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Entrevista “Popular 1″ (Marzo 2013)

En el número de Marzo de la revista musical Popular 1, se encuentra una extensa entrevista de 8 páginas a Igor Paskual, que habla de sus influencias.

Popular1Marzo13

Nota: durante la entrevista, Igor habla de Black Sabath, donde en algún momento se menciona “una triada mayor” cuando se pretendía hablar de un “tritono”.

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Entrevista “El Arte de Mentir” (El Comercio, 3.3.13)

igor-07.jpgA Igor Paskual, después de todo, le da «cosa» hablar para una entrevista en público. Quizás por un repentino pudor, el que sigue a la publicación de ‘El arte de mentir’, un ensayo, o novela, sobre el mundo rock’n'roll en el que Paskual se «desnuda literal y metafóricamente». Publicado por Difácil, allí queda recogida la transición de las fiestas juveniles a la madurez del músico profesional, de Babylon Chat, la banda de su Asturias (casi) natal, a la proyección de su trabajo con Loquillo, del que es guitarrista desde hace más de diez años. Todo regado con excesos, cierto gusto erudito y una constante pregunta: ¿dónde acaba Igor Paskual y empieza su personaje?

-Después de leer este libro, ¿queda algún motivo para tomar algo con Igor Paskual? ¿O para dejarle entrar en tu casa?

-Tengo algo muy parecido a todo el mundo: en el fondo soy muy similar, simplemente soy un reflejo de la mezcla que convive en todos nosotros. Un tipo normal. Hay una parte más pública, que está «bien vista», la parte intelectual, que aquí riego con lo que le da otro sabor. Con el sexo, las drogas, la noche y el rock’n'roll. Supongo que acabas entrando.

-Loquillo habla, en el prólogo, del personaje que lleva diez años cultivando. ¿Cuánto de ese personaje trabajado ha escrito este libro?

-El libro está escrito a corazón abierto. Me desnudo literal y metafóricamente, con todo el empeño puesto en ser sincero. Esto es imposible, porque desde el momento en que te decantas por una farra nocturna y no por tres semanas preparando un examen estás discriminando, pero el libro es la verdad, aunque no toda la verdad.

-¿Lo han leído sus padres?

-No lo han leído y no creo que lo hagan: les recomendé que no lo leyeran. Mi novia tampoco lo leerá. Podría hacerlo, pero daría lugar a bastantes incomodidades: quien me conoce sabe que las anécdotas son ciertas. Mis padres son más fans de mi parte literaria que de la musical, desde pequeño, pero desde luego hay capítulos que les recomendaría que se saltasen. Los más… explícitos, digamos.

-Curiosas, esas dos esferas: puede publicar barbaridades en las que, al final, la reacción más preocupante sea la de quienes tiene más cerca. ¿Cómo lo maneja?

-Me pasa un poco lo mismo que en Babylon Chat, que para tu entorno puede no ser cómodo. Pero llegado el caso, prefiero arriesgar eso que un punto de vista artístico. Si tienes una poética tienes que llegar a ella. A mí me han dejado novias por cortarme en escena, con Babylon. Y en ese momento era lo que creía que tenía que hacer: si no lo entendían…

-¿Por qué este libro ahora? Es usted un tipo joven, con un disco en el mercado y dos hijos pequeños. ¿No estará cerca el final, o algo así?

-(Risas) ¡No! No voy a decir que esto salga por casualidad, pero sí de repente. La escritura es una segunda vocación. En parte, viene animado por Diego Medrano, que me dijo que siguiera y que lo moviera y lo publicara. Pero también porque en este momento, con el segundo hijo recién nacido, creí que mirar atrás, a esos orígenes, podía dar un resultado chulo.

-La gira americana de 2009 fue un hito en su vida y su carrera. Por la manera en la que la cuenta, hacia el final del libro, se resuelve la duda que ha recorrido todas las páginas anteriores: ¿Esto es verdad o mentira? ¿Es un efecto de estructura buscado o casual?

-No pretendía que fuera cronológico, pero sí, tras varias vueltas, tuve claro que el desencanto tenía que quedar hacia el final. Esa pregunta que te has hecho me gusta, me gusta mucho. Me obsesiona, hasta el punto de que con el libro (lo cuento con respecto al rock’n'roll) te llegues a preguntar si te importa más la verdad o la verosimilitud. ¿Qué aprecias más?

-Hay dos elipsis muy claras: una, no llega a describir explícitamente qué pasó en el fin de Babylon Chat, un fin de cuchillos largos; y dos, qué fue de todo ello. Es de sobra conocido, para quienes les siguieron, dónde está cada cual hoy. ¿Cuál es su balance ?

-(Silencio, y risas) Cada cual tenía su energía. Y cada cual debería hablar por sí mismo, yo solo lo puedo hacer por mí: algunos querrían irse de fin de semana con la banda, otros llevarse a las chicas de calle, otros liberar adrenalina… Lo mío siempre fue la música, más incluso que lo narciso que soy (que lo soy, y mucho). Y cada vez me gusta más, ya lo sé. Me sigo poniendo igual de nervioso, me da la misma energía tocar con el Loco para 5.000 personas que en un bar para 20. Esa es mi motivación. Las de los demás…

-¿Escribirá este libro dentro de 15 años?

-Lo que tiene este libro es que cuando yo estaba en Babylon Chat jamás me pude imaginar que mi vida iba a ser de esta manera. Sí que tendría algo que ver con el rock, pero no que iban a pasar tantas cosas. Supongo que sí, pero también puede ser que así, de repente, mi vida se convierta en algo monótono y sin ningún interés. Aunque no creo.

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Entrevista “Oviedo Diario” (por Jorge Salvador)

IGOR-PASKUAL_2709okLlegó la hora, se acabó la espera. Ya está en librerías el estre­no literario de Igor Paskual, un espectacular sobresalto para todos los amantes de la música, la vida y la literatura. En sus páginas no sólo descubriremos al músico canalla que inicia­ba su carrera, allá por los años noventa, sino al hombre plu­ral e inquieto, lleno de pasiones, contradicciones y muchos cordajes rotos. ‘El arte de mentir’ tiene mucho de grito y, con ese espíritu de noble indisciplina y sonora ebullición, “habla de deseos, sueños, fracasos, peleas, noches largas y de la cara menos amable del sexo en la carretera”. Habla de la menti­ra, sí, como método de supervivencia “en un mundo que no nos gusta y también como disfraz para acceder a los recintos del placer que a todo chico de clase obrera le está vedado”. Y llega de la mano de la Editorial Difácil -experiencia, entusias­mo y mucha valentía-, que con este libro suma nuevo título a un catálogo impecable.

.-Novela, autobiografía novelada, diario personal y fragmentario, ajuste de cuentas… ¿Qué es El ar­te de mentir?

Es la crónica de un sueño que se cumple y de las decepciones que surgen cuando alcanzas el paraí­so deseado. También es un viaje por distintas obsesiones que se mezclan entre sí. El fin del arte, el placer liberador del surf, el poder del fútbol, el cristianismo y su ca­pacidad de perdón, el terrorismo, la crueldad del Antiguo Testamen­to, el sexo como acto de dominio y crueldad. Y, por supuesto, el ro­ck, que es el eje que guía todo y es el hilo conductor del libro. Ahora bien, estructuralmente no sabría definir lo que es; diario por mo­mentos, libro de relatos, también algo de ensayo. Eso sí, te puedo de­cir que no es un ajuste de cuentas porque implicaría pensar que los demás te deben algo y que la vida no ha sido buena contigo. Yo dis­fruto cada segundo de mi vida y en ese sentido soy un privilegiado.

.-En el eterno conflicto entre rea­lidad y ficción, ¿quién gana la ba­talla? Te lo pregunto de otro mo­do: ¿Hay mentiras en El arte de mentir?

Ésa es la gran pregunta del libro: ¿dónde reside el valor del relato? ¿En mi capacidad como narrador o en la veracidad de los hechos? ¿En la reflexión que hago después de unos acontecimientos reales? Me obsesiona la idea de la since­ridad en el arte y en la vida por­que es absolutamente imposible conseguirla plenamente. Desde el momento en que relatas algo es­tás seleccionando unas vivencias sobre otras y sitúas unos matices por encima del resto. Estás jerar­quizando tus propias vivencias. Como dicen Barthes y Foucault, el lector es el gran responsable del texto. Verdad y mentira se dan la mano. Eso sí, las pocas personas que lo han leído saben que todas las historias son ciertas. Por otro lado, como bien digo en el libro, durante toda mi vida he utilizado la mentira para sobrevivir y para conseguir lo que quería. Como to­do el mundo. La sinceridad extre­ma sólo es higiénica y útil con uno mismo.

.-Relatas en estas páginas tus ini­cios musicales con Babylon Chat. Tiempos de rock y mucha carre­tera. Supongo que ahí, en aquellas experiencias, está buena parte del alma de este libro.

Hay mucho de mis inicios musica­les porque mi forma de ver la vida está muy condicionada por mis experiencias de aquellos años. La infancia dichosa pero gris, el rock como salvación, los mitos que tan­to me ayudaron… Y Babylon Chat, por supuesto, el grupo por el que tanto peleé y con el que hice cosas fantásticas y de mucha valentía. Fueron años tan difíciles que era importante contar esa parte ino­cente para entender por qué sien­to las cosas de esta manera. Yo en el escenario disfrutaba mucho pe­ro jamás volvería a esos tiempos. Fueron horribles.

.-¿Qué queda ahora de todo aquello?

 

Queda la pasión. No he perdido ni un ápice de entusiasmo por el rock and roll. De hecho cada vez me gusta más lo que hago, bien sea subirme a un escenario o es­cribir una canción. No siento que ese fuego interior haya disminui­do. Todo lo contrario, lo disfruto más que antes porque no tengo tantas inseguridades y conozco mejor cuáles son mis puntos fuer­tes y dónde tengo que mejorar. La vida es mucho mejor ahora. La in­fancia y la adolescencia están sobrevaloradas.

.-Éste no es sólo un libro de sexo, drogas y rock&roll. Hay mucho más: filosofía, historia, literatu­ra, música, toda expresión artística…

Todo está conectado entre sí. En el rock hay poesía; en el sexo, arte; en la religión se encuentra la his­toria… En una conversación sobre fútbol pueden aparecer matices sobre arquitectura, literatura o política. Hablo de muchas cosas porque son muchos los intereses e inquietudes del ser humano. Hay sexo porque he pasado mu­cho tiempo de mi vida pensando en él. Pero el arte es muy placen­tero también. Y las drogas apare­cen más bien como muestra del hartazgo ocasional que producen, porque la noche es fantástica pero muchas veces te pide mucho y te da muy poco a cambio. Lo que tra­to de mostrar es que el placer está en el cerebro.

