Disfruta

Has tenido la suerte de nacer dentro del 20% de la población mundial que dispone de agua corriente y potable. Sólo por haber nacido en este país, podemos ir a una biblioteca y leer en su idioma original una maravilla como “Últimas tardes con Teresa”. O ir al Museo del Prado y rodearnos de belleza por menos de lo que cuesta un cubata y, los domingos, gratis. La Colegiata de Toro, los poemas de Lorca y las Cantigas de Alfonso X el Sabio. El olor del salitre, la sombra de los magnolios, el frescor de los estanques y el canto de los pájaros, la luna guiñándote un ojo y los buenos días de un vecino amable; todo eso merece la pena. El ser humano lleva demasiados siglos demostrando que es un pedazo de basura, pero también es capaz de regalarte el allegretto de la 7ª Sinfonía de Beethoven y los cielos ensangrentados de “Duelo al Sol”.

Ese patrimonio está ahí, para ti y para mí. La voz de Sinatra, la guitarra de Slash o el piano de Dr. John; si hay algo de lo que pueda presumir la segunda mitad del siglo XX es de que la belleza se ha democratizado y cualquiera  puede escuchar el Miserere de Allegri. No somos conscientes de lo que supone este avance. El Miserere no podía ser interpretado fuera de la Capilla Sixtina bajo pena de excomunión, pero Mozart, con su oído superdotado, logró memorizarlo y escribirlo en una partitura. Se ganó la orden de la Espuela de Oro por su hazaña y, gracias a él, podemos disfrutar de una obra que, antes, sólo estaba al alcance de muy pocos. Como el agua o la educación. Que lo bueno siga siendo de todos.

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