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Entrevista “Letra y Puñal”

LETRA Y PUÑAL #7 Enero 2014

 

En el número 7 de la revista Letra y Puñal, hay una entrevista a Igor Paskual realizada por Lauren García.

Podéis leer la entrevista íntegra AQUÍ.

 

Letra y Puñal se encuentra ya disponible en los siguientes puntos de venta:
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Recuerda que su precio es de tan solo 2€ y que se financia íntegramente con sus ventas.

Entrevista “La Encuadre”

IPK LogoPor Javier Luna

Después de leer y asimilar una novela como ‘El arte de mentir’, la sinceridad plasmada puede hacerte creer que ya conoces del todo a Igor Paskual. Pero, ¿cómo es realmente? A pocas de horas de incorporarse a su cita en el festival Cassette Rock (en la plaza de toros de Arroyo de la Encomienda, a 22 de junio) no oculta su incansable agradecimiento —cuando debiera hacerlo La Encuadre, por concedérsele este encuentro—, ni su amabilidad y talento como anfitrión —él se hará cargo de pagar las consumiciones—. Inquieto, muy expresivo y atento. De mirada inevitablemente pícara, parece saber siempre cómo va a acabar la siguiente pregunta. Para quienes guardaban algún tipo de duda y para los que no: Igor es un intelectual del Rock, también en las distancias cortas.

Sexo, drogas y rock and roll… Quizá sea un tópico, quizá no, pero ahora lo tenemos todo ello por escrito. ¿Qué te ha llevado a publicar ‘El arte de mentir’?

Realmente, el motivo espurio y cutre y menos, digamos, poético es simplemente los ánimos de ciertos amigos que escriben, que ya están en el mundo de la literatura y que me dijeron: «tío, escribes cosas que creemos que tienen cierta solvencia, por qué no te decides a hacer algo más grande en vez de artículos, ciertas conferencias, ciertas clases… Ponlo todo un poco en orden». Eso fue un poco el, digamos, motivo menos poético.

El más poético, el que a mi realmente me pellizcaba para ponerme a escribir es que yo ahora mismo ya tengo dos hijos, he cumplido 10 años con el Loco… que son, porque 10 años con el Loco son como 20 en cualquier otro grupo. Igual que decía Laudrup de Cruyff: «cinco años con Cruyff son como 20». Entonces, yo tenía ya quizá las experiencias necesarias para contar algo con cierta enjundia y, a la vez, me encontraba con la cabeza en su sitio para poder atisbar qué es lo que había pasado en esos años. Porque, igual, yo hace cinco años hubiese tenido unas experiencias parecidas pero no tenía la cabeza necesaria para evaluarlas, ponerlas un poco en orden y para decir: qué me ha pasado, qué es lo que sucede, por qué me ha pasado todo esto… Pero no solo a mí, sino también algo que tuviera interés para los demás porque contar la historia de tu propia vida solamente no es interesante para nadie, lo que es interesante es en tanto que hagas partícipe al lector de una serie de experiencias que te han tocado. Sean musicales, sean sexuales o de referencias artísticas.

Yo me sentí suficientemente maduro: tengo un disco, he hecho dos giras por Sudamérica con mi disco… Tenía unas suficientes vivencias como para poder ponerme en orden.

¿Qué hay de verdad en todo lo que podemos leer? ¿O el arte de mentir te ha servido para atraer a más público?

El título es sugerente y sí que juego continuamente con si esto fuera verdad o fuera mentira porque estoy muy obsesionado, no solo con la realidad del Rock, sino con la realidad del arte. Yo leí a Oscar Wilde cuando tenía 16 o 17 años y yo lo que más me preguntaba era: «¿pero esto es verdad? ¿Esto que cuenta se lo cree?». El libro era tan bestia que sabía que me iba a cambiar la vida. Si me va a cambiar la vida y no es verdad, me mata. Entonces, yo estoy muy obsesionado con este tipo de cosas.

Puedes creerlo o no, pero es un libro a corazón abierto. Todas las experiencias son ciertas. Pero la respuesta no es que sean ciertas o no —que lo son— es: ¿si no fueran ciertas, tendrían el mismo valor? Esa es la gran cuestión que tiene que flotar en el aire. No me he abierto solamente de una manera sexual. Hay reflexiones sobre religión u otras cosas, que son realmente las más valientes. Más que las primeras porque no me son tan costosas como el hecho de ponerme a hablar sobre Cristianismo, etcétera.

Hablas constantemente de referencias culturales y artísticas de todo tipo. ¿Qué dirías que aportan estas influencias de otras ramas del Arte a la disciplina de músico?

