En el número de Abril de este año de la revista Rock Estatal, Igor escribió un artículo titulado “El Arte de Mentir”, y aquí va:
¿Es necesario haber tenido una vivencia antes de escribir una canción sobre ella? Creo que no, no hace falta que los autores hayan vivido lo que cantan porque el oyente no necesita que las canciones sean verdaderas sino verosímiles. Por ejemplo, Bruce Springsteen no estuvo en Vietnam, pero cuando escuchas “Born in the USA” sientes que te habla un veterano que ha vuelto de Hanoi, y Chuck Berry no había ido demasiado a clase pero, en “School Days”, describe la experiencia escolar con una brillantez que permite a cualquier adolescente identificarse sin problema con sus palabras. Nick Cave se convierte en un condenado a la silla eléctrica en “The Mercy Seat” y David Bowie se pierde en el espacio en “Space Oditty”: ambos transmiten esas experiencias de modo sobrecogedor sin haberlas vivido. Como mi talento no es tan grande como el de esos dos compositores, me veo obligado a emplear la sinceridad como fuente de inspiración. Envidio mucho la capacidad de Berry o Bowie para relatar esas historias y creo que ellos sí son autores de verdad. Yo, en cambio, no soy un creador en el sentido estricto de la palabra, porque no “creo” sino que “recreo” lo que sucede en mi vida. Ojalá pudiera hacer como Lewis Carroll, que se inventó “Alicia en el país de las maravillas” dando un paseo en barca, o como García Márquez, que ideó todo un mundo desde su habitación. Algunos compañeros de profesión admiran que mis discos sean tan autobiográficos, pero yo sé que es una enorme limitación para mi música. Me pregunto qué es lo que sucederá cuando ya no me pasen cosas interesantes y no sea capaz de escribir líneas dignas de ser cantadas. Cuando llegue ese momento espero haber mejorado mucho como autor o tendré que abandonar mi carrera de compositor.
En cambio, en mi vida soy el mejor actor actor del mundo. Sé emplear todo tipo recursos interpretativos para cualquier situación y un día me darán un Oscar, lo juro. Toda la dosis de verdad que pongo en mis canciones, la añado de mentira en la vida real. Disfruto de una existencia plena y hermosa gracias al engaño al que he sometido a quienes me rodean. Fui aprendiendo esos trucos desde pequeño, cuando comprobé que el día a día era mediocre y que, si quería ser feliz, iba a tener que decorar con intensidad los desconchones de una vida demasiado fea para un esteta como yo. Casi toda mi existencia ha sido un camino para dominar ese Arte de mentir que tanto necesito para que mi paso por este mundo sea digno y bello. Gracias al dominio exquisito de la mentira he conseguido que los demás me vean como un ser mucho más interesante e inteligente de lo que realmente soy y que cualquier profesor que me haya dado clase esté convencido de que probablemente me darán el Nobel. Soy un maestro en poner adjetivos sobre mí mismo. Por ejemplo, todo el mundo cree que soy alto, pero no es más que una ilusión porque ni siquiera llego al metro ochenta. Si se hiciera una encuesta a mis antiguas amantes sobre el tamaño de mi pene, la mayoría diría que es grande, bastante grande, pero mi polla es bien normalita, medida común, sin excesos. Y es que he llegado a dominar el Arte de mentir de tal manera que creo que mi mejor obra de arte soy yo mismo. Aquí me tienen, un mediocre con una belleza corriente pontificando sobre todos los temas y, por supuesto, pareciendo más guapo de lo que es. Como un camaleón, escogí como mi mejor camuflaje el disfraz del descaro del rock: lo dicho, un artista
En resumen, mi vida es mentira y mi arte verdad. Pero ¿cómo puede ser verdad una canción que se basa en una vida que, en esencia, es falsa? ¿No será que, inconscientemente, miento en mi vida para solucionar mi falta de imaginación para hacer canciones? A estas alturas ya no lo sé. La tela de araña que he tejido para alimentar mis discos (y mi vida) se ha enredado confundiendo lo natural y lo artificial de tal forma que ahora no puedo librarme de esta trampa. Preferiría ser la Alicia de Carroll, vivir en el Macondo de Márquez o gritar como el ex-combatiente de Springsteen porque son personajes tan bien construidos que son más reales que yo mismo. Ellos permanecerán vivos a lo largo de los años mientras yo corro el riesgo de desaparecer en mi propio disfraz. El buen arte es tan grande que es inmortal y por eso Hamlet o Sancho son más persona que yo. Estoy perseguido por la irresoluble cuestión de la naturaleza veraz o engañosa de mi vida y mi arte. Necesito aclararme con urgencia. La respuesta: en mi próxima canción.















La realidad es el disfraz mejor impostado para todo aquel que se autoerige en el actor de sus propios desvelos.
No pasa nada por mirar arriba y ver al mito… nosotros te vemos a ti.
Un saludo Igor, ahi estamos.
No tenés idea de lo identificado que me sentí con este texto.
Te lo dice alguien que hace años se perdió dentro de su propio disfraz, al punto de ya no ser capaz de distinguir que parte del mismo es real y que parte una construcción.
Salu2 desde “La Muy Fiel Y Reconquistadora”
ROCKER