Archivo de la categoría: La tentación del gol

Ejercer la autoridad

Osasuna – Sporting (El Sadar, Pamplona – 23.4.17)

Donde manda capitán no manda marinero. Eso habría que recordárselo a Rubi, que deja decisiones clave en mano de los futbolistas como, por ejemplo, el lanzamiento de faltas y penaltis. El modo asambleario entre los jugadores en este Sporting no ha funcionado. Aunque la democracia tiene sus ventajas, también presenta sus inconvenientes, ya que el candidato que sale elegido no siempre es el mejor preparado, sino el que maneja mejor los resortes de la comunicación o tiene más deseos de poder. Hemos de recordar que, en el Nuevo Testamento, cuando Poncio Pilatos deja a los judíos escoger entre Jesús y Barrabás para liberar a uno de ellos, como era costumbre en Pascua, éstos sueltan a Barrabás, un delincuente común. Los jefes están para algo. Y más cuando hay jugadores que no tienen desarrollado el sentido colectivo y están más pendientes de brillar personalmente, pensando en su próximo contrato, que en el Sporting. Que Burgui y Douglas tiren faltas cuando Cop lleva dos goles en esta suerte, es un lujo que el Sporting no se puede permitir. Douglas y Burgui, que se pasaron todo el partido haciendo la guerra por su cuenta, deberían ser conscientes de los puntos fuertes de un compañero; y si no son capaces de mirar por encima de su propio ego, es el entrenador quien debe mostrárselo. La autogestión funciona en caso de grupos con gran capacidad para ceder y ser generosos, y no parece que sea el caso de demasiados futbolistas. También Rubi estuvo, como casi siempre, lento y no demasiado certero en los cambios. Y muchos jugadores estuvieron por debajo de su nivel, el medio campo sigue sin existir y con dos delanteros fue cuando, por fin, se hizo gol.

Justo es reconocer que el gol había llegado antes (con Burgui) y pudo convertir otro penalti que le hicieron. La actuación arbitral fue una muesca más para la vergüenza de unos pseudoprofesionales con silbato y espuma que jamás pagan por sus errores, a los que no se puede criticar y que se conducen con una prepotencia que raya en la mala educación. Cada vez que leo un artículo de alguien que se manifiesta en contra de la introducción del WAR, siento que se da un apoyo implícito a los malos arbitrajes. Esa vieja guardia, inmovilista, legitima los errores y hace creer que son parte del fútbol, cuando muchos fallos -y decisivos- son evitables. Estas gentes argumentan que la ayuda a los árbitros terminará con la esencia del fútbol, pero eso es como decir que se está en contra de las pruebas de ADN porque se perdería la esencia de la justicia tradicional. Es urgente acabar con una serie de anomalías que alteran la competición. Pensemos que algunos equipos ganan ligas o descienden por un punto o dos que, en general, proceden de un penalti bien o mal señalado. También se afirma que, a lo largo de una Liga, los árbitros dan y quitan puntos, pero los colegiados no tienen que dar ni quitar, sino ayudarse de todos los recursos disponibles para que el resultado sea lo más justo posible. Ya es el fútbol un deporte bastante injusto como para añadirle elementos arbitrales que lo adulteren. Al  margen de los errores grandes, Gil Manzano desquició al Sporting como una gota china: poco a poco y durante mucho tiempo. Uno de los motivos más poderosos para no bajar a Segunda es que el nivel de los trencillas es aún peor. Lo puede confirmar el Real Oviedo, sometido también a desquiciantes arbitrajes. Aún queda tiempo y el arreón final confirma que aún hay marineros. Que se sume el Capitán.

