La ley del más fuerte

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Sporting – Barcelona (24.9.16 – El Molinón, Gijón)

“El pez más grande se come al más pequeño” cantaba el gran Carlos Segarra al frente de Los Rebeldes en su disco “En Cuerpo y Alma” de 1990. La canción era “La ley del más fuerte”, una cruda descripción de lo que le sucede a quien se atreve a desafiar al poderoso. En el fondo, es una canción que explica lo que ocurre la mayoría de las ocasiones en las que se enfrentan dos rivales con capacidades y armamento desigual. Seguía la canción: “El fuerte está cómodo en su situación/ y más cuando no encuentra oposición”. No fue ese el caso del Sporting, que sí plantó cara al Barcelona y salió muy bien colocado en el campo. Sin miedo, pisando fuerte el terreno y dispuesto a no regalar nada al oponente.

Ante el Barcelona no iba a ser como en Madrid o Vigo, batallas perdidas de antemano por negligencia o leve apatía. No, había que demostrar que el orgullo es marca de la casa y que el Sporting es un equipo modesto, pero no fácil. “Los héroes necesitan algo más que valor/si llega el momento de pasar a la acción”, así que primero un fallo por aquí, después un despiste por allá y… ¡Zas! El Sporting perdía por dos goles sin apenas darse cuenta. Es algo que sucede con demasiada frecuencia. Uno perdió la posición y rompió el fuera de juego, otro dió un mal pase, otro una una entrada a destiempo y hasta una mal saque. Eso destrozó los planes iniciales que eran ambiciosos.

Hasta el primer gol, el Barcelona no fue una seria amenaza y los rojiblancos se sentían seguros. Incluso Ter Stegen debió ver la tarjeta amarilla por atrapar el balón con las manos fuera del área. Es en ese tipo de detalles donde se favorece al más fuerte y los que, en muchas ocasiones, deciden un partido. O ¿alguien duda de que si ese mismo balón lo hubiera cogido Cuéllar se hubiese librado de la sanción?

Bruce y la depresión

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Hace unas semanas, Bruce Springsteen reconocía que había sufrido depresión, esa enfermedad terrible que se mete dentro de ti y apaga la luz de la vida haciéndote creer que no habrá salida en medio del túnel. Sabíamos que Springsteen había ido a terapia en los 80, algo por otra parte muy común entre los norteamericanos y entre los argentinos (no es ningún tópico). Pero lo que más me ha llamado la atención es que las canciones de Springsteen no responden al arquetipo de música depresiva, aunque tenga momentos y algún disco muy oscuro.

Sin embargo, en general, sus álbumes y, sobre todo, sus conciertos, son una celebración de la vida, una inyección absoluta de fe en el ser humano. No es el único artista que ha sufrido esa enfermedad. El británico Ginger, ex líder de Wildhearts, también ha pasado por ese camino desolador. Y, a la vez, Ginger ha escrito algunas de las canciones más enérgicas que se puedan encontrar en las últimas décadas. Escuchen “I wanna go where the people go”, “Caffeine Bomb” o “TV Tank” y se darán cuenta. Su directo, además, está salpicado de un desternillante y muy flemático sentido del humor. Es difícil imaginar que ese tipo que desprende simpatía a raudales en un escenario haya sufrido depresión. Lo que me emociona de Ginger o Sprinsgteen es que no emplean su música para deprimir a los demás o dar lástima. No niegan que la vida tiene momentos horribles, pero no quieren hacerla aún más terrible.

Cuando Paul McCartney perdió a su primera mujer y madre de sus hijos (la fotógrafa Linda Eastman), no grabó un álbum de baladas depresivas, sino uno de los mejores discos de rock and roll que jamás se hayan publicado (“Run Devil Run”). Hay algo inmoral en convertir este mundo en un lugar aún más oscuro o en conseguir prestigio crítico con el tormento propio. Una de las frases de canciones que más detesto del mundo pertenece a una canción titulada “La vida te lleva por caminos raros”. Dice: “siempre voy al bar del aeropuerto/cuando quiero ponerme triste”. En fin. No le quito valor estético a la frase, pero en el fondo contiene algo muy perverso. ¿Cómo puede alguien desear ponerse triste? El lujo de la tristeza y la autocompasión sólo puede darse entre gente que vive muy bien. En una favela de Brasil nadie cantaría algo así. Depresión, no, gracias.

