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La comunión del soul

La Comunion Del Soul (7.6.16)Mikel Farris. Domingo, 5 de junio. Sala Acapulco. Gijón

Siempre había criticado a aquellos que ven un concierto desde la barra. Es una actitud que me revienta porque insinúa cierta distancia emocional con lo que sucede en el escenario. Pero allí estaba yo, en un domingo noche, apoyado en la barra para ver a todo un ganador de un Grammy a mejor disco de gospel. Como si me hubiera convertido de repente en un crítico barcelonés, un señor mayor o peor aún: un músico descreído. Pero Mike Farris no iba a dejar que envejeciese tan fácil. Con una muy buena entrada, sonaron perfectos desde el primer momento. Mención aparte para el técnico de sonido gallego. Calidade. Ayudaba, por supuesto, la excelente banda: dos coristas negras, un batería negro (francés) y tres musicazos irlandeses que pusieron el listón muy alto para el resto de los conciertos del año.

Mike Farris hace años que dejó el lado salvaje de la carretera, y como ya hicieron Al Green y muchos grandes del soul, Dios se ha convertido en eje fundamental en su vida. Salió a matar y estuvo sublime de voz durante las tres horas de concierto. La primera parte fue más popular, repleta de versiones variadas (Aretha, Prince, Ike and Tina, Dylan, S. R. Vaughan, Ben E.King..) para que disfrutasen expertos y no expertos. Me despegué de la barra porque era imposible no bailar. La segunda parte…Eso fue prodigioso. Mike no se guardó nada para sí mismo y dictó una lección magistral de música negra. Unió groove, baile, sudor, comunicación y una entrega sin límites que transformó el santo día del domingo en una aventura directa al corazón. Por momentos, parecía que estabas frente al mismísimo James Brown y su banda. Farris hacía tiempo que me había arrastrado desde la barra hacia la parte frontal del escenario. A recibir la comunión del soul.

ENGLISH VERSION
Mike Farris – Sunday, 5th July 2016 – Sala Acapulco, Gijón

I have always criticised those concertgoers who see the show from the bar. It drives me up the wall because it insinuates a certain emotional distance with what happens on stage. But there I was, on a Sunday night, standing by the bar and seeing a best gospel record Grammy award winner. I felt as if I had become a critic from Barcelona, an old man or even worse, an infidel musician. However, Mike Farris would not allow me to grow old that easily. With a very good stage presence, they sounded perfect from the very first moment. Special mention goes for the sound technician, from Galicia. Outstanding. Of course, the excellent band helped to it: two black background singers, a French black drummer, and three awesome Irish musicians that set the bar for the remaining shows of the year.

Mike Farris has left the wild side of the road and, as well as Al Green and other great soul figures have done, God has become the centre of their universe. He gave his very all on stage and his voice was simply subline during the three hour show. In the first part he played different classics by Aretha Franklin, Prince, Ike & Time, Bob Dylan, Stevie Ray Vaughan, Ben E. King… for the enjoyment of the experts and the amateurs. I left the bar as it was impossible to stand still. The second part, that was just unbelievable. Mike did not keep anything for himself and gave us all a fantastic lecture in black music. He combined the groove with dance, sweat, communication and a limitless joy that turned a boring Sunday into a right into the heart adventure. At times, it looked as if oneself was in front of the very James Brown himself and his band. Thus, Farris managed to drag me from the bar to the front of the stage to give me the communion of soul music.

