Perfil

IPK Galeria (18) Foto: Juan Pérez-Fajardo (para Gibson España)

IGOR PASKUAL, EL ÚLTIMO HOMBRE EN PIE – perfil por Chus Neira

Llevaba botas de agua, los amplificadores y la precaria red eléctrica de alargadores ganaban centímetros al charco creciente de agua gracias a unas endebles columnas de palés, y él insistía en repetir una y otra vez aquellos dichosos acordes del final, ajeno a la inundación, al hedor que desprendía la granja avícola clandestina reconvertida sólo parcialmente en locales de ensayo en el mismo centro de la ciudad, inmune al desastre que presagiaba todo aquello, con su cabeza puesta en el puto concierto de pasado mañana.

Antes, o quizá fue después, no importa, lo había visto dejarse la sangre, el sudor y el vómito encima del escenario –y esto no es una metáfora–. Recorrer kilómetros con el instrumento a cuestas para llegar a tiempo a un concierto de mierda, fundirse en un beso interminable con el único sujeto con permiso penitenciario que había entre el público porque era rock’n’roll y había que igualar a los malditos franceses, rellenar folios como para publicar cinco tesis con variaciones de la letra de una nueva canción, follarse a todo lo que se le pusiera por delante como si lo fueran a prohibir mañana y supiera que aún así seguiría haciéndolo.

Apurar, en fin, el vaso porque sabía que los posos le mostrarían el siguiente cáliz. Después se fue con Loquillo, de Troglodita, y en las guitarras y las canciones nacidas de su jornal puso la tenacidad de la máquina y la pasión del obrero. Ayer, o fue mañana, lo vi otra vez encima del escenario; sin Loco, sin banda, con los dientes apretados y la mirada del que se le está saliendo el corazón por los ojos. Cantaba sus pecados con dolor y pasión. Había sangre y salpicaba. Los años no le habían cogido por la crin para humillarle. Era un potro que coceaba al sol y no cejaba. Y entonces supe que Igor Paskual había subido a luchar y que no se bajaría. Y me di las gracias de estar allí y de poder contemplarlo. Y supe que sus canciones anegarían todos los océanos. No les miento.

Escuchen.

ENGLISH VERSION

IGOR PASKUAL, THE LAST MAN STANDING – profile by Chus Neira

He wore boots, carried amplifiers and the poor power supply of leads gained a few centimetres to the growing puddles thanks to a  feable heap of palets. He insisted on repeting those final chords over and over again, alien to the flooding and the stink coming from the clandestine poultry farm, which was partially restructured as a rehearsal room in the city centre, immune to the disaster which about to presage all that, and with his mind focused on the bloody after tomorrow’s gig.

Earlier, or maybe later, never mind, I had seen him sheding blood, sweat and even vomiting on the stage – and this is not only a metaphor -. I also saw him covering lots of kilometres with his guitar on his shoulders just to get in time for a shitty concert, melting himself in an endless kiss with the only subject out on bail among the audience just because it was rock & roll and he had to equal the fucking Frogs, fill up piles of sheets to write five thesis varying the lyrics of a new song, shag anything with legs as if it was going to be forbidden by the next day and even so, he would continue following suit.

Well, he drank up his glass, because the lees would show him the next chalice. Then, he rushed with Loquillo, as a Troglodita. He put the accuracy of the machines and the heart of the worker into the guitar and the songs born out of his day’s pay. Yesterday, or was it tomorrow?, I saw him on the stage once again on his own, with no band, just himself, griting his teeth and staring as if his heart was to jump out his chest. He prayed his sins with grief and passion. There was blood and it was squirting. The years haven’t gone by to chase and humiliate him. He was a fighter and he never ceased. Then I knew that Igor Paskual had come here to fight, and he would never give up. I thanked myself for being there and having the opportunity to admire him. And I knew that the oceans would be flooded with his songs. I’m not lying.

Pay attention.