A mí me ayudan a plantearme la música desde otro enfoque. Cuando me planteo un disco, no me limito a tener 12 canciones sino que me hago una serie de preguntas: para qué merece la pena esto, qué me diferencia a mí de los demás, qué quiero contar y cómo lo quiero enfocar, qué pinceladas le quiero dar. Y para eso las preguntas que me ayudan, generalmente, no vienen del Rock, un género en el que quitando cuatro o cinco artistas se hace muy poca autocrítica, con muy pocas ganas de hacerse preguntas —no te hablo de vanguardias, sino del género puro y duro del Rock and Roll que es donde me muevo yo—. Soy un rockero con unas coordenadas muy clásicas, pero dentro de ellas me apetece añadir pinceladas. Y me ayudan a plantearme cosas desde mi vida personal hasta el puro disfrute estético, y hasta enfocar los discos de una manera diferente.

Con el Loco también nos pasa. Él siempre tiene un montón de referencias y de citas muy poco habituales. Se ve en la evolución de grupos de la generación del Loco: nula. En muchos casos, sin ninguna canción relevante desde hace más de 20 o 25 años. Y el Loco ha tenido una progresión gracias a inundarse de otras disciplinas que le ayudan a crecer y a poner un rock and roll de una raíz clásica en un mundo contemporáneo, no solamente a nivel sonoro sino a nivel de textos.

Si tuvieras que elegir una sola de estas referencias, cuál sería. Tal vez, alguna de ellas aúne todo el sentido del libro…

Quizá, la pintura porque muchos de los pintores que me gustan sí tienen bastantes inquietudes literarias. Por ejemplo, Dalí. Lees sus textos, y muestran una prosa excelente. Pero, también, un escultor como Cellini, cuya autobiografía es fantástica. Creo que hay una serie de artistas, sobre todo pintores, que han reflexionado sobre su propio arte y lo han hecho de una manera muy elocuente. Entonces, quizá, en ese sentido, la pintura aúne muchas más cosas.

¿Crees que en España es habitual esta forma de actuar? Resulta visible cierta crítica al país, a su falta de pasiones, a su frialdad para con la cultura… Y, en su mayoría, a la hora de compararse con Sudamérica.

Yo creo que sí. No es que no me guste el rock español, me gusta mucho. Pero creo que nos movemos en coordenadas un poco clásicas. Los grupos no han sabido crecer. Y el público: o es un público ya mayor; o, el joven está en otras cosas. Cosas distintas, a lo que se llama ahora música independiente. Que de independiente no tiene nada. Siempre es dependiente de una serie de radios, de publicaciones… mayoritarias o minoritarias, pero es un circuito que es muy dependiente. Además, el público se ha aburguesado muchísimo —igual que los propios músicos— no porque escuchen una cosa u otra sino porque en España, en comparación con Sudamérica, se ha vivido muy bien durante muchos años, y encima hay una oferta cultural mucho mayor. O sea, si en el año 70 en España el Rock and Roll era lo más, ahora mismo tienes que competir con una Play Station, un home cinema, con ir al centro comercial… Estamos mucho más saturados de ofertas de ocio.

¿Pensabas en algo mientras estabas escribiendo la novela? Quizá en la reacción de tus familiares, tus compañeros de profesión…

En mis compañeros de profesión, no. En mi familia, sí, no mientras escribía pero sí al acabar. Cuando la escribía, me dejé llevar. Cuando la leí, después de un tiempo, pensé que estaba bien, que no era tan fuerte. Pero al pasársela a algunas personas, me hicieron entender que sí era fuerte. No era consciente de que podía haber cierto peligro.

Para hacer una tortilla hay que romper huevos. Es horrible. La gente más cercana es la que más lo acaba pagando. Ya me pasaba con Babylon Chat. Era un grupo que vestíamos de manera muy ambigua, con una puesta en escena muy llamativa… Entonces, personas como mis padres, aunque sean liberales, no dejan de estar educados en un ambiente franquista, “carca”… muy sensibles a los comentarios vecinales… Encima la gente en este país es muy mala y le encanta hacer leña del árbol caído.

Pensé en ellos y, obviamente, fue un pequeño disgusto. Me duele porque no estamos disfrutando juntos de un libro que está teniendo muy buena recepción. Y me gustaría porque, además, mis padres son bastante más fans míos de cómo escribo que de cómo toco. Pero cuando tienes una idea, tienes que ir a por ella. Los escritores somos muy, muy egoístas, y para mal además.

Para la división del libro has escogido una especie de capítulos breves. Estos hacen que tome más una forma de diario que de novela. ¿Qué ha hecho que te decidas por esta y no otra manera de presentación? ¿Es un elemento más, tiene un sentido para la transmisión del mensaje?

Me resultaba la manera más cómoda de contar la gran cantidad de cosas que quería contar. Realmente no tenía una historia en tercera o segunda persona que propiciara un nudo, planteamiento, desenlace… Utilicé, por ello, un formato combinado que va desde el diario de viaje —que lo hay—, esos conciertos que das, la crítica musical, el ensayo… Una serie de cosas ahí mezcladas que me servían de una manera muy útil para contar todo lo que tenía en la cabeza, que era bastante dispar. Lo mismo me ocurrió en ‘Equilibrio inestable’, donde utilizó desde el rock más básico y más elemental hasta baladas muy épicas, muy largas con muchísima instrumentación, o sensibilidad country. Lo que yo quería contar necesitaba de músicas muy distintas para conseguir un buen recipiente.

