God save the Queen

god-save-the-queen-25-11-16-377

Andrew Rosindell, miembro conservador del parlamento británico por Romford, lleva una buena temporada pidiendo a la BBC que termine sus emisiones poniendo el himno de Gran Bretaña, “God save the Queen”. Es una tradición que quiere recuperar en honor al Brexit. Es una forma, según él, de que la BBC, que dejó de emitir el himno a diario en 1997, vuelva a ser “inequívocamente inglesa”. Así que el programa de noticias de la BBC2, “Newsweek”, decidió dar una alegría a Rosindell. Su presentadora, Kirsty Wark, luciendo la amapola clásica de noviembre en recuerdo por los muertos de la Gran Guerra, dijo “Buenas noches” y a continuación sonó “God Save the Queen”. Lo que ocurre es que, con muy inglesa ironía, no pusieron el himno británico, sino la canción del grupo punk Sex Pistols que lleva el mismo título.

Fue un tema editado en 1977 por el sello Virgin del hoy popular Richard Branson pocos días antes del Jubileo de Plata de la Reina, y la radio de la BBC la prohibió. Su letra es irreverente y nada tiene que ver con el patriótico himno pero, al mismo tiempo, para muchos también es un himno británico. Y es que la especialidad inglesa es remitirse siempre a sí mismos. Venden su producto constantemente, sea cual sea. Lo hacen desde el palacio de Buckingham y desde los barrios de casas de protección oficial. El asunto principal es que ellos mismos asumen que los dos “God save the Queen” son las dos caras de la misma moneda y que ambos tienen una importancia simbólica muy poderosa. El británico construye su identidad a través de la música, que es patrimonio nacional. Puede representar al antiguo orgullo imperial victoriano o servir de voz a los más rebeldes de la clase, pero su país está ante todo. Por eso tienen todos cabida, los monárquicos y los punks, los que están a favor del Brexit y los que no, conservadores y laboristas, y así, a su manera, todos pueden sentirse ingleses. En España sólo hay una forma de ser español y, en términos simbólicos, no hay cabida para la diversidad nacional. Si nuestra música tuviese la importancia que en Gran Bretaña, sería posible hacer como Kirsty Wark: criticar a tu propio país sin que eso signifique ser antipatriota. Aparte están los escoceses, que cantan: “God SHAVE the Queen”, es decir, “Dios afeite a la Reina”.

Sin noticias del Sporting

sin-noticias-del-sporting-21-11-16

Sporting – Real Sociedad (El Molinón, Gijón – 20.11.16)

Cómo me duelen estos partidos. Soy txuri urdin de nacimiento y cada encuentro así me parte por la mitad. Pero es lo que tiene ser un poco vasco y un poco asturiano. La verdad es que el partido venía ya caliente con la sentencia del cierre parcial de la grada por los gritos racistas a Williams en el gran partido contra el Athletic de Bilbao. No hay mucho que decir aquí. No parece que haya habido demasiada voluntad para encontrar a los culpables de esos gritos y, de esta forma, pagan justos por pecadores. Las imágenes de esa grada o las tiene el club o las tiene la Policía. Y si no las tiene nadie es que no se sabe gestionar o controlar una zona que, por desgracia, siempre es conflictiva. ¿Por qué pasa esto? No lo sé. Tampoco sé por qué la justicia no consideró que hubo ningún culpable en aquella pelea masiva contra los aficionados del Génova o del Sevilla, por ejemplo. Luego, llegan los llantos y las lamentaciones. Este partido me cogió en Islandia. Y es que después de una gira tan intensa o vas al psiquiatra o te vas de viaje a un sitio de belleza insuperable. Así que en la capital, insistí en varios bares para que me pusieran el partido. Muchos no querían ya que estaban llenos de yanquis mirando fútbol americano.

