Mourino no baila rock

José Mourinho es el Tommy Mottola del fútbol. Mottola era el antiguo capo de Sony American Corp., un tipo con un olfato increíble para vender millones de discos de fichajes como Mariah Carey, Jennifer López o Thalía. Un rey midas que convierte en oro todo lo que toca. Me recuerda a Mou porque ambos poseen la fórmula del éxito rápido y saben cómo ascender hasta a la cima sin dar rodeos. Ambos dirigen una multinacional que les exige rendimientos inmediatos y ellos responden a la perfección con su cometido: mínimo arte, máximo triunfo. Guardiola, por otro lado, es el responsable de Blue Note, un sello de prestigio intachable que cada domingo edita un L.P. con muchas posibilidades de hacer historia. Sus compradores, gourmets de exquisito paladar, exigen calidad suprema a cambio de su fidelidad. Manolo Preciado, otro reconocido cazatalentos, es el gerente de Sun Records, una discográfica de presupuesto escaso y exiguas ventas que sobrevive a base de tenacidad y mucha pasión. Preciado graba a intérpretes de géneros primitivos que hacen las delicias de esa minoría que disfruta con los sonidos sin adulterar. Howlin´ Gregory Wolf o Rufus Barral apenas aparecen en las listas de la revista Billboard, pero no todos disponen, como Tommy Mourinho, de una aplastante maquinaria promocional dispuesta a aplaudirles cualquier tontería que saquen al mercado. Preciado no deja que nadie le pise su pequeña empresa y sólo lanza maravillas de blues, country y rockabilly, igual que Guardiola edita el mejor jazz que se hace ahora mismo. Mourinho, de momento, ocupa los primeros puestos de los 40 principales con el pop barato y efectivo de “D.J. Sergio Ramos y sus poligoneros blancos“,  pero se trata de una bazofia sin clase que jamás entrará en el corazón de la eternidad porque una cosa es ser grande y otra es tener grandeza. ¡Canalla!

Artículo publicado el 28 de Noviembre 2010 en diario asturiano El Comercio y en el libro de Igor Paskual “Rugidos de Gato” (Efe Eme, 2015)