Un oasis de fútbol en un desierto

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 3- Sevilla Atlético 0
(El Molinón, Gijón – 7.10.17)

Qué más da la entidad del rival cuando la desazón se apodera de un equipo y les nubla la vista. Qué más da que el filial del Sevilla sea un equipo tierno en espíritu, rudo en actitud y poco juego si la ansiedad atenaza el cerebro y congela las piernas de los jugadores. Qué más que el Sevilla Atlético sea el colista si en los momentos decisivos una sombra de errores y terrores cae como una guillotina en los cuellos rojiblancos. Los partidos hasta que no se juegan no se puede decir si son sencillos o complicados por más que nos empeñemos en sacar conclusiones antes de tener el problema planteado. El fútbol es un deporte extraño en el que la suma de los esfuerzos no siempre se traduce en premio. La cantidad de circunstancias que no son ponderables es alta que cualquier equipo puede ganar a un grande. Al final, se ganó. Fue un partido que sirvió de terapia, para abrir la ventana y despejar el aire viciado del vestuario. Una forma de alejar fantasmas mentales que hacen daño porque son ectoplasmas psicológicos que no se pueden tocar y, por tanto, son muy difíciles de combatir. No hubo más que ver cómo se tiraron los dos penaltis, una suerte que depende mucho de la serenidad mental, para ver que hay un elevado grado de nervios y cierta esquizofrenia. Así que el partido sirvió de diván para Stefan que aún está liberándose de las cadenas que oprimen su talento y ordenando su cabeza para sacar a relucir el fenomenal jugador que sabemos que es. Es un señor jugador y ha de acomodar todos los factores para que esa eclosión, por fin, se produzca. Sirvió para comprobar que la progresión de Pablo Pérez es efectiva. Quiere ser jugador y lo va a conseguir. Tiene la actitud correcta y la madurez necesaria. Y eso que jugó en la banda, que parece que rinde menos ahí. Pues no. Veremos a un jugador de Mareo crecer y no quedarse estancado.

El partido también nos confirmó no sólo que Canella está entre los mejores sino que Bergantiños ha vuelto a juntar las piezas rotas del espejo de su mejor fútbol y ahora, el reflejo devuelve la imagen de aquel gran futbolista del Deportivo. Y es en esa zona del medio campo donde el Sporting va a decidir si quiere ser creativo y ascender a Primera o se convertirse en ese vagabundo que, a veces, deambula errático por los campos de España al albur de la inspiración de algún jugador como Santos. Es de justicia reconocer que el Sporting jugó bien por momentos. Pero también tuvo minutos de mal fútbol y pérdidas preocupantes de balón. El rival, aparte de patadas e imprudencias que pueden causar lesiones, no propuso nada. Así que no resulta fácil juzgar si vimos una mejoría del Sporting o un holograma de mejoría. Sí que parece que al equipo le falta cuajarse, encontrar su clave de bóveda, un sistema claro sobre el que asentarse y ofrecer el potencial que atesora, que es mucho. Hay un buen número de jugadores que están entre los mejores de Segunda División y ese patrimonio no se puede desaprovechar. Escribo esto desde Ibiza, donde en el Hotel Santos Dorado se inauguraba una suite especial “Loquillo”. Es un hotel muy rock, con memorabilia de todo tipo. Así que hubo fiesta maravillosa con Silvia Superstar pinchando y Pérez-Fajardo haciendo fotazas. En una isla donde impera el tecno, es muy reconfortante descubrir este oasis de rock. Y eso tiene que ser el Sporting: un oasis de fútbol en el desierto de la Segunda División.

