia. Pero funcionó, relativamente. Lo que ya fue más dudoso fue el resto de los cambios. Santos, que según pasaba el partido iba mostrando un creciente cansancio, hubiera necesitado un acompañante. Tuvo a Carlos Castro. Y luego él mismo fue sustituido por otro punta, Viguera. Ambos poco efectivos, por desgracia. Cuesta entender las razones por las que a Stefan le dejaron en el banquillo. Comprendo que el planteamiento inicial fuera tener más velocidad, algo que el serbio no da. Pero hay que recordar todo lo que aporta Stefan al juego, al margen de que haga más o menos goles. Si hay alguien que sepa conservar el balón en el Sporting es él. No lo pierde con facilidad. Supongo que Herrera quiere tener a todos los jugadores contentos o repartir minutos entre la plantilla. Si no, es inexplicable entender por qué Stefan no ha jugado. Así que, de pronto, el Sporting se vio jugando con cinco defensas de los cuales sólo defendían cuatro (y, a veces, tres) y sin delanteros, porque ni Castro ni Viguera tuvieron su día. Si a eso se le suma que no había un organizador claro, se quedaba el Sporting a merced del enorme trabajo de Sergio y Bergantiños, brillantes durante todo el partido. Y todos los caminos terminan llevando a Mariño, que evitó el retorno a Gijón sin puntos. Así que la impresión que uno tiene después de ver un partido así es que el Sporting no termina de encontrar su sitio un peldaño más alto, pero tampoco pierde el que tiene. Se mueve a golpes de inspiración (Mariño y Santos) y de sudor (Sergio y Bergantiños). No termina de crecer, pero tampoco se viene abajo. Hay momentos de mejora, de buen juego, pero se depende demasiado de chispazos de algunos jugadores y de las virtudes de un portero que vuela muy alto. El Sporting está en la misma situación que tantos y tantos estudiantes: son listos, prometen y van aprobando más o menos con cierta fortuna, pero se espera más, mucho más de él. Para aprobar el examen final.

Cambios terribles

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 1 – Huesca 1 (El Molinón, Gijón – 13.10.17)

La Liga de Fútbol Profesional vive en una esquizofrenia constante. O más bien hace vivir al aficionado en un estado mental de zozobra. La Liga, por un lado, quiere que los campos de fútbol estén llenos, que luzcan y den color para que salgan bien en la televisión. Es decir, que tengan mucha gente entregadisima para servir de atrezzo a otra gente que lo ve a través de la pantalla. Es más, La LPF te dice exactamente en qué zona debería situarse la mayoría de la afición para que den bien en cámara. Pero, al mismo tiempo, al aficionado se le pone cada vez más difícil la tarea de ir al campo. Los días y los horarios que propone la Liga son una faena para cualquier ciudadano normal que quiera ver fútbol en vivo. Y mucho más, si desea ir con niños más pequeños. Así que ni se trata bien a la afición ni se cuida al seguidor del futuro. De pronto, el fútbol está marcado por la dictadura de la televisión y el aficionado de campo es mero adorno. Pura claque para aplaudir. El que paga una entrada a un estadio, para la Liga cuenta lo mismo como las risas enlatadas en los programas de humor. Y encima, pagando.

Si hay algo que diferencia al fútbol de cualquier otra empresa es que el cliente del balompié, es decir, el seguidor de toda la vida, ya está fidelizado de antemano. No va a cambiar jamás de producto, y con eso me refiero a que nunca será de otro equipo ni seguirá otro deporte con la misma pasión. Va a seguir ahí para siempre. Y por eso no les hace falta ni tratarlo bien ni cuidarlo. Así que ponen estos horarios y tantos partidos seguidos que son un abuso para el seguidor y suponen un riesgo enorme para los futbolistas que no cuentan con el descanso suficiente y se exponen a mayores lesiones. O sea, que a la Liga Profesional de Fútbol les importa un rábano el aficionado y les importa un bledo los futbolistas. Esto también pasa en la Copa de la Reina, donde los equipos femeninos juegan la semifinal y la final con sólo dos días de diferencia. ¿Por qué? Pues porque los deportistas están al servicio de los directivos y no al revés. Son una herramienta más para sus intereses personales y sus carreras profesionales. Nada más. Entiendo que el dinero de las televisiones son una partida importantísima en los presupuestos de los clubes, pero se podría llegar a acuerdos un poco más ventajosos para todas las partes. ¡Ah, el diálogo!

