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Prohibido tocar

Hay algo que muy poca gente sabe sobre la música en directo en Asturias: no está permitido tocar en bares. Es decir, está prohibido actuar en un bar. Puede parecer extraño, pero esa es la realidad. Sólo se puede actuar en discotecas, circos, salas de fiestas, museos e incluso bibliotecas, pero no en bares. El caso es que el 90% de los músicos aficionados o profesionales actúan en bares y, por tanto, desarrollan una actividad ilegal. Se puede pensar que esto es por una cuestión de ruido, para no molestar a los vecinos cercanos. No tiene nada que ver. Por poner un ejemplo, en el mítico Danny’ s Jazz Club de Oviedo se puede pinchar el disco “Kind of Blue” de Miles Davis si éste no supera los 90 decibelios (dBs). Pero un combo de jazz, en el mismo local, no puede interpretar el “Kind of Blue” en directo. Da igual que lo haga a 90 dBs o a 80 dBs. La policía tiene derecho a impedir que el concierto empiece, como ya ha sucedido alguna vez. El decreto 91/2004 de la Ley de Espectáculos del Principado les ampara. No importa que no moleste a nadie, y menos en el Danny’s, que está insonorizado para 100 dBs -es decir un nivel de gran recinto, mucho más de lo necesario-. La norma afecta a todo el Principado, aunque el gran problema ha surgido en Oviedo con la Asociación de Vecinos del Antiguo (que representa a unas 230 familias) que, erigidos en portavoces únicos de una zona de 4.000 habitantes, imposibilitan toda tarea musical. Y no es un problema de ruido, insisto.

Los intereses para que no se pueda tocar son inexplicables. Es necesario modificar la Ley de Espectáculos (ya hay más de 14.000 firmas conseguidas) para permitir tocar en bares que desarrollan una labor básica en cuanto a entretenimiento, tejido cultural y motor económico. Se trata de una batalla en toda regla porque niega el derecho fundamental al trabajo a numerosos músicos sin perjuicio de nadie. La preocupación para que no se toque en bares llega tal punto que, temerosos de que dicha ley se modifique, desde la Concejalía de Urbanismo del Ayuntamiento de Oviedo anuncian ahora que hay que insonorizar a 100 dBs. Se basan en una Ley de Medio Ambiente de 1985 que es previa a la de espectáculos, no está hecha para bares y, encima, es orientativa. Puro papel mojado. Empieza otra batalla cultural.

Rema y vive

Sporting de Gijón –  Málaga
(El Molinón, Gijón – 5.4.17)