No hay derecho (Alejandro Espina – Ilegales)

No Hay Derecho (13.3.16)

Los aspirantes a músicos tenemos referentes que no siempre son extranjeros o inalcanzables, sino gente que muchas veces ves por la calle y que suelen ser más útiles que aquellos a quienes sólo ves en las portadas de los discos. En Asturias podían ser Los Locos, por ejemplo, o los mismos Amateurs. Eran músicos que habían llegado lejos (por ejemplo, a grabar un disco), y nos recordaban que el sueño era posible. Muchos de ellos eran músicos generosos que compartían sus conocimientos con los más jóvenes, que les mirábamos con adoración porque metían a cien o doscientas personas en un bar. Eso era para nosotros el éxito. Y, cuidado, con el paso del tiempo, hemos descubierto que sigue siéndolo. Algunos de ellos eran Dani León, Javi Ramos y el propio Alejandro Blanco. Apenas eran cuatro o cinco años mayores que nosotros, pero, a ciertas edades, era una diferencia monumental. La primera vez que supe de Alejandro fue por su banda, Kashmir. Hacían un hard rock melódico, un género que en España nunca llegó a estar del todo de moda, pero a mí me encantaban. De hecho, escribí un artículo para el periódico del instituto sobre un concierto que dieron en La Real (con Los Locos, UHP, Lee Junior, Berrones…) para Amnistía Internacional, y recuerdo que destaqué a Alejandro Blanco. Es curioso que, con los buenos músicos que había en esa banda, le destacase a él, siendo bajista. Pero destacaba. Poco a poco empecé a encontrármelo por la calle y le preguntaba cosas, como cuando vinieron los insípidos, pero muy dotados, Level 42, que de aquella eran de obligatoria visita para cualquier bajista.

Y mientras los más jóvenes empezábamos a fraguar nuestros grupos, llegó la noticia: Alejandro Blanco entraba en Ilegales. Fue el triunfo de todos. No había nada más grande a lo que se pudiese aspirar. Recuerdo la alegría de sus amigos, que lo celebraban como una Copa de Europa. Y también se resaltaba su bonhomía y se decía: “es demasiado buena persona para tocar en Ilegales”. Lo que estaba fuera de toda duda era su capacidad como bajista. Se adaptó a la perfección y replicó ese sonido grueso, pero con el ataque de la púa muy destacado, tan característico de Ilegales, inspirado en los primeros discos de Graham Parker (“I’m The Man”, por ejemplo). Alejandro mantenía el ataque constante y regular y es que, una de sus virtudes, era el tempo. Otra, el sonido. Gracias a que Babylon Chàt compartimos durante unos años discográfica y estudio de grabación (M-20) con Ilegales, a veces podíamos escuchar la pista de bajo aislada de Alejandro. Nuestro bajista, Ricardo Saavedra, también alumno suyo en el Taller de músicos, escuchaba admirado. Fue el propio Alejandro quien le explico a Ricardo el truco de hervir las cuerdas de bajo para reutilizarlas y no tener que comprar otras. Esos detalles son los que separan a un músico bueno de uno grande. Alejandro, el primero en triunfar y el primero en irse. No hay derecho.

Un mundo peor

Un Mundo Peor (12.1.16 - David Bowie)12 de Enero 2016 – El Comercio

A partir de hoy, el mundo será un lugar peor. Más vulgar, menos elegante y desprovisto de esas sorpresas sonoras a las que Bowie nos sometía entre grandes misterios. Nos hemos quedado huérfanos, sin un referente claro ya que se desmorona el mundo que conocimos. Aquellos ídolos que en uno o varios momentos nos salvaron la vida o, al menos, nos la hicieron más disfrutable, desaparecen y, entre todos ellos, Bowie era el más importante. Es, sin duda, el artista del que más se puede aprender, junto con los Beatles, aunque Bowie tiene una dimensión extramusical mucho más poderosa que los Fab Four.