Aún y así, vimos un partido con dos equipos que no ahorraron energías y se lanzaron a por el partido con arrojo. Un buen partido de fútbol donde pudo ganar el que menos acusó el cansancio (El Huesca). Me alegré por Rubi, la verdad. Siempre me resultó simpático, trabajador y tuvo la mala suerte de llegar al Sporting en unas circunstancias de histeria y máxima necesidad. Le faltó un punto de suerte, o quizá ya era imposible hacer nada con esa plantilla. Pero ha armado un equipo muy sólido con el Huesca. Eso sí, tanto él como Herrera siguen haciendo unos cambios terribles. Herrera, como no cuenta con un creador nato, tiene al equipo viviendo a expensas de la inspiración de Moi Gómez que es un artista a lo Curro Romero. Con más fuerza mental será ese cerebro soñado desde hace lustros. El Sporting sobrevive con ramalazos de gol, el muro de Sergio/Bergantiños y la magia voladora de Mariño. Falta un poco, un poco más.

Un oasis de fútbol en un desierto

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 3- Sevilla Atlético 0
(El Molinón, Gijón – 7.10.17)

Qué más da la entidad del rival cuando la desazón se apodera de un equipo y les nubla la vista. Qué más da que el filial del Sevilla sea un equipo tierno en espíritu, rudo en actitud y poco juego si la ansiedad atenaza el cerebro y congela las piernas de los jugadores. Qué más que el Sevilla Atlético sea el colista si en los momentos decisivos una sombra de errores y terrores cae como una guillotina en los cuellos rojiblancos. Los partidos hasta que no se juegan no se puede decir si son sencillos o complicados por más que nos empeñemos en sacar conclusiones antes de tener el problema planteado. El fútbol es un deporte extraño en el que la suma de los esfuerzos no siempre se traduce en premio. La cantidad de circunstancias que no son ponderables es alta que cualquier equipo puede ganar a un grande. Al final, se ganó. Fue un partido que sirvió de terapia, para abrir la ventana y despejar el aire viciado del vestuario. Una forma de alejar fantasmas mentales que hacen daño porque son ectoplasmas psicológicos que no se pueden tocar y, por tanto, son muy difíciles de combatir. No hubo más que ver cómo se tiraron los dos penaltis, una suerte que depende mucho de la serenidad mental, para ver que hay un elevado grado de nervios y cierta esquizofrenia. Así que el partido sirvió de diván para Stefan que aún está liberándose de las cadenas que oprimen su talento y ordenando su cabeza para sacar a relucir el fenomenal jugador que sabemos que es. Es un señor jugador y ha de acomodar todos los factores para que esa eclosión, por fin, se produzca. Sirvió para comprobar que la progresión de Pablo Pérez es efectiva. Quiere ser jugador y lo va a conseguir. Tiene la actitud correcta y la madurez necesaria. Y eso que jugó en la banda, que parece que rinde menos ahí. Pues no. Veremos a un jugador de Mareo crecer y no quedarse estancado.