La decadencia ochentera

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División

Osasuna 2 – Sporting 0
(El Sadar, Pamplona – 1.10.17)

Decía De las Cuevas que este partido iba a ser un encuentro de Primera, pero en Segunda. De las Cuevas será recordado eternamente por su gol en el Bernabéu y, aunque le honra su buena intención, lo cierto es que el Sporting es de Segunda, se mire por donde se mire. No me importa tanto lo que indique la categoría en la que está, sino que juegue con mentalidad de Tercera.  Este Sporting me recuerda a esos grupos que fueron grandes en los 80 y que, poco a poco, perdieron el favor de la crítica y del público. El Sporting sonaba en las radios, todo el mundo conocía sus canciones y hasta se sabían el nombre del cantante. Pero, cuando llegaron las vacas flacas, la caída fue muy dura. Antes, el Sporting iba a un bar y todos querían ser su amigo, pero ahora ni siquiera le miran. Durante diez años, el Sporting sobrevivió como hicieron docenas de bandas en la Segunda División: actuaciones en salas más pequeñas, contrataciones en algún Ayuntamiento despistado y una gira en el nostálgico Crucero de los Ochenta por el Mediterráneo con el Osasuna, el Valladolid y equipos de la época. Durante un tiempo pareció que había una posibilidad de regresar al éxito con dignidad, pero el mundo había cambiado y también los gustos. Además, los presupuestos para sonar un poco competitivos son irrisorios. Encima, los miembros de tu banda te abandonan a la mínima. Cada poco se van con otros artistas que tienen más conciertos y pagan mejor. ¡Ay! En los 80, cuando las vacas gordas, tus músicos iban contigo a muerte, “hermanos de sangre”, decían, pero ahora ya no generas pasta. Así que, cuando son jóvenes, tú los formas, los fogueas para que cuando estén rodados, ¡zas!, se vayan con otro.

Esos músicos se despiden con lágrimas en los ojos, te dicen que eres único, que te deben mucho, pero da más dinero tocar las nuevas tonadas que ese viejo y obsoleto rock and roll. Lo único que te mantiene en pie son esos seguidores que jamás te abandonarán. En el rock se llaman fans y, en el fútbol, ahora se les dice “masa social”. Y son increíbles. Llevan veinte años yendo a tus conciertos sin que en esas dos décadas hayas grabado un disco decente, pero ellos siguen ahí porque en un momento dado les cambiaste la vida. Y esos fans se lo contaron a unos amigos o a sus propios hijos, que comprendieron que en esa vivencia había algo muy grande. Pero en el mundo crudo y duro, el Sporting es un grupo de los ochenta que, de vez en cuando, sale en un programa que revista el pasado. Se le mira con cariño, recuerdas un par de temas, pero está pasado de moda. Es decir, no consigues nuevos adeptos. Llegan los nuevos valores, bandas que no conocen la tradición del rock como, por ejemplo, el Getafe, pero que siguen arriba año tras año. Del partido no voy a hablar porque no hay nada que decir. Fue una continuación de lo que sucedió en El Molinón contra el Lorca, pero sin la suerte de aquel día. La única fortuna reside en que se ha fichado a un guardameta que apunta al premio Zamora del año. Evitó, sin exagerar, cinco o seis goles cantados. Y es que un mal equipo con un gran cancerbero disimula mucho, igual que un mal grupo con un buen batería. Pero en el banquillo hay arte, mucho arte. Se sienta un hombre que se parece a un cuadro de El Greco. Por lo estilizado y por la tristeza.

Vence pero no convence

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División

Sporting 1 – Lorca 0
(El Molinón, Gijón – 23.9.17)