En el libro me ocurrió lo mismo, y tuve que ponerlo así. Lo que más me costó fue ordenarlo bien para que eso tuviera una coherencia y el lector no se perdiera, porque voy variando muchísimo. Es verdad que varío. Paso del año 2000 a la actualidad, a crítica musical, a una aventura musical, a un ensayo sobre arquitectura… Para que todo eso tuviera cierta coherencia eché muchísimo tiempo en ordenarlo. No sé si lo hice bien, pero me lo planteé mucho.

Puede haber influido en ello tú labor como articulista para el diario El Comercio

Yo creo que sí. Me influenciaron en la manera de narrar con cierto lirismo pero bastante contención. Es toda una educación y un arte contar cosas, con cierta reflexión y calado, en pocas palabras. Me cuesta un horror, pero mola porque a la gente no le haces perder mucho el tiempo. Lo cual está bien.

Ya que hablamos de Periodismo, ¿en qué punto dirías que se encuentra? ¿Se está haciendo todo mal? ¿Todo bien? ¿Parte mal y parte bien?

Es una pregunta muy implicada. No sabría decirte porque hay muchos tipos de periodismo. En el periodismo político, obviamente y por desgracia, se están respondiendo a unos intereses ni tan siquiera económicos sino claramente políticos.

Y en concreto, en su relación con la industria musical…

El gran problema del periodismo musical, hoy en día, es que las revistas musicales no se venden o se venden muy poquito. Entonces, el periodista o bien es un fanático no remunerado o un profesional que quiere cobrar pero no tiene donde cobrarlo. Y al no pagarse no te puedes profesionalizar ni dedicar el tiempo necesario.

Y, luego, los críticos de los periódicos generalistas se dejan llevar por fobias y filias personales que no tienen ningún sentido. Cuando leo prensa extranjera al respecto, echo de menos esa manera de evaluar con un saber, con un criterio, sin ningún tipo de prejuicio. Simplemente la crítica de teatro o musical que hay en The Guardian me parece que gozan de un nivel bastante más elevado. Supongo que porque forma parte de su cultura, o porque aquí nos encontramos con un montón de advenedizos en búsqueda de discos gratis. Realmente, no lo sé.

A veces, un blog me resulta más creíble que un periódico masivo. Es como si se hubiera diluido esa barrera, y si se ha diluido tanto es porque los que estaban arriba no habían hecho tan bien su trabajo como parecía. No puede llegar nadie con un blog y, de repente, ser mejor que el crítico de El País, por ejemplo. Eso significa que el nivel está muy bajo y cualquier tipo con unos mínimos conocimientos está escribiendo igual de bien que el otro y con un criterio más objetivo.

Durante los últimos 10 años, Igor Paskual ha formado parte de la banda de Loquillo, ha publicado su primer trabajo en solitario —’Equilibrio inestable’— y la novela ‘El arte de mentir’. Movido por otra de sus pasiones, no es de extrañar que, habiéndole interrumpido del disfrute de un programa especial con los mejores goles de la temporada pasada del F.C. Barcelona —aun confesando no ser culé—, el fútbol haga su aparición en alguna de sus argumentaciones. En otras, hace uso de experiencias y vivencias porque, como confiesa una vez acabada la entrevista a esta publicación, solo cuando realmente te abres por dentro consigues llegar al público. «No somos tan diferentes», sentencia.

La novela cuenta con un prólogo de José María Sanz, Loquillo. ¿Cuál fue tu impresión la primera vez que lo tuviste entre las manos?

Me gustó mucho, lo reconozco. Me gustó mucho porque, aunque el Loco me había dicho que lo haría y no es nada nuevo que es un gran narciso y un gran egocéntrico, pensé que iba a pasarse todo el prólogo hablando de sí mismo. Y no. Realmente me parece un prólogo muy cariñoso en el cual habla del libro y habla de mí. Me puse muy contento porque me espera que se cerniese mucho más sobre su persona.

Fue un gran hallazgo que una persona con el ego del Loco se dignase a escribir el prólogo de mi libro y, encima, hablar de terceras personas, cosa que hace poco habitualmente. Así que, le estoy muy agradecido. Además, me parece un prólogo muy bonito, hecho con su dureza pero con mucha ternura. Me parece que es muy cariñoso.

Hablabas de que has cumplido 10 años junto a él. ¿Por qué dices que, en realidad, son 20?

Hombre, pues porque el Loco no es un artista fácil, es un artista intenso. No es que sea difícil en cuanto a personalidad, sino que es un tío que vive las cosas de una manera muy intensa. Entonces, cada año pesa como dos porque lo que sucede en el entorno suyo, para bien y para mal, y comparado con lo que se vive en otros grupos, es muy distinto.

Tanto en la manera que tiene de tomarse la vida, la profesión y su propia carrera son muy diferentes. Aprendes el doble, te da mucho, recibes muchísimo y realmente sientes que estás vivo, pero es muy agotador.