El partido también nos confirmó no sólo que Canella está entre los mejores sino que Bergantiños ha vuelto a juntar las piezas rotas del espejo de su mejor fútbol y ahora, el reflejo devuelve la imagen de aquel gran futbolista del Deportivo. Y es en esa zona del medio campo donde el Sporting va a decidir si quiere ser creativo y ascender a Primera o se convertirse en ese vagabundo que, a veces, deambula errático por los campos de España al albur de la inspiración de algún jugador como Santos. Es de justicia reconocer que el Sporting jugó bien por momentos. Pero también tuvo minutos de mal fútbol y pérdidas preocupantes de balón. El rival, aparte de patadas e imprudencias que pueden causar lesiones, no propuso nada. Así que no resulta fácil juzgar si vimos una mejoría del Sporting o un holograma de mejoría. Sí que parece que al equipo le falta cuajarse, encontrar su clave de bóveda, un sistema claro sobre el que asentarse y ofrecer el potencial que atesora, que es mucho. Hay un buen número de jugadores que están entre los mejores de Segunda División y ese patrimonio no se puede desaprovechar. Escribo esto desde Ibiza, donde en el Hotel Santos Dorado se inauguraba una suite especial “Loquillo”. Es un hotel muy rock, con memorabilia de todo tipo. Así que hubo fiesta maravillosa con Silvia Superstar pinchando y Pérez-Fajardo haciendo fotazas. En una isla donde impera el tecno, es muy reconfortante descubrir este oasis de rock. Y eso tiene que ser el Sporting: un oasis de fútbol en el desierto de la Segunda División.

La decadencia ochentera

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División

Osasuna 2 – Sporting 0
(El Sadar, Pamplona – 1.10.17)

Decía De las Cuevas que este partido iba a ser un encuentro de Primera, pero en Segunda. De las Cuevas será recordado eternamente por su gol en el Bernabéu y, aunque le honra su buena intención, lo cierto es que el Sporting es de Segunda, se mire por donde se mire. No me importa tanto lo que indique la categoría en la que está, sino que juegue con mentalidad de Tercera.  Este Sporting me recuerda a esos grupos que fueron grandes en los 80 y que, poco a poco, perdieron el favor de la crítica y del público. El Sporting sonaba en las radios, todo el mundo conocía sus canciones y hasta se sabían el nombre del cantante. Pero, cuando llegaron las vacas flacas, la caída fue muy dura. Antes, el Sporting iba a un bar y todos querían ser su amigo, pero ahora ni siquiera le miran. Durante diez años, el Sporting sobrevivió como hicieron docenas de bandas en la Segunda División: actuaciones en salas más pequeñas, contrataciones en algún Ayuntamiento despistado y una gira en el nostálgico Crucero de los Ochenta por el Mediterráneo con el Osasuna, el Valladolid y equipos de la época. Durante un tiempo pareció que había una posibilidad de regresar al éxito con dignidad, pero el mundo había cambiado y también los gustos. Además, los presupuestos para sonar un poco competitivos son irrisorios. Encima, los miembros de tu banda te abandonan a la mínima. Cada poco se van con otros artistas que tienen más conciertos y pagan mejor. ¡Ay! En los 80, cuando las vacas gordas, tus músicos iban contigo a muerte, “hermanos de sangre”, decían, pero ahora ya no generas pasta. Así que, cuando son jóvenes, tú los formas, los fogueas para que cuando estén rodados, ¡zas!, se vayan con otro.

Esos músicos se despiden con lágrimas en los ojos, te dicen que eres único, que te deben mucho, pero da más dinero tocar las nuevas tonadas que ese viejo y obsoleto rock and roll. Lo único que te mantiene en pie son esos seguidores que jamás te abandonarán. En el rock se llaman fans y, en el fútbol, ahora se les dice “masa social”. Y son increíbles. Llevan veinte años yendo a tus conciertos sin que en esas dos décadas hayas grabado un disco decente, pero ellos siguen ahí porque en un momento dado les cambiaste la vida. Y esos fans se lo contaron a unos amigos o a sus propios hijos, que comprendieron que en esa vivencia había algo muy grande. Pero en el mundo crudo y duro, el Sporting es un grupo de los ochenta que, de vez en cuando, sale en un programa que revista el pasado. Se le mira con cariño, recuerdas un par de temas, pero está pasado de moda. Es decir, no consigues nuevos adeptos. Llegan los nuevos valores, bandas que no conocen la tradición del rock como, por ejemplo, el Getafe, pero que siguen arriba año tras año. Del partido no voy a hablar porque no hay nada que decir. Fue una continuación de lo que sucedió en El Molinón contra el Lorca, pero sin la suerte de aquel día. La única fortuna reside en que se ha fichado a un guardameta que apunta al premio Zamora del año. Evitó, sin exagerar, cinco o seis goles cantados. Y es que un mal equipo con un gran cancerbero disimula mucho, igual que un mal grupo con un buen batería. Pero en el banquillo hay arte, mucho arte. Se sienta un hombre que se parece a un cuadro de El Greco. Por lo estilizado y por la tristeza.