Rema y vive

Sporting de Gijón –  Málaga
(El Molinón, Gijón – 5.4.17)

Antes del partido, se respiraba en los alrededores de El Molinón una rara calma preñada de nervios, tensión y esperanza. La gente era consciente de la importancia de este encuentro y sabía que tenía responsabilidad en preparar la escenografía adecuada para los jugadores. Los ingredientes de una victoria también se componen de gritos de aliento y ánimos de la afición que ayudan a la ascensión del gol al marcador. Jugaba el Sporting y jugaba también Gijón. Y el Málaga, de amarillo y negro atentando a sus colores tradicionales, también jugaba con dureza, que no suciedad, hasta donde pudo o el árbitro le dejó. Como en un cable de alta tensión se podía cortar el nerviosismo en el cuerpo del Sporting que aunque no estaba atenazado como otras veces en este tipo de finales, sentía que vivía el mismo partido una y otra vez. El eterno retorno y más finales. Además, el Málaga contaba con un aliado  fundamental que era la ausencia de Mikel Vega. Todos éramos conscientes de lo que ha supuesto para el Sporting, así que, a falta de él, ¿por que no intentar meter, por fin, a dos delanteros? Rubi puso en combinación a Castro, campeador y cabalgador incansable al lado del industrioso Traoré, que incomodó al rival, y combinó su negligencia aérea con buenas dejadas; pero tras varios fallos ante la puerta y algunos pases erróneos, la paciencia se terminó y fue sustituído. Eso sí, cuando salió él del campo se terminaron las ocasiones. Hasta que entraron Victor y Ndi. El gran problema, el enorme riesgo de plantear el partido con dos delanteros es que hay que cambiar de sistema y dejar el medio campo con uno menos. Por eso dos viejos compinches, Sergio y Nacho Cases, volvieron a interpretar su dueto, que parece el último. Sergió tocó su eterna canción, esa que habla de cómo robar el balo al rival, pero Nacho Cases no era capaz de tomar el mando de ese escenario que tanto le quiere; ni crea ni destruye. Le cuesta a El Molinón ver a su eterna promesa sin tocar aquello que tanto ama: el balón. Así que desaparecido el centro, sólo le quedaba al Sporting el manejo de las bandas. Pero Douglas no se recuperó a tiempo y se perdió un caudal ofensivo que recayó únicamente en Burgui que, cabizajo y enfadado estuvo lejos de su habilidad habitual. Pero su pundonor le impide quedarse su arte para sí mismo y se desató en el tramo final. Lástima que nadie pudiera colorear su dibujo en un gran remate final. El caso es que el gol del Málaga fue una casualidad buscada: Luís Hernández llevaba haciendo la misma jugada varias veces. Desde la defensa, pasaba el balón a Keko en la banda que alcanzaba la línea de fondo carrera y daba el pase hacia atrás. Canella había conseguido desbaratar esa acción varias veces, pero en el minuto 39, Canella en un intento de frenar el pase, se cayó y el balón llegó a Sandro que disparó y con rebote en la defensa fue gol. Eso sí que fue efectivo para el Málaga y no el recital de fusilería alzada desde fuera del área que se iba directo a la grada. Fuego gastado desde lejos, pero que les permitía al Málaga terminar la jugada y no permitir contras. Jugar en tinieblas es una labor cansada. No hay luz al final del túnel y cuando parece que uno está llegando a la orilla, el faro se apaga y se queda en la grada por acumulación de tarjetas. Pero la salvación no está tan lejos. ¡Rema y vive!

Un empate que genera esperanza

Sevilla – Sporting de Gijón
(Ramón Sánchez-Pizjuán, Sevilla – 2.4.17)

Esta temporada será recordada como el año que Cuéllar salvó al Sporting. Estuvo enorme ya en aquellos primeros partidos de septiembre, estuvo grandioso cuando al equipo daba lástima verlo, y ahora que el Sporting está apuntalado por Vesga, se ha erigido como una figura providencial. Es un punto de oro, valiosísimo porque se sacó ante un rival difícil, y a partir de un planteamiento atrevido. Es un punto que encierra una promesa y llena los corazones de esperanza. Sin duda, este Sporting es otra cosa y no tiene nada que ver con el alicaído equipo que paseaba su triste figura por los campos de España. Ahora hay un valiente sobre la hierba que quiere y sabe jugar. Es cierto que le sigue costando un mundo marcar un gol, pero es que jugar con un delantero único -sea Castro o Traoré- no termina de dar resultados en el área rival. Sin un delantero de gran jerarquía, se necesitan sumar las virtudes de dos puntas para concretar con firmeza las ocasiones que, por cierto, cada vez son más frecuentes. También hay ciertos errores que se repiten constantemente como una noria que da vueltas sobre sí misma, recordando una y otra vez que un saque de esquina o una falta a favor es una oportunidad para el contrario. Como si el Sporting se reflejase en un espejo roto, no es concebible que cuando el rival está en el paredón de fusilamiento, en un abrir y cerrar de ojos, Cuéllar se vea sólo frente al peligro. También resulta difícil de entender que Amorebieta, hombre que ha vivido batallas de alto rango, de pronto, como si hubiera soplado un viento misterioso e infernal, pierda la cabeza de esa manera y juegue con la integridad del colectivo. Hay errores que se pagan caros y él estuvo a punto de condenar a sus compañeros por dos jugadas de algo riesgo.