.-Y mucha obsesión, mucho sím­bolo. Unos pantalones de cuero, un chaleco, un anillo, una guitarra desafinada… ¿Supersticiones?

No hay superstición, pero sí mu­chas ganas de ordenar el mundo que me rodea con objetos relevan­tes, fechas clave, coincidencias o canciones… Me aferro a ciertos objetos para que todo tenga un po­co de sentido y el mundo no se me haga tan anárquico o caótico. En la época de Babylon Chat había tan poco dinero que unos pantalones o una guitarra te podían acompa­ñar durante años y les cogías mu­cho cariño.

.-En tus conciertos prefieres siem­pre la cercanía del público, ¿se en­frenta un escritor con la misma pasión a sus lectores?

Creo que es distinta la música y la literatura en su manera de ser con­sumidas. En la época de Beetho­ven, el compositor sabía a quién se dirigía: una parroquia, un prín­cipe elector, un festival de fuegos artificiales… Se puede decir que era una música funcional. Ahora, en cambio, se compone para uno mismo. En el rock y en el pop, que son entretenimientos puramente capitalistas, tienes que vender dis­cos, al menos para no perder di­nero. Sin embargo no sabes quién compone tu público ni en qué cir­cunstancias van a escuchar tus canciones. Lo bueno del rock es que la incertidumbre de una gra­bación se compensa con el direc­to, donde ves las caras de la gente y te puedes mostrar más cálido y cercano. Éste es mi primer libro y lo he hecho poniendo lo mejor de mí. Creo que hay mucha pasión en el texto, pero han de ser los lecto­res quienes lo perciban.

.-Me han comentado que, aparte de la música y la escritura, tam­bién te interesa la pintura, la es­cultura y las artes plásticas en ge­neral. ¿La quietud será tu ruina?

El arte me apasiona muchísimo, es lo que estudié y lo hice con mu­cho placer. Siempre trato de estar al día en asuntos de ese tipo. Por ejemplo, ahora mismo ando con­venciendo a todo el mundo para denunciar todo esto tan vergon­zoso del Museo de Bellas Artes de Asturias, donde en su consejo de dirección está Gema Llamazares, una galerista. Es intolerable que no se haga caso a los expertos y profesores universitarios. Así que incluso en términos de gestión de museos me gusta estar al día. Y so­bre arte estuve una temporada es­cribiendo en este periódico y me encantaba hacerlo; no lo realizaba con el nivel de una revista especia­lizada, pero se trataba de acercar­lo a gente que no tuviese muchos conocimientos previos. La verdad es que lo disfruté mucho.

.-Te veo imparable…

Es que adoro la vida, tiene cosas fantásticas. No es que me intere­sen tantas cosas, por ejemplo de cine no tengo ni idea, pero es cier­to que cuando algo me atrae me gusta meterme a fondo. El rock ha sido mi gran pasión y ha anulado muchas otras como la arqueología, que me encanta y apenas leo un par de cosas al año. El rock es una amante muy celosa. Me encan­taría poder comprar el “tiempo”, tiempo para estar con mis hijos, para echar un día entero viendo partidos, componiendo… Hay mil cosas que hacer en la vida y eso hace que merezca la pena seguir en este mundo con tanto sinver­güenza suelto.

.-Encabeza el libro un prólogo de Loquillo. Dice que tienes un en­canto personal más propio del Si­glo de Oro.

Yo siempre me he visto muy rock, pero al lado del Loco supongo que nada es “tan” rockero. Y creo qué él, no sé si por edad o por lo que sea tiene una imagen algo román­tica de mí. Una temporada me di­jo que me veía como un Shelley o algo así y, ahora que me acuerdo, tuve un profesor en la facultad de Arte Medieval que cuando me veía por los pasillos me decía: “Paskual, pero ¿dónde va usted con esa pin­ta de pope renacentista?”. Siempre me hizo mucha gracia aunque no sé qué es lo que quería decir. La verdad es que el prólogo del Loco es precioso, está hecho con mucho cariño y se lo agradezco. Y lo del Siglo de Oro del Loco, ya le pre­guntaré a ver a qué se refiere, pe­ro creo que últimamente pasa de­masiado tiempo con Luis Alberto de Cuenca.

.-¿Cómo afrontas la promoción del libro? Creo que hay un tema espe­cial para El arte de mentir. ¿Pre­sentaciones, conciertos?

Quiero hacer todas las presenta­ciones que pueda. Madrid, Astu­rias, Zaragoza, León, Valladolid, Barcelona, Coruña y Euskadi son seguras. Y sería hacer el levante y el sur también. No planteo las pre­sentaciones como algo típico. Ya que el libro no es nada ortodoxo quiero hacer algo distinto, como mínimo llevaré la guitarra y ade­más de hablar con la gente quiero contar cosas del libro con ella. En una presentación de un libro de relatos en Zaragoza lo probé de esta forma y funcionó muy bien. El caso es que editaré mi segundo disco cuando termine la próxima gira con Loquillo y en ese periodo quiero sacar cada dos meses una canción inédita producida por gente distinta. La canción “El Ar­te de Mentir”, que la escribí justo cuando empezaba a escribir el li­bro se la encargué a Mario Viñue­la. Dentro de un mes, mi produc­tor habitual, Carlos Stro, vuelve de Los Ángeles y nos pondremos a trabajar muy en serio con el se­gundo disco.

.-Rematas en el texto: “Jamás me veo con mi edad”. ¿Qué reflejan tus espejos?

Una imagen fragmentada que po­co a poco voy poniendo en orden y a la que le voy viendo el sentido. Estamos tan acostumbrados a di­vidir la vida en compartimentos estancos que me resulta difícil en­cajar en algún lado y no me veo en un sitio concreto. Aunque soy muy rockero, no siempre me encuentro del todo cómodo en ese mundo. La vida universitaria me encan­ta, aprendo un montón y me lle­na, pero le falta algo de sabor, que obviamente me da el rock. Y mu­sicalmente, pues obviamente no soy un “indie” llorón y mis cancio­nes no son vanguardia. De hecho, creo que podrían sonar en los 40 principales sin problema. Sin em­bargo, ése tampoco es mi mundo. Por desgracia y muy a mi pesar, el rock no es la mujer perfecta.

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Entrevista a Igor Paskual (por Carlos H. Vázquez – Cambio 16)

Foto Igor Boa camaEs una tarde de Agosto en Madrid muy calurosa. La reunión con Igor Paskual se centra en cierto café con solera de la zona del metro de Bilbao. Mientras hablamos de los viajes, la carretera y las giras, el camarero sirve sendas consumiciones que darán cobijo a una extensa charla sobre la mítica (y la ética) del Rock and Roll, la prensa musical, drogas, política, sociedad, la vida con Babylon Chàt y después con Loquillo, además de hablar sobre “Equilibrio Inestable”, su disco en solitario que ha hecho crecer su figura como autor y como músico indispensable del panorama patrio. Las edades que observan terminan convirtiéndose en acaudaladas vasijas de sabiduría.

Texto: Carlos H. Vázquez – Publicada en Cambio 16, 28 de Enero 2013

Comencemos hablando de Argentina, veo que allí te dan bastante bola. Al margen de lo que haces con el Loco.
No es que me vaya de la polla, pero no me puedo quejar. Escuchan más. Creo que, junto con los países anglosajones, es donde mejor entienden el Rock. Tienen la oreja más abierta. No sé si es que escuchan con otra cultura o con otra inocencia.

Yo creo que, además, es parte de su cultura. Es su folclore.
Pero me extraña en Argentina. Aparte de ser un país culturalmente muy rico, como lo han pasado tan mal, para ellos el Rock es un medio de expresión válido. La gente allí se tira meses ahorrando para ver un show de quién sea. Le tienen otro respeto. En cambio, aquí, el Rock es un medio más de consumo como lo puede ser un videojuego, la consola, el cine, ir al McDonalds o al centro comercial. Pero es mi opinión. Aún así, me gustaría saberlo. Igual es que nosotros estamos saturados, como que lo hemos tenido demasiado fácil, y eso le ha quitado cierto misterio o rito al Rock.

¿Como a un niño que le dan todos los regalos de Navidad a la vez?
Sí, creo que ha pasado un poco eso. También está que hemos experimentado una mejora muy grande en muy poco tiempo. Hemos pasado de ser un país de arrendatarios en donde nadie era propietario y todo el mundo vivía de alquiler. Antes te echaban del trabajo y te jodía porque era el pan de tus hijos, ahora lo lamentas porque tienes una hipoteca que pagar. Es que esa diferencia de ser arrendatario o propietario es muy grande. Y en este país no sabemos lo que era eso hace 30 años.

O sea, que hemos pasado de ser vasallos a ser señores.
Exacto. Y creo que eso ha tenido mucho que ver con la música. Cuando las cosas te van bien te apetecen sonidos más blandos. Pero no sé qué es lo que sucede aquí exactamente porque el Rock a finales de los 70 y mediados siempre se consumió. ¡Barón Rojo llenaba los recintos de Madrid! El Heavy, eso sí, ha tenido bastante más aceptación.

¿Eso es debido a que eran “más de la calle”? También hubo una época en la que el Rock era considerado algo imperialista por aquello de venir de Estados Unidos.
El Rock en los 60 y en los 70 era considerado una cosa de pijos porque no era accesible a todo el mundo salvo para los chicos que iban a Londres o los que vivían cerca de las bases americanas (posiblemente porque sus padres fuesen militares). Por eso estaba visto como algo de pijos o accesible para una élite, como todo lo cultural en España hasta que murió Franco. Era una cosa de 4, por así decirlo. Pero yo entiendo el Rock de otra manera. Pasa que, en España, triunfa lo que es Rock urbano como Boikot o Extremoduro; ese tipo de sonidos, o ya el Pop blando o el Heavy, que es algo más de barrio. Pero el Rock, tal y como yo lo entiendo (algo más Bowie), no es una cosa que sea todavía muy popular en España.

¿Más como un modo de vida?
Sí, pero quizá con una cierta elegancia.