Sin brújula en la jungla

sin-brujula-en-la-jungla-22-9-16Celta de Vigo – Sporting
(21.9.16 – Balaídos, Vigo)

Sigue en estado comatoso el centro del campo del Sporting. Vive envuelto en una tela de araña que les impide jugar, que les atenaza tanto que, por momentos, dan la impresión de aburrirse de sí mismos. Como si hubieran ido a la oficina un lunes por la mañana después de un fin de semana intenso. De aspecto inoperante fueron incapaces de sentirse cómodos ni un sólo segundo ni, mucho menos, de tomar en algún momento el mando del partido. El Sporting estuvo fallón, indolente y somnoliento. No es que repitiese los fallos cometidos en el Vicente Calderón sino que jugaron aún peor, sin justificación ninguna no siquera se puede decir que estuviesen sobre el césped. El caso es que, pese al bochorno y el horror de encuentro por parte del Sporting, aún estuvo a punto de arrancar un valioso empate. Pero el Sporting, cuando cae, se desploma con todo el equipaje, se hunde en medio de un naufragio lanzando bengalas de auxilio. No hay término medio: o se muestra como un rival intenso y correoso o sale a pasearse como si desconocieran los más elementos rudimentos del fútbol, en especial, el pase. Apenas hubo una buena entrega de balón. Se acumularon docenas de errores constantes pasando la pelota. Qué cosa. Qué horror, qué letanía, qué coñazo de partido por Dios. Un penalti que no era por parte de un temerario Amorebieta le dio la victoria al Celta de Vigo que sin jugar mucho mejor, siempre tuvo la batuta y siguió un guión establecido que procuraron respetar.

La verdad es que es un partido no sólo para olvidar sino que tampcoo se puede decir mucho más. ¡Ah, sí!, hubo algunas buenas señales, detalles de jugadores que ofrecieron un rayo de esperanza en medio del caos. En Balaídos destacaron, sobre todo, Cuéllar y la pareja de centrales. Babin trae fuerza, determinación y un muy buen uno contra uno. Es es una garantía defensiva de primer orden. Lillo se mostró bravo y tiene tanto orgullo como colmillo. Tampoco se ahogó del todo Afif en el desastre. El resto mostraron algunas luces y bastantes sombras. Estupendo ?op en el penalti, por cierto. Los tira de maravilla.

Pero hay un serio problema en el centro del campo que ni defiende ni ataca. Es como si hubieran perdido la brújula y extraviados en la jungla de piernas del rival, no saben qué dirección tomar. Lo siento mucho por los 500 aficionados que se acercaron a Galicia. Me imagino que la legislación les amapararía si exigieran el libro de reclamaciones para que les devolvieran el dinero de la entrada. Resulta increíble lo que pierde el Sporting sin Moi Gómez. Sin él, parecen más vulgares, como una triste sombra, una mala versión de sí mismos paseando su melancolía por el césped. Ni rastro de la raza que mostraron, por ejemplo, en el inicio de Liga.

Vi el partido en Madrid. El martes habíamos tocado en Oviedo y al día siguiente por la mañana salí hacia Bilbao, que tenía una reunión y después hasta la Villa y Corte que el sábado tocaremos en Las Ventas para 15000 personas y es necesario, como ocurre antes de los partidos decisivos, concentrarse y dirigir tu mente hasta el objetivo, sin distracciones. Así que no podré ver el partido ante el Barcelona. El domingo, con calma espero disfrutar de una victoria o un empate. ¿Por qué no podría ser? A priori, nada invita al optimismo ya que se ha jugado muy, pero que muy mal frente a un Celta voluntarioso, pero vulgar. Hay razones para creer, aunque insistan en demostrarnos lo contrario.

Curso extensión universitaria – Elvis Presley: “Síntesis de una América en blanco y negro”

IPK LogoIgor Paskual será uno de los docentes en el curso de extensión universitaria sobre Elvis Presley, titulado “Síntesis de una América en blanco y negro” organizado por Eduardo Viñuela y que tendrá lugar entre el 4 de Octubre y el 16 de Diciembre en Oviedo, Gijón y Avilés.

El cursillo es gratuito, contando con 80 plazas por riguroso orden de inscripción y el plazo de matrícula es del 15 al 30 de Septiembre.

Toda la información sobre docentes, temario, horarios, etc. se encuentra disponible AQUÍ, y para lo referente a la inscripción, AQUÍ.