Antes del partido, se respiraba en los alrededores de El Molinón una rara calma preñada de nervios, tensión y esperanza. La gente era consciente de la importancia de este encuentro y sabía que tenía responsabilidad en preparar la escenografía adecuada para los jugadores. Los ingredientes de una victoria también se componen de gritos de aliento y ánimos de la afición que ayudan a la ascensión del gol al marcador. Jugaba el Sporting y jugaba también Gijón. Y el Málaga, de amarillo y negro atentando a sus colores tradicionales, también jugaba con dureza, que no suciedad, hasta donde pudo o el árbitro le dejó. Como en un cable de alta tensión se podía cortar el nerviosismo en el cuerpo del Sporting que aunque no estaba atenazado como otras veces en este tipo de finales, sentía que vivía el mismo partido una y otra vez. El eterno retorno y más finales. Además, el Málaga contaba con un aliado  fundamental que era la ausencia de Mikel Vega. Todos éramos conscientes de lo que ha supuesto para el Sporting, así que, a falta de él, ¿por que no intentar meter, por fin, a dos delanteros? Rubi puso en combinación a Castro, campeador y cabalgador incansable al lado del industrioso Traoré, que incomodó al rival, y combinó su negligencia aérea con buenas dejadas; pero tras varios fallos ante la puerta y algunos pases erróneos, la paciencia se terminó y fue sustituído. Eso sí, cuando salió él del campo se terminaron las ocasiones. Hasta que entraron Victor y Ndi. El gran problema, el enorme riesgo de plantear el partido con dos delanteros es que hay que cambiar de sistema y dejar el medio campo con uno menos. Por eso dos viejos compinches, Sergio y Nacho Cases, volvieron a interpretar su dueto, que parece el último. Sergió tocó su eterna canción, esa que habla de cómo robar el balo al rival, pero Nacho Cases no era capaz de tomar el mando de ese escenario que tanto le quiere; ni crea ni destruye. Le cuesta a El Molinón ver a su eterna promesa sin tocar aquello que tanto ama: el balón. Así que desaparecido el centro, sólo le quedaba al Sporting el manejo de las bandas. Pero Douglas no se recuperó a tiempo y se perdió un caudal ofensivo que recayó únicamente en Burgui que, cabizajo y enfadado estuvo lejos de su habilidad habitual. Pero su pundonor le impide quedarse su arte para sí mismo y se desató en el tramo final. Lástima que nadie pudiera colorear su dibujo en un gran remate final. El caso es que el gol del Málaga fue una casualidad buscada: Luís Hernández llevaba haciendo la misma jugada varias veces. Desde la defensa, pasaba el balón a Keko en la banda que alcanzaba la línea de fondo carrera y daba el pase hacia atrás. Canella había conseguido desbaratar esa acción varias veces, pero en el minuto 39, Canella en un intento de frenar el pase, se cayó y el balón llegó a Sandro que disparó y con rebote en la defensa fue gol. Eso sí que fue efectivo para el Málaga y no el recital de fusilería alzada desde fuera del área que se iba directo a la grada. Fuego gastado desde lejos, pero que les permitía al Málaga terminar la jugada y no permitir contras. Jugar en tinieblas es una labor cansada. No hay luz al final del túnel y cuando parece que uno está llegando a la orilla, el faro se apaga y se queda en la grada por acumulación de tarjetas. Pero la salvación no está tan lejos. ¡Rema y vive!

Un empate que genera esperanza

Sevilla – Sporting de Gijón
(Ramón Sánchez-Pizjuán, Sevilla – 2.4.17)

Esta temporada será recordada como el año que Cuéllar salvó al Sporting. Estuvo enorme ya en aquellos primeros partidos de septiembre, estuvo grandioso cuando al equipo daba lástima verlo, y ahora que el Sporting está apuntalado por Vesga, se ha erigido como una figura providencial. Es un punto de oro, valiosísimo porque se sacó ante un rival difícil, y a partir de un planteamiento atrevido. Es un punto que encierra una promesa y llena los corazones de esperanza. Sin duda, este Sporting es otra cosa y no tiene nada que ver con el alicaído equipo que paseaba su triste figura por los campos de España. Ahora hay un valiente sobre la hierba que quiere y sabe jugar. Es cierto que le sigue costando un mundo marcar un gol, pero es que jugar con un delantero único -sea Castro o Traoré- no termina de dar resultados en el área rival. Sin un delantero de gran jerarquía, se necesitan sumar las virtudes de dos puntas para concretar con firmeza las ocasiones que, por cierto, cada vez son más frecuentes. También hay ciertos errores que se repiten constantemente como una noria que da vueltas sobre sí misma, recordando una y otra vez que un saque de esquina o una falta a favor es una oportunidad para el contrario. Como si el Sporting se reflejase en un espejo roto, no es concebible que cuando el rival está en el paredón de fusilamiento, en un abrir y cerrar de ojos, Cuéllar se vea sólo frente al peligro. También resulta difícil de entender que Amorebieta, hombre que ha vivido batallas de alto rango, de pronto, como si hubiera soplado un viento misterioso e infernal, pierda la cabeza de esa manera y juegue con la integridad del colectivo. Hay errores que se pagan caros y él estuvo a punto de condenar a sus compañeros por dos jugadas de algo riesgo.

