El Sporting cayó en su propia trampa

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 1 -Valladolid 1 (El Molinón, Gijón – 13.11.17)

Salió el Valladolid como un potro desbocado El Molinón. Una locura de velocidad, control y equilibrio cabalgado por ese jinete valiente y temerario que es Luis César Sampedro. A su paso, no crecía la hierba y fue por el sendero de sus pisadas por donde se consiguió colar el Sporting, una serpiente. Un ofidio rojiblanco que sesteaba, pasaba de todo, dormía agazapada en sí misma, pero en cada mordisco inoculaba veneno mortal. Así, al final de la primera parte, el Valladolid que realmente había desplegado un juego muy atractivo, lleno de combinaciones y acercamientos al área, iba perdiendo. Sin embargo, el Sporting, que jugó los primeros cuarenta y cinco minutos lleno de imprecisiones y con una incapacidad manifiesta para tener el balón, no iba ganando por cuatro goles a cero de milagro. La naturaleza es cruel. La justicia es un invento del ser humano para corregir los errores de las personas. Y el fútbol es el deporte más animal de todos porque no se rige por las leyes de la justicia. Ni gana el más fuerte, ni el más sabio, ni el más listo. Gana quien gana, como en la naturaleza. Una mordedura de una serpiente puede terminar con la vida de un gran elefante, de la misma forma que un trastornado pudo terminar con la vida de John Lennon. En el descanso, el Sporting iba ganando gracias al afilado colmillo de Scepovic que marcó tras una gran combinación y un excelente pase de Calavera. Conviene apreciar cómo Scepovic se frena un poco en carrera para esperar el balón. Detalle de orfebre. También es cierto que el Sporting había perdido en el calentamiento a su guía, Sergio. Sergio, en medio de la jungla del fútbol, es el único que, sin tener la brújula, por lo menos sabe por dónde no hay que ir. Sin él, el partido se convirtió en una lucha para ver si ganaba el potro alegre y juvenil o la serpiente perezosa, pero letal.

La segunda parte fue aún más desquiciante. La serpiente rojiblanca, agazapada en su esquina, mordió varias veces, pero sus colmillos ya no eran letales. Así que mudó de camisa y se transformó en una explorador perdido, resistiendo con el cuchillo entre los dientes, con el agua al cuello sorteando cocodrilos y sobreviviendo a los mosquitos y las enfermedades. También tuvo que sobrevivir a Paco Herrera que como un cazador furtivo disparaba contra su propio equipo. Un planteamiento cojo y unos cambios, como mínimo, lentos y fuera de tiempo. Pasó un quinario el Sporting frente al Valladolid. Se salvó de milagro gracias al hechicero Mariño que invocó su danza de la portería convocando a todas las paradas magistrales de la historia. Tres paradas, tres, hizo Mariño similares a la de Gordon Banks frente a Pelé en el Mundial de 1970 o la de Buffon frente a Zidane en la final del Mundial del 2002. No veía el Sporting el momento de llegar a su campamento base y librarse del acoso al que también sometido. Hasta el orbayu parecía el diluvio universal. Un ejemplo del desorden fue la poderosa carrera de Barba para llevar el balón al área rival y sin encontrar una sóla opción fiable de pase. Y es que una serpiente puede salvarse de sus depredadores gracias a su veneno con muy poco esfuerzo. Pero nunca se convertirá en el Rey de la Selva si no sale de su madriguera y no es capaz de mantener un poco el balón o de llegar a la portería si no es al contraataque. Al final, el Sporting salió vivo de una emboscada que se tendió a sí mismo.