Vence pero no convence

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División

Sporting 1 – Lorca 0
(El Molinón, Gijón – 23.9.17)

Si alguien ha estado en Lorca, alguna vez habrá comprobado que lo más llamativo es su castillo. Esa fortaleza casi inexpugnable permitía vislumbrar a los enemigos desde mucha distancia y, por eso, Alfonso X y muchos otros lo consideraron un lugar de gran estrategia. En el castillo, hay un gigantesco reloj de sol cuyo gnomon es una gran espada. Al Sporting le faltaron esas dos cualidades: sentido del tiempo y más penetración letal. No gustó nada el partido rojiblanco. Y nada es nada. Un mal ya endémico en el Sporting es la falta de un cerebro claro en el medio del campo. Alguien que dé orden, sentido, ritmo y salida al balón. Es más, no se trata sólo de un jugador, sino de una idea de juego, de tener ciertas variantes. En cuanto se presiona un poquito a Sergio y el encargado de asumir el mando (ayer Àlex López) se atasca, se produce una implosión y el equipo se colapsa como un equipo de juveniles. Al final, el partido termina dependiendo de la inspiración que ese día puedan tener Rubén, Michael Santos y Scepovic, siempre lúcido, y aunque no marque, el mejor del Sporting junto con el citado Santos. El equipo de la ciudad del sol tuvo su reloj, su pequeño plan y sin grandes nombres jugaba a algo. Todos los equipos que pasan por El Molinón, en general, tienen menos presupuesto y peores jugadores que el Sporting, pero suelen jugar a algo, se lo creen. El Sporting no ofrece en los partidos la intensidad que muestra en sus aguerridos entrenamientos. Por momentos, se ofrece una imagen caótica y no sólo por el planteamiento sino por la gestión absurda de los lanzamientos de penaltis. Es muy bonito el asunto asambleario, el “decidid vosotros, chicos”, pero el jugador es egoísta. El ego humano no suele ser buen evaluador cuando examina las virtudes propias. Así que la imagen que se proyecta con estas discusiones de patio de colegio al lado del punto de penalti es terrible. Sobre todo, porque al rival se le transmite la impresión de que no hay unidad y, em especial, de que el interés individual se impone sobre el colectivo. Así que el mejor tirador -y jugador- se queda sin lanzarlo, y el que lo tira tiene aún más  presión -que no motivación- añadida. Si la autogestión en un club funcionará, no harían falta los entrenadores. La famosa democracia Corintiana (por aquel glorioso Corinthians brasileño de Sócrates) fue éxitosa en una situación sociopolítica muy concreta y con varios jugadores que estaban muy comprometidos con una serie de valores. Yo mismo, cuando soy el productor de un disco, aunque escuche otras opiniones, tengo la última palabra. Y cuando estoy a las órdenes de un productor, lo respeto. El que ha vuelto a demostrar una gran seguridad es Mariño que literalmente salvó el partido. Y pensar que con el fichaje de Whaley se permitió la salida de Dennis… Dani Marín tiene todo el futuro del mundo. Siguiendo con la juventud, qué rabia produce que a Pablo Pérez lo ubiquen en la banda donde, a diferencia del medio del campo, tiene menos opciones de pase y no aprovecha ni su llegada ni su altura. Otra mala señal de Herrera para la plantilla. Partido malo, vergonzoso e impropio de un club como el Sporting. Lo vi em Monzón (Huesca) donde actuábamos esa noche. Los tres puntos son un buen regalo para el cumpleaños de Quini (del que se acordó con elegancia el Lorca), pero le faltó el envoltorio. Parafraseando a Unamuno: vencísteis, pero no convencisteis.