Amorebieta tiene que estar acostumbrado a sufrir los embites de jugadores como Iborra, ya que todos los delanteros de la Liga conocen las peculiaridades de su temperamento inestable y salen dispuestos a jugar con sus nervios para dejarlo fuera de juego en el sentido más literal del término. Hasta que el siroco le sopló estuvo solemne y muy bien acompañado por Babin (y éste a su vez por Juan Rodríguez) que recupera su mejor versión para encarar esta recta final. Fue un partido vistoso, lucido, con ocasiones y polémicas. El final fue trepidante con un Sporting incapaz de retener el balón, que había perdido el centro del campo y reculaba hacía atrás. Así que el Sevilla campaba a sus anchas, cabalgando en el centro del campo y enseñoreados en su conquista del terreno. Y el Sporting sin balón parecía que se iba a convertir en un muñeco, en un pelele para mayor gloria de los sevillistas. Pero no fue así. El Sevilla, aunque desató un bombardeo intenso de balones al área rojiblanca, no pudo destrozar la red. El Sporting creó un escudo antiaéreo que agotó la paciencia y la munición de los sevillistas, desesperados ante tal furia defensiva. De hecho, el peor enemigo del Sporting era él mismo, con sus córners mal aprovechados y algunas pérdidas de balón alarmantes. Pero, después de tanta lucha, el punto ya empezaba a parecer bueno y más en un campo hostil con parte del Sánchez Pizjuán que coreaba: “A segunda, oé….”. Cantos desagradables por la poca elegancia de los mismos que ofende un poco a los amantes de los equipos clásicos. Ahora toca cubrir la bajas de la manera más inteligente posible para una nueva batalla, esta vez, en el fortín de El Molinón.

Llegar a tiempo

Dice mi madre: “Val más llegar a tiempu que rondar un añu”. Nunca supe muy bien lo que quería decir y hasta llegué a pensar que escondía algún significado oculto. Al final, más o menos me he enterado y creo que se refiere a la importancia del sentido de la oportunidad. Esto lo vemos muy bien en el mundo de la música. Y es que para tener éxito o cierta relevancia, no sólo hay que tener buenas canciones sino que estas deben difundirse en el momento adecuado. No hay demasiados artistas capaces de capturar o reflejar eso tan intangible del “zeitgeist” (el espíritu de una época). Los Beatles lo consiguieron e incluso se anticiparon un poco, pero nunca tanto como para desmarcarse de su propia era. Los Sex Pistols cayeron sobre la faz de la tierra como si hubieran estado hechos por encargo y “OK Computer” de Radiohead es una radiografía perfecta del vacío postindustrial de fin de siglo. Pero hay bandas que además de vivir esta situación, también han estado en la contraria.

El caso más flagrante es el de Elastica. Su primer álbum fue, en su momento, el debut que más rápido se había vendido en Inglaterra. Era el año 1995, en plena batalla del Brit Pop entre Oasis y Blur. Las referencias de las bandas del momento eran The Kinks, Beatles, Roxy  Music, Rolling Stones, Madness, Smiths o el Bowie más glam. Nostalgia británica. Pero Elastica, sin embargo, copiaban a The Stranglers y Wire. Y más tarde a The Fall. Lo mismo, pero de manera inteligenge. Fue soplo de aire fresco en medio de la autocelebración británica. Eran elegantes y escribían canciones muy cortas, muy pegadizas y llenas de humor. Sus dos líderes, además, eran de clase alta (Justine Frischmann) y de clase baja (Donna Matthews), así que en una misma banda tenían su propia lucha de clases. Ese disco debut es intachable, pero tardaron cinco años en editar su siguiente álbum, “The Menace” y cuando salió, su momento había pasado, la críticas fueron tibias, vendió poco y al año siguiente se separaron. Sin embargo, aunque su debut es redondo, suena a una época muy concreta, como si estuviera congelado. Es un disco-vaso: una vez que lo bebes ya nopuedes obtener nada más de él. En cambio, aunque no tiene grandes estribillos, “The Menace” es agresivo, electrónico, muy muy punk, apunta hacia muchas direcciones y suena como les gustaría sonar a la bandas actuales que quieren ser modernas. Es decir, es un disco-pozo: aunque el agua está más lejos, nunca se agota. El asunto es que cuando tienes sed, quieres beber a tiempo. Tras rondar un año, ahora entiendo a mi madre.