¿Y cuándo el Rock dejó de ser un sentimiento para pasar a ser un modo de vida?
Es una pregunta que tiene muchas más preguntas dentro (risas). El Rock en sí es un sonido, no es más que eso. Lo que pasa es que como nos transmite esas grandes pasiones, esa poesía o esa manera de sentir, nos gusta creer que cuando escuchamos un disco de Rock estamos siendo transportados a otra vida. Por eso nos duele tanto que se metan con nuestro grupo favorito, porque sentimos que se meten con algo muy personal, como realmente es. Pero desgraciadamente, para bien o para mal, el Rock tiene muchos usos, como lo tiene la pintura o lo tiene la literatura. Es mercantilista, de hecho. El Rock es un elemento muy importante dentro del sistema capitalista, que es esa válvula de escape necesaria, ese cuarto de baño que tienen todas las culturas, como el carnaval. El carnaval, por ejemplo, es esa especia de vomitorio donde volcar las frustraciones. Pero eso se paga y se cotiza. Hay gente que vive muy bien dentro de eso, gracias a eso y para eso. Es como un libro de Bukowski al lado de uno de Homero. El Rock es el toque lumpen que necesitamos. Los fans de Sabina o los fans de The Rolling Stones, por ejemplo, como todo el mundo, llevan una vida ordenada que encuentra su vía de escape con ese “momento Rock”. Eso lo han entendido muy bien los yanquis, pero somos nosotros los que no queremos acabar de creerlo. De hecho, ellos lo empezaron a llamar “show-business” quitándole ese halo romántico vistiéndolo solamente para venderlo mejor.

¿Y en qué lugar quedaríamos nosotros ante eso?
Nosotros, lo podemos tomar de una manera más romántica y que eso se corresponda con una ética para ser mejores con la gente que trabaja con nosotros. Cuando firmamos con una compañía queremos que sea un contrato en condiciones, legal, con gente que merezca la pena. Luego, nosotros podemos actuar de una manera más Rock, de la manera más ética o no. Pero mucha de la gente que se encuentra (y se ha encontrado muy arriba) no ha actuado de la manera más ética.

También es posible que se tenga idealizado este mundo. El rollo de los camerinos, el eslogan de “sexo, drogas y Rock and Roll”…
También. El eslogan “sexo, drogas y Rock and Roll” tuvo sentido en su tiempo, que es en los años 50 con esa etapa puritana de los norteamericanos, esa doble moral que tienen por ser descendientes de calvinistas integristas. Date cuenta que las primeras migraciones norteamericanas no son por motivos económicos, como la irlandesa en el siglo XIX, sino que fueron por motivos religiosos. O sea, los primeros puritanos del Mayflower y su puta madre, todo eso, son porque eran extremadamente puritanos, metodistas; por el método y La Biblia. Por eso tienen ese punto tan puritano. De hecho, cuando The Beatles fueron a girar por Estados Unidos, flipaban de lo puritanos que eran. Claro, ellos venían de lo que era la Inglaterra de posguerra que se liberó en los 60 y se encontraron con una América muy pacata.

Quedó constante con la frase de Lennon sobre que The Beatles eran más conocidos que Jesús.
Exactamente, y sobretodo en términos sexuales. Eso sí que tuvo que ver con la liberalización de las costumbres. Pero a partir de la liberación del 68, cuando ese tipo de costumbres se liberan realmente, lo que hace el sistema muy sabiamente (como siempre) es pasar por caja. Entonces, cuando nosotros hacemos “sexo, drogas y Rock and Roll”, estamos pasando por caja, sea para un camello, un pub, una discoteca, una tienda de discos… El lema es válido, pero es válido con todo lo apetecible y con todo lo placentero. A mí me parece que es eso y mil cosas más, como Cernuda, Lorca, Dalí… Son cosas muy placenteras, pero ese leitmotiv sirve para que nosotros, cada vez que escuchemos un disco de The Rolling Stones o vayamos a un concierto suyo, sintamos que estamos viviendo una vida que creemos que ellos viven. Digamos que el Rock tiene el pasaporte hacia ese misterio. Es importante para la sociedad.

Como el fútbol, ¿verdad?
Como el fútbol y como mil cosas. Pero el Rock está muy bien integrado. Nació en Estados Unidos gracias al hecho de que un músico negro pudo ser popular. Fue ahí cuando comenzó a ser rentable el Rock. Ahí se acabaron las barreras raciales y no había problema alguno. El Rock and Roll es algo maravilloso y fantástico, pero nunca hemos de perder la perspectiva de que entra dentro de un sistema que paga, en el que vive mucha gente y donde hay (o había) un sistema muy bien armado. Aunque para muchos lo sigue habiendo. Detrás de ese sueño romántico que tenemos y que hemos aprendido a través de los discos, creo que hay un margen de operación muy amplio: desde poder ser un hijo de puta (como tantos y tantos que he conocido en el negocio), hasta gente que lleva realmente esa honestidad a los máximos niveles. Mucha gente ha intentado hacer una ética con el Rock and Roll.

¿Ejemplos?
Pues mucha gente del Hardcore, que es precisamente la rama de la música que más me gusta. Todo el Hardcore de principios de los 80 con Fugazi o Hüsker Dü, era algo que ellos llevaban al límite, que era la de la enseñanza del Rock para crecer con ello y ser válido teniendo una ética y estando también en contra de una serie de cosas que querían transmitir. Hay muchas maneras de tomarlo, aunque luego se puede ser un pedazo de hijo de puta.

¿Y qué hacemos con GG Allin?
¡El extremo! No voy a decir que me parece cobarde, pero sí que es un lado en el que no tienes que rendir responsabilidades ni cuentas a nadie porque no creces con ello, te autoaniquilas. Llega un momento en el que te quemas, vale, ¿y qué? ¿De qué me sirve eso en mi vida diaria cuando bajo a comprar el pan o cuando me enfrento al dilema de echar o no a un músico? ¿Qué me ha enseñado esa actitud para que yo pueda responder a eso? Pues eso me lo ha enseñado el tío de Fugazi o Joe Strummer, en un momento dado, pero no GG Allin o Sid Vicious. Son extremos que se tienen ahí, en el panteón sagrado, pero realmente no se tienen que enfrentar a las propias responsabilidades de las decisiones que ellos toman. En cambio, el tipo de Fugazi o la gente de Black Flag, sí. Me parece más interesante gente que crece con el Rock and Roll. Es una cosa muy adolescente, pero lo que me apetece es poder crecer con ello y plantearme con 40 años o con 36 (los que tengo ahora), teniendo hijos y una familia, cómo el Rock and Roll puede convivir con mi vida.

¿La honestidad de crecer con lo que estás haciendo?
Exactamente. El ejemplo de GG Allin me sirve de poco porque era un kamikaze. Es una especie de huída hacia delante que está en la gran mitología del Rock, que nos siguen vendiendo desde todos los lados y que nosotros queremos comprar porque nos gusta comprar y nos gusta consumir algo que nunca vamos a hacer. De hecho, lo vemos cada poco en la Rolling Stone, que es una de las revistas que más difusión te da pero que en España es quizá una de las revistas más estúpidas que hay. Es una revista hecha por gente de clase media-alta o normal que idealiza “las noches salvajes del Rock” y toda una sarta de estupideces para lavar la cabeza a quinceañeros. Totalmente, en ese aspecto, prefiero mil veces el Popular 1. No voy a decir sí es más consecuente, pero me parece que reflexiona sobre eso mucho más. Pero eso de “la vida más corta de no-sé-quién” o “los suicidios más impactantes” me parecen una sarta de mongoladas. Todo ese tipo de titulares asquerosos y demagógicos contribuyen a perpetuar ese mito anodino del Rock que a estas alturas debería estar ya muy superado, pero no lo está.

¿Porque “ellos” quieren que siga siendo así?
Porque lo quieren ellos y porque lo queremos nosotros, que somos gilipollas y lo seguimos comprando. Lo saben y lo siguen moviendo. Es igual que la tele con Jorge Javier Vázquez: sigue dando lo que da porque la gente lo ve.

Pero nadie ve el programa salvo si es de pasada cuando iban cambiando de canal.
(Risas) Claro, todos vemos La 2.

Me imagino que es algo parecido a lo que sucede con la cantidad de festivales. Mientras haya demanda…
Sí, pero el festival juega con una baza: venden una experiencia global. La música es una tercera parte para esa gente que va al festival, a no ser que sea un Azkena, que es un festival para gente muy “gourmet” que sabe lo que va a ver. Pero por lo general, si hay un cartel medianamente interesante, creo que se juntan más cosas, como estar 3 días con tus amigos. A mí me parecen incómodos, pero la gente que conozco que va, lo hace para eso y para otras cosas. Y claro que tiene cada vez más demanda. Estamos en un país en el que gustan todas las fiestas.

Y que el Rock, como tal, no tiene demasiada cabida dentro de ciertos festivales. También está apartado de las radios, y si no hay gente que lo apoye, no habrá demanda, y si no hay demanda… ¡kaput!
Claro, pero es que el mayor problema que tiene la música hoy en día (que hay muchos) es, para mí, el de la difusión. Todas las radios están copadas por viejos “oldies” y se han dado cuenda que ha funcionado el modelo de KissFM, que es poner música para que tú no cambies. Es decir; antes te enganchabas a una radio porque no había más, pero si a los 20 segundos no te gustaba una canción, cambiabas. Ahora se han dado cuenta de que el oyente no tiene que cambiar de canal porque ya saben lo que le gusta. Si Calamaro saca disco, no le van a poner la nueva canción, sino ‘Flaca’ o ‘Sin documentos’, por ejemplo. Por lo tanto, todas esas radios que antes estaban para todos esos artistas mainstream, ya no están ahí, sino que ocupan las radios donde antes estaban otros artistas más pequeños. Así es muy difícil que alguien escuche tu canción.

