Archivo del Autor: IPk

Archivo de Conciertos 2017

IGOR PASKUAL

28 Enero – FNAC Callao, Madrid

3 Marzo – Sala Acapulco @ Casino de Asturias, Gijón

18 Septiembre – Plaza de La Catedral, Oviedo

IGOR PASKUAL & HIS ROCKIN’ ROTHKOS

5 Enero – Savoy Club, Gijón

LOQUILLO

31 Marzo – “Festival Primavera Trompetera”
Circuito de Alta Velocidad, Jerez de La Frontera (Cádiz)

21 Abril – Pabellón Polideportivo, Madrigueras (Albacete)

4 Mayo – Teatro Real, Madrid
5 Mayo – Kursaal, San Sebastián
6 Mayo – Escenario SDR, Santander
13 Mayo – “Festival de La Guitarra” – Sant Jordi Club, Barcelona
19 Mayo – “Interestelar” – CAAC La Cartuja, Sevilla
20 Mayo – “Rock N Blues Festival” – Plaza de Toros, Don Benito (Badajoz)

3 Junio – “Bull Music Festival” – Escenario Brugal, Granada
10 Junio – La Ciudadela, Pamplona
17 Junio – Ciudad Deportiva Príncipe Felipe, Arganda del Rey (Madrid)
24 Junio – “Azkena Festival” – Recinto Mendizabala, Vitoria
25 Junio – Plaza Mayor, León
30 Junio – Gran Canaria Arena, Las Palmas de Gran Canaria

1 Julio – Pabellón Santiago Martín, Tenerife
8 Julio – Es Moli Nou, Villafranca de Bonany (Mallorca)
15 Julio – “Poetas del Rock” – Palacio de Congresos Lienzo Norte, Ávila
21 Julio – Castillo, Lorca (Murcia)
29 Julio – Marenostrum Music Park @ Castillo Sohail, Fuengirola (Málaga)

2 Agosto – “Fiestas Colombinas” – Escenario Mapas de La Música,Huelva
4 Agosto – Espacio La Ciudadela, Rosas (Gerona)
10 Agosto – “Sonorama Ribera 20” – Plaza del Trigo, Aranda de Duero (Burgos)
11 Agosto – Pista Jardín Colón, Quintanar de La Orden (Toledo)
12 Agosto – “Fesivall Al Mar” – Complejo Deportivo Balbín, Luanco (Asturias)
13 Agosto – Plaza de España, Caspe (Zaragoza)
14 Agosto – Plaza de La Revolta, Cedeira (La Coruña)
18 Agosto – “Iberia Festival” – Auditorio Julio Iglesias, Benidorm (Alicante)
19 Agosto – Plaza de Toros, San Clemente (Cuenca)
27 Agosto – Castillo de La Monclova, Fuentes de Andalucía (Sevilla)

1 Septiembre – Parque del Salón, Palencia
2 Septiembre – Plaza del Llaubador, Villarreal (Castellón)
4 Septiembre – Plaza de La Vila, Santa Coloma de Gramanet (Barcelona)
15 Septiembre – Plaza Mayor, Salamanca
16 Septiembre – Pistas de Atletismo, Guadalajara
23 Septiembre – Avenida de Lérida, Monzón (Huesca)

13 Octubre – Palacio de Congresos, Torremolinos (Málaga)

10 Noviembre – “Movember Food & Rock Festival” – Palacio de Deportes, Santander
11 Noviembre – Palacio Euskalduna, Bilbao
17 Noviembre – Lunario / Auditorio Nacional, México DF
24 Noviembre – Sala Pelícano, La Coruña
25 Noviembre – Auditorio del Mar, Vigo

