Adictos al escenario

Adictos Al Escenario (29.4.16 - 348)Terminar una gira es como detener de repente un camión que va a toda velocidad. El efecto de la inercia (es decir, la propiedad de los cuerpos de resistirse al cambio de movimiento) hace que después de haber pisado el freno, si no llevas el cinturón de seguridad puesto, puedas estrellarte contra el cristal. El problema es que ese supuesto cinturón de seguridad (los amigos, la familia…) se vuelve más endeble según avanza una gira. Y por eso, si no te has bajado a tiempo, ya no quieres pisar el freno porque así evitas chocar con el cristal de la vida cotidiana. ¿Cómo recuperar la tremenda inyección de adrenalina que supone estar en un escenario cada noche? ¿Cómo cambiar el estímulo del aplauso por hacer compra, poner la lavadora o llevar a los hijos al colegio? Hay muchísimos músicos, más de los que parece, que han abandonado las giras porque no pueden soportar la desconexión con su entorno familiar y también porque la depresión postconcierto les pasa factura. Sobre todo, hablamos de músicos de países tan grandes como EE.UU. o de aquellos que giran por el mundo entero y que pasan muchos meses fuera de casa. Pero quienes siguen inmersos en esa vida nómada, ya no pueden detenerse. Llevan tanto tiempo viviendo de esa forma que es casi imposible detenerse.

Muchos de esos músicos, llevan desde que eran muy jóvenes, compartiendo escenario, habitación de hotel y autobús con unos compañeros que son su familia sustituta. Esos compañeros suelen ser los únicos que comorenden unos problemas muy concretos y difíciles de explicar a quién no esté en la carretera. Y es que, pese a la monotonía de los desplazamientos, una gira está llena de estímulos, novedades y sorpresas constantes. Para estos músicos volver a su vida sedentaria les supone un serio problema. Hay que tener en cuenta que muchos de ellos no han visto nacer a sus hijos, se han perdido el día de su graduación simplemente no han podido. De ahí que algunos se embarquen en giras eternas como hacen Bob Dylan o Slash. Otros lo necesitan realmente para vivir ya que los ingresos por ventas de discos y derechos de autor se han reducidos como le pasa a Chris Isaak y cientos de bandas casi desconocidas. La vida en gira es una larga carretera y si no te bajas en el primer área de servicio, después ya es casi imposible frenar.

James Brown

James Brown (15.4.16 - 346)

Él es la herencia africana más directa. El que consiguió convertir al negro continente en sonido, en funk rabioso, único y popular e inimitable. Sin quererlo, también es el padre del rap. Sus ritmos sofocantes fueron sampleados hasta la saciedad y han servido para edificar con sólido cimiento el gran edificio del rap y gran parte. Es el hombre que bailaba sin sonreír porque con lo importante (que los demás disfruten) no se juega. Salía al escenario con la concentración del que era consciente de que su mensaje mental y corporal debía ser tomado muy en serio. Dejaba traslucir su pasado de boxeador y cantaba con la concentración del que entra en un cuadrilátero. Además, había trabajado en plantaciones de blanco algodón y quería recoger los verdes billetes de su esfuerzo sin que ningún blanco robase lo que era legítimamente suyo.

James Brown era el hombre más trabajador del mundo del espectáculo, capaz de grabar un temazo por la mañana, hacer promoción por la tarde y ofrecer un concierto imbatible esa misma noche. Ya no se trataba del artista negro servil y sonriente en que se vieron obligados a convertirse sus predecesores de los años treinta y cuarenta. No, él es como Miles Davies, orgulloso, viril y callejero. No ha venido a contar chistes ni a dar las gracias, sino a ser el mejor y a llevarse la pasta que merece. Por eso fundó su propio sello para editar sólo temas instrumentales. James Brown es el ritmo circular derivado de la diáspora africana, la polirritmia acunada en un solitario y único acorde que puede prolongarse hasta el infinito, mientras que los cuerpos aguanten. Es música sin duración, eterna, envuelta en un espectáculo inolvidable y acunada por las mejores bandas. Brown inventó el funk al poner el acento rítmico en la primera parte del compás; en el rhythm & blues o el rock and roll, la parte fuerte está en la segunda parte y James lo cambió. Además, descubrió la importancia del “break”, es decir, el acto de romper ese ritmo continuo para, de esta forma, remarcarlo y sentir la importancia del equilibrio universal que procura el groove constante. Mientras que en la música blanca, las obras son teleológicas, es decir están construídas para que desemboquen en un final, en la música negra, no hay principio ni final, sólo un durante. Con James Brown, el placer no reside en el orgasmo sino en la vida.

Igor Paskual, en la revista Líbero (núm. 16)

LIBERO 16 Abril 2016Igor Paskual vuelve a colaborar una vez más en la revista futbolística-cultural Líbero. En esta ocasión, Igor analiza la “Canción del alirón” (1912), en intento de esclarecer de dónde viene la palabra “alirón”.

El fútbolista asturiano Michu es el protagonista de la portada.