Si alguien ha estado en Lorca, alguna vez habrá comprobado que lo más llamativo es su castillo. Esa fortaleza casi inexpugnable permitía vislumbrar a los enemigos desde mucha distancia y, por eso, Alfonso X y muchos otros lo consideraron un lugar de gran estrategia. En el castillo, hay un gigantesco reloj de sol cuyo gnomon es una gran espada. Al Sporting le faltaron esas dos cualidades: sentido del tiempo y más penetración letal. No gustó nada el partido rojiblanco. Y nada es nada. Un mal ya endémico en el Sporting es la falta de un cerebro claro en el medio del campo. Alguien que dé orden, sentido, ritmo y salida al balón. Es más, no se trata sólo de un jugador, sino de una idea de juego, de tener ciertas variantes. En cuanto se presiona un poquito a Sergio y el encargado de asumir el mando (ayer Àlex López) se atasca, se produce una implosión y el equipo se colapsa como un equipo de juveniles. Al final, el partido termina dependiendo de la inspiración que ese día puedan tener Rubén, Michael Santos y Scepovic, siempre lúcido, y aunque no marque, el mejor del Sporting junto con el citado Santos. El equipo de la ciudad del sol tuvo su reloj, su pequeño plan y sin grandes nombres jugaba a algo. Todos los equipos que pasan por El Molinón, en general, tienen menos presupuesto y peores jugadores que el Sporting, pero suelen jugar a algo, se lo creen. El Sporting no ofrece en los partidos la intensidad que muestra en sus aguerridos entrenamientos. Por momentos, se ofrece una imagen caótica y no sólo por el planteamiento sino por la gestión absurda de los lanzamientos de penaltis. Es muy bonito el asunto asambleario, el “decidid vosotros, chicos”, pero el jugador es egoísta. El ego humano no suele ser buen evaluador cuando examina las virtudes propias. Así que la imagen que se proyecta con estas discusiones de patio de colegio al lado del punto de penalti es terrible. Sobre todo, porque al rival se le transmite la impresión de que no hay unidad y, em especial, de que el interés individual se impone sobre el colectivo. Así que el mejor tirador -y jugador- se queda sin lanzarlo, y el que lo tira tiene aún más  presión -que no motivación- añadida. Si la autogestión en un club funcionará, no harían falta los entrenadores. La famosa democracia Corintiana (por aquel glorioso Corinthians brasileño de Sócrates) fue éxitosa en una situación sociopolítica muy concreta y con varios jugadores que estaban muy comprometidos con una serie de valores. Yo mismo, cuando soy el productor de un disco, aunque escuche otras opiniones, tengo la última palabra. Y cuando estoy a las órdenes de un productor, lo respeto. El que ha vuelto a demostrar una gran seguridad es Mariño que literalmente salvó el partido. Y pensar que con el fichaje de Whaley se permitió la salida de Dennis… Dani Marín tiene todo el futuro del mundo. Siguiendo con la juventud, qué rabia produce que a Pablo Pérez lo ubiquen en la banda donde, a diferencia del medio del campo, tiene menos opciones de pase y no aprovecha ni su llegada ni su altura. Otra mala señal de Herrera para la plantilla. Partido malo, vergonzoso e impropio de un club como el Sporting. Lo vi em Monzón (Huesca) donde actuábamos esa noche. Los tres puntos son un buen regalo para el cumpleaños de Quini (del que se acordó con elegancia el Lorca), pero le faltó el envoltorio. Parafraseando a Unamuno: vencísteis, pero no convencisteis.

Lo más parecido a un mal sueño

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Numancia 3 -Sporting 0
(Los Pajaritos, Soria – 16.9.17)

Por la tierra de Soria árida y fría se congeló el Sporting en uno de esos momentos que instalan el pánico en la afición. Estos partidos de cara débil y falta de sentido son los que ponen un interrogante negro sobre los sportinguistas.

Escribo esta crónica desde el camerino en Guadalajara. Tocamos en las pistas de atletismo donde entrena la selección española y también la campeona del mundo de longitud. Esperan seis mil personas, pero lo que me urge ahora es quitarme este mal humor que deja el eco de un mal partido. Ayer tocamos en Salamanca, en la gloriosa plaza mayor de Churriguera, y fue un lujo para los sentidos, pero la segunda división es lo opuesto al lujo, y el Sporting parece que está enganchado al óxido

La tierra no revive y el campo sueña que tenemos una mitad del campo creativa, alguien que reviva el sueño alegre de infantil Arcadia, pero no es tal. Bergantiños no termina de cuajar con Sergio y, de momento, no parece que el gallego suponga una mejoría de cuantos aspirantes a timoneles hayan pasado por aquí. Vuelve a fallar la sala de máquinas, pero eso a veces, tiene ciertas soluciones como que el principio y el final del equipo (portero y delantera) estén en su sitio. Pero ni Whaley ni Vigera ofrecieron garantías de ningún tipo, por desgracia. Nadie les pide que tengan la solvencia de los titulares; el asunto es que ni siquiera parece que puedan ser una mínima amenaza. La lesión de Mariño es otra de las secuelas que dejó el Clásico asturiano contra el Real Oviedo. El ambiente se calienta tanto que, al final, quedan tantas cenizas que no compensan el calor obtenido de ese incendio rojo, blanco y azul.

