Habitaciones

Habitaciones (22.7.16 - 360)

En plena gira las habitaciones de los hoteles son tu casa. Aunque hay gente alérgica a la soledad y termina enganchada a las cafeterías de los hoteles, en plena gira, tu habitación es tu refugio. Y es que en plena catarata de conciertos, tienes muy pocos momentos para la soledad porque estás constantemente rodeado de gente, en la furgoneta, en los camerinos, las comidas, incluso si sales por ahí, sueles hacerlo acompañado con parte del equipo de gira. Por eso, tu habitación es tu lugar sagrado, tu cabaña, un cascarón perfecto donde depositas crisis y entusiasmos. Hace años, las habitaciones solían ser un lugar de fiestas, botellas vacías y camas revueltas, pero con los años, uno procura separar el espacio del ocio y del descanso. Es un lugar para la soledad, y compañía, por supuesto, pero a cierta edad, uno se piensa mucho a quién invita a un lugar tan íntimo. Más íntimo casi que tu propio hogar, ya que una casa suele tener ciertas zonas preparadas para recibir a gente. Las habitaciones son como úteros maternos donde uno se siente muy protegido y cuidado; todo en ellas es fascinante, su olores, los sonidos, el tacto de los muebles, los interminable e inútiles canales de la televisión, la ducha, la luz, las ventanas…

Cuando paso varios días seguidos en alguna habitación, siento que es ya mi casa y no suelo dejar que entren a limpiar, costumbre que comparto con Laurent Castagnet (batería de Loquillo). No es por desconfianza sino para evitar que se rompa el “aura” de un lugar. Siempre he creído que uno de los trabajos peor pagados es el de limpiadora de hotel. Tampoco debe de resultar fácil estar en la recepción solucionando problemas dispares a huéspedes variopintos. Pero son quienes marcan el tono de un hotel, si sientes que te van a cuidar o vas a estar desprotegido ante cualquier incidente. Aún hay hoteles con botones que te ayudan a subir las maletas y a los que nunca sabes cuánta propina dar. Pero lo que me resulta muy curioso es el efecto “hogar” que consiguen las cadenas de hoteles. Mucha gente dice las cadenas de hoteles son muy impersonales porque sus muebles, distribución, moquetas, cafeterías, suelen ser iguales en cada ciudad. Pero es precisamente esa impresión de espacio conocido lo que los convierte en un sitio familiar, como si tuvieses tu propia casa repartida por todo el país. Lejos de casa, como en casa.

Repensar el “Pet Sounds”

Repensar El Pet Sounds (15.7.16 - 359)

Este año ha sido el 50 aniversario del “Pet Sounds” de los Beach Boys y se ha abierto la veda de los adjetivos habituales: obra magna, disco monumental, canciones eternas. Su compositor principal, Brian Wilson, ha vuelto a recibir el calificativo de “genio” y no es que no lo merezca, pero no por su disco “Pet Sounds”, sino por sus primeros LPs y EPs. Por desgracia, esa obra inicial no goza del mismo prestigio que “Pet Sounds” y es considerada “menor”, “juvenil”, “adolescente” o “de surf” con cierto menosprecio. Con el corazón en la mano, “Pet Sounds” no me parece el mejor álbum de los Beach Boys. Creo que es superior el “Sunflower” que editaron tres años después, en 1969, o el single “Good vibrations”. No estoy diciendo que “Pet Sounds” sea un mal disco, ni mucho menos. Pero ¿por qué este disco recibe alabanzas y exagerados ditirambos? Pues porque se le juzga con parámetros propios de la música clásica del Romanticismo. Estos juicios valoran la música que está al margen de una función comercial, que tiene cierta dificultad formal y que pretende ocupar una esfera moralmente superior o que refleje una idea filosófica.

