Elton y Lenny

Elton y Lenny (25.7.15 - 308)

El Sporting de Gijón congrega cada quince días a más de 20.000 personas, mientras que, entre Elton John y Lenny Kravitz, apenas sumaron algo más que la mitad de esa cifra. Eso nos ofrece una idea de dónde residen los intereses mayoritarios. Así que, en efecto, se trató de un dispendio del erario público más que notable. Eso sí, prefiero que el dinero público se lo lleven estos dos artistazos por su trabajo antes que se lo embolsen los listos de las obras del Musel por no hacer nada. Elton John salió a escena con un sonido deficiente y algo frío, pero mantuvo el tipo y poco a poco fue desgranando su inmensa colección de canciones con una dignidad encomiable y muy bien de voz. No resulta fácil basar un repertorio de directo en medios tiempos y baladas, pero jamás cayó en el recurso fácil y la gente, que no es gilipollas, lo notó. Hacia la mitad del concierto, Elton se quedó solo con su piano y alcanzó la cumbre con “The one”, un tema del 92 que terminó por rendirnos a sus pies. A esas alturas, el sonido ya había mejorado mucho y pudimos disfrutar de uno de los mejores repertorios de la música popular contemporánea. Hay que recordar que Elton John, entre 1970 y 1975, publicó nada menos que nueve discos de primerísima calidad, uno de ellos doble, quizá el mejor, “Goodbye, yellow brick road”, del que rescató cinco temas para este concierto. La dotada banda que le acompaña desde sus inicios jamás cayó en el exhibicionismo gratuito y él demostró su formación clásica de Royal Academy of Music y su amor por los maestros del boogie boogie sin aburrir ni un segundo. Lenny Kravitz, en cambio, hizo todo lo contrario. A priori, lo tenía todo a favor para ganarle la partida a Elton: cuenta con éxitos mucho más recientes, es muy buen frontman y sus temas están concebidos para funcionar en grandes recintos. Parecía que íbamos a vivir una noche inolvidable. Y ¿qué pasó? Que, tras un inicio espectacular, a partir de la cuarta canción comenzó a estirar los temas innecesariamente, se entregó al baño de masas y, en apenas doce canciones, ¡se le pasaron las dos horas! Tocó sus éxitos, pero se dejó temazos en la cartera. Pudo arrasar y… arrasó, pero sin dejar huella. Hizo el recorrido inverso que Elton John. Por algo éste es Sir; y es que aún hay clases.

Slash, en España

Slash En España (17.7.15 - 307)

El pasado miércoles salió Slash en Barcelona a descargar su ira rockera entre el ponzoñoso clima de la ciudad condal que no es sólo húmeda sino que cuenta con la vida nocturna más aburrida que han conocido los tiempos. Slash congregó a la vieja guardia rockera, aunque menos vieja de lo que parece, porque los Guns N’ Roses son un clásico eterno que, como Led Zeppelin, AC/DC o los Rolling Stones, suman nuevos seguidores cada año. Además, los dos discos de Slash con Velvet Revolver le han añadido adeptos que no vivieron en primera persona la aparición de Guns N’ Roses, la última gran banda de rock and roll. Fue un gran concierto, sin duda. Sin embargo, el problema de Slash es haber debutado con uno de los mejores discos de la historia cuando formaba parte de Guns N’ Roses. En la actualidad sigue facturando buenos temas, pero alejados de aquella magia irrepetible. Lo que le sucede es que Slash es un guitarrista tremendo y no sería un desatino afirmar que se encuentra entre los 10 mejores de la historia, pero no es un compositor. Crea muy buenos riffs de guitarra, pero un riff, aunque es una parte importante de una canción, no es “la canción”. Así que junta una colección de buenos temas, por supuesto, como “Anastasia”, pero no es suficiente para competir con el legado de su anterior banda.

