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Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Rayo Vallecano 1 – Sporting 1 (Estadio de Vallecas, Madrid –  22.10.17)

El Sporting sigue viviendo en su noria particular, en un eterno retorno constante, una repetición casi calcada de partidos anteriores: una brillante primera parte, una segunda más floja con cambios poco atinados y un portero salvador. Y, claro, la afición, que nunca falla. No nos olvidemos del rival, que también juega. Y el Rayo empujó. El guión parece escrito por unas manos traviesas que juegan con el Sporting y les hacen creer, primero, que pueden ganar, pero después, una voz paralizante les explica que también pueden perder. Así, vemos que se empieza con ganas, con intensidad y presión. Hay calidad y se demuestra. Pero en las segundas partes el Sporting se vuelve más timorato. ¿Es sólo una cuestión de mentalidad? La forma expresa el fondo, pero el fondo también condiciona la forma. Dependiendo de qué forma se escoja, el espíritu rojiblanco es uno u otro. Así que, mientras Michael Santos tuvo energía suficiente, el rival se vio amenazado por el charrúa. Este estilete único se fajaba, remataba y volvía loca a la defensa del Rayo. Santos tiene algo muy especial y, pese a que el Sporting no estaba creando mucho juego, al menos, sí defendía bien, presionaba y estaba ordenado. Pero cuando a Santos se le acabó la energía y dio síntomas de agotamiento, poco a poco el Rayo se veía menos amenazado y fue creciendo. La idea de Herrera fue anular la acumulación de hombres del Rayo por el medio con más jugadores. Cinco defensas. No todos defendían con la misma solvencia. Pero funcionó, relativamente. Lo que ya fue más dudoso fue el resto de los cambios. Santos, que según pasaba el partido iba mostrando un creciente cansancio, hubiera necesitado un acompañante. Tuvo a Carlos Castro. Y luego él mismo fue sustituido por otro punta, Viguera. Ambos poco efectivos, por desgracia. Cuesta entender las razones por las que a Stefan le dejaron en el banquillo. Comprendo que el planteamiento inicial fuera tener más velocidad, algo que el serbio no da. Pero hay que recordar todo lo que aporta Stefan al juego, al margen de que haga más o menos goles. Si hay alguien que sepa conservar el balón en el Sporting es él. No lo pierde con facilidad. Supongo que Herrera quiere tener a todos los jugadores contentos o repartir minutos entre la plantilla. Si no, es inexplicable entender por qué Stefan no ha jugado. Así que, de pronto, el Sporting se vio jugando con cinco defensas de los cuales sólo defendían cuatro (y, a veces, tres) y sin delanteros, porque ni Castro ni Viguera tuvieron su día. Si a eso se le suma que no había un organizador claro, se quedaba el Sporting a merced del enorme trabajo de Sergio y Bergantiños, brillantes durante todo el partido. Y todos los caminos terminan llevando a Mariño, que evitó el retorno a Gijón sin puntos. Así que la impresión que uno tiene después de ver un partido así es que el Sporting no termina de encontrar su sitio un peldaño más alto, pero tampoco pierde el que tiene. Se mueve a golpes de inspiración (Mariño y Santos) y de sudor (Sergio y Bergantiños). No termina de crecer, pero tampoco se viene abajo. Hay momentos de mejora, de buen juego, pero se depende demasiado de chispazos de algunos jugadores y de las virtudes de un portero que vuela muy alto. El Sporting está en la misma situación que tantos y tantos estudiantes: son listos, prometen y van aprobando más o menos con cierta fortuna, pero se espera más, mucho más de él. Para aprobar el examen final.