Jony genera inquietud hasta cuando calienta

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Valladolid  0- Sporting 1
(Nuevo Zorrilla, Valladolid – 15.4.18)

Sí, Jony puede estar mermado, Jony puede estar tocado, pero incluso cuando está calentando en la banda, ya genera inquietud en el rival. Hay muchas razones para ello. En menos de cinco minutos había creado más peligro que Isma López en todo el tiempo que estuvo sobre el césped. Me da mucha rabia por Isma. Es un perfil de jugador con molde en Lezama, es decir, comprometido, serio y entregado. Pero hace tiempo que no está. Y como no está, no juega, y como no juega, cada vez está menos, y es la pescadilla que se muerde la cola. Pero el fútbol, como la poesía, vive de realidades y no de intenciones. Es de justicia reconocer que el triunfo en Valladolid se cimentó sobre Barba, que cada vez se parece más a la estatua de Augusto en Campo Valdés (aunque conviene recordar que Gijón es una fundación Flavia, por tanto posterior a Augusto). Barba es la conquista, pero también es la paz en sus dominios y, gracias a él, florecen el comercio y también las artes. Y de la misma manera que Barba pone orden en defensa, la directiva del Sporting debería de una vez por todas expulsar a esa especie de guardia pretoriana neonazi que, ensuciando el estandarte del Sporting de Gijón, entró en un local de Cimadevilla a pegar con barras de hierro a los aficionados del U.C. Ceares. El Ceares es un club de Tercera División que, desde hace unos años, se caracteriza por su compromiso con la cultura (concursos literarios, club de lectura), su impulso decidido por el fútbol femenino y su entrega a diversas causas sociales. No es la primera vez que sufren agresiones de estos tipejos. Lo que sorprende es el altísimo grado de connivencia o de tolerancia de la directiva sportinguista con estos sectores de “ideología” neonazi. Jamás se ha presentado el Sporting como acusación particular contra estos seguidores violentos. Y ha tenido unas cuantas oportunidades (peleas multitudinarias contra seguidores del Génova, Sevilla o Deportivo). Pero lo cierto es que la justicia -esa de doble velocidad y triple rasero- les ha absuelto en diversas ocasiones contra toda lógica y desafiando a las mayores evidencias. Da la impresión de que gozan de un privilegio especial.

Recordemos las imágenes durante la llegada del autobús del Sporting a El Molinón contra el Oviedo. Varios de ellos se enfrentaron directamente a los antidisturbios. Eso no muestra de valentía, sino de que se sienten muy protegidos. Lógico, sólo uno ha sido condenado después de más de sesenta detenciones desde 2009. Son un peligro andante por sus agresiones y amenazas (a periodistas o cualquiera que trate de detenerlos) y, si no se actúa a tiempo, lamentaremos una muerte. Ensucian el escudo del Sporting, enlodazan nombre de la ciudad y se sientan en un campo que es de todos los gijoneses (incluso de los que no van al fútbol). Esperemos que al final de temporada tengamos una doble celebración: la del ascenso y la del fin de la impunidad de los ultras. Que no se manche con barras de hierro y puños lo que con sudor se gana en el campo. Un campo que lleva el apellido “Enrique Castro, Quini” no puede ser la casa de esta gentuza. Afortunadamente, el Sporting tiene más titulares que ofrecer. Uno de ellos es la calidad enorme de Sergio y Bergantiños, arquitectura de tungsteno y granito sobre el que defender un gol durante noventa minutos. El trabajo de Nano Mesa y Rubés, y, sí, una vez más, la mano salvadora de Mariño. Mano y no puño.

Igor Paskual en la prensentación del libro “Rockeros Insurgentes, Modernos Complacientes”

Igor Paskual estará presente en los dos eventos de la presentación del libro “Rockeros Insurgentes, Modernos Complacientes” escrito por Fernando del Val en Asturias.

El primero de ellos, tendrá lugar el Jueves 22 de Marzo a las 20h en La Casa de Cultura Teodoro Cuesta de Mieres y contará con la participación del autor, Igor Paskual y Eduardo Viñuela.

El segundo y último evento, tendrá lugar el Viernes 23 de Marzo a las 19h en la Biblioteca Pública Jovellanos de Gijón y contará con la participación del autor, Igor Paskual y Eduardo Viñuela. El acto estará presentado por Eva Fernández, directiva de la Sociedad Culturar Gijonesa.