En toda esta etapa, tú le has dado acordes, le has dado grandes canciones… ¿Compensa? ¿Merece la pena estar a bordo de un barco en el que no eres el capitán, no eres el principal protagonista?

A mi si, y lo he pensado muchas veces. Primero, porque yo tenía siempre muy claro que iba a hacer mis discos en solitario, mis libros, mis charlas… y lo que fuese. Eso lo tengo muy claro, que iba a ser una parte de mi importante y que en el momento en que encontrara un hueco y me sintiera preparado lo iba a hacer, como así fue.

Pero con el Loco me siento como que es verdad que puede que no sea el capitán de mi equipo, pero me siento participando en la Selección. No soy el máximo goleador, pero igual soy el que da los pases y, bueno, en vez de jugar la Liga estás jugando un Campeonato del Mundo o una Eurocopa.

También es bonito para un músico, que es lo más difícil, saber hasta dónde llegas y qué es lo que se te da bien. Y creo que la función que cumplo ahora con la banda del Loco se me da bien, la hago bien y valgo para eso. Entonces, sería una tontería querer empeñarme en ser otra cosa. Cumplo un papel chulo, bonito y, además, tocar con él es una pasada. En directo, no solamente con él sino con el resto de la banda, ver el ambiente que hay… y no me apetece perdérmelo.

Ahora que has hecho ambas cosas, qué dirías que es más sencillo: componer un disco y grabarlo, o escribir un libro.

Quizá el disco, por la cantidad de gente que participa. Hablamos de músicos, management, banda para ir a tocar, chófer… Poner en marcha un disco y una gira es realmente agotador, implica a muchísima gente.

Con un libro, aunque sea igual de trabajoso —es mucho trabajo, no sabía que era tan difícil—, lleve tiempo o haya que corregir mucho, lo escribes tú solo —puede echarte un cable el editor en ciertas correcciones— y las promociones también las llevas a cabo prácticamente tú solo. Estás minimizando gastos y la sencillez es máxima: eres tú y dependes de ti. No dependes de que tú llegues tarde, porque ya sabes que vas a llegar puntual. Con una banda es más complicado, tienes un montón de elementos: un productor, un ingeniero, un tío que te hace la portada, un tío que te hace el videoclip… y ser el gestor de un equipo siempre es bastante cansado. A mí me gusta porque es enriquecedor, pero es cansado.

La ventaja que tiene el libro, además de la rapidez y la urgencia, es que cuando hablas con la gente llegas a un nivel de profundidad un poco mayor que en la música. En la música tienes que condensar todo en una canción, en tres o cuatro estrofas… a no ser que seas Nacho Vegas —que no lo soy, ni tengo ganas—. Llegas a un nivel muy emocional, te da tiempo a matizar mucho más.

¿Es ahora todo más fácil que en la época de Babylon Chat? ¿Realmente era todo tan difícil como aparenta serlo en las páginas del libro?

Era horrible. Una de las desgracias de esta profesión, hasta que no te haces muy famoso, es que siempre estás como empezando. Cuando sacas tu tercer disco estás otra vez empezando de nuevo, estás siempre presentándote. Eso acaba cansando.

No digo que ahora no sea difícil. Es muy difícil, creo que incluso más difícil que en la época. Lo que pasa es que yo tengo otro nombre, otro prestigio, han pasado muchos años desde aquello. Pero aquella época la recuerdo como algo muy complicado. Además, me pilló en un momento en que nadábamos totalmente a contracorriente. Y eso siempre te lo hace más árido. Tenía menos experiencia, tenía menos recursos para moverme en una reunión con un mánager o en un estudio. No sabía tanto, no tenía tanta experiencia. Entonces, lo salvaba todo a base de ganas y coraje.

¿Hubiese sobrevivido Igor Paskual mucho tiempo con esta vida? Desde luego, fue una vida, aunque atractiva, muy convulsa…

Bueno, las drogas serias en mi empezaron a entrar durante los primeros cinco años con el Loco. Fueron, para mí, muy convulsos. Y luego tuve, digamos, un replanteamiento muy serio de vida cuando empezó a entrar el dinero serio y la noche bestia. Con Babylon Chat no dejábamos de ser cuatro pardillos de provincias creyéndonos Iggy Pop. Es verdad que era divertido, no te voy a decir que no, pero no hubiera sobrevivido con una vida como la de los cinco o seis primeros años con el Loco. Hubiera sido muy cansado. Pero ni él hubiera sobrevivido. Todos tuvimos que hacer un replanteo, y el que no lo hizo se salió de la banda, no quedaba otra. No se puede estar siempre al máximo de lumbre.

Has tenido hijos, has escrito un libro… No sé si habrás plantado un árbol (ríe Igor). Has escrito, incluso, una tésis («tesina, tesina», corrige, rápido, como queriéndose quitar méritos) con el fútbol como hilo conductor. ¿Qué te queda por hacer?

