Uruguay, ejemplo para el Sporting

Temporada 2017 / 2018 – Segunda División
Sporting 2 – Lugo 0 (El Molinón, Gijón – 27.8.17)

Me perdí el debut del Sporting en El Molinón. Tocaba en el Castillo de Monclova, cerca de Fuentes de Andalucía. No lejos de ahí está la Luisiana, uno de esos poblados de nueva planta que creó Carlos III para repoblar la zona sur que estaba acosada por el constante bandolerismo. Para ello, se trajeron a seis mil colonos de la zona germana de Baviera que no siempre fueron bien recibidos por la población local. Un poco como cuando los clubes españoles comenzaron a fichar extranjeros.

Me hubiera gustado muchísimo estar en El Molinón porque tiene un espíritu especial. Es una delicia escuchar cómo desciende desde la grada a la hierba un rugido de admiración, un comentario burlón sobre una jugada o el aplauso a un rival que se ha ganado los galones a lo largo de toda una carrera. Adoro el domingo de fútbol en Gijón por cómo se engalanan de rojiblanco las casas y los bares. Hay una clave indescifrable en el tejido social que convierte a su afición en una especie aparte. Es obligatorio reconocer su entrega infinita y que lleva dos décadas dando mucho más de lo que recibe.

Toda la primera parte indicaba que asistiríamos de nuevo al eterno retorno pero, como novedad, los cambios realizados por el entrenador sirvieron de algo. Hacía siglos que no veía al Sporting mejorar tras un cambio de jugador o de sistema. El Lugo, como siempre, no fue ninguna pera en dulce. Mantiene el gusto por fútbol combinativo y, aunque su ataque se ha visto mermado por la pérdida de Caballero y Juanlu, les gusta tocar y lanzarse a la portería contraria. No sé cómo lo consiguen, pero siempre tienen jugadores interesantes. Por ejemplo, tienen a Iriome, que a veces se desconecta pero es capaz de decidir un partido, o el gran lateral camerunés Leuko, que podría ser clave para dar el definitivo salto a Primera. Tienen su faro en el medio del campo en Fede Vico. Aún les queda afianzarse y mecanizar automatismos, pero el Lugo siempre es garantía de buen fútbol. Hay algo que me resulta muy grato y es ver a chavales en Gijón con la camiseta del Lugo, en vez de las sempiternas remeras blancas o blaugranas que han colonizado las mentes (y los bolsillos) de toda la juventud. ¿Toda? No, en la villa de Gijón aún se puede ver otro tipo de simpatía en agradecimiento a aquel gol de Caballero. Ese que evitó al Sporting acudir a la tortura de los play offs y le dio el ascenso directo. Si no llega a ser por ese ascenso, es muy posible que el Sporting hubiera desaparecido o estuviera ahora jugando en Tercera. Amor eterno.

Es muy pronto aún para evaluar al Sporting, pero hay ciertas señales que se han repetido durante los dos primeros partidos y merece la pena tener en cuenta. Vuelven a ser el guardameta y los dos centrales. Carmona es como el vino y ha cobrado un nuevo vigor con la edad. Le ha sentado muy bien asumir los galones propios de su trayectoria. Y atención a la delantera. Stefan luce menos de lo que parece, pero es la verticalidad, el pie certero y el aguante de espaldas. Da mucho más de sí. Me gustaría mucho que sus éxitos estén a la altura de su talento. Y Michael Santos hace honor a su latido charrúa, un hijo maravilloso del “paisito”, la República Oriental del Uruguay, que con tres millones de habitantes ha ganado dos Copas del Mundo y tiene más Copas de América que Argentina. Ser pequeño no impide tener mentalidad de ganador. Uruguay, ejemplo para el Sporting.