2 Diciembre – Button Factory, Dublín, Irlanda
3 Diciembre – The Grand, Londres, Inglaterra

15 Diciembre – Wizink Centre, Madrid

El gallo

Pues si, mucha risa con Manel Navarro en Eurovisión, que si cero puntos, que si vaya ridículo que ha hecho España con su último puesto -que al final, es lo que preocupa-, pero al final, hay un artista con su carrera al borde del barranco y un dineral público tirado a la basura. Aunque no se sabe con exactitud el gasto total, se conoce el canon que TVE paga a Eurovisión (unos 350.000 euros). No es mala inversion para un artista que, en última instancia, fue escogido por un miembro del del jurado que, además, es locutor de una importantísima radio y llevaba semanas promocionamdo a Manel en sus ondas. A eso se llama diaparar con pólvora ajena. Manel no fue escogido por el público español para ir a Eurovision. Hasta el doble de personas votaron a otra artista antes que a Manel. Pero el peso del jurado en la decisión final era enorme, un cincuenta por ciento y, además, tenían la llave en caso empate, como así fue. Es decir, las sospechas de tongo sobrevolaron su elección y levantó muchas ampollas en un país muy castigado por el enchufismo. Sobre todo, porque es dinero de todos. Pero, ademas, ¿Es bueno que a un artista, apenas formado se le envíe a luchar en Europa con una canción tan floja?

Por un lado, está claro que la publicidad que obtiene es enorme, pero el asunto es que si fracasa -como así fue- el único que va a pagar un precio es él. Es decir, sólo Manu va a perder prestigio o posibilidades de desarrollar una carrera larga; el resto del personal va a seguir exactamente igual que estaba. Así, el jurado, el presentador, el manager, su discográfica o el famoso locutor continuarán en sus puestos. Ahora, a toro pasado, la culpa del último puesto es exclusivamente de él, de un inoportuno gallo o de que la canción la hubiera compuesto cuando tenía quince años. Si sale bien, ganan todos, si sale mal, es el artista quien se expone. Nadie asume su responsabilidad en el desastre. En la retaguardia no hace tanto frío como en Kiev. Al menos, parece que el chaval se lo toma humor y su carrera incluso podría hasta beneficiarse de esta polémica. Pero si se hubiese partido de una base más sólida y se hubiera enviado a una artista más hecha como Maika o la asturiana Paula Rojo, otro gallo hubiera cantado.

Concierto contigo

¿Alguien ha oído hablar del “Efecto Phil Collins”? Es una expresión que se emplea para explicar que, cada vez que se programa música en televisión, las audiencias bajan ligeramente. Por lo visto, el popular cantante británico estaba haciendo una entrevista de promoción y, cuando interpretó un tema suyo, los espectadores disminuyeron. Jamás he podido he podido comprobar en qué programa sucedió eso ni de qué canción de Phil Collins se trataba. Es decir, puede que sea una leyenda urbana. Sea cierto o no, parece que hay un verdadero pánico en televisión a emitir programas musicales. Sólo hay dos casos en los que la música cuenta con total confianza de los directivos de las televisiones. Uno es cuando el programa tiene que ver con la nostalgia, como en Cachitos de Hierro y Cromo, que las canciones nos recuerdan a esos años en los que éramos jóvenes y sentíamos que aún estábamos descubriendo y devorando la vida. Digamos que es el “Cuéntame” de la música. El otro caso es cuando se trata de un concurso. Por ejemplo, “Operación Triunfo” o “La voz”, que son formatos relacionados con “Gran Hermano” o “Master Chef”. Ahí, lo primordial no es la música, sino la relación entre los participantes y la disputa entre ellos. Se parece más a un partido de fútbol que a una experiencia musical. Así que, mientras aún está por dilucidar si el “Efecto Phil Collins” es real o no, en la TPA, los domingos a las 23.00, se emite “Concierto Contigo”. Es un ciclo de conciertos de bandas asturianas ambientado en distintos bares de Asturias. Estos son “Ca’ Beleño” y “La Salvaje”, de Oviedo, y “Santa Cecilia”, de Avilés. El sonido y la imagen son excelentes y está hecho con cariño y máxima profesionalidad. Además, tiene una característica que lo hace único: las bandas actúan en círculo, mirándose entre sí, para que el espectador tenga la impresión de que está dentro del escenario en vez de enfrente; digamos que la banda está a caballo entre un concierto y un ensayo. Gracias a eso se establece una mayor complicidad con la persona que lo está viendo en su casa. Las bandas participantes son Stormy Mondays, Alberto y García, Hector Braga, Alexandra In Grey y yo mismo. Espero que la audiencia sea buena y que el programa tenga gran continuidad para mostrar, de una forma original, el trabajo musical que se hace en Asturias.

