Cuatrocientos

No me lo puedo creer, pero ya llevo 400 artículos escritos para El Comercio en Rugidos de Gato. Comencé a escribir aquí el mismo año que murió Michael Jackson. Pasa el tiempo y Michael Jackson sigue siendo noticia: genera más dinero muerto que vivo. Ese mismo año, además, Ricky Martin salió del armario; pasa el tiempo y ningún futbolista lo ha hecho. 400 artículos dan para mucho, pero aún no han sido suficientes para lograr comprender y descifrar algo de este mundo apasionante y enigmático que es la música. Así que todavía trato de arrojar algo de luz sobre artistas que me gustan y creo que merecen una escucha u otros que, quizá instalados en pedestales desde hace mucho, haya que oírlos de forma distinta y verles los pies de barro. Pero lo que más me apasiona no es fijarme tanto en los artistas, sino en nuestra forma de relacionarnos con ellos, en la manera de escucharlos y apreciarlos. Porque la clave de la música no está en el músico sino en nosotros, en cómo sentimos y escuchamos esas canciones. Por ejemplo, la razón de que una canción signifique cosas distintas para varias personas, dice casi más del oyente que del cantante. A lo largo de estos 400 también he escrito mucho sobre cómo se nos vende la música, sobre su envoltorio. Por eso han sido temáticas muy variadas, como el tratamiento que se le da a la música negra en la radio del Reino Unido, o por qué surgió el estilo musical Turbo-Folk en Serbia, o las razones que llevaron a un músico a componer un Adagio y atribuírselo a un músico fallecido hace siglos (Albinoni). No suelo comentar apenas conciertos, aunque escribí alguna vez sobre alguna ópera ya que, como no soy especialista, creo que ofrecía un punto de vista distinto. Sí que he tratado, en cambio, de informar sobre películas o documentales musicales. Disfruté muchísimo escribiendo una serie de artículos hablando de los aspectos menos visibles de la gira del año pasado con Loquillo. Fue una manera de poner en valor a todos los que trabajan en el menudo del espectáculo y no se ven. Y también hubo tiempo para confirmar, no sólo la vigencia de Tino Casal, sino el nacimiento de una nueva estrella en Asturias, Rodrigo Cuevas, que va muy en consonancia con la filosofía de esta columna: maullido local, pero rugido global.