El cierzo corre por el campo yerto y deja la terrible imagen de un Sporting arrasado por la seriedad y austeridad del pueblo soriano. Mal juego, mal planteamiento, muchos pases errados, jugadores que bajaron el nivel y sólo puso un poco de luz en Santos. Tal vez, no tanto por el juego en sí, sino porque fue el único que puso intensidad. Y es que el Sporting jugó sin ideas, con el cerebro bajo mínimos, con la única solución de los pases largos de Quintero. Ademas, se le añadió una actitud indolente, fea, sin alma, salvo el citado Santos que se mueve impulsado por su corazón charrúa: en Uruguay lo hicieron. No hace falta decir más.

El Sporting regaló el partido

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 1 – Real Oviedo 1
(El Molinón, Gijón – 9.9.17)

Qué extraños momentos ha vivido el fútbol asturiano en los últimos veinte años. No me gusta jugar a la creación de metáforas fútbol-sociales, pero es innegable que la ubicación de los equipos en las distintas divisiones y posiciones es un buen barómetro para testar la situación económica y social. No hay más que mirar los cuatro equipos que tiene el País Vasco (dos millones de habitantes) en Primera División. Ya, ya sabemos que es una Comunidad que ha hecho las cosas muy bien. Quizá sea el único ejemplo modélico de reconversión industrial en España. Y ahí están: Real Sociedad, Athlétic de Bilbao, Eibar y Alavés. ¿Y qué sucedió en Asturias mientras tanto? Una reconversión pésima, un uso delirante de los fondos europeos que han dado lugar a una región empobrecida y sin visión de futuro. No hace falta mirar los indicadores económicos, sirve con ver los singulares recorridos del Oviedo y el Sporting por los campos de fútbol. El Oviedo, un clásico de Primera, se vio envuelto en un durísimo peregrinaje por Tercera División, la oposición de un alcalde de la escuela Gil y Gil que no comprendió el patrimonio que tenía en el equipo de la ciudad. Al final, fue salvado por unos cuantos héroes que pusieron todo su esfuerzo en conseguir dinero para la salvación del alma azul. El asunto del Sporting es aún más cruel. Dos finales de Copa del Rey, Europa como viaje habitual y, de pronto, la Segunda. Y luego, la Primera, y otra vez la Segunda. Y con la afición más intensa y numerosa en términos relativos de España. El fútbol asturiano es una metáfora perfecta de lo que es Asturias: talento malgastado. Siempre viene bien recordar ese glorioso diálogo de “Historias del Bronx”: “Recuerda, no hay cosa más triste en la vida que el talento malgastado. Ya puedes tener todo el talento del mundo que, si no haces lo que debes, no conseguirás nada, pero si haces lo que debes, seguro que te ocurren cosas buenas”. Y así estamos. Dos equipos de peso que se reencontraron en Segunda tras demasiados años. Como viejos vecinos, se saludaron y se miraron con respeto. Había cierto temor pero, en el fondo, ambos sentían cierto alivio. La crisis ha sido tan grande para todo el mundo que nadie puede disimular que ha sufrido. Así que, tras recuperar el trabajo en la industria del fútbol, los dos sentían alivio. Pero, claro, región pequeña, infierno grande. Y la presión les pudo. Ninguno jugó relajado y la afición, que siente estos partidos como ningún otro (aunque puntúan como el resto de partidos, no más), transmitió a los jugadores una tensión que no les refleja. En mi opinión, el Sporting regaló el partido. Es superior al Oviedo, que jugó muy bien la baza de la intensidad y es un equipo muy bien trabajado. Los cambios -esta vez- no estuvieron acertados y hubo cierta relajación, quizá buscando el contragolpe que pagaron con dos puntos. Hay que reconocer que el Sporting no jugó bien sus cartas y el Oviedo sí. Creo que todo el ambientazo de El Molinón, al Sporting le pasó factura; en vez de ayudarles, les agarrotó. Al menos,en la segunda parte, que les pudo el miedo a ganar. Yo, afortunadamente, no estaba en Gijón. Tengo demasiados amigos de Oviedo (y del Oviedo) como para poder disfrutar de algo así. Estaba en Razo (A Coruña), en el Raz Camp de Surf, disfrutando de olas que me ahogaban como al Sporting ayer y preparando en concierto íntimo para mi actuación en Oviedo del próximo lunes. Los Sporting-Oviedo son como una borrachera: se viven de forma intensa, pero dejan una resaca duradera e inútil.

