Ejercer la autoridad

Osasuna – Sporting (El Sadar, Pamplona – 23.4.17)

Donde manda capitán no manda marinero. Eso habría que recordárselo a Rubi, que deja decisiones clave en mano de los futbolistas como, por ejemplo, el lanzamiento de faltas y penaltis. El modo asambleario entre los jugadores en este Sporting no ha funcionado. Aunque la democracia tiene sus ventajas, también presenta sus inconvenientes, ya que el candidato que sale elegido no siempre es el mejor preparado, sino el que maneja mejor los resortes de la comunicación o tiene más deseos de poder. Hemos de recordar que, en el Nuevo Testamento, cuando Poncio Pilatos deja a los judíos escoger entre Jesús y Barrabás para liberar a uno de ellos, como era costumbre en Pascua, éstos sueltan a Barrabás, un delincuente común. Los jefes están para algo. Y más cuando hay jugadores que no tienen desarrollado el sentido colectivo y están más pendientes de brillar personalmente, pensando en su próximo contrato, que en el Sporting. Que Burgui y Douglas tiren faltas cuando Cop lleva dos goles en esta suerte, es un lujo que el Sporting no se puede permitir. Douglas y Burgui, que se pasaron todo el partido haciendo la guerra por su cuenta, deberían ser conscientes de los puntos fuertes de un compañero; y si no son capaces de mirar por encima de su propio ego, es el entrenador quien debe mostrárselo. La autogestión funciona en caso de grupos con gran capacidad para ceder y ser generosos, y no parece que sea el caso de demasiados futbolistas. También Rubi estuvo, como casi siempre, lento y no demasiado certero en los cambios. Y muchos jugadores estuvieron por debajo de su nivel, el medio campo sigue sin existir y con dos delanteros fue cuando, por fin, se hizo gol.

Justo es reconocer que el gol había llegado antes (con Burgui) y pudo convertir otro penalti que le hicieron. La actuación arbitral fue una muesca más para la vergüenza de unos pseudoprofesionales con silbato y espuma que jamás pagan por sus errores, a los que no se puede criticar y que se conducen con una prepotencia que raya en la mala educación. Cada vez que leo un artículo de alguien que se manifiesta en contra de la introducción del WAR, siento que se da un apoyo implícito a los malos arbitrajes. Esa vieja guardia, inmovilista, legitima los errores y hace creer que son parte del fútbol, cuando muchos fallos -y decisivos- son evitables. Estas gentes argumentan que la ayuda a los árbitros terminará con la esencia del fútbol, pero eso es como decir que se está en contra de las pruebas de ADN porque se perdería la esencia de la justicia tradicional. Es urgente acabar con una serie de anomalías que alteran la competición. Pensemos que algunos equipos ganan ligas o descienden por un punto o dos que, en general, proceden de un penalti bien o mal señalado. También se afirma que, a lo largo de una Liga, los árbitros dan y quitan puntos, pero los colegiados no tienen que dar ni quitar, sino ayudarse de todos los recursos disponibles para que el resultado sea lo más justo posible. Ya es el fútbol un deporte bastante injusto como para añadirle elementos arbitrales que lo adulteren. Al  margen de los errores grandes, Gil Manzano desquició al Sporting como una gota china: poco a poco y durante mucho tiempo. Uno de los motivos más poderosos para no bajar a Segunda es que el nivel de los trencillas es aún peor. Lo puede confirmar el Real Oviedo, sometido también a desquiciantes arbitrajes. Aún queda tiempo y el arreón final confirma que aún hay marineros. Que se sume el Capitán.