Archivo de la categoría: Sobre Igor

Profesor de Rock & Roll (Diario Información, Alicante – 10.5.13)

DiarioInformacion 10.5.13

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Igor Paskual, mito sexual (Renacer Eléctrico, 29.4.13)

Pantalones de CueroTexto: Maria Manuela Cortinas

Tarde-noche fría y lluviosa de primavera, la Catedral al fondo, el Museo de Bellas Artes al lado, una pequeña librería en los bajos de un edificio con solera. Este fue el marco para la presentación en Oviedo del libro El Arte De Mentir (editorial Difácil, 2012), del músico y apasionado historiador del arte Igor Paskual.

Por el improvisado escenario pasaron el gurú de la radio musical asturiana Alberto Toyos –autor de la sugerente frase que da título a esta reseña–, que presentó y animó el acto, y Chus Neira, periodista y virtuoso del órgano Hammond. Este último materializó una aguda semblanza de Igor a partir de vivencias compartidas antaño. Una historia de dos jóvenes inquietos en una pequeña ciudad que aún no ha podido dejar atrás los prejuicios de la clariniana Vetusta, donde cualquiera que se sale de lo establecido acaba en boca de todos; en las buenas y, sobre todo, en las malas lenguas. Vivencias comunes de pluma –entiéndase como el instrumento para escribir la sentimental poesía post-adolescente que ambos cultivaron– y leopardo –Neira participó brevemente en la andadura inicial de la banda glam Babylon Chàt, liderada por Igor–.

Finalmente, el autor del libro demostró que, además de sobre el papel, como mejor se expresa es con la voz y la guitarra. Sobre el escenario, Igor hizo una vez más de Igor Paskual, el personaje, combinando la teatralidad histriónica de la glam star y su rock and roll actitud. El pequeño concierto se abrió, como no podía ser de otra manera, con la canción “El Arte De Mentir”, seguida por varios de los éxitos del disco Equilibrio Inestable (Pop Up Música, 2011), como “La Bahía”, “Chica De Gama Alta” o “Música Para Traicionar”. También aprovechó para avanzar algún tema de su largamente anunciado y todavía esperado nuevo LP. Al lado de Igor estuvo siempre Ángel Miguel, el Mark Knopfler asturiano, uno de los pocos guitarristas capacitados para seguir a Igor en su frenesí con las cuerdas.

Después del concierto y la consabida firma de ejemplares por parte del autor, músicos y lectores se desplazaron al cercano bar Dickens para continuar la fiesta al más puro estilo glam. De lo que allí pudo acontecer nada puedo decir porque no estuve presente, mas no resulta difícil imaginarlo conociendo la manera de actuar de Igor cuando se encuentra en su salsa.

Portada El Arte de MentirPero no olvidemos que hemos venido a hablar de un libro, El Arte De Mentir, donde Igor Paskual se desnuda metafórica y casi literalmente; no en vano la clave de la expectación que ha generado la obra es que el autor relata en primera persona como mantuvo relaciones sexuales con hombres. Al que solo le interese saber eso, le acabo de ahorrar comprarse el libro… y también puede abandonar la lectura de esta reseña. Si aún queda alguien ahí, le diré que, detalles escabrosos aparte, el libro merece la pena por varios aspectos. Para empezar, cuenta con la importante aportación de Loquillo en el prólogo. Y a lo largo de toda la obra se encuentran pinceladas de buena prosa para relatar acontecimientos y opiniones que resultarán interesantes, sobre todo a los buenos amantes de la música; aunque el autor se empeña, a veces exageradamente, en demostrar su vastísima cultura hablando con erudición de temas que van de la metafísica al futbol, del arte a la bioética. Algo totalmente innecesario, pues casi todo el mundo conoce a estas alturas las habilidades literarias de Igor.