“Pet Sounds” no es un disco con canciones para bailar, sino para escuchar con atención, y sabemos que la crítica considera más importante a la música enfocada al cerebro que a la que se dirige al cuerpo. Y como los arreglos de este álbum son enrevesados y tienen elementos propios de la música “seria”, parece que Brian Wilson “asciende” de nivel. Además, “Pet Sounds” tuvo una tortuosa creación, algo que le dio mucha publicidad y un halo romántico. Se sabe que Wilson se quedó en el estudio grabando el disco mientras que el resto de la banda, que estaba de gira, no grabó sus voces hasta su regreso. Ese componente de “obra individual y visión personal” añade aún más prestigio crítico. También se cree, erróneamente, que fue un fracaso comercial, pero el caso es que llegó al número 16 en listas; no fue un exitazo, pero tampoco cayó en saco roto. Todos estos elementos extramusicales han ayudado mucho a que “Pet Sounds” tenga una consideración de “obra de arte”. Es un disco brillante, sin duda, pero no creo que ninguna de sus canciones, incluida “God only knows”, sea más interesante que “Don’t worry baby”, “In my room” o “California girls”.

Scotty Moore

Scotty Moore (1.7.16 - 357)

Pues sí. Ha muerto Scotty Moore, el guitarrista de Elvis Presley que contribuyó decisivamente a crear el rock and roll. Tras estar en la Marina cuatro años, trabajó con Elvis desde 1954 hasta 1964, aunque participó en el Comeback Special de 1968. Después, grabó discos a su nombre y acompañó a gente como Ernest Tubb o Charlie Rich. Y llegó a tocar con Ron Wood, de los Rolling Stones, y Lee Rocker, de Stray Cats. Scotty y Elvis se conocieron a través del jefe de Sun Records, Sam Phillips. Éste intuía (con razón) que en Elvis tenía un diamante en bruto, pero aún debía encontrar la fórmula que se adaptara a su versátil talento. Así que llamó al contrabajista Bill Black y a Moore que, entonces, tocaban con el sexteto hillbilly de Doug Pointdexter, los Starlight Wrangles. Al cabo de algunas sesiones, encontraron el Santo Grial: una poderosa mezcla de estilos rurales blancos y negros que pronto se haría mundialmente famosa.

Con el sello Sun editaron cinco singles, es decir, diez canciones que cambiaron la historia de la música. Fueron grabadas por sólo tres personas (Presley, Moore y Black), sin batería. En ese mínimo contexto, Scotty Moore se vio obligado a emplear a fondo su talento para cubrir todo el espacio sonoro. En las partes rítmicas usó el fingerpickin (tocar con varios dedos de la mano derecha) del country de Chet Atkins y, para las frases y solos, tomó elementos del blues. Admiraba a Atkins y a Les Paul, pero también a guitarristas de jazz como George Barnes, por eso en esas grabaciones suenan acordes sorprendentes. Su estilo percusivo, con una púa en el pulgar de la mano derecha, ayudaba a compensar la falta de batería. Manejaba numerosos recursos con los que afrontó la diversidad musical de Elvis: desde su percusión para un standard como “Blue moon”, el sexual “Baby, I wanna play house with you” o el country swing de “Just because”. Ya con RCA, tenemos ese acorde de novena en “Heartbreak Hotel” que crea la tensión perfecta para el drama o el solo de “Too much”, donde parece que se pierde y resuelve con maestría. Pero su cima está en “Mistery train”, no sólo por la técnica, sino por el sonido envolvente, fruto de un error. Como Scotty Moore grababa con el eco del estudio de la Sun, cuando tocaba en directo necesitaba replicar ese mismo sonido. Se compró el mismo amplificador que usaba Chet Atkins, que incluía un eco (Echo Sonic Amp) pero, como no lo dominaba bien, al volver al estudio se pasó al ajustar la cantidad de eco y de ahí surgió ese ambiente misterioso e irrepetible. Es el rock and roll, tan estudiado y espontáneo, como Scotty Moore.