Homenaje a Casal

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Si hay algo que me gusta de las fiestas de San Mateo en Oviedo es que siempre están envueltas en polémica. Los chiringuitos, los escenarios, los horarios o los grupos. Esto es muy positivo porque consigue que los músicos y aficionados a la música, en vez de hablar mal entre ellos, hablen mal de otros. Estar contra algo une más que estar a favor. Este año le ha tocado al “Homenaje a Tino Casal”. El día 20 se le rinde respeto al dandy de Tudela Veguín con un concierto en la Plaza de la Catedral (Assia, Secretos y Loquillo) y una mesa redonda en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo. Aunque no masivas, han surgido voces críticas con la siguiente pregunta: “¿Qué pintan Los Secretos, Loquillo y la Orquesta Assia en un homenaje a Tino?”. Era de esperar.

Hay quienes ven a Tino Casal como una figura que tiene más en común con Alaska y su entorno. Y así es, pero sólo en apariencia. Con un análisis más rigurososo y menos reduccionista de su obra veremos que Tino Casal está tan relacionado con Alaska como con Obús o Loquillo; es decir, todo y nada. Para empezar, su voz tiene numerosos melismas y fraseos más cercanos a Camilo Sesto o Víctor Manuel que a cualquier cantante de la movida. Hay ciertos arreglos que son más propios de la Orquesta Assia que de Human League (“Tigre Bengalí”) y algunas de sus estructuras armónicas no están alejadas del pop clásico español de Los Brincos o Juan y Junior (“Póker para un perdedor”). Cuando se pone en el plan glam macarra de “Sex o no sex” y su momento más Roxy Music, “Miel en la nevera”, enlaza con “Feo, fuerte y formal” y “Balmoral” respectivamente.

En el terreno de las letras, observamos que nada tienen que ver con el drama coplero más narrativo de los Canut o Berlanga y, salvo excepciones, ni siquiera con las boutades de McNamara; emplea yuxtaposiciones de imágenes inconexas y metáforas de carácter íntimo. De hecho, el espíritu de “Etiqueta negra” es similar al “Hombre de negro”. Ademas, Tino Casal, junto con Radio Futura y el propio Loquillo, fue pionero en el uso del videoclip en España. Hace días leí con cierta tristeza que Tino Casal “se revolvería en su tumba” si viese el homenaje que le han preparado.

Tengo muchas dudas de que un artista con unos gustos tan amplios como los suyos hubiera pensado eso. Es más, han sido las orquestas de prao quienes han mantenido vivo su repertorio. Debajo del uso de sintetizadores y estética más o menos Kistch, se esconde un hombre complejo y poliédrico alejado de caricaturas y tópicos. Fue innovador y también se estancó, fue rural y cosmopolita, estrella y estrellado. No es necesario estar en las mismas coordenadas sonoras que alguien para respetarlo. Lo importante es que, gracias a estas tres bandas, muchísima gente descubrirá a Tino Casal. Y ese es el mejor homenaje que se le puede hacer.

El gusto latino y la garra norteña

el-gusto-latino-y-la-garra-nortena-12-10-16Sporting – Leganés (El Molinón, Gijón – 11.9.16)

Dos jugadas, dos. Depués de marcar el penalti del 2-0, el Sporting intenta sacar el balón de puerta. No lo consigue, Cuéllar da pases a los laterales y éstos se los devuelven. Lo intentan de nuevo, con calma y mucha seguridad. De pronto, en un pestañeo, como por arte de magia, se crea una transición fugaz y el Sporting se encuentra en posición favorable en la mitad del campo del Leganés. Era fuera de juego, pero fue una lección de prosa. Otra: tras un peligroso remate de cabeza del Leganés, el Sporting, en velocidad trepidante, se sitúa con Víctor ante el portero, pero se entretiene una décima de segundo y le rebañan el balón. Pudo haber sido el 3-0. Esa rapidez con la que el Sporting acude a la portería contraria es una muestra de cómo funciona el equipo cuando está inspirado y tiene fuerzas. Hay triangulaciones, posesión y control certero del balón. Algo que la temporada pasada no existía.