Me queda, me queda. Estoy grabando mi segundo disco, y quiero hacerlo muy bien porque creo que tengo un material buenísimo. Quiere escribir más libros, más artículos, dar más clases, tener otro hijo, ver más museos, disfrutar más de mis amigos… Aunque sí que es cierto que en estos últimos años he encaminado por fin mi vida hacia lo que quería. Realmente ahora lo que me queda es una prolongación de lo que ya estoy haciendo. Los cimientos ya están un poco encaminados.

Este libro, por tanto, no supone ninguna despedida («no, no, qué va», confirma). ¿Por dónde va a tirar ese segundo disco? El primero —‘Equilibrio inestable’ (Pop Up Música, 2011)— obtuvo muy buena crítica…

Va a tener más contraste entre sí. Las canciones lentas van a ser todavía más lentas y las canciones rápidas, mucho más rápidas. Va a ser un disco más extremo, aunque en el medio va a haber bastantes cosas. Ya lo estoy grabando. Luego a ver, porque igual dentro de tres meses igual te digo «tío, lo he tirado todo, estoy en otro estudio…». O sea, nunca se sabe. No es que sea indeciso, pero siempre estás planteándote si esto estará bien. A parte, como grabo con tanto margen de tiempo, me da mucho tiempo a ir replanteando cosas. Lo que es una ventaja pero, también, un inconveniente.

A nivel sonoro va a ser mucho mejor que el otro. Estoy muy contento con las canciones que tengo, ¡menos mal! La verdad es que estoy contento. Bastante cansado, pero bien.

De entre todo lo ya hecho. ¿Con qué te quedarías? ¿Con el Igor músico, el Igor escritor, el Igor estudiante, el Igor «vividor» (así se ha referido a él, hace unos minutos, uno de sus seguidores)?

No es que sean caras distintas, lo que pasa es que nos mostramos en facetas diferentes. Tendemos siempre a etiquetarlo todo mucho y a meternos en compartimentos estancos: si eres músico, no puedes ser escritor; si eres escritor, no puedes ser fiestero; si eres fiestero, no puedes ser universitario… Al contrario, yo creo que cuanto más mezclados estén más completos como personas seremos. Aparte, cada una se modifica a la otra. Si soy buen estudiante, creo que me lo puedo pasar mejor de fiesta. Si me lo paso bien de fiesta y estoy contento, rendiré más en mi trabajo y podré escribir mejores libros.

Todo va bastante unido, entonces me cuesta quedarme con uno porque no los veo tan diferentes. La gente está acostumbrada a que si ve a un futbolero haciendo un poco el hooligan ya no puede escribir o hacer una tesina, por ejemplo. Me lo dice mucha gente. Y no, es todo parte de lo mismo.

Hombre, me gustaría hacer más ahínco en el Igor más familiar. Donde tienes que dar un poco el do de pecho, que es lo que más acaba costando porque es el que menos aplauso se lleva. A fin de cuentas, es lo más difícil porque hablamos de familia y de educar bien a gente. Creo que debería insistir un poco más en esa parte (risas).

Entrevista “Popular 1”

En el número de Marzo de la revista musical Popular 1, se encuentra una extensa entrevista de 8 páginas a Igor Paskual, que habla de sus influencias.

POPULAR1 Marzo 2013

Nota: durante la entrevista, Igor habla de Black Sabath, donde en algún momento se menciona “una triada mayor” cuando se pretendía hablar de un “tritono”.

Entrevista “El Comercio”

ElArteDeMentirEntrevista publicada en El Comercio, 3 de Marzo 2013

A Igor Paskual, después de todo, le da «cosa» hablar para una entrevista en público. Quizás por un repentino pudor, el que sigue a la publicación de ‘El arte de mentir’, un ensayo, o novela, sobre el mundo rock’n’roll en el que Paskual se «desnuda literal y metafóricamente». Publicado por Difácil, allí queda recogida la transición de las fiestas juveniles a la madurez del músico profesional, de Babylon Chat, la banda de su Asturias (casi) natal, a la proyección de su trabajo con Loquillo, del que es guitarrista desde hace más de diez años. Todo regado con excesos, cierto gusto erudito y una constante pregunta: ¿dónde acaba Igor Paskual y empieza su personaje?

Después de leer este libro, ¿queda algún motivo para tomar algo con Igor Paskual? ¿O para dejarle entrar en tu casa?

Tengo algo muy parecido a todo el mundo: en el fondo soy muy similar, simplemente soy un reflejo de la mezcla que convive en todos nosotros. Un tipo normal. Hay una parte más pública, que está «bien vista», la parte intelectual, que aquí riego con lo que le da otro sabor. Con el sexo, las drogas, la noche y el rock’n’roll. Supongo que acabas entrando.

Loquillo habla, en el prólogo, del personaje que lleva diez años cultivando. ¿Cuánto de ese personaje trabajado ha escrito este libro?

El libro está escrito a corazón abierto. Me desnudo literal y metafóricamente, con todo el empeño puesto en ser sincero. Esto es imposible, porque desde el momento en que te decantas por una farra nocturna y no por tres semanas preparando un examen estás discriminando, pero el libro es la verdad, aunque no toda la verdad.