Está rodeado de unos músicos de primera, con un cantante dotadísimo (Myles Kennedy), pero era inevitable pensar en AXL W. Rose, no tanto por la voz, sino por la sensación de peligro que desprendía su presencia. Slash se dejó la piel, transpiró amor por la música y se encargó de que el fan saliera contento tras pagar la entrada (48 euros, viendo los 100 de Nick Cave, es hasta barato). Pero lo mejor de todo fue el ambiente que se vivió entre el público. No sólo se palpaba la emoción de estar ante un mito viviente sino que notabas un sincero respeto reverencial ante el descendiente más joven de esa estirpe que va desde Jimmy Page hasta Joe Perry pasando por Brian May. Aquí no hay la tontería que se vive en los conciertos de Wilco, o del propio Nick Cave. Nada de miraditas de superioridad, comentarios despectivos y frialdad gestual. Aquí la gente gritó, cantó, sudó y disfrutó en presencia del último héroe de la guitarra.

Un Espectador Sólo

Un Espectador Solo (10.7.15 - 306)

Experiment Ensam (Experimentando Solo) es un proyecto para la televisión sueca que consiste en recoger las reacciones del único espectador de un espectáculo que está pensado para multitudes. Para este experimento han escogido a Bob Dylan para que actúe ante una sola persona. Así que el trovador de Duluth se plantó con su banda en el Instituto de Philadelphia y ofreció un concierto para un único individuo. Este tipo de estudios son muy llamativos y captan fácilmente la atención de unos medios ávidos de noticias con apariencia de “modernas”. Así que a estos experimentos se les disfraza con un leve barniz y con un vocabulario aparente le dan un toque de aparente profundidad, pero al mismo tiempo se procura que sea algo informal que no requiera mucha concentración. Vamos, se genera una noticia que al leerla nos haga sentir inteligentes, o, más inteligentes que el resto, pero sin que nos suponga ningún tipo de esfuerzo. Con eso se consigue un gran efecto publicitario y, de paso, ponen de relieve el elevado grado de estupidez del mundo occidental. El asunto es que, en este caso en concreto, Experiment Ensam demuestra que están muy alejados de la verdadera y cruda realidad del mundo del espectáculo. Creen que actuar para una sola persona es un hecho tan excepcional que merece un estudio serio cuando, sin embargo, se trata de una situación muy corriente que les sucede con frecuencia a demasiados grupos. De verdad, podían haberse ahorrado contratar a Dylan. Claro, que entonces, la repercusión mediática de tan interesante estudio sería nulo.

Hace muchos años, con mi antigua banda (Babylon Chàt), salimos a tocar ante un sólo espectador. He de reconocer que no queríamos hacer ningún estudio, simplemente sucedió así, para digusto de todos, en especial del dueño del bar que nos tenía que pagar. Ocurrió en Gijón, en un local de Fomento, justo antes de año nuevo. Ese mismo día, todo el Xixón Sound participaba en un concierto colectivo y, obviamente, nadie acudió a vernos. ¿Nadie? No, todos menos uno. Nacho Álvarez (entonces bajista de Manta Ray y ahora líder en Cuarteto Bendición) se acerco a vernos y allí, al lado del puerto, nosotros y él nos adelantamos a Bob Dylan y a los lumbreras suecos. Científicos de pacotilla y medios de comunicación: salgan al mundo real. Allí verán las verdaderas reacciones.

Viva La Ley Mordaza

Viva La Ley Mordaza (3.7.15 - 305)

Quien haya leído punto por punto la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, se habrá dado cuenta de su enorme ambigüedad y de lo que supone para este país. Si la reforma educativa de Wert, la amnistía fiscal, el control y la presión sobre los medios de comunicación, fueron un grave atentado para la salud democrática, esta ley es realmente la guinda que remata el pastel del asesinato de la libertad de expresión. No han servido ni siquiera las críticas de la ONU para evitar que saliera adelante. Sin embargo, es una ley maravillosa y sus consecuencias supondrán un renacer. Para empezar, ya no es posible que nadie, por maldad o ingenuidad, crea que aquí existe una centro-derecha al modo francés. Ya lo saben. Aznar argumentó en contra de la Constitución y su sucesor sigue el camino empezado. Pero se trata, sin duda, de una lección vital para la gente más joven que, de este modo, descubrirá que los derechos se pueden perder de un día para otro y que la libertad nunca se consigue sin lucha, siempre es una conquista. Como algunos libros de texto omiten qué es lo que sucedió en España durante cuatro décadas, ahora es posible comprobarlo parcialmente por nuestros propios medios. Podrán ser apaleados inpunemente por cualquier policía, incluso si su protesta es pacífica.