Pero también observamos que, de vez en cuando, el centro del campo entra en amnesia, dormita, otros se relajan, algunos se cansan y el partido se descontrola. De pronto, los corners a favor se convierten en una ocasión del rival y cada saque en largo pasa a ser un balón del contrario. Así se vive el fútbol en El Molinón: con la expectativa de disfrutar de un juego digno de un equipo de UEFA o a once jugadores sufriendo como perros como si estuvieran al borde del descenso. Todavía es el Sporting esos dos equipos: el brillante y el alocado, el sabio y el necio, aunque siempre defienda con pundonor. Nadie les va a regalar nada, cada partido será una odisea, pero es de justicia reconocer que la calidad de esta plantilla es superior a campañas pasadas. Tiene las herramientas necesarias para alcanzar la madurez bajo un estilo reconocible que mezcle el gusto latino por el balón junto con la garra norteña. Y entre una cosa y otra, el Sporting es tercero en la clasificación. Por supuesto, todos sabemos que esto es sólo el principio, que aún queda una eternidad para el final, pero, después de tanto dolor, mirar la tabla da mucho gusto: Real Madrid, Sevilla y, sí, Sporting de Gijón. Hum… Es un deleite para los sentidos y justo es disfrutarlo con la discrección de los placeres íntimos. Esto no debería producir vértigo ni agobios, sino inyectar orgullo y confianza.

Dos líneas, dos: la defensa que evitará las derrotas y la mediapunta que dará las victorias. Pero sólo el medio campo traerá la calma. Dos detalles, dos: es buenísimo que, por fin, tras años de sequía arbitral, se piten los penaltis que se le hacen al Sporting, pero también me resulta extraño que los jugadores los celebren según los señalan. Vamos, que es preferible dejar el alboroto para cuando el penalti sea gol y no antes. El otro detalle fue la ovación de El Molinón a Guerrero. Es un jugador serio, responsable, noble, quizá más artesano que artista, pero un hombre que jamás deja de sudar la camiseta. De los que hacen equipo. Todavía le falta ese punto de acierto para ser el delantero centro que se espera de él, pero ese aplauso fue el homenaje a un profesional como la copa de un pino. Llegué a tiempo a ver el partido en Asturias después de tocar en Albacete. Al terminar el concierto a las tres de la mañana, un coche (con conductor descansado, por supuesto, nadie quiere volver a ser Supersubmarina) me llevó hasta Madrid. Después, viaje a casa. Qué placer sentir de nuevo el fútbol en casa. Tres puntos, tres.

Diario de gira (4)

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22.00. Quedan ya pocas horas para que comience el concierto y comienza a sentirse la inquietud. Unos cenarán en el camerino y otros en el mismo hotel; siempre he creído que uno de los mejores inventos de la humanidad es el Room Service. 22.15 Nos vamos vistiendo para el concerto. Cada uno tiene su propio rito para vestirse. Es un momento importante, la ropa que escojas, el orden de cómo te la pongas. Los que cantamos o hacemos coros vamos calentando la garganta. La voz se resiente mucho de los viajes, los aires acondicionado, las pocas horas de sueño, el volumen a la que hablas en la furgoneta debido al traqueteo del motor. Yo evito las bebidas frías, y me he acostumbrado a beber cerveza a la inglesa, es decir, tibia. 23.00 Resulta curioso observar cómo los nervios se empiezan a apoderar de algunos de nosotros, pero hay gente que no se ponen nerviosa jamás. 23.15 Para evitar atascos e imprevistos, partimos hacia el recinto con tiempo de sobra. Nadie baja tarde de su habitación.

23.30 En el camerino empezamos a estirar los músculos, a desentumecerlos. Nunca se duerme lo suficiente y el cuerpo descansa sólo cuando puede, no cuando quiere; además, los largos viajes están aderezados por un pésimo estado pésimo de las carreteras que hace tiempo que no se revisan y están llenas de incomodísimos y peligrosos baches. Viajar por algunas autovías se convierte en un tormento. 00.00 Aún queda media hora para salir, pero los técnicos ya están preparando todo. Van pasando por el camerino a colocarnos los in-ears, o el inalámbrico para las guitarra. Revisamos el orden del repertorio. Crece la tensión, sobre todo, por las ganas de salir a tocar. Cada diez minutos nos avisan del tiempo que nos falta para empezar. Estamos concentrados y antes de la actuación no solemos recibir o saludar a alguien. El batería se venda los dedos para evitar dolor de las baquetas en las ampollas. Cuando tienes cuatro o cinco conciertos seguidos de más de horas, es muy difícil que las manos queden intactas. 00.25 Nos ponemos en círculo y hacemos un último saludo común. Desde el camerino escuchamos el rugir de la gente. 00. 27 Estamos situados en la rampa del escenario. 00.28 Suena la sintonía de inicio y vamos subiendo poco a poco mientras deseas con todas tus fuerzas que sea la noche más especial de tu vida. 00.30 A tocar.