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El tercer hombre

El Tercer Hombre (11.4.16)Sporting – Celta de Vigo
(10.4.16 – El Molinón, Gijón)

Si un equipo tiene a Nolito y el otro no lo tiene, el primero juega con mucha ventaja. Si, además, en el equipo de Nolito también está Orellana, aún dispone de más posibilidades de lograr la victoria. Y si encima Orellana se pasea como Pedro por su casa entre la defensa y los medios, con tiempo de regatear, pedir un gin-tonic y leer la prensa, entonces es un milagro que el Sporting sólo haya perdido por un gol. No hubo más diferencia de goles porque en el Sporting existe un gran pundonor colectivo que les hace entregarse hasta el límite. Los jugadores son muy conscientes de que la camiseta rojiblanca es histórica y que, antes que ellos, la vistieron verdaderas leyendas del fútbol. Además, saben que la afición de El Molinón no la tiene casi nadie. Imagínense la tristeza de jugar en Getafe, Granada o en el Levante con las gradas casi vacías y el público en contra. Por eso, vemos a Carmona, paradoja andante que, aunque pierda dos mil balones por encuentro, nunca da un balón por perdido. O Vranjes, que pese a sus limitaciones en ataque, defiende su trinchera sin límite. O Pablo Pérez que fue niño en las áreas, pero se hizo hombre en el resto del campo. Sergio y Meré, ya lo sabemos, son el ancla, el suelo, el cielo, la esperanza, y el porvenir. Tiene un mérito increíble el Sporting que, de nuevo, continuó desesperando con esas pérdidas constantes de balón que le añaden un terrible peso muerto al equipo.

Tiene mérito que Jony, el arma más mortífera del Sporting, transformada en fuego de fogueo aún cree ocasiones ¡Cómo se nota cuando no está!  Si Jony finalmente se va será un desastre porque no tiene sustituto en toda la Liga. El ímprobo esfuerzo de Isma López compensa su ausencia. Jony, te esperamos y siempre te vamos a querer. Tuvo  también su mérito el árbitro que, por una vez, estuvo acertado e incluso hizo la vista gorda ante una vesánica acción de Cuéllar. El Sporting tuvo mérito al enfrentarse a todo un Celta sin apostar por ese tercer hombre en el centro del campo como ya hizo frente al Atlético. Nacho Cases necesita a alguien más que Sergio para brillar en todo su explendor. Tienen mérito los jugadores del Sporting que consiguieron aislarse del ruido ambiental de todo el entorno. A saber, los Football Leaks, y esos contratos con Doyen que, desde los despachos ensucian el escudo que los jugadores limpian en el campo.

Este tipo de gestiones demuestran el poco interés por construir un proyecto de futuro sólido como ha hecho, por ejemplo, el Celta. La consecuencia es que el Sporting termina siendo un club poco atractivo para los jugadores que destacan y saben que la seriedad del club es una broma. Para añadir más leña al fuego, esta misma semana era destituído Tomás Hervás del banquillo del Sporting B. Es cierto que no siempre le acompañaban los resultados, pero la situación aún no era desesperante y de poco se le puede culpar, cuando tras dos temporadas dando sus joyas al primer equipo, se le había quedado muy descompensado. Lo que tiene mérito es que el Sporting que habló durante toda la semana pasada de la urgencia de sumar tres puntos frente a los olívico, se enfrentase a ellos dejando tan libre a Orellana; pocos conjuntos están tan bien armados como los gallegos y haberles arrancado un empate ya era mucho. No me gusta nada de nada jugar a ser entrenador, y es fácil hablar a toro pasado, pero quizá la victoria estaba en ese tercer hombre.

España y la pena

España y La Pena (8.4.15 - 345)

Está de luto la gente española por el deceso de otro popular cantante. La plañidera popular ha salido a la calle a cubrirse de cenizas, mesarse los cabellos y derramar lágrimas de tinta en papeles y redes sociales. Necesitamos el duelo público para despedir a un compositor que hacía siglos que no interesaba a nadie, pero que, cuando atraviesa el río Aqueronte, pasa a convertirse en “maestro” y “referente”. Por supuesto, ha subido inmediatamente a ocupar el panteón de automártires de esta España nuestra, que son, a saber: Antonio Vega, Enrique Urquijo y Antonio Flores. Todos juntos, con la misma categoría de mitos. Sin embargo, alguien como Germán Coppini pese a ser letrista fundamental y alma mater de dos bandas tan distintas y fundamentales como Golpes Bajos o Siniestro Total, no alcanza a entrar en tan distinguido santoral. La razón principal es, a mi modo de ver, que Coppini no tiene pasado drogadicto, demonios interiores de privilegiado occidental, ni mucho menos un carísimo descenso voluntario a los “infiernos”. Es cierto que era menos popular que los citados, pero no tenía menos talento.

Resulta curiosa la atracción póstuma que despiertan los artistas que han tenido una vida jalonada por el consumo de drogas. Lo más alucinante es que eran personas que vivieron y sobrevivieron gracias, en gran parte, a la SGAE, entidad a la que el gran público detesta. España se viste de luto y da un tratamiento distinto a ciertos artistas muertos. Seguramente se debe a nuestra cultura católica de corte Mediterráneo, con su gusto por lo macabro, como en las escenas de la pasión de Cristo que observamos en Semana Santa. Nuestra herencia religiosa también nos ha acostumbrado a la existencia de un chivo expiatorio, un Cordero de Dios que cargue con las culpas de todos. Por eso necesitamos a alguien que cometa los vicios que no quisimos o no pudimos probar, pero, sobre todo, nos gusta que pague por ello. Que no haya placer sin dolor. Además, es una forma de mitigar la envidia que se tiene al que se sube a un escenario, escribe canciones y gana dinero con ello. Por eso caen mejor los artistas con debilidades: eso los humaniza y los acerca a nosotros. Alguien que se hace millonario cantando y, encima, se cuida y tiene una vida sana y feliz, resulta asquerosamente envidiable para el español medio. Pena, penita, pena.