¿Quién gana con todo esto? El arte. Quizá volvamos a encontrarnos con cientos de cantautores palizas y un montón de teatro de corte reivindicativo. Es inevitable. Pero, al mismo tiempo, en los escritos y los textos de muchas canciones nacerán ingeniosas metáforas que eludan cualquier tipo de represión. Además, la rabia acumulada anuncia una intensidad necesaria para inocular fuego a los acordes y palabras que le darán un rejuvenecedor empuje. Viva la ley mordaza. El enemigo ya no está a las puertas, como Aníbal frente a Roma, sino en solio presidencial, elegido por muchos. Comienza una nueva guerra y nuevos dilemas. Surgirá una pregunta inevitable: ¿es moral mantener una amistad con alguien que haya votado a quien aprobó esta ley? ¿Puede un ser humano relacionarse con normalidad con quienes apoyan una opción que garantiza un futuro peor para nuestros descendientes? Viviremos cismas familiares, pandillas que se rompan, y esa tensión quedará reflejada en el arte. Sacaremos las mejores canciones de nosotros, esas que nos ayuden a sobrevivir en este ambiente hostil que apesta a muerte, dolor y vacío. Bienvenidos a una nueva era.

No es un capricho, es una queja

No Es Un Capricho, Es Una Queja (28.6.15)Casi un millón de espectadores en Teledeporte vieron el debut de la selección femenina absoluta española en el Mundial de Canadá. No es una cifra desdeñable, en especial, si tenemos en cuenta el ninguneo al que se somete al fútbol femenino. Pero, durante estos días, la selección ha ocupado un mayor espacio de tiempo en los telediarios. Eso sí, no ha sido el gol con la zurda de Vicky Losada contra Costa Rica o los pases milimétricos de Sonia Bermúdez. Ni tampoco han sido la lección imperial de defensa y creación de juego de Virginia Torrecilla o los regates de Marta Corredera. Lo que sí ha tenido relevancia es la petición de las 23 jugadoras de la selección de la destitución de su seleccionador, Ignacio Quereda, cuestionado en métodos y formas por todas ellas. Él, encantado de haberse conocido, al muy español estilo, no piensa dimitir y se aferra al cargo sostenido sólo por la gerontocracia futbolística.

Sin ir más lejos, el seleccionador de la absoluta masculina, Vicente del Bosque, ha dado una balón de oxígeno a Quereda en un absurdo ejercicio de corporativismo declarando que las jugadoras no han empleado “los cauces correctos” para sus quejas. No indica el Marqués cuáles son esos correctos cauces pero estoy convencido de que si lo hubiesen hecho con la sumisión y discreción que les demanda, ni él ni nadie se hubiesen enterado de este desencuentro al que Villar hace oídos sordos.

Y tan sordos, ya que hace unos días ha salido a la luz la escandalosa noticicia de que la Real Federación Española de Fútbol ignoró una oferta de 6’6 de euros para promocionar el fútbol femenino. Y sólo un 0’95% del presupuesto de la RFEF se dedica a ellas.

El caso es que la estructura del fútbol está montada por y para hombres y lo que se salga de ese canon, en este caso, las mujeres que lo practican, es considerado un accidente, una desviación de la norma. De ahí que ni siquera su entrenador las considere adultas ni profesionales y por eso las llama “chavalitas”. Muchas de ellas juegan en otros países y están muchísimo más enteradas que él en métodos de entrenamiento y tácticas; la la única razón por la que Ignacio Quereda lleva 27 años en el puesto es por la desidia de la RFEF que jamás ha pretendido buscar a alguien más dotado para ese cargo. Quereda, no sólo las llama “chavalitas” sino que otra muestra más de la percepción infantil que tiene de su equipo, ha llamado “pataleta” a lo que es una protesta en toda regla. Sí, “pataleta” como si fuese un capricho de niñas y no una queja de profesionales (el equivalente femenino de “La Roja”).

Como la Federación no está pensada para que las mujeres jueguen, los ‘cauces correctos” para quejarse a los que se refiere Del Bosque no existen. Por eso, Don Vicente (o, ¿porqué no llamarlo “El marquesito”) tienen que montarla gorda: para que las escuchen.

