En una entrevista en el País Negocios, decía Carlos López (ex-Sony-BMG) que no somos conscientes del valor mercantil que tiene exportar o vender cultura. Gracias a la poderosa industria cultural y del entretenimiento de EE.UU. (con Hollywood a la cabeza), nos hemos creído el estilo de vida de un país y hemos terminado pasando por caja y comprando sus bienes. Lo vimos en los Juegos Olímpicos de Londres, cuando exhibieron con orgullo a sus ídolos musicales o hicieron el guiño a Monty Phyton. Rajoy, que, como todos sabemos, es un empresario visionario y apoya a los autónomos, ha subido el I.V.A. de todo, todo, absolutamente todo, hasta un 21% aunque no ha dejado claro en cuánto deja “los chuches” de los niños. Eso sí, el I.V.A. del fútbol no supera el 10% porque es un bien necesario y, además, no hay que enfadar a Florentino Pérez, que compró a Cristiano Ronaldo con el dinero que CajaMadrid (luego Bankia) le prestó.
Desde las noticias nos explican que la culpa de todo la tiene la gente, porque ha vivido por encima de sus posibilidades y, ahora, con nuestro dinero, hay que salvar a los bancos y antiguas cajas que, a cambio, nos dejan sin crédito para emprender, sin vivienda para nuestras familias y sin obra social para los más necesitados. El mensaje tenebroso que se esconde detrás de la bruma informativa es claro: si desfalcas, tendrás una amnistía fiscal; si quieres educación, te la pagas, y si tienes un hijo discapacitado, te jodes. En resumen, que seamos una pandilla de cabrones insolidarios como ellos. Recuerdo con rabia aquella frase de Kortatu: “como ves, mi guitarra no dispara, pero sé a dónde apunta, aunque no veas la bala”. La bala con I.V.A. por supuesto.















