Marshall

Ha muerto Jim Marshall a los 88 años de edad. Era el famoso constructor británico de unos amplificadores que definieron el sonido del rock. Sobre todo del rock de los setenta, ese rock sucio y poderoso derivado del blues rock que tuvo a Jimmy Hendrix y a Jimmy Page como principales protagonistas. Entre sus famosos usuarios están Kiss, Slash de Guns N’ Roses y hasta el guitarrista de la película Spinal Tap, cuando explica cómo su amplificador es mejor porque su tope de volumen no llega al 10 sino al 11 emplea esa marca. Jim Marshall había empezado tocando la batería y fue profesor de ese instrumento (el batería de la Experience de Hendrix entre sus alumnos). Tuvo una tienda de instrumentos especializado en baterías, y el trato que daba a sus clientes era tan cercano que los guitarristas también empezaron a ir a por su material. En aquella época, a los músicos de rock se les miraba con desprecio en las tiendas de música. Cuando yo era joven, en las tiendas de música –y a veces de discos- si no eras muy conocido o no te dejabas un pastón, las jerarquías se dejaban sentir: no eras bienvenido. Había excepciones, Musical Marcos (Oviedo) o Musical Norte (Gijón) que te abrían sus puertas como si fuera su casa. Así que en Londres, con Marshall tuvieron alguien en quien confiar. Y a quien pedir lo que necesitaban.

Llegó la guerra del volumen: Pete Townshed de los Who quería una pantalla de amplificación con ocho altavoces de doce pulgadas cada uno. Se trataba de aplastar al público con el volumen. Marshall, viendo que eso sería imposible de transportar, le hizo dos pantallas de cuatro altavoces cada una. Se podían poner juntas. Después llegaron bandas que cubrían todo el fondo de escenario con esas famosas pantallas. Pero en el volumen estuvo también el fallo de Marshall: una de las peticiones más habituales a la empresa era que se pudiera conseguir el sonido clásico de Marshall con mucho menos volumen. De hecho, mi Marshall JCM 800 me lo revendió Jonte de Queen Bitch por su excesivo volumen. Demasiado para bares y locales de ensayo. El otro problema de los Marshall es que los nuevos modelos sonaban cada vez peor. La única grabación que hice con pantalla Marshall fue con una de 1972. Pero lo magistral es ver cómo la tecnología define y ayuda a crear un sonido. Y una cultura.