El jazz y La Guardia Civil gallega

POPULAR 1 Enero 2012

Estábamos en el tramo gallego de la gira de “Equilibro Inestable” y hacíamos tres conciertos. Al primero íbamos sólo Ángel Miguel y yo, en el Maeloc de A Coruña, un lugar lleno de brío y vida que nos deparó una noche tan interminable y borrosa como divertida. Es imposible aburrirse en Galicia, sus gentes peculiares proporcionan siempre momentos inolvidables. Ese concierto merece un capítulo aparte, de hecho, porque los distintos protagonistas (Tanxencias, Pepe Pülsar y demás, son personales de película). Después de ese primer concierto, a los otros dos ya íbamos la banda entera. Antón (bajista), el enorme Antón en todos los sentidos (y por lo visto son todos…), iba conduciendo con ese gusto que tienen algunas personas por coger el volante y no soltarlo. Sonaba John Coltrane. Cuidado, no siempre escuchamos jazz en la furgo. Hemos vivido momentos con Frank Zappa, pero también hemos llegado a disfrutar a Mocedades, en estado más etílico (aquí Antón ya no conducía), pero, vamos, que estamos bastante abiertos a cualquier sonido que nos anime la existencia. En una de esas carreteras gallegas que no sabes si llegarán a algún lado atronaba “Blue Train” de Coltrane. El motivo principal de ese tema es una pregunta de cinco notas a la que sigue una respuesta de dos notas iguales. Esas últimas dos notas eran acentuadas por Antón con el claxon y, curiosamente…¡Armonizaba! El propio Antón llegó a identificar el intervalo de las notas de Coltrane y el claxon. Sonaba de maravilla. El resto de la banda iban también asombrados del maridaje entre la creatividad del maestro y la expresividad sonora del monovolumen. Ángel Miguel, guitarrista, estaba realmente descojonado, pero no más que Jandro, el ilustre batería cuyo padre nos había cedido la furgoneta esos días (su padre, Pifi, es, por cierto, un bajista muy reconocido en Asturias). Antón conducía acompañando esas dos notas con el claxon, sin que nos diéramos cuenta de que delante iba un coche de la Guardia Civil. Y pasó lo que tenía que pasar.

De pronto, sin comerlo ni mucho menos beberlo, estábamos en la cuneta dando explicaciones a dos gallegos beneméritos de porqué íbamos pitando. Muy tranquilos explicamos la versión de Coltrane que, además, era la verdadera, pero, sobre todo, intentamos hacerles ver que no estábamos burlándonos de ellos. Y todo con mucha seriedad, porque lo que menos nos apetecía era que, al ver que éramos un grupo de rock, se pusieran a registrarnos la furgo y nos hicieran perder un tiempo precioso. Al final nos dejaron marchar, porque la historia era tan convincente y real que no tenían argumentos para retenernos. Pudimos llegar a tiempo a la prueba de sonido siguiente, pero Antón se abstuvo de volver a ser creativo con su claxon. A mi inestable banda les invito a brindar por el Día Internacional del Jazz. Y por la Guardia Civil.