Ya sabéis, ese deporte que, como el baloncesto de la NBA, lo ven un 95% de blancos, aunque lo juegan un 95% de negros. Estaba desesperado hasta que un alma caritativa, viendo mi nivel de consumo etílico, decidió que era buena idea sintonizarme el partido. Y desde esta misma barra escribo. Una curiosidad: la Real Sociedad, en la Copa de Europa de 1982/83, jugó la primera ronda contra un equipo islandés, el Víkingur Reykjavík. De hecho, la Real llegó hasta esas semifinales donde fue eliminado por el Hamburgo (posterior campeón) a pocos minutos del final por un gol en flagrante fuera de juego. El juez de línea que concedió el gol era alemán (sustituto del titular). En fin, con árbitros más justos, quizá el Sporting hubiera sido campeón de Liga. Sin llegar a esas cotas legendarias, la Real Sociedad de la actualidad es un equipazo. Muy bien ubicados en el campo, ganan todos los balones divididos, y son duchos en el arte de atacar y defender por igual. Un ejemplo de su nivel es que tienen a Canales en el banquillo. Marcó para la Real Xabi Prieto, que junto con Arconada y Aramburu están en mi podium particular. Es un jugador que mata por su equipo y contagia a los demás la importacia de defender esa camiseta. ¿Y el Sporting? Pues, de momento, sin noticias. En lo colectivo, dan muy pocos pases seguidos y se quedan sin ideas en seguida. En lo individual, varios durmieron en el rechace del primer gol, Amorebieta se juega la tarjeta y el penalti en cada acción, el centro del campo no aparece y, otra vez, Meré fue el mejor. De hecho, estuvo imperial. Douglas no defiende, pero al menos ataca bien. Viguera aporta, trabaja, pero cuando se queda frente al portero, siempre opta por regatear. ¡Ni a Blokhin le salió bien el regate en cuartos de final en la Copa de Europa de 1976/76!

Pero esta situación es muy difícil para el entrenador. Quizá estos jugadores no encajen con su idea de juego, pero Canella, que tuvo una oportunidad de oro tras estar deshauciado, ¿ha vuelto a repetir su partido de reencuentro? Sólo les queda trabajar y trabajar. Mañana y tarde. El entrenamiento no cuesta dinero.

Mariní Callejo

marini-callejo-18-11-16-376

María de las Nieves Callejo Martínez-Losa fue la primera chica ye-yé española. De hecho, fue la primera productora que hubo en este país. Lo fue nada más y nada menos que de Los Brincos. Tuvo una formación clásica, estudió en el Real Conservatorio de Música y Declamación. Recibió premios extraordinarios de piano, armonía, composición y música de cámara. También ganó una beca para ir a estudiar a Italia y Múnich, pero una enfermedad de su padre la hizo renunciar a ella y así comenzó su historia como arreglista y directora musical. Había tocado el piano y cantado en Los Brujos, un grupo de principios de los 60 que, tras el abandono de varios miembros, se reconvirtió en Los Cuatro Brujos, el primer conjunto (como se decía entonces) español liderado por una mujer. Mariní trabajaba por las mañanas en una editorial musical con Augusto Algueró (hijo) y pasaba las tardes en las oficinas de la discográfica Zafiro, probando a ver si le gustaba. Un buen día, Esteban García Morencos, uno de los directores, le propuso ir a ver a un grupo nuevo. Ensayaban en la fábrica de Iberofon, donde el río Manzanares. Eran Los Brincos. Así que decidió dejar su trabajo para centrarse en Los Brincos, con quienes trabajará tres años, y terminará siendo directora musical de Novola (el subsello juvenil de Zafiro).

El primer álbum de Los Brincos se grabó en 1964 en los estudios RCA Madrid, pero para el siguiente, en 1966, se van a Milán, a los estudios Saar, donde había menos limitaciones técnicas que en España y podían trabajar con más medios. Es necesario recordar que la figura del productor en España, en la primera mitad de los años sesenta, aún no estaba totalmente definida ni siempre se especificaba como tal. Mariní se va en 1969 al sello Philips, vinculado a Polygram, y allí trabajará con Fórmula V, donde hará “arreglos, producción y dirección”. Allí ya se ven sus ambiciones artísticas y, por ejemplo, en el tema “Mi día de suerte es hoy”, trabaja con parámetros muy similares a los de Phil Spector, buscando su famoso “muro de sonido”. Fue un fracaso, así que a Fórmula V les llevó por otros caminos que, esta vez sí, fueron enormes éxitos. También produjo a Mari Trini, una artista desgarradora e inconformista que nos elevó a las alturas del pop francés. Tardaríamos muchos, muchísimos años en ver a otra mujer a los mandos.

Me gusta el Chiki-Chiki

me-gusta-el-chiki-chiki-11-11-16-375

Lo que más me gusta del “Chiki-Chiki” es que fue la última muestra de punk en televisión. Ya se sabe, la crítica seria, los aficionados serios y músicos serios estaban dispuestos a proteger al “arte serio y verdadero”. El problema de esto es que nadie nos explica nunca qué es el arte serio y bueno. Aún nadie me ha explicado porqué es mejor Neil Young que David Bisbal. Yo no digo que sean lo mismo, de hecho creo que uno es mejor que otro, pero yo tampoco lo sé explicar. El Chiki-Chiki me gusta por una razón: es divertido. ¿Es argumento suficiente? Sí. De hecho, el rock me gusta en gran parte porque es divertido. El Chiki-Chiki fue un invento nacido desde el programa “Buenafuente” de la Sexta, donde el actor David Fernández interpretaba a Rodolfo Chikilicuatre; se trataba de una parodia de las canciones latinas del verano. La broma no terminó ahí. Buenafuente presentó la canción al concurso de TVE/MySpace, “Salvemos Eurovisión”, para acudir a Serbia al popular festival.