El reencuentro de un equipo

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Nastic 0 – Sporting 4 (Nou Stadi, Tarragona – 2.9.17)

El viernes habíamos tocado en Palencia. Y el sábado, otra vez en la carretera en dirección Villarreal. Campos de cultivo, en barbecho, castillos, viñedos, pueblos casi abandonados, tierras de arcilla roja, carreteras interminables y, por fin, el Mediterráneo a la vista. No es Villarreal una ciudad especialmente hermosa, pero parte de su éxito en Champions League se debió a eso. Los rivales llegaban a Villarreal, veían a los abuelos jugando al dominó, las casas bajas y, claro, se confiaban. Había que ver las caras de soberbia del Inter de Milán cuando llegaron a ese lugar de apenas 50.000 habitantes cuyas fábricas podían producir, en los años de la burbuja inmobiliaria, casi 40 kilómetros de cerámica diarios. Luego llegó la crisis, pero su equipo sigue en Primera. Antes de la prueba de sonido ví el partido en el hotel. Hace treinta años, el Sporting era capaz de endosarle un 0-4 al Barcelona en el Nou Camp jugando al contraataque. Pero los tiempos han cambiado mucho y hoy no sabe nada mal otro 0-4 al Nastic en su casa. Era un equipo con bajas y ganas de hacer regalos. Nadie duda de que la suerte – siempre tan esquiva – se puso del lado asturiano muy pronto, pero sería injusto quitarle méritos al Sporting, pese a ciertos despistes a lo largo del partido. Hacía mucho tiempo, tal vez demasiado, que no se veía a los rojiblancos tan cómodos en un terreno de juego. Por una vez, saltar al césped no fue una pesadilla repleta de sudores infernales y temblores terroríficos. No, por fin vimos a un equipo disfrutar, gustarse, amar el balón y demostrar su técnica. Era como ver a unos jugadores reencontrarse consigo mismos y enamorarse de un de deporte que ya tiene muy poco de juego. Así, sentimos otra vez latir el corazón con cada pase, les vimos ubicarse bien en el espacio, ocupar el lugar que les corresponde, presionar, robar balones, ser rápidos, audaces y solidarios entre ellos. Creo que esto último es fundamental: desconozco las interioridades del vestuario, pero la impresión que transmite esta plantilla (al menos, la titular) es que no hay veneno entre ellos. Los egos se han puesto a trabajar para el conjunto creando una tela de araña en la que cayó el Nastic, a veces por conducta temeraria y, otras, por el buen trabajo de caza del Sporting. Por ejemplo, Carmona parece otro jugador, se le nota hasta en la expresión de su rostro. Ejerce de líder silencioso asumiendo su condición, talentoso y veterano, comprometido con un proyecto. Al no estar tan pegado a la banda y jugar de interior, despliega más sus virtudes. Sus pases filtrados entre rivales comienzan a ser una delicia exquisita para animar paladares golosos. Ha sido su partido más lucido. También comienzan a confirmarse algunas sospechas. Por ejemplo, que Mariño es muy seguro, que es un guardameta rápido y sólido. Quizá no atrapa todos los balones que le llegan, pero hay que reconocer que transmite una seguridad que contagia a todo el equipo. Los dos centrales son una prolongación de esa muralla que es Mariño y, además, mueven bien el balón. Hay una plasticidad añadida en sus gestos que les confiere un toque de almirantes, de buenos gobernadores de su área. Pero las buenas noticias no se terminan en la defensa. El medio del campo ha recobrado vida. Ya la responsabilidad no recae sobre un único jugador, sino que hay distintas variantes que ofrecen distintas opciones. Me gusta ver que no se depende del cerebro de una persona, sino que el equipo se mueve acompasado, sin saber dónde reside el motor de su movimiento.