El primer capítulo comienza con una épica descripción de su último concierto con Babylon Chàt. El recuerdo amargo y nostálgico de los Babylon, que fueron su familia durante varios años, inunda muchas de las páginas de este libro. Igor es capaz de establecer las comparaciones más insospechadas entre los personajes más variopintos. Llama especialmente la atención que compare a Alfonso X, sabio rey de Castilla en el siglo XIII, con Morrissey, que fue líder de la mítica banda británica ochentera The Smiths. Leyendo atentamente el texto, vemos que a Igor no le falta razón. En otros capítulos hace un extenso recorrido por el mundo de la música, dando a cada cual su merecido –en el buen sentido–. Cabe destacar aquí que el fantasma de Bowie pulula por todo el libro, al igual que parece perseguirle en su vida de atormentado caballero inglés nacido en Donosti. En las historias puramente sexuales, la prosa de Igor adolece en muchos casos de la sutileza propia del género erótico, pero el lenguaje directo y contundente contribuye a transmitir de manera más fiel la intensidad de las experiencias.

En el aparentemente esclarecedor epílogo, Igor lleva al extremo la ambigüedad que caracteriza al personaje de su vida. El lector deberá dilucidar, a partir de lo narrado página tras página, hasta qué punto Igor Paskual domina el arte de mentir.

Texto original extraído de:
http://renacerelectrico.blogspot.com.es/2013/04/igor-paskual-mito-sexual.html?spref=tw

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Desde la trastienda del rock (por Eduardo Guillot, suplemento cultural El Diario de Levante – Abril 2013)

EADM Diario Levante Abril 2013

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Igor Paskual – Cartas de un jóven rockero (La Nueva España, 22.4.13)

Portada El Arte de MentirTexto: Chus Neira

Una persona es alguien que se hace oír, un personaje, al final. En su etimología, la voz «persona» nace asociada a los orígenes del teatro, a aquellas tragedias en las que los actores recalcaban sus rasgos y su presencia escénica a través de alzas (coturnos) y unas máscaras con doble función. Subrayaban los rasgos del personaje pero funcionaban también como un amplificador de señal que hacía que su voz resonase a través de aquellas caretas y se escuchara con más fuerza. Esas máscaras se llamaban así, «persona», porque la voz se escuchaba a través de ellas, «per se sonans». Bien. En la vida, y en el arte, cada actor trata también de calzarse unas botas apropiadas, enfundarse la camiseta propicia y ponerse la máscara que le identifique entre la multitud. Hacerse un nombre. El proceso de construcción del personaje, inevitable e inconsciente en la mayoría de los individuos, suele ser tarea principal entre los artistas, aunque pocas veces lo admitan o quieran hablar demasiado sobre ello. Por eso la exhibición de estos recorridos, creo, es la principal virtud de El arte de mentir, primera incursión seria de Igor Paskual (San Sebastián, 1975) en el mundo literario tras una primera juventud dedicada casi en exclusiva al rock’n'roll.

De Igor Paskual, que pasó la infancia en Avilés, se crió adolescente en Oviedo y se exilió en Gijón para entrar en la edad adulta, conocíamos por aquí su carrera de glam star con sus Babylon Chât en los noventa, su ascenso a la primera división de la escena musical como escudero (guitarra, compositor, director de banda) de Loquillo y, desde hace poco, una carrera en solitario que de momento ha dado para el disco Equilibrio inestable. Ahora, a través de la editorial Difácil, el Igor Paskual músico de rock se presenta también como el chico cultivado que es, un hombre de letras hablando de sus hazañas con la espada.

El arte de mentir es en realidad un cuaderno de notas, un volumen miscelánea donde se mezclan, principalmente, tres bloques. Una parte de los capítulos se corresponden a los tiempos de los primeros «Babylon Chât» y funcionan como antimemorias de una rock star que no llegó a serlo en la forma en que lo había soñado. Otro bloque, generoso en detalles, amplio en paginación y abonado para alimentar morbos, son las memorias sexuales, raras en su sinceridad para el habitual pudor patrio. Y el tercer tipo de materiales, junto a algunos apuntes vitales más genéricos, son los referidos al rock desde el punto de vista del erudito: reseñas de conciertos, juicios a artistas y balances de giras transoceánicas con Loquillo y los suyos.

