Anda llorando Vargas Llosa porque, según él, la cultura se ha banalizado y ahora todo es espectáculo. Le molesta que la gente no tome en serio a los intelectuales, pero de eso ya se quejaba Ortega y Gasset en la “Rebelión de las masas” a finales de la década de los ‘20. Se creen elegidos y, cuando la estúpida e inferior masa no les hace caso, se lamentan. Algo de culpa tendrán, digo yo. O es que quizá no son tan listos como creen. De hecho, las ideas políticas de Vargas Llosa no son tan distintas a las de un espectador de “Sálvame” o una iletrada como Esperanza Aguirre. Pregunta el Premio Nobel: “¿Es lo mismo Woody Allen que Buñuel?”; se refiere a si tienen el mismo valor estético. Y yo digo: sí, sin duda. Ambos son maestros en lo suyo. También arremete contra Damien Hirst y dice que prefiere la Capilla Sixtina. ¡Joder, y yo! Pero en la época de Miguel Ángel no todo era tan excelente, igual que ahora no todo es Hirst.
Personalmente, detesto a Lady Gaga, pero es posible que la esté juzgando según el baremo equivocado. ¿Alguien ha escuchado los casi quinientos conciertos de Vivaldi? Son repetitivos y cansinos hasta la náusea excepto las “Cuatro Estaciones”. Por no hablar de Wagner, al que le sobra el 80% de lo que compuso. No soy un relativista, pero los valores absolutos suelen responder a un código impuesto por algún tipo de poder, por alternativo que éste parezca. Dependiendo de los criterios, puede tener más encanto Marta Sánchez que la impostura de Christina Rosenvinge o las melodías pegadizas de El Canto del Loco antes que algo tan pretencioso como The New Raemon. Don’t believe the hype!
















me mola tu criterio! a ver cuando publicas “nuevo cine español” en disco, espero que no se quede fuera!.bueno, es una sugerencia…
Cuanto menos atrevido, todo lo que leo…