Quini, el último mito

Nos ha dejado el mejor delantero español de todos los tiempos. Siete veces Pichichi, cinco en Primera División y dos en Segunda. Con el Sporting y el Barcelona. Esas cifras están ahí no sólo para que las supere quien pueda, sino como un certificado contra el olvido. Sus logros se erigen sólidos como una roca frente al mar. Pero no sólo ha muerto una gloria del balón sino una manera de entender la vida y el fútbol. Nos abandona una forma de estar en el mundo. También se va alguien a quien al mirarle a los ojos, le salía la nobleza del corazón. Gijón caminaba con él, se curaba con él y también se aferraba a él. Era el último mito. Si se hubiera presentado a las elecciones para ser Presidente de Asturias es muy posible que hubiera ganado. Y era uno de los pocos futbolistas en el mundo del que deseabas comprar su camiseta treinta años después de haberse retirado.

Y es que Quini consiguió ser un coloso en los campos y luego, comportarse como alguien normal en la calle. Llevaba en un pie un zapato con la suela gastada y en el otro, las botas con tacos, alas y la mira telescópica para perforar porterías. En las circunstancias que vivió, no haber sido un estúpido es algo absolutamente extraordinario. Poca gente sabe lo que difícil que es seguir siendo normal, después de alcanzar tales logros, de vivir esas tentaciones y estar sometido al elogio constante. Aunque lo que más recibía Quini eran muestras de un respeto casi regio. En todos los campos de España se le recibía con honores.

En Asturias nos sentíamos orgullosos de su forma de ser porque, en el fondo, encarnaba muy bien el carácter asturiano y era un embajador oficioso que iba allá de lo deportivo. Quini era un “paisano”, tal y como se entiende en Asturias, es decir, alguien de quien te puedes fiar sólo con darle un apretón de manos. Lo que representa Quini para nosotros es algo tan especial que tengo muchas dudas de que sea comparable a lo que suponen ídolos de grandes clubes para sa ciudades. Para la posteridad queda ese reportaje de Canal 9 del 2003 con cámara oculta donde Quini asombra por el amor sincero, casi de niño, que aún mantenía por el fútbol. Enorme en el campo, colosal fuera de él. Estoy seguro de que en cielo, una vez más, volverá a ser Pichichi.

Igor Paskual, en la revista Líbero (núm. 23)

Igor Paskual vuelve a colaborar una vez más en la revista futbolística-cultural Líbero escribiendo un artículo sobre el porqué se canta la canción judía más famosa, “Hava Nagila”, en el estadio del Ajax de Amsterdam.

Más información AQUÍ.

Sin guión ni director

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 0 – Cádiz 1 (El Molinón, Gijón – 19.11.17)

Antes de que comenzara el partido, sonaron  “Rompeolas” y “Welcome to the jungle” en El Molinón. Son dos canciones que se escucharon como bienvenidas. Ambas evocan un mundo de promesa y esperanza. El mar rompiendo contra el muelle, y la bienvenida a la jungla. No sé quien escoge la música en el templo del Cantábrico, pero está en racha. Y yo, por fin, en El Molinón. Había llegado el día anterior tras quince días fuera de casa, con un concierto el viernes en Orihuela, tierra de Miguel Hernández. Pero, al final, las canciones pesaron menos que la humedad de Gijón que se incrustó en nuestras almas como un 0-3 en casa. Fue bello el reencuentro en la sala de prensa con Javier Barrio, Andrés Maese y Enzo Ferrero, pero poco duró la alegría. Lo que llevaba tiempo percibiendo por la pantalla, lo pude comprobar en El Molinón: el Sporting no tiene el balón y cuando lo consigue, lo pierde con una facilidad pasmosa; no sólo con los pases en corto sino con los desplazamientos en largo que son un camino vacuo para solventar la carencia de ese jugador creativo. Hay buenos jugadores, pero a muchos de ellos les falta cierto caracter, voluntad para imponerse en un escenario y dominar el tiempo. Se precisa alguien que se ofrezca, Bergantiños no lo puede hacer todo. Y Barba no es suficiente para cerrar todas las vías por donde entra el agua. No hablo de invocar a la famosa testiculina que, a la larga, no aporta demasiado. Pero sí falta alguien que transmita a sus compañeros cierta fe y contagie ilusión. También vi que Stefan juega con un sentido y una intención increíbles y que su control de la pelota es única en este equipo. Va un segundo antes que el resto y, de hecho, tiene condiciones para ser ese centrocampista creativo que tanto se echa en falta.