¿E Internet?
Internet es una gran herramienta, pero le falta el filtro. Hay mucha información, pero es normal, a mí me pasa también. Recibes miles de llamadas y no sabes a cuál atender. En ese aspecto, encuentro lo complicado. ¿Pero qué es lo que pasa? En mi caso, pasa lo que antes me habías reflejado: hoy en día está el mercado Heavy, el mercado Indie, el mercado Mod… si tú perteneces a uno de esos grupos, más o menos tienes tu circuito. Cerrado, pero lo tienes: tus revistas, tus radios pequeñas y tus festivales. Pasa en el Indie, pasa en el Heavy y en músicas más minoritarias. Pero con el tipo de Rock que hago, que no es ni muy Heavy ni muy Pop o Indie, noto que me cuesta ver el tipo de revistas afines a mí. Igual soy más afín a Popular 1, sin que sea un “artista Popular 1”, pero es posible que haya gente de Rockdelux a la que le interesaría. Pero son compartimentos estancos, que es como funciona la música en España. Compartimentos muy separados, mucho, para todo.

Nos prefieren alienados, amigo.
¡Eso es! Está todo tan separado que veo a la gente muy sectaria. Poco a poco, y por suerte, vamos quitándonos eso, pero está “lo mainstream”, “lo Indie”, “lo Heavy”… entonces, el que está entre dos tierras lo pasa un poco mal. Tienes que tocar más puertas porque tu público está en muchos más sitios.

También habría que tener cuidado con el encasillamiento. Basta que dejes de ser el líder de una banda para hacer una carrera en solitario como para que te sigan recordando por el nombre de la antigua banda y no por lo que haces en el presente.
No sé los demás, pero en mi caso siempre pido que en los carteles no aparezca el nombre de Loquillo, aunque a veces se me cuela alguno. Pero creo que lo hacen porque como cada vez es más difícil vender tickets, tienen que tirar de cualquier reclamo. Lo hacen hasta con los grupos más grandes, a no ser que seas un Noel Gallagher y que tu propio nombre hable por ti. Me imagino que ya será una necesidad de hacer publicidad. Yo prefiero no ponerlo, pero reconozco que el tipo del bar quiere que entre la mayor gente posible y piensa que eso es un reclamo. Es que es muy difícil hoy en día llamar la atención y cuesta mucho dar a conocer tu música después de separarte de un grupo. Te pongo el ejemplo de Pereza al tener dos nombres muy conocidos, pero si no fueran tan conocidos tendrían que poner Pereza al lado de sus nombres, seguro.

Y eso que Rubén venía de Buenas Noches Rose, grupo mítico del underground. Como tú, que venías de Babylon Chàt. Eso sí, sales del underground y esos nombres se diluyen. Amén de que habrá gente que ni sabría de tu estética Glam antes de ser “guitarra de Loquillo”.
Ahí ya hablaríamos de las categorías y de las imágenes. Cuando tú le das una imagen a la gente, quiere esa misma imagen después. Hablas de Jaime Urrutia y ya ven la imagen del Rock torero. Y ya está. Es difícil moverlo de ahí. Por eso a Loquillo le ha costado mucho hacer discos de poetas o cosas mucho más allá, porque tiene el estereotipo de tío que sale al escenario a comérselo todo haciendo Rock. Una vez que te creas el arquetipo, es muy difícil salirte de él. No sé si es por el país en el que vivimos o por cómo funcionan los grandes medios de comunicación. Es decir: la gente no quiere complicaciones. Leen el periódico a toda leche mientras desayunan y ven una foto de alguien porque no quieren grandes matices, sino una idea con categorías muy claras y muy sencillas porque no tienen ni tiempo ni ganas como para digerir más. Creo que va un poco por ahí.

Pero, en parte, es bueno que no sepan dónde meterte…
Bueno, depende del estatus que tengas. Para Enrique Bunbury no será algo muy complicado aunque lleve algunos discos con la misma tímbrica, pero su característica es que ha hecho cosas con muchos cambios radicales, que me parece su etapa más interesante. Ha hecho de esos grandes cambios una marca. Creo que él, junto con el Loco, es de los pocos que lo han conseguido hacer.

Voy a centrarme en tu caso, pero no en la música en sí, sino en las letras. Con Babylon Chàt era todo muy atropellado, mientras que con Loquillo has tenido que aprender a hacer letras más reposadas incluso pensando en él. Sin embargo, en tu carrera en solitario, hay una evolución de todo eso.
Sí, y estás en lo cierto. En Babylon Chàt hay letras muy urgentes, exactamente en “Hotel adicción”, que es un disco más Punk y tal. Pero en “Bailando con Brando” ya voy matizando un poco más. En cuanto al Loco; él hace las letras y yo le compongo algunas, pero hace la mayoría. Con él no aprendí solamente a escribir, sino a cómo concebir la música. Como con Jaime Stinus, con quién me entiendo mucho y muy bien también. Es un tipo muy sabio que tiene la música en la cabeza a muchos niveles: de conocer discos, de tocar instrumentos, de producir, de concepto global como autor, como guitarrista… realmente es un tipo muy bien armado. Cuando se nos vaya, su cabeza debería pasar a otro (risas). Aprendí mucho de él.

La piedra angular, vaya.
Lo es. Es un tipo muy músico. En este último disco que hemos estado grabando de Loquillo, escuchábamos muy poco las maquetas, lo grabábamos en directo y él sabía ver muy bien la jugada para saber dónde lanzar la canción. Es de los mejores momentos musicales que he tenido en mi vida.

¿Y la experiencia con Loquillo?
Para empezar, es 15 años mayor que yo, y es alguien que toca en otra serie de escenarios más grandes en los que se necesita otro tipo de lenguaje muy diferente comparado con los bares en donde yo tocaba. Eso fue un cambio del copón. Luego, yo tuve que ponerme a escuchar mucha música de la cual el Loco era fan y yo desconocía. No era ese rollo 50 que ya conocía, sino algo más Kristofferson y mucha música francesa, de la que no tenía ni idea. Son dos lenguajes más reposados, muy alejados del Punk y del Glam. Pero aunque al Loco le gusta el Glam, ha tirado más por la parte más elegante del Bowie de “Young americans” o por la parte de Roxy Music. Es un cambio enorme. Así que, antes de sacar mi disco, estuve un tiempo buscando un lenguaje propio que no sonara ni a Babylon Chàt ni a Loquillo. Veía que tenía mucha información y que debía de gestionarla de alguna manera. ¿Qué podía hacer con todo eso? ¿Dónde está mi voz? ¿Dónde mi papel? ¿Qué es lo que quiero contar?

Y tardaste…
¡Tardé un huevo! Hombre, con el Loco había un gran volumen de trabajo también. Pero cuando te pones a armar un disco ya sabes lo que es. Antes de hacer nada, me puse a hacer muchos conciertos. Después vino buscar un contrato y grabar el disco… o sea, se tarda. No es algo que salga urgente, pues es un proceso lento. A eso añade que había que buscar fechas, tener un “impasse” con el Loco… Se juntaron muchas cosas que fueron atrasando todo.

Voy a irme atrás en el tiempo para tratar el tema de tu entrada con Loquillo. Entraste en un momento jodido, cuando Trogloditas estaban acabando, mucho después murió Guille Martín…
Loquillo y Trogloditas siempre me habían gustado un montón, junto con Ilegales y algunos discos de Los Rebeldes, porque era un poco el paradigma del Rock que a mí me gustaba. Rock muy potente, sin miedo a las baladas, con un gran sentido del directo… Y no era Rock urbano, aunque tenían mucho de callejero, pero era algo más elegante, como The Clash. Para mí, los Troglos eran los Clash españoles. Además, tenían esa pinta y unas letras con doble o triple lectura. Era un grupo que daba mucho de sí. De todas formas, me alejaba de las referencias, aunque con Jordi Vila (que era con el que mejor me llevaba) teníamos muchos gustos en común. Todo ese lenguaje del Rock que ellos manejaban ya me lo conocía. Por ese lado fue relativamente fácil. Pero lo complicado era cómo hacer el paso con una banda de Rock potente, como la gira que hice con Xabi Tacker, entrando con mogollón de ganas al escenario. ¡Eran la banda del “¡A por ellos…! Que son pocos y cobardes”! Recuerdo conciertos que eran auténticamente demoledores. Ese fue el canto de cisne de una época, pero el Loco tenía muchas cosas en la cabeza y había que ponerlas en orden. Discos como “Balmoral”, “Arte y ensayo”, “Su nombre era el de todas las mujeres”… ¿Cómo podía dar ese giro hacia un Rock más europeo más adecuado a su edad sin perder latido? Fue un proceso que llevó muchísimo tiempo. Fue lento. Y ya no sólo hubo que hacer limpieza de músicos, sino que además el negocio en España está llevado por gente que casi son más ganaderos que otra cosa. Lo digo con cariño, pero había mucho que limpiar ahí.

Es que la época de la que venían pesaba (y pesa) mucho.
Venían hipotecados por esa gran época que fueron los 80 y venían con mucho lastre, ya no musical, sino también mental. Era una manera de funcionar distinta. Fue todo muy poquito a poco, quitando management, músicos, formas de trabajar… todo ese pelo de la dehesa española. La verdad, hay que reconocer, que ha mejorado mucho. Antes, para conseguir un sonido potente de guitarra en España, era imposible. Pero ahora, cualquier tío medio competente te lo sabe hacer. ¡Los tipos de los estudios escuchaban a Kenny G!

Y no hablemos de los vientos… Creo que por entonces, los únicos que sonaban bien con vientos eran Raphael o Camilo Sesto.
Mira, tú escuchas los discos de Raphael o incluso temas de Raffaella Carrà, y alucinarías después de escuchar el sonido que tienen los bajos y las baterías. El problema en España fueron más los 80 que los 70. Escuchas las guitarras de Leño y suenan mejor que las guitarras de Rosendo en los 80. No sé qué pasaría, pero es como que se desaprendió un camino.

Ahora está volviendo ese rollo, como New Wave…
Sí, pero ya es una manera buscada y hecha adrede. Además, el nivel de infraestructura para grabar un directo ha mejorado mucho en España. En Argentina, te das cuenta lo que les cuesta conseguir una púa de fibra o un pedal o un afinador bueno. Te hablo del músico medio, claro.

¿Tendríamos que darnos con un canto en los dientes?
Depende para qué. Hay gente que puede tener instrumentos buenos y acceder a Internet. Yo me tiré dos meses para sacar el solo de ‘Johnny B. Goode’ (risas). En ese aspecto hay muchas más ventajas. Pero ya te digo, en España podemos darnos con un canto en los dientes por muchas de las cosas que tenemos porque es que no sabemos ni lo que tenemos.

Nos hemos quejado de vicio, también.
No sabemos apreciar lo que tenemos ni de coña. No hemos sabido apreciar el sistema sanitario, ni el educativo, ni nada de lo que tenemos. Este varapalo es una mierda porque vamos a salir fatal de la crisis, pero igual nos viene bien para apreciar.