Diario de gira (3)

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17.00. Llegamos al sitio. Por fin. Bajamos de la furgoneta y, entre el viaje y el calor que nos agarrota, estamos medio mareados. Desde lejos escuchamos ya a los técnicos probar nuestros instrumentos. Por el sonido reconozco de quién es cada golpe de guitarra. Bum, bum. Bum…Raaaaann…Raaaann…Es una locura probar bajo este sol, pero es un festival y cerramos nosotros: cuando un grupo toca el último, prueba sonido el primero. Y el que va a tocar el primero, prueba sonido el último y así ya queda todo montado a su gusto para su actuación. Nada más llegar, unos suben directamente al escenario y otros vamos al camerino a hidratarnos. 17.20. Ya estamos sobre el escenario y damos un fuerte abrazo con los héroes de una gira que son los técnicos. El Loco acaba de llamar hace un cuarto de hora y quiere que montemos un tema que hace años que no tocamos. Dos de los músicos no lo saben y yo apenas me acuerdo del tono. Miramos la letra y le damos otro aire, pero sin cambiar la estructura. La bajamos un tono. 17.35. Revisamos la armonía de dos o tres temas que no acaban de funcionar y corregimos un par de arreglos. Hace tanto calor que las cuerdas de la guitarra se desafinan con facilidad. El sonido es muy bueno, pero de noche, con otra temperatura y quizá con viento, será otra historia. 18.00 Prueba terminada.

18.15. Llegamos al hotel. Para mí, este es uno de los mejores momentos del día. Pero hay quienes no soportan estas esperas y en cinco minutos ya están abajo dispuestos a tomarse unas cañas y cenar algo típico. Otros preguntan “¿Hay piscina?, ¿Hay gimnasio? ¿Cuándo abre el bar?” En mi caso, aunque estoy reventado del viaje, del rock y de los hijos, siempre tengo alguna canción que rematar o algún artículo que escribir, así que si no caigo desmayado sobre la cama, la calma del hotel suele ser inspiradora. 20.00 Sales a dar un paseo y te encuentras con unos fans. Te invitan. 20.30 Tras varias cervezas, te dicen que después del concierto vayas a un garito que tienen de todo y bueno. 20.35. De la que vuelves al hotel te encuentras con otros seguidores que te informan de que ellos también tienen un bar muy molón y que vayamos allí después del concierto, que tienen de todo y de lo mejor.

Técnicos

Técnicos (26.8.16 - 365)

Están todo el año viajando con la banda como en una caravana que camina hacia niguna parte para que el espectáculo pueda continuar. Son los técnicos que el público no ve, pero sin los que sería imposible hacer un concierto en condiciones. Viven en la carretera con los músicos. Todo el mundo, más o menos, sabe que para hacer un concierto se necesita un manager, un abogado que revise los contratos, alguien que se encargue de la promoción, que eche las cuentas, otros que peguen los carteles y controlen la venta de entradas. Pero, una vez que se sale a la carretera, se mueve un número de personal enorme (estoy hablando de una banda grande, en las más pequeñas, eso lo hacen una o dos personas). Están el técnico de P.A. o sonido (que hace que el público escuche bien la música), el de monitores (que es el responsable de que los músicos se oigan correctamente), los de luces y los de escenario (que son quienes montan los instrumentos, los afinan, colocan los micrófonos, recogen, cargan y descargan). A eso hay que sumar los conductores y también los managers de carretera (tour manager) o de producción, cuya labor es sumamente ingrata.

Tienen que hacer, primero desde su oficina y después sobre el terreno, que las condiciones de los camerinos, los accesos, la seguridad o las medidas y distribución del escenario sean las correctas. También han de asegurar que se cumplan los horarios y que el montaje se desarrolle con la máxima eficacia posible. Así que, cuando llega la banda a probar sonido, sólo tiene que tocar. Son los técnicos quienes sufren los mayores rigores de este trabajo. Una vez que los músicos hemos terminado la actuación y estamos recibiendo los ecos del aplauso y todo tipo de ofertas nocturnas, los técnicos recogen. Y al día siguiente, cuando llegamos al próximo escenario, ellos ya lo tienen todo preparado para que nuestra labor sea sólo coser y cantar. Su tarea no es fácil y están bajo muchísima presión ya que, durante un concierto, cualquier error técnico, por pequeño que sea, se nota mucho. Los técnicos cada vez están mejor preparados, muchos hacen cursos para ampliar conocimientos y otros trabajan con bandas internacionales. Nunca se llevan un aplauso, pero sin ellos los aplausos no existirían. Desde aquí, mando un abrazo a Pluto, Bucho, Chiko, Tello, Gonzalo, Fede y Eric. Mil gracias.