El Loco desde dentro

Igor&LoquilloHace años, después de cada concierto, hacía una crónica. Se llamaban “Troglocrónicas” y algunas aparecieron en mi libro “El Arte de Mentir”. Poco a poco, mi vida fue llenándose de cargas, un doctorado, hijos, una carrera en solitario, libros, columnas… y el tiempo se hizo escaso, las redes sociales redujeron la distancia que había entre el artista y el fan y dejé de hacerlas. Pero, con motivo de nuestro próximo concierto en Gijón, retomo la idea.

Barcelona: Calor. Sol. Humedad. Estamos en el 99% Burguer Motobar para grabar un programa de televisión. El dueño de la hamburguesería, Jordi Bou, fue nuestro tour manager hace años y ahora vive, alejado de la carretera, una vida más saludable y honrada. El Loco aparece puntual, acompañado de dos amigos de lo más dispar: un viejo Teddy Boy de su pandilla de juventud y el exbaloncestista Roger Esteller. Comemos de primera mientras de fondo suena Billy Fury. Un lujo. Cuando llega Stinus probamos la canción que vamos a grabar y sale a la perfección. Después, un coche nos lleva hasta el hotel, pero no dura mucho el descanso. Bunbury actúa esa misma noche y ha invitado al Loco a cantar un viejo tema de Gabriel Sopeña, “Apuesta Por El Rock And Roll”. No es un mal plan. Nos encontramos con Bunbury en el Sant Jordi y pasamos un buen rato, pero en cuanto el Loco y Enrique comienzan su conversación más privada, les dejo a su aire. Hace tiempo que no se ven, ya que Enrique vive ahora en Los Ángeles. El concierto es sólido y el repertorio va ganando a medida que avanza la actuación. Cuando sale, el Loco se lleva una ovación en plan mesías. Los dos están francamente bien, Enrique es muy buen frontman pero, cuando aparece Loquillo, te das cuenta de que es el carisma hecho persona. Tras el concierto, salimos por Barcelona a reencontrarnos con los viejos amigos y recuperar olvidadas sensaciones nocturnas.

Orense: Avión por la mañana y sin resaca. Habría que hacer un estudio de las resacas, porque a veces, con apenas cuatro sidras, te quieres morir y, otras, abrevas hasta el amanecer y estás perfectamente… Resulta increíble que el ser humano haya llegado a la luna, inventado la guillotina, el sofá o el fútbol, pero aún no haya dado con un remedio eficaz contra la resaca. En fin. En el aeropuerto llevo puesta mi flamante nueva chaqueta. Salgo con ella en mi último videoclip, “El Arte de Mentir”, y, como me confunden con un piloto, me dejan pasar sin hacer cola. El Loco no da crédito. Yo tampoco. En el aeropuerto de A Coruña Felipe, el conductor de esta gira, nos viene a buscar. A medio camino, comemos en uno de esos sitios que sólo conoce Jaime Stinus, nuestro guitarrista y productor. Fue miembro de la Mondragón a principios de los ’80, el compositor de “Caperucita Feroz” y el primer guitar hero español, una bestia. Nos da lecciones a todos con 60 años pero, como buen donostiarra, es un sibarita de cuidado y su cerebro es un archivo de restaurantes de primer orden. No hacemos prueba de sonido y tocamos tarde. Es el festival Derrame Rock. Cuando llegamos al recinto están Barón Rojo sobre el escenario. Suenan muy bien. Saludo a Gorka, su bajista, casi clavado a Steven Adler, primer batería de los Guns ‘N’ Roses, con los que ha llegado a tocar. El concierto es puro rock y está lleno de gente joven. Terminamos y me voy a la zona VIP a tomar algo con Enrique Granda, organizador del festival, asturiano de la cuenca y viejo conocido desde hace muchos, muchos años. Esa noche sería muy larga. Galicia calidad.

Arroyomolinos: Esta vez sí hacemos prueba. Además, el Loco quiere que toquemos “Por Amor”. Como sólo hacemos un ensayo general por gira, cada vez que quiere meter algo nuevo empleamos las pruebas de sonido para armar canciones. Hay temas de tantas épocas que no es sencillo darles un toque homogéneo, y hay que probar distintas opciones hasta que damos con la clave. Después hay que esperar a que el Loco dé su aprobación. Aunque “Por amor” nos sale bien, deseo que no entre en el repertorio de esta noche. Media hora antes de de salir a escena, el Loco entra en el camerino y se pone tan pesado, pero tan pesado, que incluímos la canción dichosa. Y encima terminó siendo la que mejor nos salió.

Segovia: Después de un día libre en Madrid, que cada uno emplea de la manera más oportuna e inconfesable posible, Segovia es otra cosa. Qué maravilla. Unos bajan a comer a la ciudad, otros quedamos en el hotel, y el partido de la selección se ve, por supuesto, en mi habitación. Al acabar echo a todo el mundo antes de que me arruinen con la cuenta del room service. Además, tengo que escribir el artículo para El Comercio. Me llama el Loco para ver qué pienso del partido. Además, como él también escribe (tiene un blog en El Mundo), andamos los dos a ver qué pone el otro y esas cosas. La prueba de sonido es terrrible. ¡Es un frontón! El eco es exagerado y crea una bola de sonido que lo inunda todo. Marc, nuestro técnico de sonido leridano, hace lo posible por salvar la situación. Carla, nuestra técnica de monitores, se parte el alma para que nos escuchemos, pero no es tarea fácil. Por suerte, el Loco no vino a la prueba y se evitó un mal trago. Cuando, horas después, volvemos al recinto, Mikel González, capitán de la Real Sociedad, pasa a saludarnos. Es un tipo majísimo y de Mondragón. Tiene una copia de mi libro y, de pronto, recuerda que me debe una camiseta que me prometió hace tiempo. Nos contagia tan buena onda que salimos a tocar de excelente humor. Gracias a él se me pasan los nervios. El Loco ha escogido como sintonía para salir a escena la banda sonora de “El Desafío de Las Águilas” y, aunque es tremenda, no te ayuda a relajarte. La gente nos recibe enloquecida. Desde la primera canción suena todo increíble. Rock sucio con una la energía de primera y nada que ver con la prueba. La música, como la resaca, es inexplicable. Nunca sabes cuándo va a aparecer la magia.

Postdata: cuando lleguemos a Gijón habremos pasado ya por Vigo y Valladolid. Y lo primero que querrá la banda será ir a comer a un sitio bueno. Saben que no hay lugar como Asturias. En mi boda no se lo podían creer. Se aficionaron todos al cachopo y a la sidra como verdaderos dementes. No se les puede sacar de casa.