Bowie fue la segunda revolución musical, esa que le dio dimensión artística a algo que no se consideraba arte en absoluto. Era el verdadero sonido de la ciudad y del mundo postindustrial. Bowie, sin negar la dimensión del espectáculo y del entretenimiento del rock, hizo crecer el rock en varias dimensiones. Bowie comprendió la importancia de la oarte escénica, un sentido de la teatralidad que había descubierto haciendo mimo con Lindsay Kemp. Aunque una de sus mayores características fue la reinvención constante de la persona; se inspiró en el manantial humano que conformaba la Factory de Andy Warhol, una suerte de subcultura que no atendía a razones de clase. Allí, todos se transformaban en seres sin pasado y con un gran futuro. Bowie tuvo suerte en una cosa: su primer manager, Ken Pitt consiguió una copia del primer álbum de la Velvet Underground antes de editarse. David Bowie fue la primera persona en Inglaterra que tuvo una copia. Escuchó muy atentamente el fraseo de Lou Reed y esas letras urbanas que describían mundos perversos o en decadencia. Todo eso le ayudó a conformar el tipo de espectáculo total que buscaba. Pero si hay algo que Bowie comprendió muy bien fue la dimensión mediática del rock y su lugar en la cultura general, es decir, el sentido histórico del rock.

Y es que Bowie desempeñó un papel de primer orden en el movimento de liberación  gay gracias a su ambigüedad y sus polémicas declaraciones, en parte aprendido también de otro maestro: Iggy Pop. Pero al margen de sus maravillosas canciones, lo que mejor hacía Bowie era enseñarte su apabullante colección de referencias y, por eso, cuando hicimos el curso sobre Bowie en el Aula de Música de Extensión Universitaria, hubiésemos podido impartir diez clases más sin problema porque su mundo es tan amplio y abarca tantas cosas que puedes vivir en ellas. Él nos enseñó a mirar el mundo de otra forma, a través de un cristal coloreado por Scott Walker, Murnau, Faust! o Nietzsche. Quedamos huérfanos porque es irrepetible y cuando todos naufragaban, él salía siempre a flote, lejos de la vulgaridad, como un cisne en medio de la ciénaga. Un mundo sin Bowie, es un mundo peor.

Los trucos de Bowie

Los Trucos de Bowie (12.1.16)12 de Enero 2016 – El País

¿Qué es lo que hace que la música de Bowie sea tan distinta y tan atractiva al mismo tiempo? ¿Cuál es el elemento que la hace tan especial? Hay varios factores, pero uno de los más importantes es que Bowie combina la epidermis blanca y europea con el corazón negro y norteamericano. La piel, la vestimenta, suelen ser los sonidos más próximos a cierta vanguardia asequible. A veces, de ese vestuario se encargan músicos y productores como Fripp, Eno, Visconti, Earl Slick, Mike Garson o Adrian Belew. Pero, por muy intelectual que Bowie se pusiera en algunos momentos, jamas perdió esa vena negra que sostiene todo el entramado musical. De hecho, desde 1974, casi todos sus baterías y bajistas (la sección rítmica) son negros. Es música hecha con cabeza, pero tiene ritmo. Esqueleto negro, piel blanca. “Heroes” es un buen ejemplo. Otro elemento básico es el proceso que usa Bowie para componer o desarrollar un tema. A diferencia de la mayoría de los autores, no escribe una canción para expresar sus sentimientos sino que, cuando quiere contar algo, primero crea el marco adecuado: cambia su vestuario, los colaboradores, en los setenta su lugar de residencia y, con esos parámetros preestablecidos, construye una canción como si fuera un arquitecto o un escenógrafo. No escribe desde dentro hacia afuera sino de fuera hacia dentro. Ese método le permite no repetirse casi nunca y mantener una calidad muy alta.

A eso también ayuda, por supuesto, su gran dominio de la artesanía de la canción. Siempre hay cambios de tono inesperados, modulaciones, secuencias de acordes poco habituales como ese sol disminuido que se convierte en sol mayor en “Absolute beginners” o las transiciones de “Station to Station” a lo Peter Hammill. Aunque haya un efecto sonoro interesante (la caja de “The Speed of Life”, por ejemplo), en Bowie siempre hay una buena canción detrás. Si toma elementos del minimalismo de Steve Reich o las texturas etéreas de Tangerine Dream, no es para quedarse en la mera forma o para esconder la carencia de un buen tema. El sonido no es la excusa. Otra clave es su voz… o sus voces. Él mismo reconoce que pone un timbre u otro dependiendo del tema y que no siente que tenga una voz propia.