Cuatrocientos

No me lo puedo creer, pero ya llevo 400 artículos escritos para El Comercio en Rugidos de Gato. Comencé a escribir aquí el mismo año que murió Michael Jackson. Pasa el tiempo y Michael Jackson sigue siendo noticia: genera más dinero muerto que vivo. Ese mismo año, además, Ricky Martin salió del armario; pasa el tiempo y ningún futbolista lo ha hecho. 400 artículos dan para mucho, pero aún no han sido suficientes para lograr comprender y descifrar algo de este mundo apasionante y enigmático que es la música. Así que todavía trato de arrojar algo de luz sobre artistas que me gustan y creo que merecen una escucha u otros que, quizá instalados en pedestales desde hace mucho, haya que oírlos de forma distinta y verles los pies de barro. Pero lo que más me apasiona no es fijarme tanto en los artistas, sino en nuestra forma de relacionarnos con ellos, en la manera de escucharlos y apreciarlos. Porque la clave de la música no está en el músico sino en nosotros, en cómo sentimos y escuchamos esas canciones. Por ejemplo, la razón de que una canción signifique cosas distintas para varias personas, dice casi más del oyente que del cantante. A lo largo de estos 400 también he escrito mucho sobre cómo se nos vende la música, sobre su envoltorio. Por eso han sido temáticas muy variadas, como el tratamiento que se le da a la música negra en la radio del Reino Unido, o por qué surgió el estilo musical Turbo-Folk en Serbia, o las razones que llevaron a un músico a componer un Adagio y atribuírselo a un músico fallecido hace siglos (Albinoni). No suelo comentar apenas conciertos, aunque escribí alguna vez sobre alguna ópera ya que, como no soy especialista, creo que ofrecía un punto de vista distinto. Sí que he tratado, en cambio, de informar sobre películas o documentales musicales. Disfruté muchísimo escribiendo una serie de artículos hablando de los aspectos menos visibles de la gira del año pasado con Loquillo. Fue una manera de poner en valor a todos los que trabajan en el menudo del espectáculo y no se ven. Y también hubo tiempo para confirmar, no sólo la vigencia de Tino Casal, sino el nacimiento de una nueva estrella en Asturias, Rodrigo Cuevas, que va muy en consonancia con la filosofía de esta columna: maullido local, pero rugido global.

El móvil y el gramófono

Adoro la adolescencia. Sobre todo la ajena. El asunto es que cambian mil cosas, la tecnología, pero el ser humano es muy parecido al que era ya en el neolítico. A partir de la II Guerra Mundial en la que aparece la figura del “teenager” (en inglés, edad comprendida entre los 13 y los 19 años), el adolescente se sociabiliza a través de una música propia, hecha para ese segmento concreto. Me encanta ver a pandillas de cuatro ó cinco adolescentes escuchando canciones alrededor de un móvil. La escucha colectiva que sigue teniendo un poder aglutinador muy poderoso y cada generación la hace a su manera. Muchos músicos de mi edad se ríen de quienes escuchan música por un móvil por ese motivo: “Oh, escuchan las canciones en un móvil, con lo mal que suena”. Y es que, claro, uno se encierra a grabar en un buen estudio para conseguir la mejor calidad sonora y se encuentra con que a la juventud no le importa tanto el sonido. De lo que no nos damos cuenta es de que escuchar música a través de un móvil es muy similar a escucharla en un gramófono. Suenan muy parecido, casi sin graves, con muchos agudos, casi dolorosos si uno no está acostumbrado. Así que esta supuesta escucha de máxima calidad sólo ha sucedido en un periodo muy corto de la historia.