Tal variedad y tal arrojo para firmar unas memorias desde la treintena ya mediada hacen que El arte de mentir sea divertido y provoque reacciones serias. No hay medias tintas para el lector ante la superioridad insultante con la que a veces se comporta el autor implícito y el autor real de estas páginas. Con todo, de regreso a las máscaras y las personas, lo que más me ha interesado es la forma en que Igor Paskual descubre aquí la construcción de su personaje. Deja, claro, algunas claves fuera, porque en el arte, ya se dijo, si lo cuentas todo se estropea. Pero ofrece en su conjunto material suficiente para ver el «work in progress» de un músico de rock y un artista en un interesante punto intermedio de su carrera. Por lo que dice y también por lo que representa el propio libro en su carrera. Estas cartas de un joven rockero, en resumen, agradarán a las groupies, escandalizarán a las abuelas, sonrojarán a los nietos y supondrán un hito en una escena nacional tan curada de espantos y tan narcotizada. Puro Igor Paskual. Ojo.

Texto original extraído de:
http://www.lne.es/cultura/2013/04/22/cartas-joven-rockero/1401041.html

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Crónica presentación “El Arte de Mentir” (El Comercio, 5.4.13)

EADM El Comercio 5.4.13

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“El Arte de Mentir” (El País – sumplemento Babelia, por Juan Puchades)

El Arte de Mentir - El Pais 2.3.13

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Crítica “El Arte de Mentir” (Juanjo Ordás – Efe Eme)

Portada El Arte de MentirIgor Paskual: El Arte de Mentir” (Difácil)
Texto: JUANJO ORDÁS

Entretenida lectura la que supone el primer libro de Igor Paskual, aunque también sea necesario centrarla. Al margen de las acertadas connotaciones de su título, uno no debe quedarse en las formas sino en el contenido, despojar a cada uno de los capítulos de ornamentos que seguramente se mueven de lo real a lo fantástico con holgura para entender exactamente cuál es la idea que Igor ha envuelto entre párrafos. El resto es un trepidante marujeo surrealista muy ameno, un camino de baldosas amarillas necesario para llegar al reino de Oz pero también un “macguffin” perfectamente tramado. Sus páginas se devoran y las ideas se concretan sin que autor y lector se pierdan por el camino, misión cumplida.

Igor siempre se ha perfilado a sí mismo como un músico descreído de la mitología del rock and roll pero también conocedor, degustador e incluso propagador, quizá en un intento de definir su propia filosofía y hasta ahora lo ha conseguido. Ya sabemos de lo que es capaz. Puede romper las tablas de los diez mandamientos rockeros para después oficiar una misa que parta de esos pétreos pedazos. En “El arte de mentir” traza líneas variadas hacia un único punto: el ser humano y su necesidad de combatir esa levedad tan insoportable como inevitable, lo que nos lleva a uno de los ingredientes fundamentales del libro y que no es otro que su irónico y ácido sentido del humor, lo suficientemente inteligente como para no caer en la comedia.

Su experiencia como persona es rica, Igor es un rockero ilustrado, se esté o no de acuerdo con él siempre tendrá una opinión. Y ese es el Igor que escribe. Lo haga sobre sus inicios como líder de Babylon Chat, como segunda espada de Loquillo o como artista solista, quien firma el libro es ese ser ansioso por conocer, por crear paralelismos impensables, por lanzar ideas controvertidas. Ya sea mintiendo o diciendo la verdad.

Texto original extraído de:
http://www.efeeme.com/libros-el-arte-de-mentir-de-igor-paskual/

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Los Pantalones de Cuero… Apestan (El País, por Diego A. Manrique)

Pantalones de CueroAlgo no me cuadra; es uno de los grandes enigmas del rock español. Hablo de Loquillo, especialmente de esa paradójica habilidad para apuntar a su causa a personas cultas, de buena escritura y mentalidad abierta: piensen en Gabriel Sopeña, Gabino Méndez, Luis Alberto de Cuenca, Igor Paskual.

