El reencuentro de un equipo

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Nastic 0 – Sporting 4 (Nou Stadi, Tarragona – 2.9.17)

El viernes habíamos tocado en Palencia. Y el sábado, otra vez en la carretera en dirección Villarreal. Campos de cultivo, en barbecho, castillos, viñedos, pueblos casi abandonados, tierras de arcilla roja, carreteras interminables y, por fin, el Mediterráneo a la vista. No es Villarreal una ciudad especialmente hermosa, pero parte de su éxito en Champions League se debió a eso. Los rivales llegaban a Villarreal, veían a los abuelos jugando al dominó, las casas bajas y, claro, se confiaban. Había que ver las caras de soberbia del Inter de Milán cuando llegaron a ese lugar de apenas 50.000 habitantes cuyas fábricas podían producir, en los años de la burbuja inmobiliaria, casi 40 kilómetros de cerámica diarios. Luego llegó la crisis, pero su equipo sigue en Primera. Antes de la prueba de sonido ví el partido en el hotel. Hace treinta años, el Sporting era capaz de endosarle un 0-4 al Barcelona en el Nou Camp jugando al contraataque. Pero los tiempos han cambiado mucho y hoy no sabe nada mal otro 0-4 al Nastic en su casa. Era un equipo con bajas y ganas de hacer regalos. Nadie duda de que la suerte – siempre tan esquiva – se puso del lado asturiano muy pronto, pero sería injusto quitarle méritos al Sporting, pese a ciertos despistes a lo largo del partido. Hacía mucho tiempo, tal vez demasiado, que no se veía a los rojiblancos tan cómodos en un terreno de juego. Por una vez, saltar al césped no fue una pesadilla repleta de sudores infernales y temblores terroríficos. No, por fin vimos a un equipo disfrutar, gustarse, amar el balón y demostrar su técnica. Era como ver a unos jugadores reencontrarse consigo mismos y enamorarse de un de deporte que ya tiene muy poco de juego. Así, sentimos otra vez latir el corazón con cada pase, les vimos ubicarse bien en el espacio, ocupar el lugar que les corresponde, presionar, robar balones, ser rápidos, audaces y solidarios entre ellos. Creo que esto último es fundamental: desconozco las interioridades del vestuario, pero la impresión que transmite esta plantilla (al menos, la titular) es que no hay veneno entre ellos. Los egos se han puesto a trabajar para el conjunto creando una tela de araña en la que cayó el Nastic, a veces por conducta temeraria y, otras, por el buen trabajo de caza del Sporting. Por ejemplo, Carmona parece otro jugador, se le nota hasta en la expresión de su rostro. Ejerce de líder silencioso asumiendo su condición, talentoso y veterano, comprometido con un proyecto. Al no estar tan pegado a la banda y jugar de interior, despliega más sus virtudes. Sus pases filtrados entre rivales comienzan a ser una delicia exquisita para animar paladares golosos. Ha sido su partido más lucido. También comienzan a confirmarse algunas sospechas. Por ejemplo, que Mariño es muy seguro, que es un guardameta rápido y sólido. Quizá no atrapa todos los balones que le llegan, pero hay que reconocer que transmite una seguridad que contagia a todo el equipo. Los dos centrales son una prolongación de esa muralla que es Mariño y, además, mueven bien el balón. Hay una plasticidad añadida en sus gestos que les confiere un toque de almirantes, de buenos gobernadores de su área. Pero las buenas noticias no se terminan en la defensa. El medio del campo ha recobrado vida. Ya la responsabilidad no recae sobre un único jugador, sino que hay distintas variantes que ofrecen distintas opciones. Me gusta ver que no se depende del cerebro de una persona, sino que el equipo se mueve acompasado, sin saber dónde reside el motor de su movimiento.