Dudo mucho que las orquestas de la época de Beethoven tocasen como las de ahora. Y no me quiero imaginar cómo afinaban las orquestas y los coros de provincias del XIX (tan bien descritas en “El hijo único” de Leopoldo Alas “Clarín”). Es posible que fuese algo semejante al horror. Cue do pienso en The Carter Family, el grupo funadacional del country que grabaron sus canciones en 1927, me pregunto “¿Cómo se escuchaban esas canciones?” Pues a través de gramófonos o de radios con un sonido que no es tan distinto del que pueda tener un móvil a todo volumen. Lo curioso en la historia es que lo antiguo y lo moderno se tocan, porque el ser humano es exactamente el mismo ser necesitado de sonido y cariño grupal que hace cinco mil años. Este sábado tocan en la sala Acupulco, Dead  Bronco, una excelente banda de Santander que beben, entre otras muchas fuentes, del country creado por The Carter Family. ¿Cómo sonarían a través de un gramófono?

A golpe de improvisación

Sporting – Espanyol
(El Molinón, Gijón – 25.4.17)

Como una tarde de martes nublado, húmedo y desabrido fue este empate. Un gol gélido del Espanyol dejaba un silencio desesperado de ultratumba. El Molinón acogió la enésima final de esta temporada y, como un pájaro de un mal agüero, sonaba Phil Collins por la mejorada megafonía del estadio antes del partido. Por suerte, hubo un guiño local y pusieron “Chup Chup”, de Australian Blonde, grupo de reconocida filiación esportinguista. En apariencia no venía el Espanyol con una alineación de saldo, sino a perseguir el Dorado europeo, que no es imposible y menos bajo los mandos de uno de los caballeros de los banquillos: Quique Sánchez Flores. Pero el Espanyol pareció jugar a medio gas, sin forzar la maquinaria, como dando por buena una temporada magnífica de un equipo bien cuajado y que en un futuro cercano puede aspirar a grandes metas. Es posible que tuvieran la mente puesta en el próximo partido contra el FC Barcelona, reto que esperan cada temporada como agua de mayo. Para mí, el Espanyol tiene mucho encanto, quizá es por esos recuerdos de los 80 y el aroma a fútbol de antes que desprende incluso su nombre. También es que nuestro guitarrista, Mario Cobo, y Vero Boquete, capitana de la selección española, son pericos irredentos y eso ayuda a mi simpatía. Barcelona no es una ciudad que reparta sus aficiones futboleras casi al 50%, como sucede en la capital española entre el Madrid y el Atlético. La ciudad condal es casi por completo culé y ser aficionado del Espanyol tiene un poco de militancia de resistencia. También ser del Sporting tiene mucho de resistencia, pero no de la que se atrinchera tras una barricada, sino de la que se agarra con una sola mano al borde de un precipicio.

Colgado de un acantilado, se aferra a la Primera División y contempla el desastre desde arriba, casi sin fuerzas, herido y desesperado, defendiéndose de su propio desorden. El Sporting es un caos, no juega de memoria y las ocasiones se generan a base de cierta improvisación, ataques espontáneos de pundonor y unas pocas gotas de talento individual. Se generan ocasiones, pero no demasiado claras; parece que una vez que están cerca de la portería rival no tienen un mapa para poner la bandera del gol. El Espanyol llegó mucho menos a la portería de Cuéllar, pero sus disparos se fueron desviados por muy poco. En el descanso sonó “Livin’ on a Prayer”, de Bon Jovi, un temazo que habla de Tommy y Ginal, una pareja de clase obrera que lucha duro y con fe para salir adelante. Pero el trabajo no lo es todo. Ya pueden decir todos los jugadores y entrenadores del mundo en las ruedas de prensa que “hay que seguir trabajando”, que no es del todo cierto. Hay que trabajar más, por supuesto, pero sobre todo hay que trabajar mejor. En el mundo del rock, las bandas que ensayan mucho no necesariamente son las que mejor suenan. Hay otras que saben lo que quieren, toman nota de sus virtudes así como de sus limitaciones, y trabajan según esos parámetros con un enfoque claro. Poco se va viendo eso a lo largo de la temporada. Cuando terminó el partido, la lluvia cayó con más fuerza que nunca, pero sin que las nubes pusieran mucho interés en ello. El estadio vacío transmitía su pena y las escaleras de El Molinón, con las bolsas de basura negra amontonadas, invitaban a la tristeza. Afuera, los coches de policía emitían sus luces intermitentes y parecía que habíamos regresado de nuevo al invierno. Quedaba como único consuelo el olor de los eucaliptos que susurraba que este empate tal vez termine pareciendo una victoria.