Pedro y el lobo

Pedro y El Lobo (24.6.16 - 356)

Hace 80 años, es decir, en 1936, se estrenaba en Moscú esta narración sinfónica compuesta por Sergei Prokofiev. Había sido un encargo del Teatro musical infantil de la capital soviética para aficionar a los niños a la música. O, al menos, para que tomasen contacto con ella. Dado el gran número y la calidad de instrumentistas y compositores que han surgido de Rusia, está claro que lo consiguieron. Las cosas han cambiado mucho y lejos quedan los tiempos en los que, durante el cerco de Leningrado, una de las primeras medidas que tomó el gobierno soviético fue salvar a todos los intelectuales, Shostakovich entre ellos. Ahora producen hooligans de primer nivel. Mucho más al oeste de los Urales, el acoso en la enseñanza a las asignaturas de música, filósofía, lenguas clásicas e historia es terrible. Recordemos que en Madrid, hace cuatro años, se retiraron los presupuestos de sus trece Escuelas Municipales de Música y Danza. Para Ana Botella no eran servicios esenciales, tenía otros proyectos en mente con unos fondos buitre. Así, que poco a poco, la música se ha ido apartando de nuestra vida social y cultural. Y esa afición (y goce mayúsculo) comienza desde la adolescencia o, incluso, desde la infancia. Por eso “Pedro y el lobo” es una pieza tan importante.

Lo es porque, de una forma didáctica, atrapa al oyente. Está hecha para niños, pero sin bajar el nivel, porque los niños no son tontos, sólo son niños. Y necesitan obras realizadas con un lenguaje digno, pero adecuadas a su edad. “Pedro y el Lobo” cuenta una historia en la que cada personaje tiene asignado un motivo musical y un instrumento. Eso, al repetirse a lo largo de la sinfonía, hace que los jóvenes aprendan a distinguir los distintos timbres de la orquesta. En la historia aparecen un niño (Pedro), su abuelo, un lobo, unos cazadores, un pájaro y también una pata. Y el narrador cuenta toda la trama intercalándose con la música, así que no es difícil mantener la atención. Como está dirigido a los más pequeños, se ha tratado de buscar una lección moral al cuento. Si la tiene, no es a la que estamos acostumbrados, ya que Pedro no hace caso a su abuelo y, gracias a eso, atrapan al lobo.

Igor Paskual narra “Pedro y El Lobo”

Este Domingo, 26 de Junio a las 12:30h del mediodía, Igor Paskual estará en la Antigua Fábrica de Ortiz de Candás (Asturias) narrando la obra “Pedro y el Lobo” de Sergei Prokofiev (1936) junto a la banda de música de Candás.

Esta obra fue un encargo que se le hizo a Prokofiev desde el Centro de Teatro Infantil de Moscú para aficionar a los niños a la música. Viendo el resultado, está claro que su objetivo se cumplió. Es pues, una ocasión única para que pequeños y no tan pequeños disfruten de este clásico tan entrañable.

IPK - PedroyElLobo (26.6.16)

Igor Paskual, en la revista Líbero (núm. 17)

LIBERO 17 Junio 2016Igor Paskual vuelve a colaborar una vez más en la revista futbolística-cultural Líbero. En esta ocasión, Igor hace un homenaje al fútbol femenino comentando “Winning Ground” de Eric Saade.

El portero del Oporto y jugador de “La Roja” Iker Casillas es el protagonista de la portada.

Más información AQUÍ.

Igor Paskual en el curso “Ríos de Rock: cincuenta años de rock en España” (Universidad de Baeza)

RiosDeRock2016

El próximo Viernes 19 de Agosto, Igor Paskual estará en el Campus Antonio Machado de Baeza (Jaén), participando en el curso “Ríos de Rock: cincuenta años de Rock en España”. Un excelente curso que recorre la historia del Rock en España y centrandose en la figura de Miguel Ríos.

Participan en el evento Eduardo Viñuela, Antonio Martín Moreno o José Ramón Prado entre otros.

Toda la información sobre matrícula y programa AQUÍ.