Ahí podemos enramar tu frase “un pesimista es un vago y un hijo de puta”.
En España, sí. Es verdad y lo siento así. Pese a toda esta situación económica que estamos pasando, aún así somos unos privilegiados. Vivimos en un 20% del planeta que tiene agua corriente. Solamente por eso ya deberíamos estar agradecidos. ¿Qué me diferencia a mí de un tío que ha nacido en Nigeria? Nada, que yo he tenido la suerte de nacer aquí, nada más. En Argentina, si te quedas dos veces en paro, no tienes derecho a cobrarlo. O vete a otros países como Perú, países menos seguros. En ese aspecto hemos sido muy poco conscientes de lo que costó tener las cosas y de lo que es. Un colegio público en los 80 tenía una educación de puta madre. Ahora veo a muchas mamás llevando a sus hijos a un colegio privado porque piensan que pagando la educación va a ser mejor puesto que lo gratis tiende a ser malo. ¡Nosotros en los 80 nos meábamos en los privados! Y es una suerte que no pasa en todos los países. En Inglaterra, para estudiar tres años de carrera, te hipotecas porque no hay quién lo pague. Es muy difícil pasar de clase social. Todo eso pasó después de Thatcher, por cierto. No es que me alegre de lo que está pasando, pero nos va a venir muy bien llevarnos una buena hostia para que nos demos cuenta de lo que nos va a costar volver a tener los servicios sociales que teníamos.

Algo así cantas en ‘Bebemos’, por cierto. Habla de las borracheras, la resacas… pero también de que hay que seguir adelante.
Sí. Pero es una canción muy ambigua porque realmente no me posiciono ni estoy diciendo que dejes de beber. Simplemente vi que muchas canciones hablaban de beber y de las resacas, pero muy pocas hablaban de por qué bebemos. Entonces, solamente quería hacer un recorrido de lo que te lleva a beber y a hacer esas promesas siempre incumplidas (risas). Yo, que vivo en el norte, veo con respecto a otras zonas lo complicado que es dejar de beber y más cuando nos socializamos tanto con el alcohol. Es que es más fácil conseguir en un camerino a las 3 de la mañana una raya o una botella de whisky antes que un sándwich (risas). Pero sí, por supuesto que hay que seguir.

Y tener autocontrol y mesura, ¿no?
También. El problema es que es muy complicado. Antes me gustaban las cosas con mucho exceso, pero ahora empiezo a disfrutar -con los años- la mesura porque no hay cuerpo ni tiempo que lo sostenga, sobretodo en eso de gestionar el tiempo. Cuando estás muchos días viviendo de noche, pasas muchas resacas… y el día tiene 24 horas. Además, la noche lleva mucho tiempo, aparte del dinero. Llega un momento en el que ya has vivido tanto esas cosas, que termina perdiendo sentido porque son como vidas repetidas que consumen mucha energía. Pero creo que es una etapa que hay que vivir porque tiene un aprendizaje, pero es una etapa y hay que superarla. Ya está. Es lo que diferencia al niño del adulto, esa manera de vivirlo. Hay de todo: unos se han quedado y otros siguen, pero cuando estás en gira, ese es el alivio rápido. Que por cierto, te recomiendo el libro de Silvia Grijalba titulado así; “Alivio rápido”. Trata sobre una banda en gira y todo eso de lo que te estoy hablando. Pero en fin, cuando pasas esa época de estudio y de aprendizaje teniendo una edad, toca trabajar y hacer buenas canciones.

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Entrevista – Igor Paskual se escribe con K

Hace ya algún tiempo intenté poner en marcha una nueva sección para la que iba a necesitar la ayuda de bandas o artistas con un nivel de repercusión más alto del que normalmente se mueve en esta casa. Así que me puse en marcha y contacté a una gran cantidad de ellos. Bueno, supongo que el no haber comenzado esa sección os dará una idea del éxito obtenido. Sin entrar en detalles, hubo tres tipos de respuestas. Algunos de ellos me respondieron amablemente diciendo que buscarían un hueco o que les diera un tiempo porque estaban liados. Otros me respondieron a través de sus agencias con una gélida negativa del tipo “no va a poder ser”. Otros ni siquiera me devolvieron el mensaje. Independientemente de los tres casos anteriores, el resultado fue el mismo. En ese instante decidí abandonar la iniciativa indefinidamente y seguir con lo mío que es ayudar a bandas todavía accesibles.

Hace unas fechas le contaba esto a una buena amiga (gracias Carmen por tu ayuda) y ella, lejos de alentar mi historia con el típico “ya les vale”, se descolgó con un “¿por qué no se lo dices a Igor Paskual? Es un tío super accesible que ha publicado trabajo hace poco, seguro que le apetece pasar por tu blog”. En un principio yo no estaba demasiado receptivo, pero al final me animé y a través de ella me puse en contacto con Igor. ¿Resultado? pues yo diría que excelente es decir poco. Comunicándose con su email personal de manera directa, ha respondido a una entrevista sin poner pegas, ni requisitos, ni nada más que naturalidad y cercanía. Hemos hablado de su disco Equilibrio Inestable, de cómo el rock corre por sus venas, de su trabajo junto al Loco, de su vida personal y de sus proyectos. Ser un guitarrista consagrado podría haber convertido a Igor Paskual en uno de los casos que he citado en el comienzo de este post, pero afortunadamente no es así. Me gustaría recomendar a todas las bandas que han pasado por mi casa buscando un empujoncito y a las que están por llegar, que si algún día ven sus sueños cumplidos, no se olviden de seguir atendiendo a la gente con un mínimo de interés y de humildad.

No solo los buenos discos o los grandes directos dan valor al artista. Hay muchos kilates que van implicitos en el comportamiento de las personas, y esos no los puede comprar nada ni nadie, se tienen o no se tienen, por eso la K de Igor PasKual está más que justificada.

Os dejo con la entrevista, espero que os guste leerla tanto como me ha gustado a mí el poder ofrecérosla…

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-       Igor Paskual deja de navegar en la sombra y capitanea su propia nave. ¿Te mareas?

     No, para nada, el camarote es mucho mejor cuando eres capitán!!! Es un barco más pequeño pero la tripulación me reserva el mejor lugar para la singladura.

-        Equilibrio inestable. Una contradicción para titular tu disco. Parece que huyes de la homogeneidad. A tenor de lo que ya se ha hablado de tu trabajo ¿crees que en general la crítica se ha percatado de ello?

     Sí, está claro que se ha percibido la gran variedad de estilos que hay en el álbum. Estoy muy contento porque no sólo hay diferencias en cuanto a los sonidos sino que las letras también explican cosas muy distintas entre sí. Cuanto más mayores nos hacemos mayores experiencias acumulamos y nos volvemos más complejos, con más matices, también, a veces, con más contradicciones.

-        Lo mejor y lo peor de Equilibrio inestable…

     Creo que no soy el más adecuado para decirlo. Ha sido un álbum bastante alabado y aún no lo puedo juzgar con la suficiente distancia. Marca un antes y un después en mi vida pero eso es algo muy personal. Lo peor del disco quizá sea los cambios de acento en algunas palabras y aunque no lo haga mucho prefiero mejorar en ese sentido. Por el resto estoy muy contento.

-        Has invitado a la guitarra en tus canciones, pero no le has dejado ser anfitriona y protagonista. ¿No te gusta el papel de rockero que ha hecho un disco para dar rienda suelta a sus solos?

     En general, hay demasiados solos y pocas canciones. Me gustan los solos que son una canción en sí mismos como los de George Harrison con los Beatles o los de Chuck Berry. O ya poniéndonos en plan solista virtuoso, los que hacen Slash o Brian Setzer. Casi todos mis guitarristas favoritos tienen un peso enorme en la canción, pero no como héroes de la guitarra mástil arriba y abajo sino con cómo se incorporan en la canción  tipo Johnny Marr, Graham Coxon o Pete Townshed. Veo las canciones como un todo, la guitarra es una parte más. Prefiero mil veces a Skip James que a Eric Clapton. Intenté que apenas hubiera solos, incluso en las maquetas de “Bebemos” o “Mis amigos” había pequeños solos, casi motivos de guitarra pero que al final se hicieron o con una trompeta o un sintetizador. Es también una cuestión de texturas. Javier Vargas ya hay uno y el mundo no necesita otro.

-        Contratar un productor es un ejercicio de humildad importante. No quieres perder la perspectiva de tu trabajo. ¿Extrapolas esto a todos los ámbitos de tu vida?

     La única manera de conocernos a nosotros mismos es a través de los demás. Son los otros lo que te dan perspectiva de lo que eres, por eso hay que escuchar y sentir lo que dicen los demás. Puedes ser un imbécil toda tu vida y no enterarte porque nadie te lo dijo o porque te lo dijeron y no pusiste la suficiente atención. En este disco era clave tener un productor, alguien en quien confiara y me diese otro aire. Tardé en encontrarlo, afortunadamente, el dueño del Camdem (donde está rodado “Bebemos”) que es un amigo común de los dos, nos puso en contacto porque creía que él podía ser la persona que buscaba.

-        Decía Jorge Drexler “un hijo te vuelve a enseñar”. ¿Esperas que con el tiempo, la paternidad te enseñe o bien te recuerde cosas que ya habías olvidado?

     No sé muy bien qué es lo que te enseña la paternidad, es difícil explicarlo en esos términos tan cuantitativos. Parece que todo tiene que poder medirse o pesarse y no siempre es así. Yo sólo sé que me siento mejor, mucho mejor, adoro estar con él y creo que soy, incluso, mejor persona, quizá más generoso y con un código de valores algo distinto al que tenía hace unos años. Ser padre es agotador pero reconozco que es una pasada.

-        Has dicho que posiblemente tus letras deban, digamos, diversificarse a corto plazo. Sinceramente, ¿crees que tu evolución natural lo requiere o es simplemente porque “ya toca”? ¿Temes que la gente te vea encasillado en temáticas de rockero ortodoxo?

     No es tanto temor a cómo me vean los demás sino a cómo me veo yo mismo.  A estas alturas quienes han seguido más o menos mi carrera saben que mi ADN es rock pero que tengo ya poco de ortodoxo. Lo que ocurre es que uno tiene que ir cuestionándose las cosas para no estancarse o caer en la autocomplacencia. Igual no consigo cambiar  o simplemente no tengo que hacerlo ahora, pero me gusta poner en duda lo que hago. El rock es demasiado importante en mi vida como para no pensar sobre ello de vez en cuando.