Uruguay, ejemplo para el Sporting

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 2 – Lugo 0 (El Molinón, Gijón – 27.8.17)

Me perdí el debut del Sporting en El Molinón. Tocaba en el Castillo de Monclova, cerca de Fuentes de Andalucía. No lejos de ahí está la Luisiana, uno de esos poblados de nueva planta que creó Carlos III para repoblar la zona sur que estaba acosada por el constante bandolerismo. Para ello, se trajeron a seis mil colonos de la zona germana de Baviera que no siempre fueron bien recibidos por la población local. Un poco como cuando los clubes españoles comenzaron a fichar extranjeros.

Me hubiera gustado muchísimo estar en El Molinón porque tiene un espíritu especial. Es una delicia escuchar cómo desciende desde la grada a la hierba un rugido de admiración, un comentario burlón sobre una jugada o el aplauso a un rival que se ha ganado los galones a lo largo de toda una carrera. Adoro el domingo de fútbol en Gijón por cómo se engalanan de rojiblanco las casas y los bares. Hay una clave indescifrable en el tejido social que convierte a su afición en una especie aparte. Es obligatorio reconocer su entrega infinita y que lleva dos décadas dando mucho más de lo que recibe.

Toda la primera parte indicaba que asistiríamos de nuevo al eterno retorno pero, como novedad, los cambios realizados por el entrenador sirvieron de algo. Hacía siglos que no veía al Sporting mejorar tras un cambio de jugador o de sistema. El Lugo, como siempre, no fue ninguna pera en dulce. Mantiene el gusto por fútbol combinativo y, aunque su ataque se ha visto mermado por la pérdida de Caballero y Juanlu, les gusta tocar y lanzarse a la portería contraria. No sé cómo lo consiguen, pero siempre tienen jugadores interesantes. Por ejemplo, tienen a Iriome, que a veces se desconecta pero es capaz de decidir un partido, o el gran lateral camerunés Leuko, que podría ser clave para dar el definitivo salto a Primera. Tienen su faro en el medio del campo en Fede Vico. Aún les queda afianzarse y mecanizar automatismos, pero el Lugo siempre es garantía de buen fútbol. Hay algo que me resulta muy grato y es ver a chavales en Gijón con la camiseta del Lugo, en vez de las sempiternas remeras blancas o blaugranas que han colonizado las mentes (y los bolsillos) de toda la juventud. ¿Toda? No, en la villa de Gijón aún se puede ver otro tipo de simpatía en agradecimiento a aquel gol de Caballero. Ese que evitó al Sporting acudir a la tortura de los play offs y le dio el ascenso directo. Si no llega a ser por ese ascenso, es muy posible que el Sporting hubiera desaparecido o estuviera ahora jugando en Tercera. Amor eterno.