Se buscan valientes

Ha partido de Mediaset una brillante campaña contra el acoso escolar llamada “Doce Meses”. Resulta curioso que lo haga Mediaset cuando muchos de sus programas no sólo poco edificantes sino que escupen mala educación y agresividad verbal a raudales. Pero es justo reconocer que la campaña merece la pena. Además, El Langui ha compuesto un tema para la ocasión “Se Buscan Valientes”. Aunque el rap es un género donde la rivalidad entre artistas suele desembocar en peleas públicas (verbales o físicas), también es cierto que hay muchas formas de entender el rap. Por ejemplo, “A Tribe Called Quest” o “Missy Elliot” tienen rimas donde el mundo no es siempre un enemigo y el último disco del aragonés Kase. O es una oda al amor. La canción de El Langui está hecha con un grandes dotes de síntesis, buenas rimas y fácil de comprender para los escolares. Lo que sí me llama la atención es que no hayamos hecho una campaña similar con una buena canción mucho antes. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos músicos -especialmente norteamericanos- han sufrido acoso escolar o, al menos, no encajaban en la tribu lo que siempre te convierte en una especie de sospechoso. Recuerdo haber leído entrevistas con Trent Reznor de N.I.N., Kurt Kobain de Nirvaba o Billy Corgan de Smashing Pumpkins sobre ese asunto.

Además, ahora el acoso es peor que antes de la era de las redes sociales. Hace años, si a uno le acosaban en la escuela, cuando llegaba a su casa, podía escapar de ese infierno. Pero ahora te persiguen hasta la mesita de noche, no hay escapatoria. Yo, que siempre he tenido la facultad de estar en dos bandos (no al mismo tiempo, claro), sé lo que es sentirte parte de la manada atacando. Es el poder. Es la seguridad total. Y también he tenido la desgracia de recibir bastante. Y el miedo que uno pasa es aterrador. Es puro pánico. Muchas veces, el único refugio que te quedaba era llegar a casa y escuchar a los Beatles que, de pronto, se convertían en tus amigos más cercanos. El rock era un medicamento. Pero lo bueno de esta campaña es que quiere detener el acoso antes de que sea una enfermedad incurable. Y la canción tiene un destinatario claro que no es ni la víctima ni el acosador sino toda la red de espectadores pasivos y silenciosos, pero imprescindibles para mantener el terror. Viva El Langui.

Un antes y un después

Sporting de Gijón – Granada
(El Molinón, Gijón – 19.3.17)

En seis minutos marcó el Sporting tres goles. Como aquel Liverpool de Benítez que le endosó tres goles en seis minutos al A.C. Milán en la final de la Champions del 2005 en Estambul. Empataron y el Liverpool ganó en la tanda de penaltis. Todo un monumento al drama y al fútbol. El Sporting también vive en un estado perpetuo de dramatismo, con el pulso vital acelerado. El Sporting no juega partidos de Liga sino que disputa finales en plena Liga. Y, por fin, ganó una. Esta victoria. marca un antes y un después en la temporada por tres razones. La primera es que el Sporting sabe que la victoria es posible. Segundo, no perdió la calma cuando encajó el gol ni tampoco se puso nervioso. Tercero, al fin se ha llegado a una conclusión que se veía hacía tiempo: Traoré va a ayudar muchísimo, pero siempre que tenga un acompañante en la delantera. Su técnica, sin ser mala, es limitada y lo demostró en cómo tiró el penalti; también fue inoportuno que insistiera tengo en lanzarlo él. A veces ese tipo de gestos, no demuestran seguridad en uno mismo sino todo lo contrario. Traoré agita y despista a las defensas rivales, pero necesita combinarse con otro delantero que aproveche y capitalice su esfuerzo. En un viejo clásico del fútbol, como Nihat-Kovacevic o Toshack-Keegan. Además, estando Viguera, Castro y Cop, hay varias combinaciones y pueden jugar dos delanteros en paralelo o uno detrás del otro.