Taylor Swift versus Apple

Taylor Swift vs Apple Music (26.6.15 - 304)

Taylor Swift lo consiguió. Apple Music quiere ofrecer un nuevo servicio de acceso a la música con el que desbancar a Spotify. Por 120 dólares al año (es decir, entre 10 y 15 sólares al mes), a partir del 30 de junio puedes contar con él. Apple desea que los usuarios prueben este servicio gratis durante tres meses para que luego decidan si les conviene el sistema. Pero todo lo gratis tiene un precio que, como siempre, paga la gente que hace la música. En este caso son los compositores, productores y artistas, que no iban a recibir sus porcentajes de derechos durante los tres meses que dura la oferta de Apple Music. Los afectados pertenecían a todo el conglomerado de compañías independientes que, desde EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Francia y Australia, se quejaron de este injusto trato. Pero fue Taylor Swift, superventas que curiosamente está en una discográfica independiente, quien logró revocar la decisión de Apple con una carta en Tumblr.

Swift se quejaba de la situación a la que se abocaba a los nuevos artistas que publicasen sus canciones o discos durante esos tres meses de prueba y decía que ellos no tenían porqué pagar las ocurrencias empresariales de Apple. Y añadía, con cierta ironía, que si Apple no regalaba iPhones, ella o cualquier músico tampoco tenían porqué regalar su trabajo. No es baladí recordar que Taylor Swift retiró todo su catálogo de Spotify debido al miserable porcentaje que pagan, como también han hecho Adele y Tom Yorke, vocalista de Radiohead. El caso es que, después del comunicado de Swift en Tumblr, Apple ha repensado su decisión y, en su cuenta de Twitter, ha anunciado que sí pagará royalties durante esos meses. Esos nos da una idea de la contribución de la cantante norteamericana a los derechos de los músicos. Estoy seguro de que legendarios sellos independientes como Rough Trade le estarán muy agradecidos. De hecho, esta noticia fue portada del diario progresista británico The Guardian, mientras que en España no ha pasado de las páginas de cultura y a quienes se considera progresistas es a la asociación de internautas y demás gentes que pretenden que los músicos no reciban dinero por su trabajo. Como dijo Billy Bragg: “Taylor Swift ha conseguido que la música se vea como un valor”.

Igor Paskual, en la revista Líbero (núm. 13)

LIBERO #13 Junio2015

Igor Paskual vuelve a participar en la revista futbolística-cultural Líbero, que sale hoy a la venta (23 de Junio), con el artículo “El Rock Que Reconstruyó Chile Para Su Mundial” (1962).

En portada, el jugador del FC Barcelona, Neymar. Interesantes artículos sobre Fútbol en el Sáhara y el Mundial Femenino de Fútbol.

Escrito como siempre, por las mejores firmas.

Gusto agridulce en Canadá

Gusto Agridulce En Canada (19.6.15)“¡Dios, qué buen vasallo sería, si tuviera buen señor!”, exclama uno de los habitantes de Burgos cuando entra El Cid tras su destierro. Qué buena selección si tuviera una Federación y un seleccionador a la altura. Se acabó la fase de grupos para España tras un empate con Costa Rica y dos derrotas contra Brasil y Corea del Sur. Nos queda un regusto agridulce por lo que pudo ser y no fue, porque se ha malgastado una oportunidad de oro para llegar a octavos o cuartos y porque la selección tenía que haber ido a jugar al fútbol, no a luchar contra los elementos.

Los elementos, además, estaban dentro del propio bando. Por un lado, está la desidia de la propia Real Federación Española de Fútbol, que tuvo la desfachatez de enviar a esta excelente generación de jugadoras con sólo dos amistosos de preparación y ante rivales de poca enjundia (uno de ellos en Mareo contra Eire). Sin ir más lejos, Costa Rica se había enfrentado varias veces a México y Colombia y se notó: con mucho menos talento, supo competir. España no se puede quedar enfangada en una fase de grupos cuando su juego ofrece tantos momentos para la videoteca. Ahora, las jugadoras han de hacer las maletas y pasar a cobrar sus ridículas dietas. Villar seguramente dispondría en Bielorrusia de otros honorarios por ver a la selección española masculina disputar la fase de clasificación para la próxima Eurocopa, mucho más importante para él que un Mundial.