¿Lo han leído sus padres?

No lo han leído y no creo que lo hagan: les recomendé que no lo leyeran. Mi novia tampoco lo leerá. Podría hacerlo, pero daría lugar a bastantes incomodidades: quien me conoce sabe que las anécdotas son ciertas. Mis padres son más fans de mi parte literaria que de la musical, desde pequeño, pero desde luego hay capítulos que les recomendaría que se saltasen. Los más… explícitos, digamos.

Curiosas, esas dos esferas: puede publicar barbaridades en las que, al final, la reacción más preocupante sea la de quienes tiene más cerca. ¿Cómo lo maneja?

Me pasa un poco lo mismo que en Babylon Chat, que para tu entorno puede no ser cómodo. Pero llegado el caso, prefiero arriesgar eso que un punto de vista artístico. Si tienes una poética tienes que llegar a ella. A mí me han dejado novias por cortarme en escena, con Babylon. Y en ese momento era lo que creía que tenía que hacer: si no lo entendían…

¿Por qué este libro ahora? Es usted un tipo joven, con un disco en el mercado y dos hijos pequeños. ¿No estará cerca el final, o algo así?

(Risas) ¡No! No voy a decir que esto salga por casualidad, pero sí de repente. La escritura es una segunda vocación. En parte, viene animado por Diego Medrano, que me dijo que siguiera y que lo moviera y lo publicara. Pero también porque en este momento, con el segundo hijo recién nacido, creí que mirar atrás, a esos orígenes, podía dar un resultado chulo.

La gira americana de 2009 fue un hito en su vida y su carrera. Por la manera en la que la cuenta, hacia el final del libro, se resuelve la duda que ha recorrido todas las páginas anteriores: ¿Esto es verdad o mentira? ¿Es un efecto de estructura buscado o casual?

No pretendía que fuera cronológico, pero sí, tras varias vueltas, tuve claro que el desencanto tenía que quedar hacia el final. Esa pregunta que te has hecho me gusta, me gusta mucho. Me obsesiona, hasta el punto de que con el libro (lo cuento con respecto al rock’n’roll) te llegues a preguntar si te importa más la verdad o la verosimilitud. ¿Qué aprecias más?

Hay dos elipsis muy claras: una, no llega a describir explícitamente qué pasó en el fin de Babylon Chat, un fin de cuchillos largos; y dos, qué fue de todo ello. Es de sobra conocido, para quienes les siguieron, dónde está cada cual hoy. ¿Cuál es su balance ?

(Silencio, y risas) Cada cual tenía su energía. Y cada cual debería hablar por sí mismo, yo solo lo puedo hacer por mí: algunos querrían irse de fin de semana con la banda, otros llevarse a las chicas de calle, otros liberar adrenalina… Lo mío siempre fue la música, más incluso que lo narciso que soy (que lo soy, y mucho). Y cada vez me gusta más, ya lo sé. Me sigo poniendo igual de nervioso, me da la misma energía tocar con el Loco para 5.000 personas que en un bar para 20. Esa es mi motivación. Las de los demás…

¿Escribirá este libro dentro de 15 años?

Lo que tiene este libro es que cuando yo estaba en Babylon Chat jamás me pude imaginar que mi vida iba a ser de esta manera. Sí que tendría algo que ver con el rock, pero no que iban a pasar tantas cosas. Supongo que sí, pero también puede ser que así, de repente, mi vida se convierta en algo monótono y sin ningún interés. Aunque no creo.

Entrevista “Oviedo Diario”

ElArteDeMentirPor Jorge Salvador

Llegó la hora, se acabó la espera. Ya está en librerías el estre­no literario de Igor Paskual, un espectacular sobresalto para todos los amantes de la música, la vida y la literatura. En sus páginas no sólo descubriremos al músico canalla que inicia­ba su carrera, allá por los años noventa, sino al hombre plu­ral e inquieto, lleno de pasiones, contradicciones y muchos cordajes rotos. ‘El arte de mentir’ tiene mucho de grito y, con ese espíritu de noble indisciplina y sonora ebullición, “habla de deseos, sueños, fracasos, peleas, noches largas y de la cara menos amable del sexo en la carretera”. Habla de la menti­ra, sí, como método de supervivencia “en un mundo que no nos gusta y también como disfraz para acceder a los recintos del placer que a todo chico de clase obrera le está vedado”. Y llega de la mano de la Editorial Difácil -experiencia, entusias­mo y mucha valentía-, que con este libro suma nuevo título a un catálogo impecable.

Novela, autobiografía novelada, diario personal y fragmentario, ajuste de cuentas… ¿Qué es El ar­te de mentir?