-        Has confesado que vas en serio y que este no será tu único disco. ¿Está asentada la formación de tu banda o quedan flecos por pulir para llegar a cimentar un proyecto a largo plazo?

     Que estoy contentísimo con mi banda está claro. Y en un tiempo ya veremos qué pasa, es decir, qué es lo que quieren ellos, qué necesito yo…A mi me encantaría seguir pero llevo demasiados años en esto para saber que un tipo que has contratado para seis mese termina actuando contigo veinte años o que, de pronto, con tu grupo de toda la vida ya no os aportáis nada. No existen las matemáticas en las bandas, tan sólo química y las reacciones son muy imprevisibles. Además, en las grabaciones sí que me gusta probar gente distinta. Y cuando vuelva a Argentina también me gustaría mantener la banda que tengo allí.

-        Un reflexión que te he leído y me pareció sorprendente por su tremenda carga de auto crítica. Decías que Babylon Chat no triunfó porque las canciones no eran suficientemente buenas o bien porque no se trabajó lo suficiente. ¿No crees que eres muy duro contigo mismo? 

     No lo sé. Las circunstancias que rodean a un éxito son múltiples. Está claro que si una gran compañía apuesta por ti y ha invertido unos sesenta u ochenta millones de pesetas que es lo que hace unos años costaba lanzar a un grupo tipo Amaral, eso ayuda. Pero no es lo único. A veces el producto es bueno pero no es el momento para eso o no comunica cuando se lanza al mercado, o necesita que pasen unos años para ser apreciado. Esas palabras las dije porque estoy harto de que los músicos se quejen tanto cuando las cosas salen mal pero, eso sí, al llegar el éxito todos se apuntan los méritos sin compartirlo con nadie, eso lo odio. Pero bueno, lo cierto es que Babylon Chàt curramos como perros, éramos muy trabajadores, no sé muy bien porqué diría que no se trabajó lo suficiente.

-        ¿El plantear tu carrera en solitario como un proyecto sólido pone en peligro tu carrera con el Loco? ¿Te ves capaz de llegar a todo?

     Es un pregunta complicada. Deseo con todo mi corazón seguir tocando con el Loco, me lo paso de maravilla y es una gran banda pero, por otro lado, está claro que no puedo paralizar mi carrera en solitario un año y medio. Este año ha sido muy bonito pero  se ha hecho un esfuerzo enorme por parte de mi compañía, mi manager, los chicos de la banda…me ha costado levantar el vuelo que no veas y hubo unos meses críticos en los que no me estaba saliendo nada bien. Por suerte hay web y blogs como el tuyo y algunas pequeñas radios y revistas de rock que han puesto interés y, gracias a eso, estamos ya en el buen camino. No sé, ya veremos qué pasa, mi deseo, obviamente, es combinar las dos cosas, adoro la música, soy trabajador y puedo con las dos cosas sin problema. Pero habrá que ver cómo vienen las fechas y todo lo demás.

-        Hoy en día hay más música disponible de la que se puede digerir. Los discos mueren en el “incoming” de nuestros ordenadores sin tiempo de cristalizar. Has dicho que para robarle a alguien 30 minutos de su vida hay que hacer algo que merezca la pena, pero yo creo que el que se pone a la escucha debe corresponder con el mismo respeto, debe ser algo recíproco. ¿Se ha perdido un poco el ritual de escuchar un disco como dios manda o quedan muchos románticos que aprecian paladear un disco sin prisas? 

     Hay mucha gente que aún saborea la vida, pero el mundo ha sufrido un proceso de aceleración que nos lleva a deglutir todo con más prisa. No respetamos los tiempos de nada, ni siquiera cuando se muere un familiar le damos una pausa lógica para asimilarlo. La comida, las relaciones, incluso el sexo se vive con cierta ansia. Incluso cuando estás componiendo necesitas más tiempo del que parece, para que las canciones reposen. Personalmente prefiero escuchar menos y mejor. Además, ahora estoy metido en cosas como Pere Ubu, Mission of Burma o Big Black que necesitan su tiempo. Hay que comer despacio o sino la digestión puede llegar a ser muy pesada.

-        Parece que estamos viviendo la gran explosión del Indie aunque yo diría que se ha abusado de esta etiqueta en general, con la pérdida de valor que esto conlleva. Hay grupos de rock que incluso la utilizan para poder acceder a más webs, listas de música y audiencia en general. ¿Temes que se pierda el valor del rock clásico y todo se convierta en un sonido incierto, sin identidad?

     Bueno, identidad tiene todo, personalidad casi nada. Ahora mismo la etiqueta “indie” tiene más que ver con esos grupos que salen en la Rolling Stone. Debe de haber cuatro multinacionales. En teoría cualquier cosa que no entre en eso es independiente. Pero nunca se es independiente de nada, como bien insinúas, hay redes de revistas, webs y festivales que forman alianzas o circuitos alternativos a eso de los 40 Principales o las televisiones pero, en el fondo, forman una estructura bastante sólida y, en ocasiones, más poderosa que lo “oficial”. Los terrenos se han difuminado. Además, sonidos cono el de Radiohead o el de Teenage Funclub por decir dos polos opuestos, que antes no eran habituales, hoy en día están perfectamente asimilados. Los Planetas hoy en día, ya no le suenan “raros” o ruidosos a nadie. Igual que pasó con Barricada en su momento. Son paladeables por cualquiera y por eso venden algunos discos y aparecen en revistas de gran tirada cada poco.

-        Hablemos de otros proyectos. ¿Qué me dices de tu libro “El Arte De Mentir”? ¿Puedes darnos novedades?

     Tengo mil cosas. Ahora estoy impartiendo un curso de punk en el Aula de Música de Extensión Universitaria en la Universidad de Oviedo y lo disfruto un montón. Hay mucha gente matriculada y es un hecho pionero en la Universidad de este país. Me lleva mucho tiempo preparar las clases pero es muy reconfortante. El cuatrimestre pasado fue sobre Nick Cave y también salió estupendo. Sigo con mis artículos semanales que me gustaría recopilar en algún momento. Y ya estoy probando cosas para el segundo disco. “El arte de mentir” saldrá en septiembre, por fin, son textos cortos, y hablan de ropa, de sexo, de rock, de personajes que me interesan no necesariamente del mundo del rock. Creo que va a ser muy interesante. Ahora ando pendiente de darle un buen empujón a mi trabajo de investigación relacionado con el fútbol. Y ahora hay un proyecto muy chulo que, en seguida, sabréis.

-        Para finalizar, es costumbre en esta casa el pedir que nos recomiendes grupos que te hayan gustado, sorprendido o bien que consideres puedan pasar por mi casa en un futuro.

     Un poco lo que te dije en la entrevista, Pere Ubu y tal pero, además, cosa como The Jesus Lizard me tienen alucinado. Y escucho mucho Rocksteady, recopilatorios de Trojan y de Studio One. Tiene mucha magia esa música, está toda basada en torno al ritmo y muy pocos acordes. Gente que escuchaba a los demás al tocar. He redescubierto a Husker Dü y el “Let it be” de los Replacements y estoy muy feliz. Pero creo que lo que más pongo en casa es a Sinatra, da igual el disco que elijas, todos son buenos. 

Y hasta aquí la entrevista con Igor Paskual, al que agradezco profundamente el haberme dado la oportunidad de tenerle en mi casa, a la que queda eternamente invitado para todo cuanto desee. Os dejo con su vídeo Bebemos, y os emplazo a visitar su web, su Facebook y su MySpace por todas las razones que os he explicado arriba y alguna más que deberéis descubrir por vosotros mismos….

Texto original extraído de:
http://eloidodelmundo.blogspot.com.es/2012/03/igor-paskual-se-escribe-con-k.html

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Entrevista “Webzine Musical Independiente”

Esta semana nuestro invitado llega desde Asturias. Pese a su juventud, atesora gran experiencia en diferentes bandas y actualmente se encuentra presentando su debut en solitario “Equilibrio Inestable”. ¿Cómo fue el origen de este disco y cuánto tiempo estuviste componiendo y grabándolo?

Estuve mucho tiempo buscando mi voz o, al menos, dilucidando si lo que tenía que cantar merecía la pena. Toco en la mejor banda de rock de este país así que debía plantearme mucho los porqués de grabar un disco yo solo. Poco a poco me fui haciendo con una colección de canciones muy sólida y, en ese momento, desaparecieron todas las dudas. Es una gran sensación redescubrir tu propia voz. La grabación se alargó unos meses, la fui haciendo en los huecos que me quedaban libres con el Loco y lo que más tiempo me llevó fue seleccionar el material porque había escrito muchas canciones y me esforcé mucho para que el disco contase una historia, que no es más que le búsqueda de un equilibrio imposible.

El resultado es realmente bueno. Canciones que dejan poso tanto por su letra como por su ritmo. ¿Buscabas que fuera un disco tan variado estilística y compositivamente o fue fruto de la espontaneidad?

Era inevitable que fuese un disco tan heterogéneo. He aprendido mucho como compositor desde que entré a tocar con Loquillo y esa banda es una auténtica escuela de estilos. A mi me gusta tanto P.J. Harvey como Dion and the Belmonts así que no hay ninguna razón para no incluir esos estilos en mi propio acerbo. Además, era algo que necesitaba para que funcionase la propia narrativa del disco ya que cada estilo te permite desarrollar un tipo de letra distinta. El country deja mucho más espacio para desarrollar el texto, en el rock has de ser más directo, el pop te permite jugar con otros sentidos… así que debía emplear todos los recursos a mi alcance para contar ese viaje que va desde el equilibrio hasta la inestabilidad y vuelta a empezar.

Por el momento, las fechas de presentación se han centrado en la parte norte del Estado, tienes previsto actuar por el Sur?

Ir hacia el sur para las bandas que somos del Norte es relativamente complicado. Gijón está lejos de todo, parecemos la última tribu en nuestro reducto. Pero sí que fuimos al sur en Febrero. Cádiz, Estepona y Málaga. Estuvo muy bien, la banda sonó muy potente y nos dejamos la piel.

El salto a la primera división lo diste con el Loco tras dejar Babylon Chat, mereció la pena? ¿Qué conclusiones sacas de tu estancia en la primera línea durante todos estos años?