Amorebieta tiene que estar acostumbrado a sufrir los embites de jugadores como Iborra, ya que todos los delanteros de la Liga conocen las peculiaridades de su temperamento inestable y salen dispuestos a jugar con sus nervios para dejarlo fuera de juego en el sentido más literal del término. Hasta que el siroco le sopló estuvo solemne y muy bien acompañado por Babin (y éste a su vez por Juan Rodríguez) que recupera su mejor versión para encarar esta recta final. Fue un partido vistoso, lucido, con ocasiones y polémicas. El final fue trepidante con un Sporting incapaz de retener el balón, que había perdido el centro del campo y reculaba hacía atrás. Así que el Sevilla campaba a sus anchas, cabalgando en el centro del campo y enseñoreados en su conquista del terreno. Y el Sporting sin balón parecía que se iba a convertir en un muñeco, en un pelele para mayor gloria de los sevillistas. Pero no fue así. El Sevilla, aunque desató un bombardeo intenso de balones al área rojiblanca, no pudo destrozar la red. El Sporting creó un escudo antiaéreo que agotó la paciencia y la munición de los sevillistas, desesperados ante tal furia defensiva. De hecho, el peor enemigo del Sporting era él mismo, con sus córners mal aprovechados y algunas pérdidas de balón alarmantes. Pero, después de tanta lucha, el punto ya empezaba a parecer bueno y más en un campo hostil con parte del Sánchez Pizjuán que coreaba: “A segunda, oé….”. Cantos desagradables por la poca elegancia de los mismos que ofende un poco a los amantes de los equipos clásicos. Ahora toca cubrir la bajas de la manera más inteligente posible para una nueva batalla, esta vez, en el fortín de El Molinón.

Un antes y un después

Sporting de Gijón – Granada
(El Molinón, Gijón – 19.3.17)

En seis minutos marcó el Sporting tres goles. Como aquel Liverpool de Benítez que le endosó tres goles en seis minutos al A.C. Milán en la final de la Champions del 2005 en Estambul. Empataron y el Liverpool ganó en la tanda de penaltis. Todo un monumento al drama y al fútbol. El Sporting también vive en un estado perpetuo de dramatismo, con el pulso vital acelerado. El Sporting no juega partidos de Liga sino que disputa finales en plena Liga. Y, por fin, ganó una. Esta victoria. marca un antes y un después en la temporada por tres razones. La primera es que el Sporting sabe que la victoria es posible. Segundo, no perdió la calma cuando encajó el gol ni tampoco se puso nervioso. Tercero, al fin se ha llegado a una conclusión que se veía hacía tiempo: Traoré va a ayudar muchísimo, pero siempre que tenga un acompañante en la delantera. Su técnica, sin ser mala, es limitada y lo demostró en cómo tiró el penalti; también fue inoportuno que insistiera tengo en lanzarlo él. A veces ese tipo de gestos, no demuestran seguridad en uno mismo sino todo lo contrario. Traoré agita y despista a las defensas rivales, pero necesita combinarse con otro delantero que aproveche y capitalice su esfuerzo. En un viejo clásico del fútbol, como Nihat-Kovacevic o Toshack-Keegan. Además, estando Viguera, Castro y Cop, hay varias combinaciones y pueden jugar dos delanteros en paralelo o uno detrás del otro.