Así, ha recorrido ese amplio espectro que va desde la exquisita pronunciación inglesa a lo Syd Barret, al tono de Anthony Newley y el maullido glam a lo Marc Bolan hasta llegar a las líneas melódicas que le emparentan con el Scott Walker más actual. Su afinación siempre perfecta hace el resto. Por eso hay cientos de imitadores que no se parecen entre sí. Julian Cope, Brett Anderson o David Sylvain se encuentran entre los mejores. Y, por último, otro factor que convierte su música en especial es que en ella caben muchas cosas. Elementos armónicos, referencias en las letras, tímbricas poco habituales, músicos que afrontan su instrumento con sobrada personalidad.

Y, por último, sin que sea un elemento sonoro, pero no menos importante, es la presentación. El envoltorio de la obra de Bowie es como una llave que te conduce a muchas habitaciones. Así, una escucha completa de uno de sus discos es un paseo por el mundo de la moda, del arte, de la arquitectura, del cine, de la literatura, del videcoclip y puedes vivir mucho tiempo en sus discos. Además, Bowie se esfuerza por descubrirte nuevos artistas, como hizo, por ejemplo con The Young Gods. Pero sobre todo, Bowie, jamás suena vulgar.

No es un capricho, es una queja

No Es Un Capricho, Es Una Queja (28.6.15)Casi un millón de espectadores en Teledeporte vieron el debut de la selección femenina absoluta española en el Mundial de Canadá. No es una cifra desdeñable, en especial, si tenemos en cuenta el ninguneo al que se somete al fútbol femenino. Pero, durante estos días, la selección ha ocupado un mayor espacio de tiempo en los telediarios. Eso sí, no ha sido el gol con la zurda de Vicky Losada contra Costa Rica o los pases milimétricos de Sonia Bermúdez. Ni tampoco han sido la lección imperial de defensa y creación de juego de Virginia Torrecilla o los regates de Marta Corredera. Lo que sí ha tenido relevancia es la petición de las 23 jugadoras de la selección de la destitución de su seleccionador, Ignacio Quereda, cuestionado en métodos y formas por todas ellas. Él, encantado de haberse conocido, al muy español estilo, no piensa dimitir y se aferra al cargo sostenido sólo por la gerontocracia futbolística.

Sin ir más lejos, el seleccionador de la absoluta masculina, Vicente del Bosque, ha dado una balón de oxígeno a Quereda en un absurdo ejercicio de corporativismo declarando que las jugadoras no han empleado “los cauces correctos” para sus quejas. No indica el Marqués cuáles son esos correctos cauces pero estoy convencido de que si lo hubiesen hecho con la sumisión y discreción que les demanda, ni él ni nadie se hubiesen enterado de este desencuentro al que Villar hace oídos sordos.

Y tan sordos, ya que hace unos días ha salido a la luz la escandalosa noticicia de que la Real Federación Española de Fútbol ignoró una oferta de 6’6 de euros para promocionar el fútbol femenino. Y sólo un 0’95% del presupuesto de la RFEF se dedica a ellas.

El caso es que la estructura del fútbol está montada por y para hombres y lo que se salga de ese canon, en este caso, las mujeres que lo practican, es considerado un accidente, una desviación de la norma. De ahí que ni siquera su entrenador las considere adultas ni profesionales y por eso las llama “chavalitas”. Muchas de ellas juegan en otros países y están muchísimo más enteradas que él en métodos de entrenamiento y tácticas; la la única razón por la que Ignacio Quereda lleva 27 años en el puesto es por la desidia de la RFEF que jamás ha pretendido buscar a alguien más dotado para ese cargo. Quereda, no sólo las llama “chavalitas” sino que otra muestra más de la percepción infantil que tiene de su equipo, ha llamado “pataleta” a lo que es una protesta en toda regla. Sí, “pataleta” como si fuese un capricho de niñas y no una queja de profesionales (el equivalente femenino de “La Roja”).