Varios candidatos eran sometidos al voto popular y “Baila el Chiki-Chiki” ganó. Se aupó sobre otras canciones que el supuesto entendido en música (“la buena, la de verdad”) decía que eran mejores. El pueblo votó y decidió, como hace siempre con la música pop. Y la supuesta ficción superó a la supuesta realidad. Es como si un artículo de El Mundo Today se publicase en Le Monde Diplomatique o The Times. Y, claro, la gente seria se enfadó. Una parodia, pero que podría ser real, se integró en la vida cotidiana y recibió el mismo trato que algo de “verdad”. La jugada es maravillosa porque nos enseña mucho sobre los límites de la democracia, del gusto, de la ironía y de hasta dónde estamos dispuestos a dejar que llegue el humor. Nos muestra que la realidad y la ficción no es que se confundan, es que son lo mismo. Pero la crítica musical se alzó en contra y dictó su sentencia contra el Chiki Chiki. A veces creo que la Historia del Arte debería enseñarse comenzando por el siglo XX y no en el prerrománico. Comprenderíamos mucho mejor el mundo que nos rodea, incluso el de la música. Criticar a Rodolfo Chikilicuatre es olvidarnos de que las normas y el juego estético no los marca Rubens sino el urinario de Duchamp o las latas Campbell de Andy Warhol.

“Born To Run”, el libro

born-to-run-el-libro-4-11-16-374

Pues sí, el jefe lo ha vuelto ha conseguir. Parecía imposible que una vida como la suya, tan contada ya, aún tuviera algo que ofrecer. Pero sus reflexiones merecen la pena y resulta muy edificante ver cómo se analiza a sí mismo y el esfuerzo ímprobo que hace para verse -y mostrarse- con la mayor sinceridad posible. Además, la traducción al castellano de Ignacio Juliá es extraordinaria. Springsteen es consciente de que vive algo que está al alcance muy pocas personas en el mundo, pero consigue acercártelo mostrando su caso excepcional en algo normal. Narra con detalle y buena pluma su lento pero imparable ascenso a la fama, donde deja claro la fe que tenía en sí mismo y, sobre todo, el entusiasmo que despertaba en los demás. Su gran pasión por la música será lo que le salvará de una vida gris y los párrafos que dedica a las canciones que le marcaron están entre los mejores momentos del libro. Nos pasea de la mano por la industria discográfica de los setenta, las primeras giras o su relación no siempre fácil con la E Street Band.

Pone decorado a historias que ya son parte de la historia del rock como la prueba para entrar en Columbia que le hace John Hammond o la muerte en Vietnam del batería de su primera banda. Como músico disfruté mucho leyendo cómo plantea o concibe un disco. Narra de tal forma sus procesos de grabación que sientes el cansancio y la desesperación en tu propia piel. A través de sus páginas te explica con detalle qué es lo que quiere contar y porqué es tan importante para él contarlo. Da razón de su obra, y entiendes por qué tomó caminos complicados y, a veces, inexplicables (las grandiosas canciones que dejó fuera de sus discos). Pero lo mejor -o con la parte que más me identifico- es cómo explica la dureza de volver a casa tras una gira. En el escenario es Dios y en su casa…Sólo un marido o, un padre. Cuenta lo duro que es para él escoger entre atender la llamada de su inspiración y ponerse a escribir una canción o ayudar sus hijos con los deberes. Su gran dilema es encontrar la forma de mejorarse a sí mismo sin perder su esencia, pero sobre todo, cómo enfrentarse a la realidad sin abandonar sus ideales.

Fin de gira

fin-de-gira-28-11-16-373

Se terminó. Finito. La gira se acabó. Y en la banda no sabemos si alegrarnos o ponernos tristes. Por fin, lo que queda de nuestros humanos cuerpos vuelven a la rutina, el orden y la vida con horarios lógicos. Ya no hay que vivir siempre con el corazón al borde de su rendimiento, alimentando con el constante acicate de nuevas emociones, nuevas experiencias que de desmesuradas el cerebro es incapaz de asimilarlas. Los paisajes, los sabores desconocidos, los nuevos calores y el aplauso que tanto reconforta. Un gira larga como la que acabamos de terminar supone un desgaste emocional enorme. No sólo físico. Es algo que te deja vacío. No sé cómo será en otros estilos musicales, pero el rock sólo suena bien si lo tocas con la intensidad de una manada de búfalos en plena estampida. El rock son pocos acordes, así que si quieres que tres notas hagan temblar los cimientos del universo no puedes salir al escenario simplemente a “tocar”, sino que tu intención debe ser la de derribar las murallas de Jericó soplando trompetas.  Y se paga un precio.