Pero hay tres jugadores de características y procedencias muy distintas que fueron claves en la victoria ante el Granada y lo serán hasta el final de la temporada. Burgui. De la cantera del Madrid, de la famosa fábrica, esa misma que produce una cantidad ingente de jugadores que jamás debutarán con el Real Madrid. En especial desde que está Florentino Pérez en la presidencia. Para él un jugador de la cantera nunca será suficientemente caro, extranjero o llamativo para estar en el primer equipo. Así que generaciones enteras van recalando en otros equipos. Pero todos ellos tienen un sello característico: calidad exquisita y gran ambición. Son jugadores con ganas de demostrar que pudieron haber vestido la camiseta blanca y están acostumbrados a vivir en vestuarios con una competitividad muy elevada. Y tienen cierto alma de artista. Burgui es el talento, la técnica, la cabeza que mira hacia el triunfo.

Vesga. De Lezama, la fabulosa cantera del Athletic. En San Mamés sucede lo contrario que en el Madrid. Debido a la política del club bilbaíno en la que sólo puede jugar gente formada en la casa, se abre un abanico mayor de oportunidades para que la gente de allí pueda ser futbolista profesional en Bilbao. Suelen formar gente seria, muy profesionales, con gran pundonor, también tiene un gran sentido colectivo y son solidarios. No suelen causar problemas en los vestuarios, Vesga se ha convertido en el motor, el corazón que bombea al equipo. Ha sido una bendición que llegase. Sergio. De la cantera del Sporting. Mareo. Ahí no se sabe muy bien si se les quiere o no, si llegarán o no. En general, viven con la espada de Damocles en la cabeza, sin saber cuál es la verdadera política de club que según las necesidades es una u otra. Pero sin duda, adoran al equipo para el que jugaron desde pequeños. Tienen gran responsabilidad con su club y, en parte, se sienten responsables de su deriva. Sergio, renacido para el fútbol, es el alma. Así, con cabeza, corazón y alma, el Sporting seguirá en Primera.

Olavarría

Dos muertos en el concierto del Indio Solari en Olavarría, a 350 kilómetros de Buenos Aires. ¿Por qué aún hay muertos en un recital? Esto es difícil de entender desde España, que acude a sus viejos ritos del rock emocionalmente anestesiada. Argentina vive a flor de piel sus manifestaciones colectivas. No hay nada en otro lugar del mundo que se pueda comparar al frenesí que despiertan ciertas bandas. Por ejemplo, el Indio Solari (ex vocalista de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota) ha creado en torno a su figura un culto masivo y sus conciertos se conocían -y conocen- como “misas ricoteras”. Además, hay dos factores que aumentan su enigma: sus letras crípticas y que apenas concede entrevistas. Y, hace un año, anunció que padecía el mal de Parkinson y que sólo ofrecería un concierto anual. Pese a que su enfermedad ha sido puesto en duda por Skay Beilinson, co-líder en Los Redonditos, sus seguidores sienten que cada concierto puede ser el último. A todo esto esto hay que añadir que existe un componente megalómano desmesurado en el rock y el deporte argentino. Es, por ejemplo, la obsesión del Indio Solari de hacer el “pogo más grande del mundo”. Y es que Argentina vive al límite del entusiasmo y todo tiene que ser “el gol del siglo”. Nada puede ser gris. ¿Y quién hace que un concierto sea irrepetible? Los fans.