Como la Federación no está pensada para que las mujeres jueguen, los ‘cauces correctos” para quejarse a los que se refiere Del Bosque no existen. Por eso, Don Vicente (o, ¿porqué no llamarlo “El marquesito”) tienen que montarla gorda: para que las escuchen.

Joseph Uridil. Un Beckham del Danubio

IPK Logo“En la Viena de los años 20 los futbolistas formaban parte de las tertulias de los cafés con músicos y filósofos, como unos poetas más. Entre ellos, Joseph Uridil, estrella del Rapid de Viena, destacaba hasta el punto de tener su propia cerveza y su propia canción compuesta nada menos que por Hermann Leopoldi.”

Nuevo artículo de Igor Paskual para la Revista Líbero que podéis leer AQUÍ.

Yo leo porque…

Yo Leo Porque... (23.4.15)

Vivimos en un país cuya máxima aportación a la humanidad es un libro y, sin embargo, poco a poco, nos despegamos de ese vicio que es la lectura. Las razones para no leer son varias, pero una de las principales es la insoportable velocidad del mundo, que nos obliga a dar vueltas como galgos en un canódromo. Veloces para no llegar a ninguna parte, nuestras derrotas o victorias sirven a otros que han apostado y ven la carrera desde la grada. Leer es robar tiempo a un ladrón. El derecho a la lectura equivale a la obligación del tiempo libre. Pero, ¿cómo estimular la lectura? Yo empecé a leer porque la gente a la que admiraba leía mucho: Morrissey, mi madre o Jim Morrison. Como hacemos muchas cosas por imitación, se trata de poner un libro en la mano de quienes apreciemos. ¿Y cuál es el colectivo más aplaudido hoy en día? Los futbolistas, sin duda alguna, porque, aunque los concursantes de Gran Hermano son envidiados, nadie desea parecérseles. En el fondo, no somos tan distintos a ellos y siempre hay algo de vergüenza cuando nos miramos a un espejo. Así, en Italia han puesto en marcha una iniciativa llamada #ioleggoperché (Yo Leo Porque) y los días 12 y 19 vimos a los futbolistas de la Serie A (primera división italiana) y Serie B respectivamente entregar libros a su rival visitante en lugar del tradicional banderín durante el saludo incial. Los árbitros, además, vestían una camiseta especial con el lema de la campaña. La idea partió de la AIE (Asociación Italiana de Editores) que, en consonancia con el Ministerio de Cultura, librerías y bibliotecas, imprimieron 240.000 libros para esta ocasión en la que los escritores renunciaron a su porcentaje de derecho de autor. Entre ellos, están Alessandro Baricco, Luis Sepúlveda o Mario Monicelli. La estampa de un futbolista con un libro en la mano y un balón en los pies es bellísima y aúna dos de los mayores placeres que nos ha ofrecido el mundo occidental. Meter un gol a la ignorancia es regatear a la vida con ventaja

Radiografía del indie

Radiografia Del Indie (18.4.15)
PORTADA HistoriaOralDelIndieEnEspañolPequeño Circo: Historia Oral Del Indie En España

Nando Cruz. 939 páginas
Editorial Contra, Barcelona (2015
)

RADIOGRAFÍA DEL INDIE, por Igor Paskual

De la figura romántica y apasionada de Josetxo Ezponda de Los Bichos hasta las reflexiones monocordes de J de los Panetas en su torre de marfil, hay una radiografía exhaustiva de España a través de una escena musical que aún es objeto de debate. Son casi 1.000 páginas de conversaciones que se devoran fácilmente, en parte gracias a un muy buen trabajo de organización del libro, que está armado de forma cronológica y por escenas.