Una gran pitada en el descanso despidió a los jugadores de camino al vestuario. Y al poco sonó “The Rising” de Springsteen, que estuvo tres veces, tres, en El Molinón. Quizá fue un intento de inyectar energía a los jugadores. O tal vez fue un mensaje al público que estaba verdaderamente enfadado con el equipo. Pero no funcionaba nada, en especial el medio. Rubén, Moi Gómez y Carmona estaban especialmente torpes en el pase y el Sporting cada vez era más gris. Todo era torpeza, lentitud y una dificultad mayúscula para sacar el balón jugado. Incapaz de robar un balón y de presionar con criterio. Santos, además, estaba haciendo la guerra por su cuenta. Desesperante es la palabra. Y el Cádiz no es que ofreciese gran cosa, pero era afilado por las bandas y un escudo en el medio. Justo lo contrario que el Sporting, que era débil en los flancos (en ataque y en defensa) y también era incapaz de avanzar por el centro. No tenía un guión claro. Más o menos lo mismo que estos últimos meses, pero sin el acierto matador o las ocasionales jugadas geniales de otras veces. La magia de los actores ya no consigue salvar una película sin guión ni director y el galán de turno no es garantía de éxito en taquilla. Se llama a Pablo Pérez y a Rachid, promesas jóvenes, en las peores circunstancias, para salvar un filme que ya hemos visto demasiadas veces. Pero la gente, antes de que terminara el partido, abandonó su butaca enfadada con los huesos heridos de la humedad. Pensaron que para ver este final, era mejor quedarse en casa. Todos se acordaron de Sergio, y Barral del Sporting.

El Sporting cayó en su propia trampa

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 1 -Valladolid 1 (El Molinón, Gijón – 13.11.17)

Salió el Valladolid como un potro desbocado El Molinón. Una locura de velocidad, control y equilibrio cabalgado por ese jinete valiente y temerario que es Luis César Sampedro. A su paso, no crecía la hierba y fue por el sendero de sus pisadas por donde se consiguió colar el Sporting, una serpiente. Un ofidio rojiblanco que sesteaba, pasaba de todo, dormía agazapada en sí misma, pero en cada mordisco inoculaba veneno mortal. Así, al final de la primera parte, el Valladolid que realmente había desplegado un juego muy atractivo, lleno de combinaciones y acercamientos al área, iba perdiendo. Sin embargo, el Sporting, que jugó los primeros cuarenta y cinco minutos lleno de imprecisiones y con una incapacidad manifiesta para tener el balón, no iba ganando por cuatro goles a cero de milagro. La naturaleza es cruel. La justicia es un invento del ser humano para corregir los errores de las personas. Y el fútbol es el deporte más animal de todos porque no se rige por las leyes de la justicia. Ni gana el más fuerte, ni el más sabio, ni el más listo. Gana quien gana, como en la naturaleza. Una mordedura de una serpiente puede terminar con la vida de un gran elefante, de la misma forma que un trastornado pudo terminar con la vida de John Lennon. En el descanso, el Sporting iba ganando gracias al afilado colmillo de Scepovic que marcó tras una gran combinación y un excelente pase de Calavera. Conviene apreciar cómo Scepovic se frena un poco en carrera para esperar el balón. Detalle de orfebre. También es cierto que el Sporting había perdido en el calentamiento a su guía, Sergio. Sergio, en medio de la jungla del fútbol, es el único que, sin tener la brújula, por lo menos sabe por dónde no hay que ir. Sin él, el partido se convirtió en una lucha para ver si ganaba el potro alegre y juvenil o la serpiente perezosa, pero letal.

La segunda parte fue aún más desquiciante. La serpiente rojiblanca, agazapada en su esquina, mordió varias veces, pero sus colmillos ya no eran letales. Así que mudó de camisa y se transformó en una explorador perdido, resistiendo con el cuchillo entre los dientes, con el agua al cuello sorteando cocodrilos y sobreviviendo a los mosquitos y las enfermedades. También tuvo que sobrevivir a Paco Herrera que como un cazador furtivo disparaba contra su propio equipo. Un planteamiento cojo y unos cambios, como mínimo, lentos y fuera de tiempo. Pasó un quinario el Sporting frente al Valladolid. Se salvó de milagro gracias al hechicero Mariño que invocó su danza de la portería convocando a todas las paradas magistrales de la historia. Tres paradas, tres, hizo Mariño similares a la de Gordon Banks frente a Pelé en el Mundial de 1970 o la de Buffon frente a Zidane en la final del Mundial del 2002. No veía el Sporting el momento de llegar a su campamento base y librarse del acoso al que también sometido. Hasta el orbayu parecía el diluvio universal. Un ejemplo del desorden fue la poderosa carrera de Barba para llevar el balón al área rival y sin encontrar una sóla opción fiable de pase. Y es que una serpiente puede salvarse de sus depredadores gracias a su veneno con muy poco esfuerzo. Pero nunca se convertirá en el Rey de la Selva si no sale de su madriguera y no es capaz de mantener un poco el balón o de llegar a la portería si no es al contraataque. Al final, el Sporting salió vivo de una emboscada que se tendió a sí mismo.