Ejercer la autoridad

Osasuna – Sporting (El Sadar, Pamplona – 23.4.17)

Donde manda capitán no manda marinero. Eso habría que recordárselo a Rubi, que deja decisiones clave en mano de los futbolistas como, por ejemplo, el lanzamiento de faltas y penaltis. El modo asambleario entre los jugadores en este Sporting no ha funcionado. Aunque la democracia tiene sus ventajas, también presenta sus inconvenientes, ya que el candidato que sale elegido no siempre es el mejor preparado, sino el que maneja mejor los resortes de la comunicación o tiene más deseos de poder. Hemos de recordar que, en el Nuevo Testamento, cuando Poncio Pilatos deja a los judíos escoger entre Jesús y Barrabás para liberar a uno de ellos, como era costumbre en Pascua, éstos sueltan a Barrabás, un delincuente común. Los jefes están para algo. Y más cuando hay jugadores que no tienen desarrollado el sentido colectivo y están más pendientes de brillar personalmente, pensando en su próximo contrato, que en el Sporting. Que Burgui y Douglas tiren faltas cuando Cop lleva dos goles en esta suerte, es un lujo que el Sporting no se puede permitir. Douglas y Burgui, que se pasaron todo el partido haciendo la guerra por su cuenta, deberían ser conscientes de los puntos fuertes de un compañero; y si no son capaces de mirar por encima de su propio ego, es el entrenador quien debe mostrárselo. La autogestión funciona en caso de grupos con gran capacidad para ceder y ser generosos, y no parece que sea el caso de demasiados futbolistas. También Rubi estuvo, como casi siempre, lento y no demasiado certero en los cambios. Y muchos jugadores estuvieron por debajo de su nivel, el medio campo sigue sin existir y con dos delanteros fue cuando, por fin, se hizo gol.

Justo es reconocer que el gol había llegado antes (con Burgui) y pudo convertir otro penalti que le hicieron. La actuación arbitral fue una muesca más para la vergüenza de unos pseudoprofesionales con silbato y espuma que jamás pagan por sus errores, a los que no se puede criticar y que se conducen con una prepotencia que raya en la mala educación. Cada vez que leo un artículo de alguien que se manifiesta en contra de la introducción del WAR, siento que se da un apoyo implícito a los malos arbitrajes. Esa vieja guardia, inmovilista, legitima los errores y hace creer que son parte del fútbol, cuando muchos fallos -y decisivos- son evitables. Estas gentes argumentan que la ayuda a los árbitros terminará con la esencia del fútbol, pero eso es como decir que se está en contra de las pruebas de ADN porque se perdería la esencia de la justicia tradicional. Es urgente acabar con una serie de anomalías que alteran la competición. Pensemos que algunos equipos ganan ligas o descienden por un punto o dos que, en general, proceden de un penalti bien o mal señalado. También se afirma que, a lo largo de una Liga, los árbitros dan y quitan puntos, pero los colegiados no tienen que dar ni quitar, sino ayudarse de todos los recursos disponibles para que el resultado sea lo más justo posible. Ya es el fútbol un deporte bastante injusto como para añadirle elementos arbitrales que lo adulteren. Al  margen de los errores grandes, Gil Manzano desquició al Sporting como una gota china: poco a poco y durante mucho tiempo. Uno de los motivos más poderosos para no bajar a Segunda es que el nivel de los trencillas es aún peor. Lo puede confirmar el Real Oviedo, sometido también a desquiciantes arbitrajes. Aún queda tiempo y el arreón final confirma que aún hay marineros. Que se sume el Capitán.