Pero hay tres jugadores de características y procedencias muy distintas que fueron claves en la victoria ante el Granada y lo serán hasta el final de la temporada. Burgui. De la cantera del Madrid, de la famosa fábrica, esa misma que produce una cantidad ingente de jugadores que jamás debutarán con el Real Madrid. En especial desde que está Florentino Pérez en la presidencia. Para él un jugador de la cantera nunca será suficientemente caro, extranjero o llamativo para estar en el primer equipo. Así que generaciones enteras van recalando en otros equipos. Pero todos ellos tienen un sello característico: calidad exquisita y gran ambición. Son jugadores con ganas de demostrar que pudieron haber vestido la camiseta blanca y están acostumbrados a vivir en vestuarios con una competitividad muy elevada. Y tienen cierto alma de artista. Burgui es el talento, la técnica, la cabeza que mira hacia el triunfo.

Vesga. De Lezama, la fabulosa cantera del Athletic. En San Mamés sucede lo contrario que en el Madrid. Debido a la política del club bilbaíno en la que sólo puede jugar gente formada en la casa, se abre un abanico mayor de oportunidades para que la gente de allí pueda ser futbolista profesional en Bilbao. Suelen formar gente seria, muy profesionales, con gran pundonor, también tiene un gran sentido colectivo y son solidarios. No suelen causar problemas en los vestuarios, Vesga se ha convertido en el motor, el corazón que bombea al equipo. Ha sido una bendición que llegase. Sergio. De la cantera del Sporting. Mareo. Ahí no se sabe muy bien si se les quiere o no, si llegarán o no. En general, viven con la espada de Damocles en la cabeza, sin saber cuál es la verdadera política de club que según las necesidades es una u otra. Pero sin duda, adoran al equipo para el que jugaron desde pequeños. Tienen gran responsabilidad con su club y, en parte, se sienten responsables de su deriva. Sergio, renacido para el fútbol, es el alma. Así, con cabeza, corazón y alma, el Sporting seguirá en Primera.

Me parte el corazón

Sporting de Gijón – Deportivo de La Coruña (El Molinón, Gijón – 5.3.17)

Me metí en el mundo del rock porque me encantaba la música. Empecé a escribir de fútbol porque adoraba el fútbol. Perder la cabeza por un equipo de fútbol o una banda no tiene ninguna lógica y parece una estupidez, pero junto con la salud, es lo más importante del mundo. Ahora bien, ser seguidor del Sporting de Gijón debería ser recompensado monetariamente porque es una fuente constante de disgustos. Esta ciudad no se merece esto, por Dios. La verdad es que esto se parece a un timo y me siento atrapado en un juego de trileros donde Nico Álvarez hace de maestro de ceremonias con el consentimiento de los dueños mayores. ¿Qué broma es esta? ¿De qué maldita pesadilla estamos hablando? ¿Hemos visto un partido de fútbol o una ceremonia del ridículo? El Sporting es una ONG para millonarios y ha acogido y pagado de forma generosa a Nico Álvarez, el mismo que salió tarifando de Las Palmas, para demostar de nuevo que es un perfecto inoperante. A la calle ya. Mañana mismo. En las altas esferas están los responsables de este drama que en terminología militar se conocería como alta traición. Al aficionado no se le puede pedir más porque está macerado con el aceite del desencanto y bastante hizo al cantar antes del partido el himno interpretado a capella de forma conmovedora. Los jugadores o no lo oyeron o no lo sintieron. De nada sirvió tampocó el paradón de penalti de Cuéllar para encender la caldera de El Molinón que, por unos minutos pareció que la gente volvía a conectar. Pero con lo que sucedía en el campo, no se hubiera encendido ni “La 12” de Boca Juniors.