Paskual, al que quizás recordarán al frente de Babylon Chat, trabaja con Loquillo desde 2002. También ha sacado un disco en solitario y ahora le van descubrir muchos en su faceta más comprometida: acaba de publicar un excelentísimo libro, “El Arte de Mentir” (Difácil, 2012).

Déjenme decirles en qué maneras El arte de mentir rompe las expectativas. En contra de lo imaginable, el rock español es altamente pacato. En sus (raras) crónicas, cuando se acerca el momento del encuentro sexual, la pantalla funde a negro. Por el contrario, Paskual aumenta la iluminación en tales escenas. Explica sus motivaciones, especula sobre la atracción general por esos reyes del mal vivir que son los músicos de rock. Así que aquí hay sexo sodomita y sexo oral, sexo en trío y sexo onanista, sexo con mujeres y (ocasionalmente) con hombres.

Sin embargo, esas hazañas sexuales —no siempre gozosas— podrían eclipsar otros valores de un libro que servirá de severo correctivo sobre las fantasías que alimentan las vocaciones rockeras. Desde el primer texto, un réquiem por los pantalones de cuero que usaba en Babylon Chat: duros de poner, difíciles para sacar, hediondos a la larga.

Y, sin embargo, indispensables para mantener la quimera de tocar rock decadente en una ciudad de provincias. “Como eran muy caros, y nunca hubo dinero para más, terminaron siendo objeto sagrado, cotidiano e insustituible. Por supuesto que pensé en comprar otros cuando las cosas mejoraran, después de ese primer año descorazonador, deficitario. Pero vino el segundo año y el poco dinero que ganamos lo reinvertimos. El tercer año, nos quedamos sin guitarrista y sin discográfica. La cuarta temporada pagamos la factura del anterior, y durante la quinta ni perdimos parné ni lo ganamos. Era el triunfo de la ruina, la apariencia del éxito, la mentira total, la cinta aislante con que reparar los rotos y la súplica diaria para que no se rompieran más cables. De cuando en cuando, nuestro bajista hervía las cuerdas del bajo para poder aprovecharlas un poco más”.

Todavía no se adivinaba la crisis, recuerden. Describe simplemente la gran patraña del rock nacional. Hoy, Igor ya no se hace ilusiones sobre sus virtudes. “Se ha convertido en un discurso monocorde, encorsetado, autoalimentado hasta la saciedad, plagado de riffs y no de buenos temas. Es un círculo cerrado de críticos, sellos selectos, músicos, amigos de músicos, pinchadiscos y coleccionistas compulsivos de discos: una élite musical que solo habla para sí misma”. Posee Igor la suficiente audacia intelectual para desarrollar insólitos paralelismos: Morrissey y Alfonso X El Sabio; Emil Zátopek y Keith Richards; Richard Branson y el capitán Scott. A veces, ay, se pronuncia con argumentos viciados. Vitupera a Tom Waits sin percibir diferencias entre las dos etapas de su carrera; en su descargo, es cierto que reconoce su grandeza al asistir a un concierto. También esboza una teoría de la curiosidad intelectual de la clase obrera británica a partir de Paul McCartney; entre los músicos españoles, está escrito en piedra la falacia de que Lennon y McCartney venían de familias proletarias.

“El Arte de Mentir” sugiere igualmente respuestas al otro misterio de Loquillo: su longevidad profesional. Según Paskual, se basa en “una excelente colección de discos muy bien asimilada” y en su negativa a hablar el lenguaje de los músicos: “Ese desconocimiento de los mecanismos internos de la música le permite apreciar las canciones desde el punto de vista del público, una realidad que es inaccesible para casi el 100% de los artistas. Es decir, el Loco escucha exactamente lo mismo que sus seguidores”. Intrigante, por lo menos.

Texto original extraído de:
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/02/24/actualidad/1361730365_105852.html

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