Nando Cruz, el autor, aparece como un periodista que deja hablar, que, a primera vista, no influye en el libro y que no juzga, pero su autoría está mucho más presente de lo que parece. Todos los protagonistas de este periodo musical dejan su testimonio y nadie de relieve se queda fuera del reparto de este gran (o pequeño) teatro humano. Como buena radiografía humana hay numerosas luces y, por supuesto, sombras; tal vez demasiadas. El libro es, en principio, la historia de unas personas que buscaban un menú musical diferente del que se ofrecía a finales de los 80 y principios de los 90 y esa parte es la más bonita de la historia: cómo descubren grupos y lo que significan para ellos. Y para ellas, que también hay mujeres.

De ahí se va a una de la consecuencias de esa pasión por la música que es, en mi opinión, el mayor éxito del indie español: la creación de una escena y/o circuito que antes no existía. Algunos de esos protagonistas ahora trabajan en la industria de otra forma y eso ha sido un gran avance. También hay espacio para los momentos conmovedores, como esa gira de Manta Ray por Alemania en donde se respira compromiso, amor por la música y mucha valentía. No quiero barrer para casa, pero la escena de Gijón, no sé si por ser pionera o por ser muy autorreflexiva, es de las más interesantes y demuestra que lo tenían más claro que otros. En este desfile humano surge gente coherente, personas críticas consigo mismas, pero también hay retratos de auténticos imbéciles y de egos desmedidos, en especial en el caso de Radio 3, donde algunos locutores apoyaron verdaderas basuras para crear con el dinero de todos una escena que ellos dominasen, marginando así otras propuestas. Y esta es otra de las constantes del libro: de cómo una escena minoritaria que se define por oposición a lo mayoritario, terminó siendo la favorita de los medios de comunicación más prestigiosos y vivió un proceso de sobrerrepresentación que nos sigue afectando hoy en día. Muchos de esos músicos y periodistas trabajan en la actualidad como programadores culturales o están en medios de comunicación masivos imponiendo un gusto muy concreto.

Otro de los asuntos principales que jalonan todo el libro es la dicotomía entre “comercio” contra “arte” y la incapacidad de estas bandas para resoverla. Sorprende que gente preparada cayese en esa dualidad ideológica del romanticismo y tan anticuada como los grupos y actitudes que ellos mismos criticaban. También aburre el número de grupos que no pudieron o quisieron asumir responsabilidades, enfrentarse a sus dudas, a sus conflictos con otros miembros, y que nunca lidiaron con la industria, grande o pequeña; en definitiva, se observa una negativa a crecer. Caen en un infantilismo que, por otra parte, era un mal que afectaba a gran parte de la juventud española.

Uno de los grandes aciertos de Nando Cruz es que también da la palabra a ejecutivos de discográficas y a muchos periodistas que, a la sazón, fueron los verdaderos responsables de la desproporcionada proyección mediática del indie en España. El resultado musical, sin embargo, es más pobre. Apenas cinco discos, quizá diez, siendo muy generosos, soportan el paso del tiempo entre los centenares de destalentados que, durante más de una década, aparecieron en las páginas de ‘Factory’ o ‘Rockdeluxe’ y las ondas de Radio 3.

En resumen, el libro es fabuloso y estamos frente a un documento monumental de enorme importancia, un libro de consulta obligatorio desde ahora para todos los estudiosos de la música en España. Es ya parte de nuestra Historia reciente.

De Mareo al Mundial

De Mareo Al Mundial (9.4.15 - 1)La selección española femenina gana a Irlanda en el Pepe Ortiz ante más de 1.500 espectadores en el último test antes de debutar en la cita de Canadá.

Olía a hierba recién cortada, el sol saludaba sin imponerse y sólo el excesivo volumen de la música de ambiente importunaba un miércoles con aires de deporte antiguo. El viento, en vez de ser un estorbo, ayudaba a que los blasones rojiblancos de Mareo diesen a la escena un tono de liza medieval. Y para contrastar con la curiosa selección musical que atronaba por los altavoces, saltó el combinado irlandés a formar al campo y escuchamos en pie su fabuloso himno, “A soldier´s song”, que produjo una sensación de reencantamiento. La “Marcha Real” nos devolvió a la cruda realidad. Que este equipo se haya clasificado para un Mundial teniendo que escuchar nuestro horrible himno nacional antes de cada partido, sin duda, tiene mucho mérito.