En Argentina, el público está cautivado por su propio poder colectivo, y su falta de protagonismo en la vida civil es recuperado en las gradas y en el rock. Por ejemplo, cuando los Rolling Stones tocan en Argentina, es Mick Jagger quien tiene el privilegio de actuar frente al “mejor público del mundo” y no al revés. Así que, en Olavarría, se esperaban 150.000 personas y accedieron entre 300.000 y 400.000. Mucha gente sin entrada viaja igual, porque saben que tarde o temprano terminarán pasando al recinto. Ahí es donde entra el componente más peligroso de todos: la ausencia del estado y el fracaso absoluto de las instituciones. Aunque yo he tocado en condiciones inmejorables, no hay una voluntad decidida de hacer cumplir las normas ni, por supuesto, de cumplirlas, situación que afecta, sobre todo, a la política o la justicia. Por poner un ejemplo futbolero, nos llamaría la atención si comparásemos el tiempo que se tarda en desalojar un estadio en Argentina u otro aquí de capacidad similar. Argentina es el país más apasionado del mundo, está lleno de vida y devora arte, pero se abraza desesperado a su propia desesperación. Ante la falta de un futuro mejor, espera que sus ídolos (Mascherano, Maradona, Charly García…) soporten sobre sus hombros el destino del país. Es la “cultura del aguante”, la que prioriza la capacidad de resistencia frente a cualquier otra cosa. Así, gran parte de la narrativa popular se traduce en un constante: “¡Aguante, Boca! ¡Aguante, River! ¡Aguante, Indio!”. Siento muy cerca a Argentina, y es que jamás hay que olvidar que, en España, todos pudimos haber nacido argentinos.

Rodrigo y Pelayo

Pasó el huracán Rodrigo Cuevas por la Laboral, cantó, no se desnudó y venció. No hay palabras para describirlo. Es tan apabullante y divertido que cuesta asimilar de una sentada todo lo que sucede en uno de sus espectáculos. La tarea que se trae Rodrigo Cuevas entre manos tiene una dimensión mucho más grande de lo que en principio parece. Rodrigo es el autor postmoderno del momento. Es pura frontera, es juego, y se mueve entre varios polos sin negar ninguno. Partiendo de la tradición del folk asturiano, la retuerce y le añade más lecturas. La bastardea con mucho respeto, pero, sobre todo, con gran conocimiento de causa. No está tan alejado de lo que hacía Picasso con el románico. Es capaz de combinar un tema tradicional asturiano con una cadencia frigia (andalusí), un ritmo tecno, una letra pop o polirritmias de resonancias africanas. Y lo consigue sin que nadie se sienta ofendido. En parte, es gracias a su dominio magistral de las tablas, al humor y a su carisma.

Ha hecho lo mismo que los trovadores o los cantantes de blues de los años veinte: conseguir que las reinterpretaciones de las canciones parezcan creaciones nuevas. Y hace que su heterogéneo público se sienta partícipe de algo. Tiene toda la lógica, ya que lo que está haciendo Rodrigo es revitalizar un patrimonio común, devolver a la gente lo que es suyo. Juega además la baza de la ambigüedad con acierto, y es en esos momentos cuando haciendo caso a los deseos de El Presi, Rodrigo saca su lado más de revista. Pero sus dos grandes armas musicales son el teclado y su voz. El teclado sería el futuro, un instrumento que está mucho menos transitado que la guitarra y aún tiene muchos caminos abiertos. De hecho, ha sido herramienta principal de quienes han querido huir de la pesada losa de la tradición rock. El pasado sería su imagen: liguero, madreñes, falda, el bigote, el mantón de Manila, los claveles… Aunque la manera de combinarlos es novedosa, los elementos en sí son antiguos. Y el presente sería su maravillosa, templada y bien colocada voz. La modula bien, es sensual en lo erótico y pícaro del cuplé, suave al hablar, fuerte y potente en la tonada y convincente en su discurso. Es el elemento unificador de todo lo que hace y la que convierte en realidad todo su potencial. Por supuesto, aún quedan cosas por pulir, como el ritmo del concierto o esa arriesgadísima versión de Tino Casal que aún necesita cuajar. Pero alguien que en un concierto usa la palabra “heteronormativo” sin que la gente se espante, merece una estatua al lado de la de Pelayo.