Era algo que tenía que hacer, la etapa con Babylon Chàt estaba agotada aunque a mí, en aquel, momento, me costase mucho verlo y reconocerlo. Entrar en Los Trogloditas era un reto enorme y no sólo se trataba de estar en una gran banda y aprender miles de cosas sino que a mi me parecía que parte del público y los medios habían sido muy injustos con el Loco y que éste, a su vez, estaba artísticamente desaprovechado.

Embarcarme en un proyecto para revertir esa situación me estimulaba mucho, me sentía yendo a las cruzadas y como en toda cruzada, obtienes un buen botín si pasas por Constantinopla pero también te llevas unas cuantas heridas de guerra. Date cuenta de que son diez años de mi vida dedicados casi íntegramente a esta banda, he pasado de ser un crío a tener un hijo y otro en camino, a ganar mucha pasta, perderla, volver a ganarla… de tocar para cien personas a estar frente a miles de espectadores y, ahora, volver a enfrentarme a pequeñas audiencias. Y nunca he salido a tocar desganado. Jamás. Cada vez me gusta más el rock.

Con Babylon, recordamos conciertos salvajes sobre todo en la gira de “Hotel Adicción”, ¿qué queda de ese joven e irreverente glammie que se comía el escenario cada noche?

Queda la pasión y la emoción que siento haciendo lo que más me gusta. La etapa de “Hotel Adicción” responde a unas necesidades y a una edad muy concreta. Ahora no podría salir al escenario de esa forma porque ya no soy la misma persona y puedo subirme a un escenario y comunicar con otros recursos. Mi energía y mi fuerza siempre van a estar ahí pero no puedo ni debo basar mis conciertos sólo en la rabia.

Hacer recuento de las innumerables experiencias con el Loco sería demasiado denso pero si te parece bien, centrémonos en tres momentos: tu debut en vivo con el, el telonaje a los Who y la despedida de la marca “Troglos” delante de los Rolling…

Mi debut lo recuerdo en una nube, fue muy irreal, estaba literalmente flotando. Sé que fue un 14 de Diciembre, justo después del día de mi cumpleaños y del último concierto que di con Babylon Chàt, aunque entonces eso no lo sabía. Pero, aunque me sintiera tocando el cielo, desde el primer día tuve que emplearme a fondo porque, al principio, muchos fans del Loco no querían que entrase en la banda. Me conocían por mi pinta glam y, supongo que no les encajaría en los Troglos que siempre fueron más Clash o me veían demasiado joven para entrar en una banda de esas características. Muchos, al principio no me querían y tuve que ir ganándomelos concierto a concierto.

El día de los Who, fue uno de los mejores días de mi vida. Sin duda. Además hicimos un concierto muy bueno. Tocamos de maravilla y el concierto de los Who fue insuperable. Quizá de las mejores bandas en directo de la Historia del rock por no decir la mejor y es que hay que verlo y oírlo para creerlo. Demasiado poderío.

Con los Stones fue algo agridulce, porque culminábamos un sueño pero, al mismo tiempo, eran los últimos días con Simón Ramírez. Fue algo muy grande, la repercusión, todo. En lo musical ya los había visto en directo en el 2003 con Xavi Tacker en Barcelona y no me habían parecido nada del otro mundo y, además, después de ver a los Who te saben a poco. Las cosas son así, los Who se merendaban a los Stones en 1967 y cuarenta años después también. No tienen comparación. Eso sí, Jagger estuvo increíble y me gustaron mucho cuando hacían versiones de blues, en eso son unos jefes, pero claro, el público quería otra cosa. Estar detrás del escenario viendo el equipo que llevaban, las guitarras y esos roadies que parecen viejos lobos de mar era impactante. También tocaban Jet y me cayeron genial, majísimos.

Por cierto, en los coletazos finales de unos Troglos liderados registralmente por Simón, todos veíamos en ti al lider carismático de la banda en tan sólo unos años con unos dinosaurios difíciles de extinguir.

No lo sé, sin duda la gira del 2003 fue muy especial para todos. Por supuesto, no se podía mantener ese nivel de intensidad durante más tiempo y fue el canto del cisne. Cuando entré en la banda no lo hice como mercenario sino que fui a dejarme la piel y creo que eso tanto mis compañeros del grupo como el público lo agradecieron.

Volvamos a “Equilibrio Inestable”, lo has presentado en Sudamérica con la inestimable ayuda de Laura Gomez Palma, qué conclusiones y que reflexiones traes del continente americano?

Bueno, Laura no vino realmente conmigo pero sí me presentó a gente que luego me ayudaron a montar la banda allí. Me llevo muy bien con ella y siempre estamos dispuestos a ayudarnos el uno al otro. Ir a Buenos Aires fue lo mejor que he hecho este año porque en España se me había puesto todo un poco cuesta arriba. Como sabes, no soy indie ni mainstream así que cualquier paso me lleva mucho trabajo, por eso volver a un lugar donde había aprendido tanto y que te reciban tan bien fue muy gratificante. De hecho, en España me empezó a ir un poco mejor al volver de Argentina y Río de Janeiro.

Tengo mucho respeto por esos lugares, son sitios en los que quiero crecer al mismo tiempo que aquí. Porque los grupos normalmente salen a Sudamérica cuando se hacen conocidos en casa pero yo no le quiero dar más importancia a España y luego cuando ya no puedes crecer más pues te vas a Buenos Aires, para mi eso es colonialismo en el peor sentido. Allí entienden el lenguaje del rock a la perfección y su nivel cultural es un poquito mayor que el de aquí, sienten verdadera pasión por los libros. Buenos Aires me agota porque es enorme y yo soy muy de pueblo y torpe pero hay un latido que me encanta. Allí me acompañó una banda excelente, estaban llenos de rabia y conocimiento maestro del rock que me dejó temblando. Europa no está muerta pero sí muy vieja.

Pensar en términos comerciales hoy en día es un error porque ha cambiado todo tanto que ya no sabes qué es comercial y qué no. Creo firmemente que hablar desde tu gusto exacto, sea cual sea, es la única aunque no exacta fórmula para llegar al corazón de las personas; si tu público es amplio pues mejor, pero, yo prefiero más de llegar mucho a unos pocos antes que llegar poco a muchos. El disco tiene una parte muy fácil de escuchar y… otro lado más oscuro. Tiene varios niveles de lectura igual que las personas que somos fáciles, difíciles, tenebrosas, crueles, compasivas… No somos sólo de una manera.

El disco es una montaña rusa en la que los vaivenes de las canciones atrapan desde la primera escucha pero pese a ello no hay una velada intención comercial de la obra que como el UC Ceares, es puramente underground.

Mi década favorita son los 50. Cuando algo nuevo está naciendo tiene un vigor alucinante pero, sin embargo, mis compositores favoritos pertenecen a la década de los 60, como Ray Davies, Pete Townshed o incluso Bowie aunque este triunfara en los 70. Hay cosas antiguas que me gustan, como los modales, las tarjetas postales de Navidad y el tiempo para reposar las experiencias pero no soy un nostálgico. Pese a todos los problemas actuales, si perteneces al Primer Mundo creo que vivimos en una buena época, al menos hay agua corriente, hospitales y leyes más o menos justas. Es un momento excepcional de la Historia de la Humanidad, las vacunas son muy recientes y lo normal era que una madre muriese cuando daba a luz… Tenemos más suerte de lo que creemos.

El U.c. Ceares tiene una política muy cercana a la gente del barrio porque se toman el club como un elemento que ayuda a articular la comunidad; en el campo no sólo estamos nosotros sino que hay jubilados, amas de casa, críos, un poco de todo. Cuando se refieren a que están contra el fútbol moderno están pensado más en ese poco compromiso con la camiseta y en que el dinero lo ha inundado todo. A mi eso también me apesta pero tampoco adoro los viejos tiempos, había muchas patadas y el juego duro campaba a sus anchas. No todo era la selección holandesa de los setenta. Es cierto que antes había menos tontería pero, ahora por ejemplo van muchas mujeres al campo y eso antes no pasaba.

Dejemos al Ceares y volvamos al Sporting. Has sido el hombro en el que se ha apoyado el Loco en la última década tras sus lugartenientes Méndez y Sopeña. Pactácteis el cese temporal para centraros en vuestros discos en solitario durante estos meses?

Sí, el Loco y yo tardaremos aún unos meses en subirnos juntos a un escenario, él tiene su gira de teatros, su proyecto con Sabino y yo estoy muy metido con lo mío, con los artículos, un libro que estoy rematando, y por supuesto ya estoy probando cosas en el estudio para mi segundo disco. Ahora que el motor ya está en marcha no quiero pararlo, me siento muy bien conduciendo esta nueva nave.

Como siempre ha sido un tremendo placer volver a contactar contigo. En el Sur tienes un buen reducto de incondicionales que te siguen y esperan compartir contigo unas buenas canciones.

Texto original extraído de:
http://www.ondarock.net/index.sw?mod=noticias&noticia=1232

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Entrevista Recis

Igor Paskual presenta su primera placa discográfica “Equilibrio Inestable” (2011) con dos fechas: martes 29/11 en Ciudad Vieja en La Plata y el jueves 1/12 en el Salón Pueyrredón en Capital Federal. Además el sábado 3/12 estará tocando en Paysandú, Uruguay. El guitarrista del legendario cantante español Loquillo, y ex cantante de la banda de glam rock Babylon Chat, afirma que se va a entregar por completo al público en los recitales que va a dar. También habla de su proyecto solista, y de cuándo se dio cuenta que tenía que grabar su propio disco.

Recis! : Es la primera vez que estás realmente al frente de un proyecto, ya que formaste parte de otras bandas pero las decisiones las tomabas en conjunto. ¿Cómo se siente saber que tenés la última palabra?

Igor Paskual: Ahora mismo es muy placentero. Me lo puedo permitir porque ahora sí
sé lo que quiero. Con 25 años hubiera sido un error, porque no estás tan preparado, eres inseguro y necesitas el apoyo de otras personas para tomar decisiones. Pero después del bagaje que tienes, de tantísimos años en la música, de haber grabado discos, de haber producido otra gente, de haber girado un montón, te da una “sabiduría” para poder tomar las decisiones sin miedo a equivocarte. Aunque te equivoques, las tomas mucho más a gusto. Me siento muy bien porque ahora es el momento que me lo puedo permitir.