¿Y qué vimos en el campo? Un delantero, Traoré, que hace casi todo bien menos aquello para lo que se le contrató: meter goles. Es decir, molesta al rival, tiene a los defensas pendientes de él, colabora, es solidario, pero su falta de técnica es tan alarmante que da la impresión de que hasta sus compañeros llegan a desconfiar de pasarle el balón. Gana enteros cuando juega con otro delantero que capitalice todo el trabajo sucio que hace, pero eso supondría quitar a alguien del medio del campo. Y ayer, dado que el medio campo no existía se pudo haber hecho sin problema casi desde el principio. Rubi plantea bien los partidos de inicio, pero según avanzan, tarda en leerlos y hace cambios extraños. Por ejemplo, añadió un segundo delantero (Castro), pero retiró a Douglas, un buen servidor de pases. El asunto es que Amorebieta terminó siendo el jugador más creativo y el que llevaba el balón hasta zonas de peligro. El Sporting estuvo mal ubicado, sin intensidad ni rabia, tenso, algo atrasado y muy pendiente de que el rapidísimo Andone no atacase. Tampoco ayudó el arbitraje que, sin ser pésimo, escamoteó un penalti y dejó en a los gallegos cortar el juego en demasía sin ofrecerles merecidas tarjetas. Fue un partido desesperante con la guinda culminante de un recital de córners y faltas muy mal sacadas. Pero aún y así, el Sporting tuvo unas cuantas ocasiones muy claras, que es en lo que se ha mejorado con respecto a la época de Abelardo. Pero claro, Rubi tiene a Vesga, un portento que ve el fútbol de manera clarividente y es hoy por hoy, junto con Burgui, el único faro fiable. Qué forma más terrible de perder un partido. Pero como la vida es larga, aún veremos a equipos caer para que este Sporting siga en Primera. Adoro el fútbol, pero esto me parte el corazón. Dispararse al pie es de imbéciles.

Pobre imagen en el Camp Nou

FC Barcelona – Sporting de Gijón
(Camp Nou, Barcelona – 1.3.17)

Hay duelos en la vida que son irrenunciables, pero que uno rechazaría gustoso. ¿Quién quiere enfrentarse a un caballero armado hasta los dientes gracias a la mejor delantera del mundo? ¿A qué poeta aficionado le apetece recitar versos de adolescente frente a un auditorio acostumbrado a escuchar a Shakespeare cada semana? Lejos quedaron los tiempos donde un joven aspirante, aún podía meterse en la cama del rico y rozar el cielo con su dedos, o demostrar a base de talento que merecía estar en la cumbre. El fútbol es reflejo de la sociedad y las desigualdades se han hecho tan grandes que, ni siquiera el más ingenuo, tiene esperanza de que esa diferencia sea salvable. La desconfianza llega hasta la justicia arbitral, siempre sospechosa, que sabe que semana tras semana inclinará la balanza hacia la parte más abundante del jardín. Tenemos reales pruebas de ello cada semana. Todo es miseria en la casa del pobre, pero a la desgracia del Sporting se le añade que una dimensión de tragedia ya que la cornucopia rojiblanca se vació desde su propia casa. Se lleva robando y traicionando a sí mismo, más de veinte años. Veinte años sin ambición ni búsqueda de grandeza. Dos décadas únicamente salvadas por una afición cansada, que sólo llegó a entusiasmarse tras las ilusiones generadas por un Preciado o un Abelardo, únicos en su especie. En medio de este largo y profundo precipicio, daba la impresión de que el Nou Camp era una montaña demasiado elevada para un equipo que aún tiene las alforjas escasas de fútbol y cuyo capitán está recomponiendo los pedazos de un mapa roto.

Lo peor del partido contra el Barcelona no fueton los tres puntos o el punto perdidos sino la imagen ofrecida. Sí, fue la confirmación de una ausencia, de un Sporting que es un Sporting sólo en lo nominal, pero que ya no significa equipo noble, con garra y buen juego que desafía al resto desde la periferia. Ese lugar, lo han vuelto a ocupar la Real Sociedad, Las Palmas o Español con las nuevas incorporaciones del Villarreal o el propio Eibar. Pero la preocupación actual del Sporting no es qué imagen ofrece ni filosofar sobre qué modelo de gestión prefiere sino simplemente en sobrevivir. Quiere comer para no morir de nuevo en el Hades de la segunda división, entre patatales, goles de falta y esperanzas frustradas. El 6-1 no es ni doloroso. Es que directamente, no es. Como si fuera un partido inexistente, algo que no fuera real, y es que la realidad paralela del Sporting está muy alejada del boato y la pompa del templo blaugrana. Y como siempre, el Sporting ejerciendo de ONG del fútbol y convirtiendo a jugadores desesperados en futbolistas con esperanza, a equipos vulgares en equipos buenos, y a partidos de Liga en fiestas-trámite para el anfitrión. Entre tantas ruinas, al menos, aún surge un poco luz, como Burgui que está dispuesto a ser figura de una vez por todas, ahora que ya sabe cómo se juega al fútbol y no sólo al balón. Y merece atención la calma -real o fingida- de Rubi, necesaria en un momento de histeria y nervios.