Cantera

Muchas veces me pregunto cuál va a ser el legado que vamos a dejar los músicos de mi generación a los más jóvenes. Y es que todos caminamos sobre las huellas que otros nos dejan. Por ejemplo, yo aprendí de otros a cantar rock and roll en castellano, a cambiar cuerdas de guitarra o controlar el sonido de un amplificador. Mi generación se benefició de otros músicos que abrieron puertas y que con su machete quitaron la maleza para que en la selva de la industria musical, nosotros avanzáramos con más ventajas o no repitiésemos los mismos errores. Me gustaría que la gente que empieza en la música en la actualidad se encontrara con una situación mejor que la mía cuando daba mis primeros conciertos. El caso es que en Asturias, a una persona joven le va a tener más difícil ser músico que a mí hace dos décadas. En apariencia, la situación es mucho mejor. Hay escuelas, estudios de grabación y locales de ensayo que, en comparación con los de hace veinte años son un lujo. Pero, ¿de qué sirve todo eso si una banda joven o un cantautor no tienen garantizados que puedan actuar en un bar?  De nada, ya que se les coarta el crecimiento y la oportunidad de hacerse con un público propio anulando su futuro.

La Ley de Espectáculos del Principado que impide tocar en bares, lo que hace es cargarse la cantera, además de vetar un lugar de trabajo para muchos músicos profesionales. Negar a un artista que pueda tocar en bares es como impedir que un futbolista juegue en un campo de pequeño tamaño. Los bares son un tipo de recinto imprescindible en la música. Son ideales porque su aforo permite una interacción muy beneficiosa entre músicos y también con el público o los periodistas. Es en esa fragua donde se forjan a fuego lento los primeros espadas del futuro. Además, un buen circuito de bares de conciertos es positivo para todo el mundo: músicos, aficionados, escritores, hosteleros, medios de comunicación, la salud cultural de la ciudad y, por supuesto, vecinos que, además, necesitan que se les garantice el descanso. Se han recogido más de catorcemil firmas para cambiar esa ley. Si no se modificase, dejaremos a la cantera, a la juventud y a quienes viven de esas actuaciones, mucho peor que cuando nosotros empezamos. Y una sociedad no puede permitirse el lujo de caminar hacia atrás

 

Marshall

Ha muerto Jim Marshall a los 88 años de edad. Era el famoso constructor británico de unos amplificadores que definieron el sonido del rock. Sobre todo del rock de los setenta, ese rock sucio y poderoso derivado del blues rock que tuvo a Jimmy Hendrix y a Jimmy Page como principales protagonistas. Entre sus famosos usuarios están Kiss, Slash de Guns N’ Roses y hasta el guitarrista de la película Spinal Tap, cuando explica cómo su amplificador es mejor porque su tope de volumen no llega al 10 sino al 11 emplea esa marca. Jim Marshall había empezado tocando la batería y fue profesor de ese instrumento (el batería de la Experience de Hendrix entre sus alumnos). Tuvo una tienda de instrumentos especializado en baterías, y el trato que daba a sus clientes era tan cercano que los guitarristas también empezaron a ir a por su material. En aquella época, a los músicos de rock se les miraba con desprecio en las tiendas de música. Cuando yo era joven, en las tiendas de música –y a veces de discos- si no eras muy conocido o no te dejabas un pastón, las jerarquías se dejaban sentir: no eras bienvenido. Había excepciones, Musical Marcos (Oviedo) o Musical Norte (Gijón) que te abrían sus puertas como si fuera su casa. Así que en Londres, con Marshall tuvieron alguien en quien confiar. Y a quien pedir lo que necesitaban.

Llegó la guerra del volumen: Pete Townshed de los Who quería una pantalla de amplificación con ocho altavoces de doce pulgadas cada uno. Se trataba de aplastar al público con el volumen. Marshall, viendo que eso sería imposible de transportar, le hizo dos pantallas de cuatro altavoces cada una. Se podían poner juntas. Después llegaron bandas que cubrían todo el fondo de escenario con esas famosas pantallas. Pero en el volumen estuvo también el fallo de Marshall: una de las peticiones más habituales a la empresa era que se pudiera conseguir el sonido clásico de Marshall con mucho menos volumen. De hecho, mi Marshall JCM 800 me lo revendió Jonte de Queen Bitch por su excesivo volumen. Demasiado para bares y locales de ensayo. El otro problema de los Marshall es que los nuevos modelos sonaban cada vez peor. La única grabación que hice con pantalla Marshall fue con una de 1972. Pero lo magistral es ver cómo la tecnología define y ayuda a crear un sonido. Y una cultura.