El ADN del Sporting

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Alcorcón 0 – Sporting 0
(Santo Domingo, Alcorcón – 19.8.17)

El gran Sporting del ascenso y de la permanencia se diluyó la temporada pasada como un azucarillo. De pronto, jugadores que prometían, dejaron de ser promesas, jugadores que jugaban dejaron de jugar, y los que se fueron, dejaron de ser titulares en otros equipos. Y aquella vieja unión de vestuario dio muestras de agitamiento y mostró fracturas, como si el alma comunal se hubiera roto. Ya nada volvió a ser lo mismo y un veneno mortal se instaló en el equipo, fulminando todas sus ilusiones. Sólo el oxígeno aportado por la afición dieron vida al Sporting en un año terrible. El tiempo de los héroes en el Olimpo del fútbol parece que sólo queda reservado al Eibar y el Leganés. El Sporting tiene que volver a escribir sus páginas esforzándose en la caligrafía, porque lleva mucho tiempo manchando su libro de oro con la tinta del desatino.

El inicio del campeonato me cogió por sorpresa. Nada más terminar la temporada, me olvidé del fútbol y, excepto el Europeo femenino, me desconecté por completo. No quise saber nada de los millones, los fichajes, los amistosos de pretemporada, la súpercopa en cualquiera de sus modalidades y demás noticias de verano que tienen más que ver con la sección de sociedad que con la de deportes. Además, inmerso en un verano intensísimo de gira, concierto tras concierto, mi tiempo mental dedicaba el fútbol sólo algunas lecturas sobre deporte, ideales para largos viajes. Sin demasiada ilusión, pero sin escepticismo, es decir, sin expectativas de ningún tipo, afronté el primer partido de esta nueva etapa que, de tan repetida, ya no tiene nada de novedosa. La máquina de sueños rojiblanca se ha vuelto una fábrica de pesadillas y, si uno quiere conservar la cordura y la estabilidad emocional, debe acercarse al Sporting con un chaleco antibalas en el corazón.

En Santo Domingo ya se han visto algunas cosas, buenas y malas. El equipo aún no funciona como una máquina, algo lógico a estas alturas, pero cae en el mismo error que en temporadas pasadas: el exagerado número de imprecisiones en el pase. Da igual quien juegue, parece que va en el ADN del Sporting pasar mal el balón. Entre las buenas noticias: el guardameta y los dos centrales. A partir de esos pilares se puede construir un equipo. Los cimientos fundamentales están preparados, ahora falta hacer el resto del edificio. Otra buena noticia es el regreso de Stefan, el hijo pródigo. Siempre pensé que triunfaría en un equipo medio de Primera División porque tiene condiciones de sobra, pero el fútbol es cruel y el éxito depende de muchísimos factores que no siempre dependen de uno mismo. Volvió a demostrar su talento, la inteligencia en sus movimientos y, además, añadió trabajo. Si estaba demasiado aislado no era culpa suya. Stefan no entendió su cambio en el minuto 60 y yo tampoco. Espero que no comencemos de nuevo con los cambios incomprensibles: con Rubi ya tuvimos bastantes. Pero quedan varios interrogantes. El primero es Lora, que, igual que sucede con Kevin en la Real Sociedad, convierte su zona en un coladero. La temporada pasada, los laterales fueron como las Ardenas para los alemanes en la Segunda Guerra Mundial: un paseo por el que se perdió todo lo ganado en otros frentes. Pero también es cierto que el año anterior, Canella comenzó fuera de forma, casi en modo ex futbolista y, poco a poco, se fue entonando hasta alcanzar un nivel muy aceptable. Lo mismo sucede con otros jugadores que aún tienen que encajarse como piezas en un puzzle. De momento, dudas, esperanzas y, sobre todo, anestesia emocional por si acaso nos lo quieren volver a romper.