Poco más que añadir, tras una jornada aciaga, en la que el Granada venció de extraña manera al Alavés y Luis Enrique, agotado tras el desgaste sufrido en el manejo de directivos, periodistas y millonarios consentidos, dirá adiós al equipo para el que jugó y ganó, entre otras muchas cosas, una Copa de Europa. Como Cruyff y Rijkaard. El Sporting, antes de la poesía, deberá volver a aprender a escribir el próximo domingo.

Gran punto y mejor juego

Sporting de Gijón – Celta de Vigo
(26.2.17 – El Molinón, Gijón)

Despertó el animal herido y se lanzó a El Molinón a recuperar el tiempo perdido. Es un misterio del Universo descubrir cómo un entrenador o un par de jugadores pueden darle la vuelta a un equipo que hasta hace un par de partidos era incapaz de dar un pase a dos metros de distancia. Puede que sea un estado mental, o que el optimismo se contagie. Quizá haya secretos de vestuario que nunca conoceremos y que tengan mucho que ver en la mejora el juego: relaciones personales, egos, traiciones, alianzas…Es difícil saber qué pieza de un organismo cambia para salvar a un equipo estaba afectado por un virus que había acercado al coma futbolístico. No era una tarea sencilla establecer un diagnóstico y  menos aún, llevarlo a cabo. Apenas parecía que hubiera alguien capaz de inyectar algo de vida. Todos los jugadores estaban a un nivel ínfimo, cometiendo errores impropios de jugadores profesionales. Y de pronto, la resurrección y la ascensión en un juego aseado, limpio, alegre y riguroso. En tiempo de carnaval, pero el Sporting hizo lo contrario y se quitó la careta de equipo malo que llevaba toda la temporada y dio la medida de lo que es capaz. Porque, en teoría, con las excepciones que ya sabemos, ésta era mejor plantilla que la de la temporada anterior. Sin embargo, una sombra negra fue impregnado poco a poco el espíritu del Sporting y lo destrozó. El Sporting tenía su alma en metástasis.

¿Qué cambió? En teoría Vesga y Traoré. Han sido las muletas que han vuelto a poner en pie a un equipo cojo. A veces, bastan un jugador o dos para estropear un equipo. Y, a veces, también con uno o dos lo recomponen. Y es que incluso jugadores que estuvieron menos acertados como Carmona, terminaron siendo decisivos para el resultado final. Y excepto el salto de la barrera en la falta del gol del Celta, no hubo errores graves en defensa. Burgui, por fin, ha cogido esa continuidad que siempre le faltó en su incipiente carrera. El de Burguillos del Cerro toma su apellido haciendo honor a su lugar de origen, como era habitual en la literatura sobre caballeros andantes -Don Quijote de la Mancha o Amadís de Gaula- y eso un bonito gesto, le hace diferente a los demás, como diferente es su juego. No sólo encara y conduce muy bien el balón, sino que, de pronto, ha madurado y toma muy buenas decisiones en sus pases. Justo lo que le falta a Douglas, que tiene tendencia a dar una vuelta de tuerca más a sus jugadas. En cuanto arregle eso, será otra promesa confirmada y un activo muy necesario para un Sporting que, pese a la mejoría, necesitará usar todos sus recursos para llegar a fin de temporada sano y salvo. El aficionado sportinguista recibió merecida recompensa tras la infinita paciencia exhibida durante esta temporada: un punto y su mejor partido. Era como ver a un amigo levantarse tras una larga enfermedad, fue como abrir la ventana para que negarse el viento fresco y limpiase el aire viciado.  Por lo que vimos durante este año, el problema era que había demasiados jugadores de fuera. Esa es la teoría, pero lo cierto es que la solución parece que ha llegado de fuera. ¡Identidad, oh, bendita identidad! Pero, ¿con qué se identifica un jugador hoy en día? Únicamente con sí mismo y su cuenta corriente. La tarea de un entrenador es convencerlos de que lo mejor para sí mismos es lo mejor para el equipo. Luchar individualmente para ganar en colectivo. Gran punto y mejor juego. Gracias.