Es la crónica de un sueño que se cumple y de las decepciones que surgen cuando alcanzas el paraí­so deseado. También es un viaje por distintas obsesiones que se mezclan entre sí. El fin del arte, el placer liberador del surf, el poder del fútbol, el cristianismo y su ca­pacidad de perdón, el terrorismo, la crueldad del Antiguo Testamen­to, el sexo como acto de dominio y crueldad. Y, por supuesto, el ro­ck, que es el eje que guía todo y es el hilo conductor del libro. Ahora bien, estructuralmente no sabría definir lo que es; diario por mo­mentos, libro de relatos, también algo de ensayo. Eso sí, te puedo de­cir que no es un ajuste de cuentas porque implicaría pensar que los demás te deben algo y que la vida no ha sido buena contigo. Yo dis­fruto cada segundo de mi vida y en ese sentido soy un privilegiado.

En el eterno conflicto entre rea­lidad y ficción, ¿quién gana la ba­talla? Te lo pregunto de otro mo­do: ¿Hay mentiras en El arte de mentir?

Ésa es la gran pregunta del libro: ¿dónde reside el valor del relato? ¿En mi capacidad como narrador o en la veracidad de los hechos? ¿En la reflexión que hago después de unos acontecimientos reales? Me obsesiona la idea de la since­ridad en el arte y en la vida por­que es absolutamente imposible conseguirla plenamente. Desde el momento en que relatas algo es­tás seleccionando unas vivencias sobre otras y sitúas unos matices por encima del resto. Estás jerar­quizando tus propias vivencias. Como dicen Barthes y Foucault, el lector es el gran responsable del texto. Verdad y mentira se dan la mano. Eso sí, las pocas personas que lo han leído saben que todas las historias son ciertas. Por otro lado, como bien digo en el libro, durante toda mi vida he utilizado la mentira para sobrevivir y para conseguir lo que quería. Como to­do el mundo. La sinceridad extre­ma sólo es higiénica y útil con uno mismo.

Relatas en estas páginas tus ini­cios musicales con Babylon Chat. Tiempos de rock y mucha carre­tera. Supongo que ahí, en aquellas experiencias, está buena parte del alma de este libro.

Hay mucho de mis inicios musica­les porque mi forma de ver la vida está muy condicionada por mis experiencias de aquellos años. La infancia dichosa pero gris, el rock como salvación, los mitos que tan­to me ayudaron… Y Babylon Chat, por supuesto, el grupo por el que tanto peleé y con el que hice cosas fantásticas y de mucha valentía. Fueron años tan difíciles que era importante contar esa parte ino­cente para entender por qué sien­to las cosas de esta manera. Yo en el escenario disfrutaba mucho pe­ro jamás volvería a esos tiempos. Fueron horribles.

¿Qué queda ahora de todo aquello?

Queda la pasión. No he perdido ni un ápice de entusiasmo por el rock and roll. De hecho cada vez me gusta más lo que hago, bien sea subirme a un escenario o es­cribir una canción. No siento que ese fuego interior haya disminui­do. Todo lo contrario, lo disfruto más que antes porque no tengo tantas inseguridades y conozco mejor cuáles son mis puntos fuer­tes y dónde tengo que mejorar. La vida es mucho mejor ahora. La in­fancia y la adolescencia están sobrevaloradas.

Éste no es sólo un libro de sexo, drogas y rock&roll. Hay mucho más: filosofía, historia, literatu­ra, música, toda expresión artística…

Todo está conectado entre sí. En el rock hay poesía; en el sexo, arte; en la religión se encuentra la his­toria… En una conversación sobre fútbol pueden aparecer matices sobre arquitectura, literatura o política. Hablo de muchas cosas porque son muchos los intereses e inquietudes del ser humano. Hay sexo porque he pasado mu­cho tiempo de mi vida pensando en él. Pero el arte es muy placen­tero también. Y las drogas apare­cen más bien como muestra del hartazgo ocasional que producen, porque la noche es fantástica pero muchas veces te pide mucho y te da muy poco a cambio. Lo que tra­to de mostrar es que el placer está en el cerebro.

Y mucha obsesión, mucho sím­bolo. Unos pantalones de cuero, un chaleco, un anillo, una guitarra desafinada… ¿Supersticiones?

No hay superstición, pero sí mu­chas ganas de ordenar el mundo que me rodea con objetos relevan­tes, fechas clave, coincidencias o canciones… Me aferro a ciertos objetos para que todo tenga un po­co de sentido y el mundo no se me haga tan anárquico o caótico. En la época de Babylon Chat había tan poco dinero que unos pantalones o una guitarra te podían acompa­ñar durante años y les cogías mu­cho cariño.

En tus conciertos prefieres siem­pre la cercanía del público, ¿se en­frenta un escritor con la misma pasión a sus lectores?

Creo que es distinta la música y la literatura en su manera de ser con­sumidas. En la época de Beetho­ven, el compositor sabía a quién se dirigía: una parroquia, un prín­cipe elector, un festival de fuegos artificiales… Se puede decir que era una música funcional. Ahora, en cambio, se compone para uno mismo. En el rock y en el pop, que son entretenimientos puramente capitalistas, tienes que vender dis­cos, al menos para no perder di­nero. Sin embargo no sabes quién compone tu público ni en qué cir­cunstancias van a escuchar tus canciones. Lo bueno del rock es que la incertidumbre de una gra­bación se compensa con el direc­to, donde ves las caras de la gente y te puedes mostrar más cálido y cercano. Éste es mi primer libro y lo he hecho poniendo lo mejor de mí. Creo que hay mucha pasión en el texto, pero han de ser los lecto­res quienes lo perciban.