Los cambios de horarios constantes, la adrenalina generada y los larguísimos viajes no ayudan a que el cuerpo descanse. Pero eso no importa cuando sabes que tu trabajo es un privilegio, que muy poca gente puede ganarse subiéndose al escenario para tocar…Rock and roll. Además, una vez que has llegado al puerto del hogar, hay que desligarse poco a poco de la gente que se ha convertido en tu nueva familia. Compañeros de banda y técnicos son parte de tu sangre y estás obligado a cuidarlos y ayudarlos. La última fecha en Bilbao, tuvo una carga emocional que todo el público sintió y compartió con nosotros. Hubo lágrimas, hubo latidos acelerándose hasta golpear le pecho, abrazos y la obligación de saber que la vuelta a la vida sedentaria era obligatoria para recuperar la cordura. Qué lástima que sea tan difícil traer a la vida civil algo de ese mar de fondo rugiente de una gira y que, al revés, sea casi imposible llevar el suelo firme del hogar ala carretera. Ahora toca bajar al suelo, sentir lo positivo que ofrece el ritmo constante de los días y las viejas costumbres que, también, echamos de menos. Es una vida que no cambiaría, pero tampoco recomendaría a nadie. Y al revés: no la recomiendo, pero no la cambio por nada.

Igor Paskual, en la revista Líbero (núm. 18)

Igor Paskual vuelve a colaborar una vez más en la revista futbolística-cultural Líbero con el artículo “Del garbo del cuplé a la rúa”

libero-18-noviembre-2016

El jugador del FC Barcelona y de la selección es el protagonista de la portada.

Más información AQUÍ.

Fausto

fausto-21-10-16-373En la ópera me sucede lo mismo que con los novelones decimonónicos: siempre sobra demasiado. A veces es un acto entero o doscientas páginas. Supongo que la aceleración del tiempo ha traído estas cosas, que tenemos ansiedad y una capacidad de concentración más limitada que en otras épocas. Hay excepciones, por supuesto, a Dostoievsky no le quitaría ni una coma y a “Fausto” de Gounod ni una sola nota. Tres horas de ópera (más media de descanso) en el Teatro Campoamor y en ningún momento bajó el interés. Esto creo que fue por tres razones. Primero, se trata del mito faústico, el hecho de vender tu alma al diablo a cambio de un deseo casi inalcanzable atrapa nuestra imaginación de una manera muy poderosa. Es decir, ¿qué querríamos tener? ¿Conocimiento, juventud, talento, poder, fama, suscitar el deseo? La segunda razón es, por  supuesto, la obra en sí. El texto, inspirado en la historia de Goethe, está muy bien llevado y engarzado con una partitura que roza un nivel altísimo. Los coros, las arias, los duetos, las partes instrumentales, todas tienen algo memorable. No hay momentos mediocres o de relleno. Además, cantantes y orquesta estuvieron sólidos. Pero casi la razón más importante fue por la escenografía.

Hacía algunos años que había visto esta misma obra y, aunque me gustó, no me atrapó con fuerza. Sin embargo, el hecho de llevar a Fausto al mundo de la moda es una brillante idea. Fausto se puede aplicar a cualquier época. Pero lo colosal vino en la segunda parte. En el submundo se creó un clima que era digno de un directo de Depeche Mode. Andamios, cruces luminosas, luces susurradas, coordinaciones perfectas, telas dividiendo público y cantantes (como hicieron también N.I.N.)…Todo eso fue una sacudida que hacía que el sonido entrase por la mirada y, al mismo tiempo, realzase una partitura que con otra puesta en escena, hubiera sonado totalmente distinta. Es sorprendente que una música compuesta a mediados del siglo XIX soporte tan bien una dramatización propia de una banda de rock industrial. Así, “Fausto” cobraba de nuevo vigencia, renacía de las telarañas del pasado y nos asaltaba con sus preguntas. Quizá no se aprecie siempre lo que supone poner una ópera en marcha, el esfuerzo descomunal que conlleva todo ello. No es fácil interpretar con naturalidad obras que tienen numerosas complejidades técnicas. Parece que han vendido su alma para conseguirlo.