Después de unos días de intenso trabajo, ya estamos terminando la grabación del nuevo disco de Loquillo. Cuando dentro de unos meses vea la luz, empezaremos una larga gira para promocionarlo por una España que se cae a pedazos y una América que es el último refugio del rock. El disco, aún sin título definitivo, serán diez canciones de Sabino Méndez, el mítico compositor de los éxitos de la primera época de Loquillo. Esto no significa que haya un regreso al sonido de esos años, todo lo contrario, huimos de esa época como de la peste. Méndez es un compositor muy particular y sus canciones que, posiblemente no pasarían el corte para ningún otro artista de mediano éxito, cobran una fuerza inusitada cuando las interpreta Loquillo.
Ahí reside el secreto del Loco: él ve oro donde otros sólo ven barro. De hecho, Loquillo me fichó para Trogloditas después de haberle teloneado con mi antigua banda y haber tenido que abandonar el escenario bajo los abucheos de su propio público; en el insulto él adivinó un aplauso encubierto. Esa es la grandeza del rock, que lo anormal puede convertirse en lo habitual.
Así que con las maquetas de Sabino como punto de partida, convertimos el estudio en un laboratorio de rock y tratamos de enfocar las canciones desde distintos puntos de vista para extraerles el alma y que, además, presenten registros diferentes dentro de un bloque homogéneo. Por las mañanas, que es cuando más frescos estamos, nos ponemos a debatir y a fijar unos parámetros sobre los que movernos. Se parece mucho a la charla técnica que reciben los futbolistas antes de un partido y es que, si quieres que todos jueguen bajo mismo sistema has de llegar a un entendimiento previo. Por lo general, los grupos cuando ensayan, suelen tocar lo que les dicta las manos y no lo que les sugiere la cabeza, es decir, triunfan los automatismos sobre la voluntad. Para hacer la grabación más interesante y estimular a la banda, excepto Jaime y yo, nadie ha escuchado las maquetas en su casa, así que saltamos sin red hacia nuestro próximo disco pero con la seguridad absoluta del que confía en la química invencible de esta banda.
No disponemos de demasiado tiempo porque después del último día reservado en el estudio tenemos varios conciertos. Así que una vez que decidimos hacia donde llevar la canción y decidimos el tono para el Loco, la grabamos en dos o tres tomas. Él llega a media tarde, a veces, incluso más pronto, algo raro en él porque odia los estudios de grabación, pero en este caso, dado el buen ambiente y por lo bien que estan saliendo las cosas, nos apetecía estar todos juntos. Cantó muy rápido, con pocas tomas, como si la gira de teatros le hubiera convertido en mejor cantante de rock.
Jaime Stinus, nuestro guitarrista, hizo de productor y coordinó a una banda heterodoxa como pocas. Nuestro batería, Laurent Castagnet, francés de 46 años, ha tocado con los más grandes, Miguel Ríos incluido, y es puro groove, adora el jazz y el rap. El bajista, Alfonso Alcalá, granadino de 28 años, puede presumir tanto de sus conocimientos sobre Lorca como de haber tocado con Fernando Alfaro, el abuelo del indie español pero, afortunadamente, hemos recuperado a este gran bajista para el rock. Santi Comet, maño de 41 años pero que aparenta diez menos, rozó el disco de oro con su propio proyecto, Los Peces, y también ha tocado para Josele Santiago. A los tres guitarristas nos llaman el Comando Donosti porque curiosamente hemos nacido los tres en la ciudad de Arconada y Chillida. Josu García, de 46 años, ha producido más de 150 discos al lado de Alejo Stivel y me sustituyó en la gira de teatros que yo no hice cuando estaba presentando mi disco en solitario y encajó tan bien en el grupo que se quedó como tercer guitarrista. Jaime Stinus, 58 años, donostiarra de Gros, compuso “Caperucita Feroz” el gran éxito de la mejor época de La Orquesta Mondragón y fue el fundador de Brakamán, la primera banda de glam que hubo en este país y, oh! qué casualidad, yo fundé Babylon Chàt, la última. Somos principio y fin, como la cruz de la bandera asturiana. Y nos acompaña en este viaje, además visitas de la compañía, abogados y managers, un técnico impecable, Haritz Harreguy, de los estudios HiGain de Usurbil que ya trabajó con nosotros en la grabación de “Balmoral”.
“Balmoral”, fue un disco muy alabado, que recibió una nominación a los Grammy latinos y que fue elegido el décimo mejor disco de rock español de todos los tiempos por la Rolling Stone española y encima, cosa extraña, vendió bastante bien. Sin embargo, no sólo me gusta más este disco sino que lo siento más mío. Eso es curioso porque escribí un buen puñado de canciones para “Balmoral” y ninguna para este nuevo pero es que en el rock, como ya he dicho, la lógica no sirve de nada. Al terminar la tarde escuchamos el trabajo del día y tratamos de salir justo para ver un partido de la Eurocopa, así que los bares cercanos están muy contentos con nosotros. El disco, por cierto, se publicará en noviembre. Un mes después, el día de mi cumpleaños, se cumplirán diez años desde que entré a tocar con Loquillo. Ya veremos cómo celebramos el día que el rock and roll conquistó mi corazón.
