Me han comentado que, aparte de la música y la escritura, tam­bién te interesa la pintura, la es­cultura y las artes plásticas en ge­neral. ¿La quietud será tu ruina?

El arte me apasiona muchísimo, es lo que estudié y lo hice con mu­cho placer. Siempre trato de estar al día en asuntos de ese tipo. Por ejemplo, ahora mismo ando con­venciendo a todo el mundo para denunciar todo esto tan vergon­zoso del Museo de Bellas Artes de Asturias, donde en su consejo de dirección está Gema Llamazares, una galerista. Es intolerable que no se haga caso a los expertos y profesores universitarios. Así que incluso en términos de gestión de museos me gusta estar al día. Y so­bre arte estuve una temporada es­cribiendo en este periódico y me encantaba hacerlo; no lo realizaba con el nivel de una revista especia­lizada, pero se trataba de acercar­lo a gente que no tuviese muchos conocimientos previos. La verdad es que lo disfruté mucho.

Te veo imparable…

Es que adoro la vida, tiene cosas fantásticas. No es que me intere­sen tantas cosas, por ejemplo de cine no tengo ni idea, pero es cier­to que cuando algo me atrae me gusta meterme a fondo. El rock ha sido mi gran pasión y ha anulado muchas otras como la arqueología, que me encanta y apenas leo un par de cosas al año. El rock es una amante muy celosa. Me encan­taría poder comprar el “tiempo”, tiempo para estar con mis hijos, para echar un día entero viendo partidos, componiendo… Hay mil cosas que hacer en la vida y eso hace que merezca la pena seguir en este mundo con tanto sinver­güenza suelto.

Encabeza el libro un prólogo de Loquillo. Dice que tienes un en­canto personal más propio del Si­glo de Oro.

Yo siempre me he visto muy rock, pero al lado del Loco supongo que nada es “tan” rockero. Y creo qué él, no sé si por edad o por lo que sea tiene una imagen algo román­tica de mí. Una temporada me di­jo que me veía como un Shelley o algo así y, ahora que me acuerdo, tuve un profesor en la facultad de Arte Medieval que cuando me veía por los pasillos me decía: “Paskual, pero ¿dónde va usted con esa pin­ta de pope renacentista?”. Siempre me hizo mucha gracia aunque no sé qué es lo que quería decir. La verdad es que el prólogo del Loco es precioso, está hecho con mucho cariño y se lo agradezco. Y lo del Siglo de Oro del Loco, ya le pre­guntaré a ver a qué se refiere, pe­ro creo que últimamente pasa de­masiado tiempo con Luis Alberto de Cuenca.

¿Cómo afrontas la promoción del libro? Creo que hay un tema espe­cial para El arte de mentir. ¿Pre­sentaciones, conciertos?

Quiero hacer todas las presenta­ciones que pueda. Madrid, Astu­rias, Zaragoza, León, Valladolid, Barcelona, Coruña y Euskadi son seguras. Y sería hacer el levante y el sur también. No planteo las pre­sentaciones como algo típico. Ya que el libro no es nada ortodoxo quiero hacer algo distinto, como mínimo llevaré la guitarra y ade­más de hablar con la gente quiero contar cosas del libro con ella. En una presentación de un libro de relatos en Zaragoza lo probé de esta forma y funcionó muy bien. El caso es que editaré mi segundo disco cuando termine la próxima gira con Loquillo y en ese periodo quiero sacar cada dos meses una canción inédita producida por gente distinta. La canción “El Ar­te de Mentir”, que la escribí justo cuando empezaba a escribir el li­bro se la encargué a Mario Viñue­la. Dentro de un mes, mi produc­tor habitual, Carlos Stro, vuelve de Los Ángeles y nos pondremos a trabajar muy en serio con el se­gundo disco.

Rematas en el texto: “Jamás me veo con mi edad”. ¿Qué reflejan tus espejos?

Una imagen fragmentada que po­co a poco voy poniendo en orden y a la que le voy viendo el sentido. Estamos tan acostumbrados a di­vidir la vida en compartimentos estancos que me resulta difícil en­cajar en algún lado y no me veo en un sitio concreto. Aunque soy muy rockero, no siempre me encuentro del todo cómodo en ese mundo. La vida universitaria me encan­ta, aprendo un montón y me lle­na, pero le falta algo de sabor, que obviamente me da el rock. Y mu­sicalmente, pues obviamente no soy un “indie” llorón y mis cancio­nes no son vanguardia. De hecho, creo que podrían sonar en los 40 principales sin problema. Sin em­bargo, ése tampoco es mi mundo. Por desgracia y muy a mi pesar, el rock no es la mujer perfecta.