R!: ¿Cuánto tiempo estuviste para componer y grabar los temas de “Equilibrio Inestable”?

IP: Para grabarlos, los grabé a lo largo de un año. Mientras estaba haciendo la gira con el Loco, en los ratos que me quedaba los iba grabando. Componiendo estuve más tiempo porque son canciones que probé muchísimo en directo. Hay temas antiguos que tienen cinco años y otros recientes que se hicieron prácticamente antes de entrar al estudio. Es una selección de canciones, representa muchas épocas distintas.

R!: ¿Tuviste la necesidad de grabar tus propios temas?

IP: Sí, porque siempre he compuesto para mucha gente.

R!: ¿Cuándo te diste cuenta que tenías que grabar un disco propio?

IP: Cuando vi que tenía algo que decir, algo que contar propio y personal que creía que merecía la pena, fue cuando me decidí. Pero hasta que no lo tuve muy claro no quise hacerlo porque hoy en día hay tantísima información que cuando solicitas un minuto, dos,
o tres, para que alguien escuche una canción, estás robando prácticamente algo de su tiempo. Tenía que estar muy convencido de que si a alguien le iba a robar media hora de su vida para escuchar el disco, tenía que ser algo, no sé si bueno o malo, pero de lo que yo al menos estuviera muy convencido.

R!: En el disco no hay mucha participación de las guitarras como se espera de un guitarrista que lanza un disco como solista. Cuando te presentás en vivo, ¿le das espacio al guitarrista que sos?

IP: No sé si aquí en Argentina pasa lo mismo, pero en España hay una manera de tocar la guitarra. En general hay muy buenos guitarristas, pero muy poca gente que sepa tocar la
guitarra en una canción. No hay muchos solos, no voy a decir que no me gustan los solos, pero detesto los solos que son escalas para arriba y para abajo, me gusta que los solos sean parte de la canción, que no se puedan cambiar. Para eso en el disco hay otros nstrumentos, por ejemplo trompetas que preferí a veces que hicieran las partes de guitarra. En directo hay más guitarreo pero no muchos solos. Me gusta la guitarra como concepto rítmico. Uno de mis guitarristas favoritos es Pete Townshend de The Who, que tiene ese concepto inglés del guitarrista que piensa, un poco a lo Keith Richards, a lo Johnny Marr de The Smiths, son guitarristas tremendos que no le dan al solo una importancia, sino a las texturas, al poder. Disfruto mucho haciendo guitarras rítmicas.

R!: Además de tocar, producís diferentes bandas, ¿por qué no fuiste el productor de tu disco?

IP: Al final, acabé siendo tan pesado con el productor (Carlos Stro), que parecía que lo producía yo (risas). No me fío mucho de las bandas que se autoproducen porque te vuelves muy ensimismado, te quedas mirando el ombligo, pierdes la perspectiva. El artista consigo mismo es el peor juez.

R!: ¿Qué le dio el productor al disco?

IP: Le dio un poco de aire a la visión. Le dio perspectiva, de otro modo me quedaba todo demasiado ortodoxo. Dentro de lo ortodoxo que soy, porque mi ADN realmente es rock and roll y son canciones clásicas de estrofa-estribillo-puente, le dio una vuelta a todo eso para que no sonase todo igual. Él no viene del mundo del rock. Sí sabe de rock, pero viene
de la electrónica, de hacer muchas bandas sonoras. Ahora, a la vuelta a España me voy a sentar con él, tenemos canciones escritas, y hay que ver a futuro con esas canciones qué es lo que vamos a querer decir, qué es lo que vamos a querer repetir del primer disco, lo que ya no vamos a querer hacer más.

R!: ¿Qué creés que no vas a volver a hacer?

IP: No lo sé muy bien. Quizás algún tipo de letras que no me empiezan a quedar. No
digo que sean adolescentes, pero no me puedo pasar la vida hablando de la noche,
hablando de beber. Hablando de ese tipo de cosas de mucha ortodoxia rockera, que
si las haces con sinceridad no está mal, no pasa nada porque tienen un valor en sí. Creo que ahora que voy a tener 36 años ya es hora de empezar a tocar otro tipo de temáticas, me gustaría en cierta parte evitarlo, pero no sé todavía si voy a ser capaz. Lo que pasa que todavía tengo que dar un paso personal que todavía no sé si soy conciente si lo he dado o no. (Risas)

R!: Entonces va a haber más discos como solista…

IP: Sí, es una de las cosas que más me interesa dejar claro. Todo el mundo piensa que es una especie de capricho temporal, pero no es un capricho de “bueno, voy a hacer un disco y no lo promociono, no lo peleo o no lo lucho” sino que una vez que he encontrado la manera de decir, la manera de contar, tengo que seguir haciéndolo. Una vez que encontré ese camino, ya tengo la semilla hecha, ahora sólo es cuestión de ir regando la planta y que vaya creciendo. Cuando me puse a hacer el disco en solitario no tenía que sonar a mis antiguas bandas ni a nada que se relacionara con el Loco.

R!: Cambiando un poco de tema, de chico ganaste un concurso de poesía (1992, Concurso de Poesía para menores de 18 del Principado de Asturias). Además de componer tus propias canciones y para otros músicos, y de escribir artículos periodísticos, ¿tenés planeado publicar algún libro?

IP: Lo de ganar el concurso de poesía fue el final de mi carrera como poeta. Lo gané con 17 o 18 años, y con el dinero del premio me compré una guitarra eléctrica, fue totalmente contraproducente, si querían estimular el poeta que había en mí, no lo hicieron (risas). Tengo en vista publicar un libro para el año que viene que se llama El Arte de Mentir,
inspirado en La Decadencia de la Mentira
de Oscar Wilde.

R!: ¿De qué tratará?

IP: Es un poco para recuperar la importancia de la mentira en el arte, esa cosa que tenemos a favor de la sinceridad. Ya que la vida es tan cruel y árida, que el arte sea la más perfecta de las mentiras. Es un libro con reflexiones de tres o cuatro páginas, algunas son de rock, otras de ropa, algunos con personajes que nada tienen que ver con el rock pero me
interesan. También va acompañado de ilustraciones. En eso sí que tengo interés. Y voy a ver si el Loco se anima a hacer el prólogo.

R!: ¿Vendría a ser tu primer libro?

IP: Sí. Estos años estuve completamente metido en la vorágine del rock y Loquillo. Todo
este tiempo que me estoy tomando un poco para mí me está sentando genial. No solamente que puedo afrontar mi disco sino que tengo más aire para escribir con un poco más de calma. De vez en cuando alejarse del torbellino viene muy bien.

R!: Volviendo a la música, con Loquillo tocaste varías veces en Argentina, y una vez te quedaste más tiempo en el país que el resto de la banda. ¿Estuviste tocando como solista?

IP: Sí, estuve probando las canciones que luego formaron parte de este disco, con una banda de aquí, Los Primitivos. Hice dos o tres shows y algunas entrevistas. Quería probar las canciones no sólo en España sino también afuera.

R!: También te quedaste aquella vez porque decías que te atrapaba la Argentina ¿Qué es lo que te gusta del país?

IP: Me gustaría descifrarlo. En el fondo soy muy de pueblo, Madrid ya me queda grande (risas). Como soy tan de pueblo ver una ciudad así me llama muchísimo más la atención. Es una especie de latido que no sé todavía describir lo qué es. Ese latido te agota, pide mucha energía pero a la vez tiene una urgencia que no sé. También las personas que conozco de aquí con las que me llevo bien y me caen bien, me parecen mejores personas que de otros lados. Porque aquí es más difícil serlo, la vida diaria, la lucha diaria, las exigencias, son más áridas, que en Europa, por lo menos el Europa que habíamos conocido. Aquí el que te trata bien y el que es bueno contigo, le está constando mucho más esfuerzo por las exigencias de la vida cotidiana que en otro lado. Esa nobleza me llama, tienen un compromiso que me mola. También los músicos que he conocido acá tienen una vocación y una entrega que me gustaría verla más a menudo en otros lados.

R!: Con Uruguay te pasa algo similar que con Argentina, además de que Loquillo es más conocido allá…

IP: En Uruguay el Loco es mucho más conocido. Uruguay me gusta mucho, tiene un punto más de pueblo, no sé que puedo esperar. Me gustaría ir a Montevideo pero otra vez será, voy a tocar en Paysandú el 3/12 en el Festival Cultura Para Todos. No sé con lo que me voy a encontrar, soy cabezas de cartel. No sé si me ponen ahí porque lo merezco o para quitarme del medio (risas).

R!: ¿Qué expectativas tenés con respecto a estos recitales?

IP: Ahora mismo quiero sembrar un poco, no espero multitudes. Además quiero confirmar algunos de los fans que tengo gracias a Internet. Hoy en día una de las grandes ventajas de Internet es que haya una persona aquí que no tiene el disco pero lo puede escuchar, es alucinante. Saber que voy a tocar aquí y que cuento con un grupo de seguidores ya me parece algo importante. Los shows los hago más en pos de volver. Lo que también me quiero llevar al margen de la promoción, sobre todo es el poder tocar con otros músicos. Por ejemplo, los músicos argentinos me encantan, me gustan mucho como
tocan en general, te da otro aire, te da otra manera de tocar.

R!: ¿Con qué músicos vas a tocar?

IP: No son todos los de Motorama porque el bajista no está, es otro, pero son ellos. Ya ensayé y estoy encantado, suenan muy bien, muy armada, suenan aplastante, me gustan. El guitarrista (Sam) es un guitarrista brutal, viene del rock más ‘50 pero no se queda ahí, se sabe abrir a las canciones. Son muy buena banda.

R!: ¿Qué le dirías al público para que te escuche y vaya a verte?

IP: En cuanto al directo, van a ver un concierto de rock con entrega y pasión. No me voy a dejar nada en el cuerpo, me voy a vaciar por completo para estar a la altura del público. Con el disco les diría que es un disco muy argentino, muy bipolar. Muy de extremos, y creo que en ese aspecto podemos tener muchas cosas en común. (Risas)

Texto original extraído de:
http://www.recis.com.ar/nuevo/entrevistas.ver.php?id=176

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Entrevista “Mondo Sonoro”

En el siguiente enlace, podéis leer la última entrevista de Igor para el magazine “Mondo Sonoro” (Julio 2011). Pinchad AQUÍ .

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