Pero la música embriagadora sí sonó en el campo al son que marcó Vero Boquete, que es muy consciente del papel que desempeña en el equipo. Su jerarquía y mando se notan en la rapidez con la que toma decisiones y en su inteligencia a la hora de conducir, aguantar el balón, centrar o ayudar en la contención. Su clase procede de su cabeza, de cómo piensa el fútbol. Es clave en el último pase. Muy conveniente también es hablar de Sonia Bermúdez, que porfíó, regateó, centró y demostró raza en su duelo personal con su némesis, Ruesha Littlejohn. Aunque, para mí, la estrella fue Jenni Hermoso, quien, además de marcar el gol del triunfo, demostró hechuras de gran jugadora, ocupó muchísimo espacio y su presencia fue garantía de solidez.

No fue un partido fácil. Como es ya habitual cuando España se enfrenta a selecciones, en teoría, menores, éstas se cierran y es difícil penetrar. Además, las irlandesas mostraban un armazón físico muy sólido y no dieron ni una sola muestra de cansancio durante los 90 minutos. Muy concentradas todo el partido, defensivamente eran como una columna dórica que comenzaba en su guardameta, imperial. Antes del partido era todo un misterio para nosotros saber cómo jugaban las irlandesas. Se habían enfrentado hace un año a la selección de Euskadi, pero apenas había imágenes disponibles. España, en cambio, ya no es desconocida para casi nadie. Sale con un 4-3-3, aunque, como Virgina Torrecilla se ubica a menudo entre la defensa y el medio campo y Priscila Borja tira desmarques rapidísimos en punta, por momentos se convertía en un 4-1-4-1.

De Mareo Al Mundial (9.4.15 - 2)Durante toda la primera parte, Quereda experimentó con la lateral derecho Marta Torrejón en la posición de central y Ane Bergara de lateral. No salió bien. Ruth García en el centro de la defensa no estuvo cómoda a su lado y, además, se desaprovecha la excelencia de Torrejón en banda que, en ataque, es una barbaridad. En su posición natural, su influencia en el juego es enorme. Sí funcionó Leire Landa en el lateral izquierdo, que pedía la pelota y no se arrugaba frente a nadie. Si superó un cancer linfático con 9 años, dudo mucho que ninguna torre irlandesa la detenga.

En la segunda parte se modificó la defensa y, ademas, entró Natalia Pablos en la delantera, que goza de un entendimiento excelente con Vero. Quereda entonces presumió de arsenal variado del medio campo: Vicky Losada y la excelentísima Silvia Meseguer, que despliega un juego de fantasía. Esos fueron los momentos en los que la Selección mosotró su lado más creativo y lleno de opciones, con estas jugadoras que tienen una extraordinaria querencia por el balón.

Eire no creaba peligro pero iban muy bien por alto, en donde hubo algunas dudas y marcaron un gol que les fue anulado, aunque, desde mi posición, pareció legal. Fue un partido rápido, con apenas interrupciones y, de hecho, sólo se añadió un minuto. Y al finalizar, mientras la música volvía a ensordecernos con… ¡OBK! -¡eso es un coitus interuptus e toda regla!-, Vero Boquete invitó a sus compañeras a saludar a las más de 1.500 personas que acudieron un miércoles a verlas. Que no está nada mal. Y aunque, al final, no pudo estar en Mareo Stephanie Roche, ganadora del segundo premio Puskas al mejor gol del 2014, Abelardo sí que honró el encuentro con su presencia. Lo más importante fue la multitud de gente que disfrutó y la cantidad de jugadoras del Femiastur de Avilés y del Oviedo Moderno que fueron a animar y aprender. Este fue el último partido de la absoluta antes de ir a Canadá. Muchísima suerte.