El otro culpable de la situación no es otro que el entrenador, Ignacio Quereda. Aunque logró forjar una línea defensiva excelente, apostando por Leire y Celia en los extremos, con Irene Paredes y Marta Torrejón en el centro (¡dejó en el baquillo a toda una Ruth García!) y Virginia Torrecilla por delante de la defensa, se le atragantó su artístico medio campo, que nunca llegó a cuajar bien. Explotó en demasía a Alexia, que estuvo brillante en ayudas en defensa, arrojo y algunos pases, pero se diluía en las segundas partes, y dejó en dos partidos enteros a Jenni Hermoso en el banquillo que es, con Vero Boquete, la jugadora con más fútbol en sus botas y en su cabeza.

Tampoco se atrevió a usar desde el principio a Sonia Bermúdez por la izquierda al mismo tiempo que a Marta Corredera por la derecha, que hubiesen sido dos puñales. Así, sólo se atacaba con verdadero peligro por una de las bandas. En el primer partido puso a la delantero centro Natalia Pablos por la izquierda con lo que, fuera de sitio, perdió una extremo y una delantera. Subsanó ese error en los siguientes partidos, pero nunca se supo si quería atacar con balones largos o tocando, por el centro o por los extremos.

Cuidado, España cuajó unas primeras partes de forma muy seria y contra Brasil fue excelente pero, aunque llegaba con frecuencia al área rival, nunca se llegó a desprender verdadero peligro sordo. No es cuestión sólo de remate, sino de la calidad de los pases. España se vino ligeramente abajo en las segundas partes, una especie de hundimiento psicológico por el efecto de los goles rivales y la fatiga física, como si entrasen en una hormigonera psicosomática.

Eddie Cochran

Eddie Cochran (19.6.15 -303)

Los dos primeros vinilos que me compré en mi vida (Discoteca Oviedo) fueron uno de Chuck Berry y otro de Eddie Cochran y siguen siendo una de las mejores compras que he hecho en mis casi 40 años. Los escuché y analicé hasta la saciedad y todavía hoy los disfruto con la misma emoción. El caso de Eddie Cochran (1938-1960) es curioso. Falleció muy joven y nunca se le ha apreciado lo suficiente. A menudo aparece citado entre los pioneros del rock, pero es que los pioneros del rock son un mundo aparte que merecen tanta o más atención que los nombres grandes del rock como los Beatles, Stones, Led Zeppelin o Beach Boys. Seguro que McCartney y Jagger están de acuerdo en esto. Junto con Les Paul y Buddy Holly, Cochran fue de los primeros artistas de rock en emplear a fondo las posibildades del estudio de grabación como si fuera un instrumento más. Y, más importante aún, fue quien convirtió el “rock ‘n’ roll” en “rock and roll”, una diferencia sutil, pero enorme, que sucede en 1958 con “Summertime Blues” y “Something Else” .

Mientras en las grabaciones clásicas de Chuck Berry de 1956 emplean el contrabajo (Willie Dixon) y los ritmos sincopados, Eddie Cochran ya usa el bajo eléctrico, pues descubren que, al unirlo a una batería más presente, se consigue una textura más potente. Eso sí, se pierde la síncopa, es menos saltarín y ya no existe el swing de Chuck Berry. Y mientras que en las grabaciones de Chuck Berry ningún instrumento destaca sobre otro (excepto la guitarra), en Cochran se distinguen incluso las distintas partes de la batería y la guitarra acústica suena en primer plano. Resulta increíble pensar que murió con sólo 21 años en un accidente de coche en Inglaterra cuando se dirigían al aeropuerto de Heathrow. Le acompañaban su novia, la también compositora Sharon Shelley, y Gene Vincent, que resultó malherido. Lo mejor de Cochran son las canciones. Con apenas tres acordes no se repite nunca. Y sus interpretaciones son casi insuperables. Ni siquiera Stray Cats fueron capaces de igualar su “Jeannie, Jeannie, Jeannie”, aunque Brian Setzer, en su segundo álbum en solitario, logró apabullar el “Nervous Breakdown”. Cuando hablamos de patrimonio emocional y cultural, Cochran forma parte del mío y ha establecido un vínculo indisoluble que nace en la adolescencia y que me formó, mucho más que como músico, como persona.