El ADN del Sporting

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Alcorcón 0 – Sporting 0
(Santo Domingo, Alcorcón – 19.8.17)

El gran Sporting del ascenso y de la permanencia se diluyó la temporada pasada como un azucarillo. De pronto, jugadores que prometían, dejaron de ser promesas, jugadores que jugaban dejaron de jugar, y los que se fueron, dejaron de ser titulares en otros equipos. Y aquella vieja unión de vestuario dio muestras de agitamiento y mostró fracturas, como si el alma comunal se hubiera roto. Ya nada volvió a ser lo mismo y un veneno mortal se instaló en el equipo, fulminando todas sus ilusiones. Sólo el oxígeno aportado por la afición dieron vida al Sporting en un año terrible. El tiempo de los héroes en el Olimpo del fútbol parece que sólo queda reservado al Eibar y el Leganés. El Sporting tiene que volver a escribir sus páginas esforzándose en la caligrafía, porque lleva mucho tiempo manchando su libro de oro con la tinta del desatino.

El inicio del campeonato me cogió por sorpresa. Nada más terminar la temporada, me olvidé del fútbol y, excepto el Europeo femenino, me desconecté por completo. No quise saber nada de los millones, los fichajes, los amistosos de pretemporada, la súpercopa en cualquiera de sus modalidades y demás noticias de verano que tienen más que ver con la sección de sociedad que con la de deportes. Además, inmerso en un verano intensísimo de gira, concierto tras concierto, mi tiempo mental dedicaba el fútbol sólo algunas lecturas sobre deporte, ideales para largos viajes. Sin demasiada ilusión, pero sin escepticismo, es decir, sin expectativas de ningún tipo, afronté el primer partido de esta nueva etapa que, de tan repetida, ya no tiene nada de novedosa. La máquina de sueños rojiblanca se ha vuelto una fábrica de pesadillas y, si uno quiere conservar la cordura y la estabilidad emocional, debe acercarse al Sporting con un chaleco antibalas en el corazón.

En Santo Domingo ya se han visto algunas cosas, buenas y malas. El equipo aún no funciona como una máquina, algo lógico a estas alturas, pero cae en el mismo error que en temporadas pasadas: el exagerado número de imprecisiones en el pase. Da igual quien juegue, parece que va en el ADN del Sporting pasar mal el balón. Entre las buenas noticias: el guardameta y los dos centrales. A partir de esos pilares se puede construir un equipo. Los cimientos fundamentales están preparados, ahora falta hacer el resto del edificio. Otra buena noticia es el regreso de Stefan, el hijo pródigo. Siempre pensé que triunfaría en un equipo medio de Primera División porque tiene condiciones de sobra, pero el fútbol es cruel y el éxito depende de muchísimos factores que no siempre dependen de uno mismo. Volvió a demostrar su talento, la inteligencia en sus movimientos y, además, añadió trabajo. Si estaba demasiado aislado no era culpa suya. Stefan no entendió su cambio en el minuto 60 y yo tampoco. Espero que no comencemos de nuevo con los cambios incomprensibles: con Rubi ya tuvimos bastantes. Pero quedan varios interrogantes. El primero es Lora, que, igual que sucede con Kevin en la Real Sociedad, convierte su zona en un coladero. La temporada pasada, los laterales fueron como las Ardenas para los alemanes en la Segunda Guerra Mundial: un paseo por el que se perdió todo lo ganado en otros frentes. Pero también es cierto que el año anterior, Canella comenzó fuera de forma, casi en modo ex futbolista y, poco a poco, se fue entonando hasta alcanzar un nivel muy aceptable. Lo mismo sucede con otros jugadores que aún tienen que encajarse como piezas en un puzzle. De momento, dudas, esperanzas y, sobre todo, anestesia emocional por si acaso nos lo quieren volver a romper.