El gallo

Pues si, mucha risa con Manel Navarro en Eurovisión, que si cero puntos, que si vaya ridículo que ha hecho España con su último puesto -que al final, es lo que preocupa-, pero al final, hay un artista con su carrera al borde del barranco y un dineral público tirado a la basura. Aunque no se sabe con exactitud el gasto total, se conoce el canon que TVE paga a Eurovisión (unos 350.000 euros). No es mala inversion para un artista que, en última instancia, fue escogido por un miembro del del jurado que, además, es locutor de una importantísima radio y llevaba semanas promocionamdo a Manel en sus ondas. A eso se llama diaparar con pólvora ajena. Manel no fue escogido por el público español para ir a Eurovision. Hasta el doble de personas votaron a otra artista antes que a Manel. Pero el peso del jurado en la decisión final era enorme, un cincuenta por ciento y, además, tenían la llave en caso empate, como así fue. Es decir, las sospechas de tongo sobrevolaron su elección y levantó muchas ampollas en un país muy castigado por el enchufismo. Sobre todo, porque es dinero de todos. Pero, ademas, ¿Es bueno que a un artista, apenas formado se le envíe a luchar en Europa con una canción tan floja?

Por un lado, está claro que la publicidad que obtiene es enorme, pero el asunto es que si fracasa -como así fue- el único que va a pagar un precio es él. Es decir, sólo Manu va a perder prestigio o posibilidades de desarrollar una carrera larga; el resto del personal va a seguir exactamente igual que estaba. Así, el jurado, el presentador, el manager, su discográfica o el famoso locutor continuarán en sus puestos. Ahora, a toro pasado, la culpa del último puesto es exclusivamente de él, de un inoportuno gallo o de que la canción la hubiera compuesto cuando tenía quince años. Si sale bien, ganan todos, si sale mal, es el artista quien se expone. Nadie asume su responsabilidad en el desastre. En la retaguardia no hace tanto frío como en Kiev. Al menos, parece que el chaval se lo toma humor y su carrera incluso podría hasta beneficiarse de esta polémica. Pero si se hubiese partido de una base más sólida y se hubiera enviado a una artista más hecha como Maika o la asturiana Paula Rojo, otro gallo hubiera cantado.

Concierto contigo

¿Alguien ha oído hablar del “Efecto Phil Collins”? Es una expresión que se emplea para explicar que, cada vez que se programa música en televisión, las audiencias bajan ligeramente. Por lo visto, el popular cantante británico estaba haciendo una entrevista de promoción y, cuando interpretó un tema suyo, los espectadores disminuyeron. Jamás he podido he podido comprobar en qué programa sucedió eso ni de qué canción de Phil Collins se trataba. Es decir, puede que sea una leyenda urbana. Sea cierto o no, parece que hay un verdadero pánico en televisión a emitir programas musicales. Sólo hay dos casos en los que la música cuenta con total confianza de los directivos de las televisiones. Uno es cuando el programa tiene que ver con la nostalgia, como en Cachitos de Hierro y Cromo, que las canciones nos recuerdan a esos años en los que éramos jóvenes y sentíamos que aún estábamos descubriendo y devorando la vida. Digamos que es el “Cuéntame” de la música. El otro caso es cuando se trata de un concurso. Por ejemplo, “Operación Triunfo” o “La voz”, que son formatos relacionados con “Gran Hermano” o “Master Chef”. Ahí, lo primordial no es la música, sino la relación entre los participantes y la disputa entre ellos. Se parece más a un partido de fútbol que a una experiencia musical. Así que, mientras aún está por dilucidar si el “Efecto Phil Collins” es real o no, en la TPA, los domingos a las 23.00, se emite “Concierto Contigo”. Es un ciclo de conciertos de bandas asturianas ambientado en distintos bares de Asturias. Estos son “Ca’ Beleño” y “La Salvaje”, de Oviedo, y “Santa Cecilia”, de Avilés. El sonido y la imagen son excelentes y está hecho con cariño y máxima profesionalidad. Además, tiene una característica que lo hace único: las bandas actúan en círculo, mirándose entre sí, para que el espectador tenga la impresión de que está dentro del escenario en vez de enfrente; digamos que la banda está a caballo entre un concierto y un ensayo. Gracias a eso se establece una mayor complicidad con la persona que lo está viendo en su casa. Las bandas participantes son Stormy Mondays, Alberto y García, Hector Braga, Alexandra In Grey y yo mismo. Espero que la audiencia sea buena y que el programa tenga gran continuidad para mostrar, de una forma original, el trabajo musical que se hace en Asturias.