Llegar a tiempo

Dice mi madre: “Val más llegar a tiempu que rondar un añu”. Nunca supe muy bien lo que quería decir y hasta llegué a pensar que escondía algún significado oculto. Al final, más o menos me he enterado y creo que se refiere a la importancia del sentido de la oportunidad. Esto lo vemos muy bien en el mundo de la música. Y es que para tener éxito o cierta relevancia, no sólo hay que tener buenas canciones sino que estas deben difundirse en el momento adecuado. No hay demasiados artistas capaces de capturar o reflejar eso tan intangible del “zeitgeist” (el espíritu de una época). Los Beatles lo consiguieron e incluso se anticiparon un poco, pero nunca tanto como para desmarcarse de su propia era. Los Sex Pistols cayeron sobre la faz de la tierra como si hubieran estado hechos por encargo y “OK Computer” de Radiohead es una radiografía perfecta del vacío postindustrial de fin de siglo. Pero hay bandas que además de vivir esta situación, también han estado en la contraria.

El caso más flagrante es el de Elastica. Su primer álbum fue, en su momento, el debut que más rápido se había vendido en Inglaterra. Era el año 1995, en plena batalla del Brit Pop entre Oasis y Blur. Las referencias de las bandas del momento eran The Kinks, Beatles, Roxy  Music, Rolling Stones, Madness, Smiths o el Bowie más glam. Nostalgia británica. Pero Elastica, sin embargo, copiaban a The Stranglers y Wire. Y más tarde a The Fall. Lo mismo, pero de manera inteligenge. Fue soplo de aire fresco en medio de la autocelebración británica. Eran elegantes y escribían canciones muy cortas, muy pegadizas y llenas de humor. Sus dos líderes, además, eran de clase alta (Justine Frischmann) y de clase baja (Donna Matthews), así que en una misma banda tenían su propia lucha de clases. Ese disco debut es intachable, pero tardaron cinco años en editar su siguiente álbum, “The Menace” y cuando salió, su momento había pasado, la críticas fueron tibias, vendió poco y al año siguiente se separaron. Sin embargo, aunque su debut es redondo, suena a una época muy concreta, como si estuviera congelado. Es un disco-vaso: una vez que lo bebes ya nopuedes obtener nada más de él. En cambio, aunque no tiene grandes estribillos, “The Menace” es agresivo, electrónico, muy muy punk, apunta hacia muchas direcciones y suena como les gustaría sonar a la bandas actuales que quieren ser modernas. Es decir, es un disco-pozo: aunque el agua está más lejos, nunca se agota. El asunto es que cuando tienes sed, quieres beber a tiempo. Tras rondar un año, ahora entiendo a mi madre.