La decadencia ochentera

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División

Osasuna 2 – Sporting 0
(El Sadar, Pamplona – 1.10.17)

Decía De las Cuevas que este partido iba a ser un encuentro de Primera, pero en Segunda. De las Cuevas será recordado eternamente por su gol en el Bernabéu y, aunque le honra su buena intención, lo cierto es que el Sporting es de Segunda, se mire por donde se mire. No me importa tanto lo que indique la categoría en la que está, sino que juegue con mentalidad de Tercera.  Este Sporting me recuerda a esos grupos que fueron grandes en los 80 y que, poco a poco, perdieron el favor de la crítica y del público. El Sporting sonaba en las radios, todo el mundo conocía sus canciones y hasta se sabían el nombre del cantante. Pero, cuando llegaron las vacas flacas, la caída fue muy dura. Antes, el Sporting iba a un bar y todos querían ser su amigo, pero ahora ni siquiera le miran. Durante diez años, el Sporting sobrevivió como hicieron docenas de bandas en la Segunda División: actuaciones en salas más pequeñas, contrataciones en algún Ayuntamiento despistado y una gira en el nostálgico Crucero de los Ochenta por el Mediterráneo con el Osasuna, el Valladolid y equipos de la época. Durante un tiempo pareció que había una posibilidad de regresar al éxito con dignidad, pero el mundo había cambiado y también los gustos. Además, los presupuestos para sonar un poco competitivos son irrisorios. Encima, los miembros de tu banda te abandonan a la mínima. Cada poco se van con otros artistas que tienen más conciertos y pagan mejor. ¡Ay! En los 80, cuando las vacas gordas, tus músicos iban contigo a muerte, “hermanos de sangre”, decían, pero ahora ya no generas pasta. Así que, cuando son jóvenes, tú los formas, los fogueas para que cuando estén rodados, ¡zas!, se vayan con otro.

Esos músicos se despiden con lágrimas en los ojos, te dicen que eres único, que te deben mucho, pero da más dinero tocar las nuevas tonadas que ese viejo y obsoleto rock and roll. Lo único que te mantiene en pie son esos seguidores que jamás te abandonarán. En el rock se llaman fans y, en el fútbol, ahora se les dice “masa social”. Y son increíbles. Llevan veinte años yendo a tus conciertos sin que en esas dos décadas hayas grabado un disco decente, pero ellos siguen ahí porque en un momento dado les cambiaste la vida. Y esos fans se lo contaron a unos amigos o a sus propios hijos, que comprendieron que en esa vivencia había algo muy grande. Pero en el mundo crudo y duro, el Sporting es un grupo de los ochenta que, de vez en cuando, sale en un programa que revista el pasado. Se le mira con cariño, recuerdas un par de temas, pero está pasado de moda. Es decir, no consigues nuevos adeptos. Llegan los nuevos valores, bandas que no conocen la tradición del rock como, por ejemplo, el Getafe, pero que siguen arriba año tras año. Del partido no voy a hablar porque no hay nada que decir. Fue una continuación de lo que sucedió en El Molinón contra el Lorca, pero sin la suerte de aquel día. La única fortuna reside en que se ha fichado a un guardameta que apunta al premio Zamora del año. Evitó, sin exagerar, cinco o seis goles cantados. Y es que un mal equipo con un gran cancerbero disimula mucho, igual que un mal grupo con un buen batería. Pero en el banquillo hay arte, mucho arte. Se sienta un hombre que se parece a un cuadro de El Greco. Por lo estilizado y por la tristeza.