Me parte el corazón

Sporting de Gijón – Deportivo de La Coruña (El Molinón, Gijón – 5.3.17)

Me metí en el mundo del rock porque me encantaba la música. Empecé a escribir de fútbol porque adoraba el fútbol. Perder la cabeza por un equipo de fútbol o una banda no tiene ninguna lógica y parece una estupidez, pero junto con la salud, es lo más importante del mundo. Ahora bien, ser seguidor del Sporting de Gijón debería ser recompensado monetariamente porque es una fuente constante de disgustos. Esta ciudad no se merece esto, por Dios. La verdad es que esto se parece a un timo y me siento atrapado en un juego de trileros donde Nico Álvarez hace de maestro de ceremonias con el consentimiento de los dueños mayores. ¿Qué broma es esta? ¿De qué maldita pesadilla estamos hablando? ¿Hemos visto un partido de fútbol o una ceremonia del ridículo? El Sporting es una ONG para millonarios y ha acogido y pagado de forma generosa a Nico Álvarez, el mismo que salió tarifando de Las Palmas, para demostar de nuevo que es un perfecto inoperante. A la calle ya. Mañana mismo. En las altas esferas están los responsables de este drama que en terminología militar se conocería como alta traición. Al aficionado no se le puede pedir más porque está macerado con el aceite del desencanto y bastante hizo al cantar antes del partido el himno interpretado a capella de forma conmovedora. Los jugadores o no lo oyeron o no lo sintieron. De nada sirvió tampocó el paradón de penalti de Cuéllar para encender la caldera de El Molinón que, por unos minutos pareció que la gente volvía a conectar. Pero con lo que sucedía en el campo, no se hubiera encendido ni “La 12” de Boca Juniors.

¿Y qué vimos en el campo? Un delantero, Traoré, que hace casi todo bien menos aquello para lo que se le contrató: meter goles. Es decir, molesta al rival, tiene a los defensas pendientes de él, colabora, es solidario, pero su falta de técnica es tan alarmante que da la impresión de que hasta sus compañeros llegan a desconfiar de pasarle el balón. Gana enteros cuando juega con otro delantero que capitalice todo el trabajo sucio que hace, pero eso supondría quitar a alguien del medio del campo. Y ayer, dado que el medio campo no existía se pudo haber hecho sin problema casi desde el principio. Rubi plantea bien los partidos de inicio, pero según avanzan, tarda en leerlos y hace cambios extraños. Por ejemplo, añadió un segundo delantero (Castro), pero retiró a Douglas, un buen servidor de pases. El asunto es que Amorebieta terminó siendo el jugador más creativo y el que llevaba el balón hasta zonas de peligro. El Sporting estuvo mal ubicado, sin intensidad ni rabia, tenso, algo atrasado y muy pendiente de que el rapidísimo Andone no atacase. Tampoco ayudó el arbitraje que, sin ser pésimo, escamoteó un penalti y dejó en a los gallegos cortar el juego en demasía sin ofrecerles merecidas tarjetas. Fue un partido desesperante con la guinda culminante de un recital de córners y faltas muy mal sacadas. Pero aún y así, el Sporting tuvo unas cuantas ocasiones muy claras, que es en lo que se ha mejorado con respecto a la época de Abelardo. Pero claro, Rubi tiene a Vesga, un portento que ve el fútbol de manera clarividente y es hoy por hoy, junto con Burgui, el único faro fiable. Qué forma más terrible de perder un partido. Pero como la vida es larga, aún veremos a equipos caer para que este Sporting siga en Primera. Adoro el fútbol, pero esto me parte el corazón. Dispararse al pie es de imbéciles.