Estimulado ante los grandes

Sporting de Gijón – Atlético de Madrid (El Molinón, Gijón – 19.2.17)

Este partido es tan engañoso como el del Leganés. Si en Butarque el Sporting jugó de forma pésima, pero ganó, el sábado jugó el mejor partido de la temporada y, sin embargo, perdió. Pero ninguno de estos dos encuentros son un baremo fiable para testar la situación del Sporting. Lo cierto es que contra el Leganés se vivió una tarde condicionada por el mal estado del eterno de juego y pánico de ambos equipos a la derrota. Ante el Atlético el juego fue mucho mejor, pero también se trata de un partido excepcional por la vitola colchonera de equipo grande que tanto estimula al Sporting y que hizo que, hasta el sábado, su mejor encuentro hubiera sido en el Bernabéu. No es casualidad que el mejor Sporting de la temporada pasada fuese, también contra el Atlético de Madrid. Además, en teoría, el estilo de juego reservón de los de Simeone viene bien a este Sporting más de toque. Así que será contra el Celta cuando resolveremos la incógnita de si si esto fue espejismo o un hecho consolidado. Aunque las miradas estén puestas en el banquillo, todo dependerá de si los jugadores son capaces de mantener el nivel de manera constante y no con ese tono guadaniesco de muchos de ellos. Hay razones para creer que esta potencia puede materializarse y eso debe mucho a las incorporaciones a última hora de Vesga y Traoré. Vesga hace mejor al equipo. Le da muchísima seguridad y los dos centrales están más cómodos, así que esa seguridad se extiende a los laterales, quizá lo mas limitado técnicamente de todo equipo.

De todas formas, tengo la impresión de que Meré está forzando y que aún no está recuperado del todo. No tengo los datos, y esto es sólo una especulación, pero parece que juegue con dolor para no dejar al equipo tirado. Como es un jugadorazo, cumplidor y noble, está sobre el césped en plan figura, como un campeón, pero comete errores en los que antes no incurría. No son demasiados, igual que el resto de la defensa, pero cada fallo cuesta un gol en contra y, por lo general, los tres puntos. Nunca unos fallos salieron tan caros como los de este año del Sporting. Un fallo, una derrota. Vesga, además, levanta el ánimo del hombre más importante del Sporting: Sergio. El sábado recuperó el alma y su corazón ha regresado a El Molinón para oficiar de nuevo la unión con la grada y el fútbol. Con él, el oxígeno del balón llega a todas las extremidades. Sergio ya no juega en la posición desde la que guió al equipo al ascenso y a la salvación. No, se ubica unos metros más adelante y, sin perder sus viejas funciones, es más atrevido y aparece más en el área rival. Salvando las distancias y las diferentes características entre los jugadores, la llegada de Vesga al Sporting fue como la cesión de Davids al Barcelona. Gracias a Davids, Xavi pudo adelantarse unos metros y desde ahí crear muchísimo más peligro. Esto es algo similar y Sergio dará grandes alegrías desde su resituada trinchera. Y Traoré no ha sido flor de un día. Es un viejo clásico del Sporting que el debut o el regreso de un jugador sea exitoso y después, partido a partido, comience a bajar su rendimiento. Las defensas le temen y, con el desparpajo de Douglas y Burgi sirviendo balones en bandeja de plata, ya hay razones para crear peligro. Rubi aún está terminando de conocer bien a la plantilla. El domingo se resolverán todas las dudas. Continuará.